Por mi gran culpa. Segundo adelanto de “Senderos de paz”, Nadir Chacín

Portada
Portada

 

POR MI GRAN CULPA

(Pertenece a la Segunda Parte: Las falsas creencias)

 

 A Carolina la había dejado Pablo, su pareja, y seguía sumergida en una depresión. Se citó en un cafecito con una amiga y yo estaba en la mesa de al lado y escuché sin –querer queriendo– esta conversación que me llamó mucho la atención:

―El méndigo ese le compró un coche nuevo a la estúpida.

―@!”#$%&’* tipo, no le bastó con irse sino que ahora la trata como una reina, ¿cuándo amiga, te trató así a ti?

―Si @!”#$%&’* Pablo, nunca me consideró, ni me dio mi lugar, tienes razón.

―Él tiene toda la culpa de mi depresión, si no me hubiera dejado yo aún sería feliz.

―Claro, amiga, ¡tooooodos los hombres son unos egoístas!

―Nunca volveré a salir con nadie, méndigos hombres.

Lo que primero me sorprendió  de esta conversación era el “apoyo” que se estaban dando mutuamente estas dos señoras. Estaban justificando y alimentando sus sufrimientos.

Piensa en cómo los seres humanos tenemos nuestra atención focalizada en lo exterior siempre rumiamos que afuera hay “algo” o “alguien” que nos agrede, que arremete contra nosotros. Es como si fuéramos unas marionetas de la vida (nótese que digo como si).

Lo segundo que me pareció intrigante fue su uso de la palabra culpa. No me gusta utilizar esta palabra ya que tiene una relación cercana con lo religioso, principalmente con el Catolicismo (¡por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa!).

Las instituciones religiosas han colaborado con la permanencia de “la culpa” en el lenguaje y también en la vida de las personas generando mucho sufrimiento.

Establecieron esta etiqueta y le han dado mucho poder y peso, les sirve de instrumento para manipular a los humanos. Por esta razón prefiero emplear el término “responsabilidad” al de “culpa”.

A ver… ¿Cuál es la diferencia? Como estamos acostumbrados a las etiquetas las voy a utilizar ahora para que visualices lo que digo.

Supón que Responsabilidad y Culpa son dos mujeres (también podrían ser hombres o quimeras)… si me preguntaras: ¿y cómo son ellas? Te respondería así:

Responsabilidad es una chica activa, llena de vida, positiva, su vida tiene muchas dimensiones, espiriritual, propositiva, versátil, flexible, libre, está llena de opciones y soluciones para todo, siempre encuentra salidas, sonriente, las puertas se le abren mágicamente, le gusta la acción, elige lo que desea, conoce de muchos temas, en definitiva: es una eterna “estudiante” de la vida.

 Culpa es una mujer pasiva, depresiva, negativa, se aferra a la dimensión terrenal de su vida, conformista, siempre tiene la misma cara triste, rígida, una completa tirana, espera que otra persona elija por ella, se obsesiona con la falta de opciones y soluciones, nunca encuentra salidas, se le cierran todas las puertas, está inmovilizada, no quiere hacer nada, es monotemática, en fin, se resignó, no quiere seguir aprendiendo, dice que ya lo sabe todo.

¿Puedes ver la diferencia? Responsable es la persona que conscientemente decide ser la causa directa o indirecta de un hecho, situación, idea, acto, etcétera, pero no se identifica con lo sucedido. Sabe diferenciar entre su yo real y las circunstancias siempre cambiantes de la vida, es decir, sus condiciones. Culpable es alguien que se autoreprocha constantemente o a quien se le reprocha “algo”, que está atrapado en la ilusión y su estado habitual es la inconsciencia.

En el primer término, el sujeto participa “antes y después de”, asume las consecuencias pero no las confunde con lo que él o ella es como ser humano; en el segundo, participa “antes” y luego se asume la víctima de sí mismo o de algún otro, pero antes y después siempre está sumido en el dolor, el sufrimiento y atrapado por su ego. Acto seguido el culpable se arroja al foso aturdido por los remordimientos, se choca con su propia imposibilidad que generalmente es imaginaria. Y coloca en el mundo exterior, en las etiquetas y en las otras personas  “la culpa” generada por su dolor.

