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La Rueda de la Fortuna en el tarot: busca ser como la esfinge #sersiendo

Existen tres cartas La Torre, la Rueda de la Fortuna y La Muerte que están relacionadas con todas las situaciones de la vida donde es imperativo un cambio, una transformación. La Rueda de la Fortuna describe el proceso que seguiste o seguirás antes o después del cambio que implicó o implicará La Torre. ¿Por qué?
En La Torre vimos como tu mundo lleno de supuestas certezas se desmorona ante tus ojos y demanda la caída del ego y tu renacimiento.
La Rueda de la Fortuna, el arcano 10,  habla de la actitud idónea frente y después de ese cambio o antes de que suceda, partiendo de lo que La Torre te obliga a hacer: soltar los apegos con tu mundo material, no pensar obsesivamente en el transcurso del tiempo y evitar ser presa de tus emociones a cada paso del segundero.
 
La rueda es un símbolo usado desde la Edad Media, contiene en sí misma la idea de movimiento más que ningún otro símbolo. La rueda es “lo que gira”, aquello que nunca termina de moverse, da la idea también de cierta continuidad, de ciclos: totalidad en movimiento. Además es la existencia, la vida misma o el devenir repentino de situaciones y acontecimientos.
Cada tanto la vida requiere de una poda (como la que se le hace a las plantas), La Torre es precisamente eso: una limpieza interna. La Rueda a su vez representa la vida que seguirá cambiando quieras o no, tu vida tal cual la vives en el tiempo reloj o el tiempo psicológico (ver el artículo: creencia falsa 2). Su arquetipo-significado nos recuerda a las inquietas manecillas del reloj, el paso de las estaciones, el reloj de arena, las transformaciones de la luna, los ciclos de la naturaleza y los del cuerpo humano (nacer, crecer, reproducirse, envejecer y morir).  En esta carta todo se mueve menos un elemento importante: la esfinge. Vayamos a las imágenes de las cartas.
Hay varias versiones de la Rueda de la Fortuna, las más antiguas tenían figuras humanas de reyes (uno trepando a la rueda, uno sentado, reinando, y otro descendiendo del trono), otras más recientes tienen a figuras mitológicas grecoegipcias (Hermanubis, la creación, la Esfinge, la estabilidad, y Tifón-Set, la destrucción), y otras unos simples monos o perros y una esfinge.

En el tarot de Marsella al centro de la carta vemos una rueda sobre el suelo, tiene seis rayos. Parece que está siempre dando vueltas pero vemos que en una parte de la rueda hay una manivela, señalando que podemos acelerar o desacelerar su movimiento. Encontramos unos seres extraños colgando de la rueda, tienen respectivamente la apariencia de un mono y de un perro-mono (serpiente y hombre-chacal en el de Rider-Waite). Al estar colgados de la rueda uno aparece en la parte que va ascendiendo de la rueda (perro o hombre-chacal) y otro en la que desciende (mono o serpiente). El mono que ve hacia abajo y que cae representa al ser humano en sus desgracias, en sus momentos tristes, mientras que el perro-mono equivale a los tiempos de fortuna. Representan dos de los estados de la suerte: progreso o decadencia.

