El (mal) amor como escuela #sersiendo

By Lonac
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Se ha dicho que el enamoramiento es una “experiencia cumbre”. A mí me gusta verlo como un proceso. Se parece a nadar plácidamente en un mar infestado de tiburones, pero sin notar que están allí desde un principio. (No, no exagero.)

El amor, el proceso que viene luego del enamoramiento (si se da), requiere de más paciencia, esfuerzo mutuo y reflexión. Durante ambos procesos, enamoramiento y amor, se necesita utilizar al corazón y al cerebro juntos para poder gestionarlos de una manera sana.

Cuando entras al terreno del enamoramiento recíproco y mutuo con alguien, la posible antesala del amor, se produce un resquebrajamiento de los guiones de vida en los inicios de la historia amorosa. Esto hay que vivirlo con conciencia, notando lo que estamos sintiendo, pensando y haciendo en cada momento. Sabiendo lo que podemos esperar o no de esta etapa de vida que estamos viviendo. Para eso también hay que estudiar, leer, informarse. Algo que rara vez hacemos.

Posteriormente, una vez que el efecto “hormonas a millón” del enamoramiento ha bajado, ambas personas han de decidir voluntariamente si continúan alimentando la relación y haciéndola crecer, es decir, pasar del enamoramiento al amor.

La mayoría de nosotros pasamos por el enamoramiento y el amor sin mucha conciencia, sin saber, sin analizar, sin discernir, con una extrema y profunda ignorancia, guiados por emociones muy tormentosas que no han recibido un entrenamiento adecuado. Una emocionalidad sin riendas.

¡Cuando no se tiene mucha conciencia, el quiebre del guión de vida puede dar un miedo de cagarse encima! (No hay otra forma de decirlo). Y el miedo sólo puede generar violencia, en todas sus formas de expresión, desde revisarle a escondidas el móvil al otro o a la otra hasta apuñalar a tu ex porque te ha dejado.

¿Por qué sentimos tanto miedo?

De la mano del enamoramiento asistes a sentarte en primera fila para ver la película sobre tu vida, la que has estado viviendo hasta ahora. Y, claro, todos tenemos escenas-vivencias que no queremos volverlas a ver.

En el enamoramiento y en el amor no sólo hace falta seguir lo que dice el corazón y el cerebro juntos, sino es necesario re-entrenarlos para que éstos nos lleven progresivamente por un buen camino: el sendero del buen amor como proceso vivo, no como meta. Digo re-entrenarlos porque el entrenamiento que la mayoría de nuestros corazones y cerebros ha recibido sobre las relaciones afectivas suele ser bastante sufridor y tóxico.

No todo lo que nos dicta el corazón nos llevará necesariamente a un “lugar” sano y habitable. Eso es un mito.

Deseamos amar y ser amados y a menudo terminamos haciendo daño y haciéndonos daño. Y la peor parte es que aprendemos desde la más tierna edad que nuestras experiencias de ir y venir de la duda a la certeza, de la conexión al rechazo, del amor al desamor, nos la produce la persona de la que estamos enamoradas/os o la persona que deseamos que nos ame. ¡No, esa persona no es culpable de tu malestar!

El buen amor no es ni se siente como una montaña rusa. El mal amor sí. Esto se aplica a las relaciones de pareja, a las relaciones familiares y a los amigos también.

Sin una toma de consciencia sobre el hecho de que las emociones placenteras o desagradables que sentimos y lo que hacemos con ellas son nuestra responsabilidad es muy difícil construir relaciones afectivas nutrientes, respetuosas y equitativas. ¡Esto no suele enseñárnoslo nadie: aprender eso es una empresa nuestra!

Que estés enamorada/o es una experiencia que merece celebración. Estoy de acuerdo. El tema es que no importa tanto si la persona, el otro o la otra en cuestión, no te corresponde como a ti te gustaría. ¿Cómo me atrevo a decir eso? Porque me he descalabrado muchas veces, ya perdí la cuenta, y aún sigo aquí dándole la bienvenida a las emociones placenteras y desagradables vinculadas a las relaciones afectivas, dejando que me transformen, aún cuando los resultados no sean “para siempre” ni sean exactamente como yo quiero.

Un buen punto de partida es considerar seriamente que la mayor parte de nuestros aprendizajes sobre el amor dejan mucho que desear. Nuestros progenitores, nuestras familias, la escuela, la cultura, la sociedad que “nos tocaron”, nos han enseñado a percibir el maltrato como una demostración de amor. ¡Estamos muy confundidos!

Desconfundirnos, desaprender y re-aprender cómo construir vínculos afectivos más sanos es una tarea personal y urgente. (A mí me ha sido sido útil leer el libro “Comunicación No Violenta” de Marshall Rosenberg. Si luego de leerlo sigues pensando que fuiste criada/o en un ambiente de amor y respeto: juro que me quito el sombrero.)

¿Cómo puedes sacar partido a tus (malas) experiencias afectivas?

Revisa tu guión de vida. Hazlo como si estuvieras analizando el guión de una película que hizo alguien más. ¿Cuál es tu historia de amor favorita? ¿La de tus padres o tus tíos o la de alguna pareja de amigos? ¿La de algún personaje de un libro? ¿La de una caricatura que veías de niña/o? Escríbela y revísala.