El dolor emocional está vivo dentro de ti, es un expresión del ego, una más, cuando dejas que éste gobierne tu vida todas las cosas que te pasen siempre serán mal interpretadas, porque son ilusiones.

Es un asunto de términos, pero las palabras tienen poder, porque definen de alguna manera las experiencias y las percepciones –aunque no las contienen completamente– por esta razón mejor úsalas para que te den poder y no para que te lo quiten.

No uses más las expresiones “soy culpable” o “le digas a otro eres culpable”, ¡regálate eso ya! Cuando usas estas palabras ya entraste al mundo de las etiquetas y por lo tanto el que está operando en tu ego y no tu ser más profundo.

Leí una explicación de Echkart Tolle en su libro Una nueva tierra que me gustó. Recuerdas cuando veíamos la noción de maya en Oriente, “la ilusión que tapa la realidad”. Tolle señala que el pecado original del Catolicismo es como maya. Me gusta más verlo así porque se le quita el peso tan riguroso que normalmente le damos a este término.

Es cierto “nacemos en pecado”, pero el pecado no es más que el estado de inconsciencia en el que vivimos sumidos en la mente todo el tiempo. Visto así no sólo nacemos en pecado sino que la mayoría de la gente vive en pecado toda su vida.

El pecado original es no reconocer el ego, es perder la vida real por estar viviendo en una vida conceptualizada, la ilusión, donde quedas atrapado por tus juicios, ideas falsas. Es cuando el momento presente se enmascara y los usas para quejarte y echarle la culpa a los demás de tu ausencia de paz. Ellos no son culpables ni tú tampoco, nadie es culpable, simplemente es tu ego que necesita más sufrimiento para fortalecerse. Así funciona el ego, no es malo ni bueno simplemente es el ego y ya. Tu ser profundo no tiene forma ni genera conceptos opuestos, de culpables e inocentes, quien hace esa operación es tu ego. 

Oferta: ¡vidas al 2X1! 

Cuando te ataquen las culpas o quieras atacar a otros y hacerlos sentir culpables de “algo”, aconsejo pensar en la diferencia que existe entre “las condiciones de vida” y “la vida en sí misma”. Hay una enorme diferencia, un sabio ya lo dijo con otras palabras: “la vida es todo eso que dejamos de experimentar y disfrutar por andar pensando en la vida”.

Imagina que en tu vida ocurren dos vidas simultáneas y están interconectadas. Tú has prestado más atención a una de ellas y le dedicas todo tu empeño. La otra sólo te pasa de vez en cuando y casi siempre por accidente, como si fuera un milagro.

¿Cómo es posible que una persona pueda tener dos tipos de vidas al mismo tiempo? Sí, es posible. Durante años te enseñaron que sólo tenías una vida y tú te lo creíste sin dudar siquiera. Aquí te presento otra opción, ¿estás listo para analizar lo que te diga y sacar tus propias conclusiones?

Si no decides hoy, no pasará nada.

Te pido que no rechaces ni te aferres a lo que te digo, simplemente lee y respira mientras lo haces. Siente tu cuerpo mientras sigues leyendo.

Las condiciones de vida están relacionadas con el tener y el hacer, son todas esas situaciones cotidianas que se construyen dentro del tiempo-calendario y que dirigen nuestros pensamientos y emociones.

El tiempo-calendario es el tiempo tal y como trascurre en tu reloj, en tu agenda, en tu outlook, días tras días, evento tras evento, situaciones, ocupaciones, preocupaciones y más preocupaciones.

Este tiempo algunas veces es un tiempo feliz y otras veces es muy triste (días grises), depende por completo de tu percepción porque está hecho, conformado, por circunstancias y apreciaciones. Tiene tres funciones: serte útil en la vida operativa, servirle como terreno de acción a tu ego y constituye la puerta hacia el tiempo eterno, hacia tu paz.