Sus significados: esos momentos donde te crees al tope la alegría y la felicidad, cuando te sientes bien por lo que te pasa (estás enamorad@), y otros momentos, más tristes (tu enamorad@ te dejó), donde te sientes que la vida no te ayuda, que Todo está en contra. Momentos de depresión, tristeza, negatividad excesiva. También las diferentes posiciones de estos seres en la rueda nos hablan del pasado, del presente y del futuro: a veces estás anclado al pasado y ¡zas! la rueda gira trayéndote al presente, a veces estás en el futuro, quieres vivirlo, y de nuevo la rueda te lleva al pasado y así. Siempre cambios, siempre recordando la impermanencia, la imperdurabilidad, lo efímero de las condiciones de tu vida.
En algunas cartas como la de Rider-Waite la rueda no descansa directamente sobre el suelo, sino que está como flotando en las nubes (no tiene patas ni manivela), la rodean nubes y en las cuatro esquinas de la carta -también como flotando- observamos a cuatro animales alados que aparecen en el Apocalipsis: vaca, águila, león y hombre. También sobre la rueda hay una inscripción, TARO, son letras del alfabeto judío que significan Yahvé (Dios), y en los círculos más interiores de la misma vemos varios símbolos de elementos alquímicos: azufre,  mercurio, sal  y otro, unas olitas, me parece es el elemento agua.
Mientras estos seres al tope de la rueda están presos por los acontecimientos, por el paso del tiempo, una especie de esfinge que sujeta una espada los contempla, sentadita y tranquila desde el presente. La espada suele representar a la inteligencia, en este caso es una inteligencia de tipo superior, la que proviene de tu estado consciente, una inteligencia intuitiva, no racional. La inteligencia es diferente al intelecto, lo incluye pero va más allá de él.
La Esfinge es el nombre griego de un animal fabuloso que suele representarse como un león recostado con cabeza humana. Las esfinges fueron ideadas por los antiguos egipcios y formaban parte de su mitología y posteriomente de la mitología de los antiguos griegos. La mayor y más antigua representación escultórica es la Gran Esfinge que se encuentra en Giza, Egipto. La esfinge no está dentro del movimiento, simplemente lo ve todo desde afuera, lo contempla.
Las cartas de Visconti-Sforza tienen cinco personajes todos humanos. En posición de cuatro patas aparece un hombre mayor que carga sobre su espalda la rueda, parece ser el tiempo, suele representársele como un anciano. Los monos-perros que suben y bajan sobre la rueda en esta carta son dos ¿reyezuelos? o ¿gente de la corte real pero de menos rango?, vestidos con ropaje sencillo. Como si fuera el centro de la rueda del cual parten los rayos está una mujer con sus brazos abiertos. Parece representar al azar, la diosa fortuna tal vez, porque tiene los ojos vendados. En el lugar que ocupa la esfinge en los otros mazos está un hombrecillo, más joven en apariencia, parece un ¿niño entre ángel y paje? La carta es borrosa en esa zona pero parece estar sentado en una especie de trono.
Me gusta relacionar la imagen de esta carta conmigo misma, con “partes de mí”, soy yo en mis diferentes versiones, estados anímicos o mentales. Unas veces soy esa que le gusta la montaña rusa y va del pasado al presente y al futuro y otra vez al pasado, soy la que se cree dependiente de los movimientos de la vida, impotente frente a ellos. Otras veces, soy la esfinge consciente y presente, que vive el ahora, la que espera tranquila y mira, es mi ser sosegado que no permite que nada la haga entrar a la montaña rusa.
Soy ese yo, que está por encima de las vicisitudes, de las situaciones y que apesar de ver que todo cambia, siempre sabe que su ser más íntimo y sagrado es constante y seguro, fijo: presente. Les recuerdo el texto del blog que cito arriba, veíamos el asunto de las diferencias entre el tiempo reloj y el tiempo eterno. La Rueda es una imagen contundente que resume esa idea.
Algunos gustan de interpretar esta carta como el azar, el destino, los cambios repentinos que te llegan, el humano “esclavo” del azar. Puedes elegir ese significado, depende de cómo lo quieras ver, pero lo importante es el nivel de tu vida donde los cambios suceden, creo que ahí está la clave. Es cierto que lo único constante es el cambio y viene bien saberlo procesar, pero hay una parte de ti, donde nada cambia: tu ser sagrado, tu ser real, ese que habita en el tiempo eterno. Cuando estás en el ahora y en el presente, es cuando puedes habitar el tiempo eterno.
La esfinge eres tú también quiet@ y contemplativ@, al igual que debes reconocer en tí los perros y monos que penden de la rueda. En ambas representaciones estás tú, es una cuestión de elección, ¿a través de qué figura deseas vivir más, de la esfinge o de los seres extraños colgantes y dependientes de la rueda?
Vivir realmente es ser esfinge, porque cuando somos “esos seres extraños” normalmente nos sentimos sobreviviendo y no viviendo. Éste es un camino largo y espiritual, reconocer las diferentes facetas anímicas que tenemos. Es una evolución notable cuando aprendes a reconocerte en el “monito” inseguro y te das cuenta, lo notas. Esa parte de tí que se da cuenta que estás siendo “mono” es la esfinge, eres tú, viéndote y sintiéndote esfinge, tú viendo y sintiendo la vida.
No inviertas mucho tiempo en quedarte “monito”, y dedica mucho, mucho tiempo a reconocerte y a saberte esfinge. Te advierte esta carta: requieres de saberte monito primero y entender que no eres sólo un “monito” frágil, indefenso y débil.
La Rueda de la Fortuna encarnada eres tú, tu ego y tu ser superior, todos esos papeles representados en una sola imagen. Tu ego es como los seres extraños que cuelgan de la rueda y tu SER REAL es la esfinge.
La esfinge es también ese “lugar” (dentro de ti, de mí y de todos) en donde descansamos, nos sentimos con sabiduría, tranquilidad, paz y armonía, es donde nos sentimos conectados con la vida y perfectos.
El amor suele quitar los velos que tapan a tu esfinge, te recuerda apasionadamente que eres esfinge. También puede arrastrarte y subirte como un mono, azotarte contra el piso, llevarte a la cima y luego dejarte caer de nuevo, pero el amor sano-equilibrado, te recuerda que, aunque todo cambia, nunca dejaste de ser esfinge ni podrás dejar de serlo. 
Tu esfinge es ese no-lugar y no-espacio que algunos han venido llamando Dios, la mente grande, el Universo… sí, porque DIOS también eres tú.
Abraza tu microcosmos.

Más cartas: El Diablo, La Torre, Los Enamorados.

Por el devenir amoroso (que no es tan azaroso),
Taika Ramé
तइका रमे