¿Cuál ha sido la historia de amor más importante para ti en tu vida (una que hayas vivido tú)? ¿Cuál ha sido la más patética, esa donde perdiste hasta la dignidad?

Escribe sobre todas esas experiencias y ponlas “bajo la lupa”. Analízalas. Escribe todo lo que se te ocurra. No las analices sólo pensando, que los pensamientos luego se van y uno se olvida. Ponlo todo sobre el papel. (Para este ejercicio recomiendo leer el libro “Los vínculos amorosos” de Fina Sanz.)

¿Qué he aprendido del (mal) amor?

Las veces que me he enamorado de alguien y no he sido correspondida:

He aprendido a tener paciencia y a ser humilde. He aprendido a darme apoyo a mí misma durante situaciones que me resultan muy desagradables y difíciles, estén vinculadas o no con el amor o con el enamoramiento. He aprendido a tener un espacio personal más rico y satisfactorio, construido por mí misma y para mí. He aprendido a tener Una Vida Propia. He aprendido a hacer blogs y talleres sobre el enamoramiento y el amor. (Risas.) He aprendido a poner límites en mis relaciones personales, a decir “No” cuando tengo la necesidad de estar en soledad para integrar las experiencias vividas o simplemente porque me da la puta gana. He aprendido a decir “Sí” cuando de verdad me apetecen las propuestas de los demás y así poder disfrutarlas.

Las veces que me he enamorado y he sido correspondida:

He aprendido otras cosas necesarias para la vida. He aprendido a disfrutar del momento, a dejarme asombrar por otro ser humano, he aprendido a ser tierna, a ser sexualmente activa, a darme placer y a dar placer. He aprendido a jugar con el erotismo, a ser atrevida y probar cosas nuevas, he aprendido a gustarme mucho a mí misma, incluso cuando estoy con kilos de más. He aprendido a disfrutar de la fusión amorosa, mientras dure.

Las veces que me he enamorado y he sido correspondida, y hemos atravesado juntos del enamoramiento al amor:

He aprendido a negociar, a ceder, a respetar más el tiempo y el ritmo de los otros, a escuchar, a confiar en las personas, a ser clara en mis peticiones. He aprendido a dejarme querer y cuidar sin tener tanto miedo. He integrado en mis células y en mis poros que no tengo que hacer más nada para que alguien me quiera, con existir es suficiente y eso ya lo estoy haciendo. He aprendido que siempre debo tener una Habitación Propia (literalmente).

Las veces en que me han dejado o he dejado:

He aprendido que el amor no dura para siempre. El enamoramiento tampoco. He aprendido que el mundo y las personas no giran a mi alrededor, como satélites, esperando que yo les diga lo que tienen que hacer. He aprendido a no ser el satélite de nadie. He aprendido a cuidar mejor de mis amistades, independientemente de que yo tenga pareja o no. He aprendido a no abandonar mi mundo creativo bajo ninguna circunstancia. He aprendido que todas las personas tienen sus propias necesidades y que a menudo yo no puedo ni podré darles lo que necesitan. He aprendido a regalar libertad al otro y a la otra en mis vínculos afectivos. He aprendido que siempre he de tener proyectos propios: míos de mí. He aprendido a seguir dándome a mí misma lo que me produce placer en la vida, sin depender de que alguien más venga a dármelo.

Las veces en que no estoy enamorada ni amando a otra persona:

He aprendido a compartir lo que he aprendido sobre la vida con otras personas. He aprendido que el hombre de mi vida soy yo. He aprendido que el amor es como un arcoíris con muchos colores. Que mi empeño en interesarme sólo por el color rojo pasional y asociarlo al tema “tener una pareja” me hace monotemática y me auto-produce sufrimiento. He aprendido a disfrutar la soledad y la libertad. He aprendido a interesarme por todos los colores del arcoíris y  por todos los tipos de vínculos afectivos: no sólo el de pareja. He aprendido a hacer podcast como este:

¡En ninguna de mis experiencias amorosas (al día de hoy) he aprendido a escribir textos cortos relacionados con el amor! (Risas.) ¿Y tú, qué has aprendido de/en las tuyas? ¡Cuéntame en los comentarios y si te gustó este post compártelo en tus redes sociales!

Nadir Chacín
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Fundadora de mindfulnessparamujeres.com, Antropóloga, Escritora y Conferencista motivacional, Profesora de Mindfulness Respira Vida Breathworks (certificación), Maestra (Shihan) en Gendai Reiki Ho, Estudiante del Diploma de Especialización de Postgrado en Género, Diversidad Familiar y Tecnologías de la Universidad de Barcelona, Practicante budista dentro del Movimiento Triratna, Bloguera en temas de crecimiento personal desde 2007, Organizadora del Barcelona Mindfulness para Mujeres Meetup y de La red de lavanderas en Sant Cugat, Autora del libro “Senderos de paz. Deja de sobrevivir y dirige tus pasos hacia el amor y la felicidad” sobre Budismo Zen y Física Cuántica publicado por Santillana México.

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