Cuando el tiempo-calendario se vuelve triste, te dejaste atrapar por las dos primeras funciones, es como si ellas te hubieran absorbido todo tu pensamiento, tu alma, tu espíritu, tu cuerpo, todo lo que tú eres. Si eso te pasa, surge en ti la intranquilidad y la depresión. Anulaste la tercera función, haz cerrado la puerta.

¿Quieres saber que hay detrás de esa puerta?

Este tiempo-calendario se toca, limita en esa puerta con otro más amigable. Yo le llamo el tiempo eterno, está cimentado en tu Ser (tu Yo superior) y no en la falsa creencia que tienes de ti mismo: el ego.

El tiempo eterno no sigue nuestros apuros ni las ganas obsesas que tenemos de que pasen los días para olvidar lo que nos pasó o para ahorrar suficiente dinero para una blackberry último modelo.

El tiempo del Ser es informe, profundo y tiene una “dimensión” que es vertical, hacia dentro de nosotros mismos, y no sigue un proceso horizontal ni lineal como es el tiempo-calendario.

El tiempo eterno es más una multidimensión (llena de probabilidades, indiferenciada) que un tiempo propiamente dicho, porque en él se pierden las leyes del tiempo y del espacio. Para rescatar capítulos anteriores es un “tiempo” cuántico. En él sólo se percibe el presente, una y otra vez, sólo se vive el presente de cada instante.

Generalmente vivimos en el tiempo-calendario y tenemos una sensación de que el tiempo pasa corriendo y que todo depende del pasado o del futuro, pero es sólo una ilusión producto de la percepción limitada de los sentidos humanos y del ego que siente adicción por no vivir en el presente.

Si lo piensas bien, sólo existe el presente, pero cuando estamos inconscientes (que es como estamos casi todo el tiempo) no lo vivimos, de hecho para algunas personas ni siquiera existe.

Ir de compras, pagar las cuentas, ir por los niños al colegio, hacer la comida, tener una cita con alguien, que te deje tu pareja, que te enamores, etcétera., son situaciones que cambian, alterables, inconstantes, más apegadas a lo material que a lo espiritual, en fin, son sólo condiciones, situaciones, circunstancias.

¿Cuál es el tipo de vida que llevas en el “tiempo” eterno?

Es la vida en sí misma, la que no depende de las condiciones ni de las situaciones; con o sin dinero, con o sin pareja, estás vivo, vives y eso ya tiene un sentido, un propósito y un fin en sí mismo, no requiere que una cosa externa le dé sentido, simplemente es, eres, así no más.

No depende tampoco del mundo de las formas ni de las etiquetas ni del proceso de etiquetado… es simplemente sentir que estás vivo y que no necesitas nada más, o mejor aún y más fiel a lo que ya es: “hoy tienes y eres todo”.

¿Cómo vivir esas dos vidas simultáneamente?

La clave está en que la vida en sí misma y el tiempo eterno están por encima de las condiciones de vida y el tiempo-calendario, a otro nivel no sólo físico, sino energético, espiritual y “vibracional”. Están vinculados con el tiempo-calendario y las condiciones de vida a través de la puerta que te decía, la que se abre en tu mundo material si estás en paz.

Tus dos vidas son como un universo con diferentes galaxias y planetas. Los planetas son los hechos (“hoy me dejó mi pareja”), las galaxias vienen siendo las condiciones de vida y el tiempo-calendario (“mi vida es gris porque me dejó mi pareja y ya ha pasado un año y sigue gris”) y el universo sería la multidimensión que está por encima ―es el “tiempo” eterno y la vida en sí misma–que engloban todo lo anterior (“sí, hoy me siento triste, aún me duele el abandono de mi pareja, pero respiro, estoy vivo y yo soy mucho MÁS que esta situación momentánea, me dispongo a sentir mi vida tal cual es: ilimitada y eterna”).

