El amor entre paréntesis: “La Elegida” de Isabel Coixet

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“Película de sentimiento desbordante, de una sexualidad calculada y de un romanticismo erudito. (…) ideas y reflexiones proyectadas en todo momento en la gestualidad y la carnalidad de los protagonistas, ambos realmente muy eficaces y entregados.”
E. Rodríguez Marchante, Diario ABC

       
      

 

 

 

  

Después de todo… a (José)
Está en cartelera cinematográfica la película La Elegida (Elegy, EE. UU., 2008) de la directora española Isabel Coixet, basada en la novela The dying animal (El animal moribundo, 2001) del escritor norteamericano Philip Roth. La primera vez que supe de Coixet como directora y adaptadora de guiones fue con Mi vida sin mí (2003), un drama profundo de una joven con una historia muy gris a quien le diagnostican cáncer, y que también se basó en un cuento de la colección Pretending the bed is a raft (1987) de Nanci Kincaid, otra escritora de EE. UU. Luego me volví a enamorar de su manera de hacer cine en el mismo Madrid durante mi viaje del 2005, esta vez con un amor insuperable debo decir, para mí su mejor película hasta ahora: la multipremiada película La vida secreta de las palabras (The Secret Life of Words, 2005). Es una historia de amor repleto de silencios significativos, con un lenguaje cinematográfico más sutil que grita duro sin siquiera abrir la boca. Hanna (Sarah Polley) una chica casi sorda y muy antisocial trabaja en una fábrica textil y su empleador le recomienda tomar unas vacaciones. Ella quien sólo quiere olvidar, consigue durante esa licencia un trabajo de enfermera en una plataforma de extracción de petróleo en altamar, un escenario desolador, maquinizado y absolutamente masculino. (Me recuerda mucho a la película Rompiendo las olas -Breaking the waves- de Lars Von Tryer, otro de mis favoritos.) El paciente que le asignan cuidar es Josef (Tim Robbins), un trabajador que por un accidente ha perdido temporalmente la visión. Ambos en su mundo lleno sólo de palabras y recuerdos acceden a la intimidad del otro, se entienden mejor que lo que pudieran hacerlo si pudieran verse. La película reflexiona sobre la costumbre que tenemos de cargarnos de culpas y dolor por las cosas que hicimos en el pasado. También muestra ese tiempo desvastador, casi detenido, inmóvil, que se experimenta cuando la vida está a punto de dar un giro radical. Es el sol pleno antes de la tormenta. Es como si el tiempo hubiese dejado de correr. En medio de toda ese escenario el amor se abre paso con fuerte contundencia, con su poder natural, sin límites.
    Ahora Coixet vuelve a sorprenderme, menos pero sorpresa al fin, con esta adaptación de El animal moribundo de Roth, ya de por sí una novela muy fuerte que en su versión cinematográfica no pierde esa intensidad. Se tocan temas dolorosos y que generalmente a la gente no le gusta confrontar, éstos se repiten en toda la obra literaria de Roth: el efecto de los años sobre el cuerpo, la decadencia humana, la mediocridad, la vinculación entre la muerte y el sexo, el deseo sexual y el asunto de la confesión del mundo íntimo a un otro, un interlocutor. El personaje central y narrador David Kepesh es un tipo que de momento parece inhumano, infantil, carente de empatía con los demás, sobre todo con las mujeres con las que se relaciona. Es un profesor universitario y crítico literario, apático, ya acostumbrado a su oficio y desapasionado por él, pero muy arrogante y egocéntrico. Amante de la música clásica como intérprete y oyente. A su clase un buen día llega la estudiante Consuela Castillo (Penélope Cruz), una joven de origen cubano, 30 años menor que Kepesh. Él se obsesiona por ella y entablan una relación amorosa-sexual. No le interesa ese asunto de la admiración que tienen las estudiantes por sus profesores, el protagonista aunque no lo está, se mantiene al margen moralmente hablando. ¿Hasta dónde es antiética su postura…? ¿Será simplemente más humana o es pura perversión?
Mientras Consuela muestra su debilidad y vulnerabilidad ante él, Kepesh se defiende, siempre pone barreras, imposibilidades, muros entre ellos. Los años que le lleva a Consuela, le pesan, pero más le pesa su posible futuro abandono. Su punto de vista es egocentrado, ajeno al dolor de ella, no se compromete. Le aterra la posibilidad de ser sustituido por un hombre más joven, de envejecer juntos y tener frente a él una mujer más joven que le recuerde su vejez. El compromiso de intimidad que desata inevitablemente la exposición recíproca de los amantes, uno delante del otro, desnudos, es reprimido voluntariamente. La mirada del otro, sus preguntas, sus ganas de saber todo de ti y tú de ella. La proximidad de la muerte está muy presente en toda la trama, a veces oculta en símbolos, disimulada, y otras mostrada crudamente. Las vidas de Consuela y Kepesh se significan la una a la otra, se llenan de sentido propio a partir del reconocimiento del otro, del amante. Quizá tarde, quizá en el momento y en la forma oportuna. No lo sé. La cruda muerte que todo lo puede… incluso darnos vida.
    Además se me hace una película muy femenina, no puedo decir por qué, pero a mí se me movió todo. La elección de Ben Kingsley como personaje masculino quien dista mucho de ser un galán típico de película comercial creo que es un acierto. La pareja protagónica tiene mucha química en pantalla, que no se aprovechó completamente creo yo. Penélope no parece ciertamente una muchachita. Igual me hizo recordar un pasado romance de mi vida, la incapacidad de mi amante para reponerse a la diferencia de edad entre nosotros y la obsesión que él tenía por el paso del tiempo, por su propia muerte. Durante esa relación sentí que vivía un amor entre paréntesis, a medias, maniatado.
    Me produjo pensar en muchas cosas: ¿Qué es lo que nos sobrevive aquí en la tierra cuando morimos? ¿La gente que amamos, la que no? ¿Lo que les dimos en vida? ¿Nada? ¿Cómo tener la certeza de que la vida que vivimos está realmente llena de significado… o quizá habremos perdido el tiempo… desperdiciado nuestros días? ¿Como conciliar nuestra animalidad irrenunciable con la constante necesidad de un amor verdadero, de una pareja? 90% recomendable. La crítica no ha tratado bien a esta nueva entrega de la Coixet, pero la verdad yo sí la recomiendo, me gustó, y espero que verla te lleve a disfrutar La vida secreta de las palabras
Título original: Elegy
Dirección: Isabel Coixet
Actores: Ben Kingsley, Penélope Cruz y Patricia Clarkson
Guión:
Nicholas Meyer
Producción:
Andre Lamal, Gary Lucchesi, Eric Reid y Tom Rosenberg
Compañías: Lakeshore Entertainment
Género: Drama
País: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Año: 2008

 

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