Este universo que te muestro es tanto la vida en sí misma como el “tiempo” eterno, sí, en esta “capa” del sistema que imaginaste, el universo abraza todo lo demás… ¿por qué no logras sentirlo? porque tienes tu atención puesta en las galaxias y en los planetas.

En los niveles habituales, en las condiciones de vida y el tiempo-calendario, sucede un proceso eterno de nacimiento, muerte, nacimiento, muerte, y así continuamente. En la vida en sí misma nunca naciste y nunca morirás, allí se dan un sinfín de probabilidades y representan un mar pacífico de eternidad.

Tú también tienes universos dentro de ti que contienen galaxias y planetas. Es la sincronía del macrocosmos y el microcosmos a la que se refieren algunos sabios, la energía de la que están formados los humanos es la misma que conforma al universo, todo lo vivo, lo metafísico y también lo físico.  Es lo que ya aprendimos con los físicos cuánticos y los sabios orientales: el Todo unificado.

En esta concepción de dos vidas entretejidas, el conocimiento de lo metafísico (lo que está más allá de lo físico) conduce a la paz. Por eso hay que darse chance de que la puerta hacia lo eterno surja en tu vida corriente, puedas verla. ¿Cómo se hace eso? Estando presente. Reconociendo que tu estado de hoy es la inconsciencia. Cuando lo reconoces cuando sabes lo que no eres, lo que eres aparece, te desenmascaras y eres simplemente siendo.

¡En esta esquina, la súper Inteligencia y en esta otra, míster Intelecto!

Suelo diferenciar la inteligencia del intelecto, inteligencia es de lo que te vengo hablando aquí, algo que va más allá de tu mente –de la parte de ella– que estás habituado a usar, es la Conciencia.

El intelecto son las operaciones mentales más comunes, si eres científico usas mucho el intelecto, para hablar con los demás y explicarles por qué llueve usas el intelecto, es muy útil y maravilloso, te hace operativo en la vida ordinaria y eso está bien. Pero el intelecto es sólo una parte de la inteligencia, aunque es también donde se localiza la puerta hacia el tiempo eterno. Algunas personas le llaman astucia, ser astuto es diferente a ser inteligente.

La inteligencia es más amplia que el intelecto, te permite acceder a la vida extraordinaria que es todo lo que te sucede cuando te abres a sentir el universo tal como es infinito, abundante, siempre “hay para todos y para todo”, inacabable, ilimitado.

Creo que la experiencia más cercana de lo extraordinario, de lo sagrado, es la que viven dos personas que se aman y se dejan llevar por lo que sienten y se abren a la magia, a la intuición. La inteligencia es intuitiva más que otra cosa, es el centro y el intelecto, la periferia.

Cuando converso sobre este tema siempre recuerdo a algunos niños, vienen al mundo sabiendo que saben todo y tienen todo (su intuición se los dice y le creen). La mejor prueba es que sonríen todo el tiempo y disfrutan de lo mínimo, de las cosas sencillas, disfrutan siendo lo que son. Ellos están de forma natural en la vida en sí misma y poco les importa el tiempo-calendario y sus condiciones. (Es muy interesante todo lo que ya hay escrito sobre los niños índigo, lee sobre eso.)

Digo algunos porque también el dolor humano puede sobrevivir a la muerte del cuerpo físico y se acumula en forma de dolor colectivo. Lo que más se me parece a esto es el karma de los budistas. A veces ciertos niños nacen con ese sufrimiento adentro y lloran sin causa aparente todo el tiempo, también al crecer van absorbiendo el dolor de sus padres y familiares, habitualmente sin que los adultos se den cuenta.

Recuperar tu vida y aferrarte al presente, es volver a ser ese niño pacífico y tranquilo de alguna forma, pero con la responsabilidad consciente de ser adulto. Es ser niño y adulto a la vez, parecen términos contradictorios, pero sólo lo parecen porque en la vida moderna le hemos otorgado al término adulto una carga de aburrimiento y moral que nos limita y nos deja atrapados en una cárcel repleta de formalismos.

Si un adulto, un bien día, comienza a saltar como un niño y a dar gritos de la emoción se le tacha de inmaduro y de poco confiable, “el tipo está feliz” y la felicidad es más infantil que un niño de 5 años. Es primaria, fresca, nueva, como un botón de flor que apenas abre sus pétalos, ¿por qué este hombre no tendría que saltar?, si no fuera tan “malo” ser feliz en esta sociedad, tú también lo harías, ¿o no?

Pero pasa que a los occidentales (y al sistema económico globalizado y mercantilista) no nos gusta la gente feliz, preferimos seres humanos hundidos en sus depresiones o con ataques de pánico para así poderles vender sustitutos artificiales de la alegría como el Prozac, el Ritalín, los anxiolíticos y las tachas.

Este adoctrinamiento no te deja ver lo que realmente eres, maestros, padres y gobernantes se aseguran de que tu individualidad pase a segundo término, que creas que ya no existe. Y tu ego entra al juego poniendo lo mejor de sí mismo para que creas que esa “es tu verdad”. Es una cortina pesada que no te deja observar de un modo distinto, pero cuando la revises te darás cuenta que ahí abajo sigues tú (sé que quieres verte, ¡hazlo!).

Las escuelas introducen al niño brutalmente en el mundo social y en buena medida lo forman para que adopte un sinfín de falsas creencias. Es cierto que también le da herramientas para sobrellevar las condiciones de vida y el tiempo-calendario, pero generalmente ignora enseñanzas más importantes como hacernos valorar nuestra vida por sí misma, enseñarnos a ser, lo cual es imprescindible para el desarrollo sano de cualquier sujeto.

No hablo de que prescindas o ignores el tiempo-calendario, ni de subvalorar las condiciones de vida porque existen, ahí están y no podrías ser operativo en el día a día sin el tiempo-calendario, tu intelecto y tu ego. Quizás tampoco sin tu reloj de muñeca (aunque lo pongo en duda, ¡nunca he usado reloj!). Me refiero a la idea falsa de que las condiciones de vida son todo lo que somos, hablo de recuperar lo demás que fue velado y negado: la dimensión del Ser y el tiempo eterno.

Recuerda ahora el rol de tu ego, él dirige tus decisiones mientras estás inconsciente y dejando que sea tu jefe en vez de volverlo el esclavo de lo que tú decides ser, hacer, tener o lo que sea en tu vida.  Si es tu ego quien te dirige… ¿podemos hablar de que eres realmente responsable de tus decisiones? Pues cómo podrías serlo si estás dormido… inconsciente: siendo un autómata que sigue instrucciones.

Prefiero decirte que una vez que entiendas cómo funciona tu ego y estés más consciente (lo que cual es AHORA), ya eres responsable de no poner al ego en su sitio, ya sabes que existe y cómo opera: ponlo donde le corresponde y hazlo inmediatamente.

No es tarea sencilla, lo tendrás que hacer una y otra vez, porque ¡el ego es bien necio!, hasta que desarrolles la habilidad (imagina que es como un músculo), empieza por estar pendiente de las cosas que te preocupan todo el tiempo, revisa a qué o a quién le estás echando la culpa de lo que te pasa, de tu intranquilidad.

Cuando comienzas a practicar mucho “estar presente” el ego literalmente se “enloquece” más, se comporta como un animal herido que se siente amenazado, puede ser brutal y mega agresivo. Está desesperadamente tratando de sobrevivir y se aferrará a cualquier cosa que te haga sufrir, mientras más sufres y percibes que estás sufriendo y eso lo vuelves pensamientos cada vez más y más obsesivos, el ego se alimenta y resurge de sus cenizas como el ave fénix.

Revisa tus pensamientos mientras hablas o tomas un café con alguien, escribe tus creencias actuales sobre un papel, léelas, conviértelas en creencias más constructivas, escribe las nuevas y repítales a diario, que te den poder, siéntelas mientras las dices y percibe el poder de las palabras y de tu ser superior… esa es la buena forma de comenzar a vivir el presente y anclarse en el ser.

La responsabilidad empieza desde hoy hacia delante, ya sabes que existe el ego, pues ahora eres responsable de lo que crees para ti. En cada segundo de presencia estás creando paz con tu voluntad. Antes también creabas tu mundo sólo que no te dabas cuenta, ahora empezarás poco a poco a crearlo conscientemente.

No te quedes atascado en el pasado ni sientas culpa por lo que hiciste o no hiciste, eso ya pasó, ahora entiendes mejor lo que viviste porque sabes que tu ego manipuló todo a su conveniencia (sólo deseaba permanecer y a veces lo hace a pesar de ti, contra ti).

Observa tus pensamientos una y otra vez, nunca podrás prescindir del ego, porque también es parte de ti y está bien, sólo que ya no te podrá dirigir sino que tú lo dirigirás a él. El ego te sirve, no te empeñes en montarle una cacería y tratar de exterminarlo simplemente domestícalo. Reconócelo por lo que es y déjalo allí donde debe estar a tu servicio.

Cuando te venga un pensamiento a la cabeza (¡ahora mismo!), contémplalo, date chance, eso es igual para las emociones, que son otra vía por la que se expresa el ego.

Inspecciona también tus emociones, tómate tu tiempo, nada pasará si cuando te enojas o estás triste, respiras profundo y le das espacio para ser a la emoción que sientes. Cuando lo haces, de manera instantánea, se abre otra posibilidad para la acción, para tu comportamiento, para eso que sigue después de la emoción o del pensamiento, es decir, amplias tu conducta porque redimensionas las situaciones que la generan.

Entonces, cuando lo logres, estarás decidiendo conscientemente, que es la única forma en que se puede decidir, ¡estarás de acuerdo!, tendrás más opciones, no sólo las que te dicta tu ego. 

Si tuvieras hambre ahora y te preguntara qué quieres comer pollo o ensalada, probablemente me dirías sin el mayor titubeo: ¡pollo!

¿Quieres estar en paz o seguir sintiéndote “en el hoyo”? Así de fácil es: elige estar paz. Mantenlo siempre, que la paz sea primero que cualquier otra cosa. Cuando algo te angustie decide: ¿quiero estar en paz sí o no?

 Luego repite: ¡Elijo estar en paz ahora!

……………

Tomado de “Senderos de paz” de Nadir Chacín (Alamah, Santillana, 2008)

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.  © EDITORIAL SANTILLANA, 2008 / © Nadir Chacín, 2008

3 comments

  1. Ping : ¿Soy una víctima de…. (la crisis)? #sersiendo | Ser siendo
  2. TAIKA RAMÉ

    Hola Guillermo

    Me dio mucho gusto tu mensaje, gracias por tu pequeña confesión a mi alterego Taika.
    Este tema de los estudios y del rigor casi terrorista que uno se impone me toca muy de cerca. Cuando me vine a estudiar a México pasé las mismas cosas que describes, igualitas, y ha sido muy fuerte todo el proceso de soltar mi idea de que tenía que ser la mejor en los estudios y sentirme culpable sino lo era. Creo que no hay nada más agotador que tener un pinche dictador dentro de tu propia cabeza, y además generado por ti mismo. Responsabilizarse duele, ésa es la verdad, pero también libera de manera milagrosa cuando decides aceptar tu parte en el proceso de crecimiento y en las cosas que estás pensando todo el tiempo sobre ti mismo y sobre los demás.
    Yo no he vivido la muerte de un ser querido, pero abrazo tu idea de la despedida sanadora. Me alegro que hayas tenido esa oportunidad con tu padre. Es cierto, ciertísimo, que la reconciliación con las figuras fundantes (padre y madre o quienes hagan ese papel en nuestras vidas) es vital. A veces uno cree que durarán por siempre y no es así, la única certeza que tenemos es la de la muerte del cuerpo físico.
    Ojalá yo algún día tenga la valentía de hacer lo propio (y completamente) con mi padre y con mi madre, poco a poco lo vengo haciendo, pero es tan fuerte y tan doloroso. Admiro lo que hiciste. Lo celebro.
    Gracias por darme la felicidad de leer tus letras (lo del joven invidente… vaya lección de vida que nos da) y desde México te mando mis mejores deseos y cariño. Y me encanta tu mantra.
    Cuídate también,
    Nadir

  3. Guillermo Martin

    Una pequeña confesión

    Hace varias lunas, cuando yo administraba la página de “Venezolanos en México” y comencé a leer algunos de tus comentarios, me intrigaste tanto por tu nombre como por su contenido. Me preguntaba qué edad tendrías, particularmente por lo selecta con la literatura y por lo bien que escribes.
    Me sorprendió aún más el saber que tenemos casi la misma edad y que eres antropóloga, entre otras cosas (escritora, editora, crítica de cine). ¿Sabes? Eres una mujer INTERESANTÍSIMA y de veras te deseo que sigas con tus éxitos y que vendas muchísimos libros.
    Ahora voy con la confesión para Taika Ramé: entre los 19 y 22 años tuve serias crisis existenciales, de ésas que te dejan sin ánimo de vivir, es decir, cuando estás a un paso del suicidio. Entonces, cuando mucho dormía hora y media -cuando dormía- y me recriminaba mis equivocaciones desde que tenía memoria (incluso cuando tenía 5 años). Recibí tratamiento psiquiátrico y psicológico (en ese orden, las flores de Bach me funcionaron más que los sedantes) y mi perfeccionismo extremo -el que no admite equivocaciones propias pero sí de los demás- me hizo inculpar a mis padres, para quienes 17 puntos no era nota. Entender que era un proceso compartido y que yo tenía mi buena cuota de responsabilidad al no hablar a tiempo y con firmeza, amén de no darme un tiempo para mí mismo sino para el cumplimiento “japonés” del deber, me costó más tiempo del que supuse en principio.
    Inclusive durante mi estancia en México, la presión académica cuando elaboraba mi tesis doctoral y mi ingreso inestable (cuando quedé sin beca y trabajaba en proyectos), me volvieron a la depresión. Esa vez, en 2004, conocí a una sanadora holística, paisana nuestra, quien me ayudó mucho y trató de que entronizara cierto mantra, el cual deseché pronto.
    Ha sido ahora, tras casi tres años de mi regreso, cuando he creado mi propio mantra, lema con el cual me siento más conectado. Esta vuelta la Patria -por usar los términos de Pérez Bonalde- incluyó conocer de verdad a mi padre, quien por su fractura de fémur forzosamente dejó de trabajar -y conmigo desempleado- no tuvo otra alternativa que compartir con nosotros como nunca o había hecho. Verlo morir en mis brazos, pese a que tuve un sueño premonitorio dos años antes, ha sido lo más difícil que me ha tocado experimentar. Sentir el “rigor mortis” no es lo mismo que leer el concepto. Como verás, tenía que comprender y reconciliarme con mi padre para seguir creciendo.
    En estos momentos, tengo una oferta laboral temporal, pero que ya es algo dentro de este país tan polarizado. Desde hace unas semanas, éste es mi mantra: “El Señor me dio todo cuanto necesito. Lo voy a usar sabiamente y voy a triunfar.” En 2005, un joven invidente de 29 años, con un tumor cerebral y quizá con pocos meses de vida por delante, estaba tomando clases en un taller de cómputo para invidentes en Comitán de Domínguez, Chiapas, “para ser útil” el tiempo que le quedara. Siendo así, de qué me quejo.

    PD: También fue una agradable sorpresa comprobar que la belleza y la inteligencia pueden ser perfectamente compatibles. (El tal Rodolfo es un tipo muy afortunado; no le atormentes diciéndole que mi amor platónico no es precisamente Dayan Mendoza, sino Taika Ramé).
    De veras, cuídate mucho.
    Sinceramente.
    Guillermo.

¿Tú qué opinas?