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Autoestima: la semilla que necesita tierra fértil #sersiendo

autoestima

Autoestima significa estimarte a ti misma/o. Quererte, amarte, valorarte. Apreciar tus cualidades y habilidades. Tratarte amablemente mientras vas aprendiendo es autoestima. Tenerte infinita paciencia.

Implica darte apoyo cuando las cosas van mal y celebrarte cuando van bien. No es posible amarte a ti misma/o sin abrazar los procesos de cambio que surgen en tu vida. Debemos aceptar el cambio.

La mayoría de las personas cuando “consultamos con la almohada” pensamos que no nos amamos lo suficiente. Sentimos así una (dolorosa) carencia, un vacío y con justa razón.

Estos pensamientos de “falta de” nos producen tristeza, vergüenza y culpa, nos hacen sufrir. Desencadenan también una serie de reacciones físicas en el cuerpo como tensión, dolor y entumecimiento. Nos enferman profundamente. ¿Cómo puedo amarme más a mi misma/o?, nos preguntamos en silencio. ¿Cómo lo hago?

No es suficiente enseñar lo que sabemos

Desarrollar el amor hacia una/o misma/o es algo que nadie nos ha enseñado de manera metódica. No sabemos cómo se hace porque esta enseñanza no forma parte de la educación explícita que regularmente se da en las familias, ni mucho menos en las escuelas.

A veces creemos que si queremos mucho a nuestros hijos y los apoyamos eso será suficiente. Pero para que ellos se amen a sí mismos no lo es.

¿Por qué no es suficiente? Porque los adultos rara vez tenemos realmente las herramientas y los recursos para enseñar a otros la autoestima. A nosotros nadie nos la ha enseñado de manera deliberada.

La información no es conocimiento

Sólo es información. Para que la información se vuelva conocimiento hay que reflexionar sobre ella, aplicarla a la vida y ver qué pasa. Y para que el conocimiento se vuelva sabiduría necesitamos contemplar y escuchar más y hablar menos.

También tenemos que reflexionar sobre los resultados que hemos obtenido e incorporar lo que ha servido para la siguiente etapa y desechar lo que no. Hay que incorporar concienzudamente elementos nuevos, fragmentos de información y probar otra vez. Evaluar. Analizar. Reflexionar. Conocer.

No perder las ganas de reconstruirse a una/o misma/o una vez y otra vez te vuelve más sabia/o. Pensar que ya sabes todo sobre ti misma/o te convierte en una persona dura e inflexible. Así es difícil amarse y valorarse a una misma/o positivamente.

Si lo que vas conociendo y practicando en la vida no te “suaviza” no es sabiduría. Las personas sabias caminan la vida como si estuvieran andando sobre una amorosa mota de algodón: dulcemente.

Conocimiento explícito e implícito

El conocimiento explícito es estructurado, se puede organizar y replicar de una forma sencilla. El conocimiento implícito es el que se expresa a través de nuestras acciones generalmente sin que nos demos cuenta. Son las creencias, los saberes, los quehaceres y las maneras en las que hacemos, sentimos y pensamos las cosas.

Lo implícito está relacionado con la experiencia, la intuición y los valores. Obedece al “learning by doing”, al aprendizaje de algo mientras lo estás haciendo. Todos sabemos más de lo que creemos saber. Y son precisamente nuestras acciones las que enseñan a nuestros hijos, no nuestros discursos y alegaciones sobre la vida.

El conocimiento implícito es más difícil de replicar y repetir, de trasmitir de un individuo a otro. No podemos hacer manuales ni procedimientos para que los demás repitan este conocimiento. Tu forma de ver la vida, tu filosofía personal, por ejemplo, ¿podrías convertirla en un manual? Creo que no funciona así.

Del conocimiento individual al conocimiento colectivo

A pesar de la dificultad para replicar el conocimiento implícito es el que genera cambios positivos. No sólo individual sino colectivamente. Tanto a corto como a largo plazo. Para que el conocimiento implícito se vuelva útil para tu desarrollo personal y te ayude a aumentar tu autoestima y la de tus seres queridos ha de convertirse en conocimiento explícito.

La relación y la retroalimentación entre estos dos tipos de conocimiento es bilateral y recíproca, el conocimiento implícito ha de volverse explícito y el explícito, implícito. Las relaciones interpersonales en tanto “territorios” de conexión e interacción humana son las que permiten ese “viaje” de los conocimientos de ida y vuelta. No más cuando están “abonadas” con humildad y con mente de principiante.

La socialización (de conocimiento implícito a implícito), la exteriorización (de implícito a explícito) y la combinación/asociación (de explícito a explícito, yo le digo “colaboración”) son, según Nonaka y Takeuchi, los tres medios para construir conocimiento organizacional. Las familias e incluso un solo individuo en sí mismo son un tipo de organización.

¿Y tú cómo te organizas? ¿La organización que empleas te ayuda a estar mejor, a amarte más a ti misma/o? ¿Ayuda a los demás a amarse a sí mismos?

Abonar la tierra de cultivo para la autoestima

El amor entre los seres humanos es un sentimiento espontáneo sólo cuando hay las condiciones para que esta espontaneidad se dé.

Somos como las plantas, si las semillas que somos no caen en un terreno fértil la planta no crecerá bien ni desarrollará todo su potencial. Las raíces de la autoestima no pegan en territorios desérticos.

Ese primer terreno (o lugar de siembra) es nuestra familia o el entorno creado por las personas adultas que cuidan de nosotros cuando estamos bebés y a lo largo de nuestra infancia. Considerar la historia de tu familia y aprender de ella puede ser duro a veces, pero también es esclarecedor y sirve de alimento para la vida.

¿De dónde venimos? ¿Qué nos enseñaron los adultos que nos criaron de manera implícita? ¿Qué de manera explícita? ¿Hemos sabido combinar estos dos tipos de conocimiento? ¿Hemos logrado colaborar los unos con los otros? ¿Innovar? ¿Aprender de los errores?

Reflexionar es “mirar atrás”

Reflexionar sobre cómo era nuestro entorno familiar es una estrategia hábil. Nos permite conocernos y entendernos mejor. Decía Jean Paul Sastre que “la libertad es lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros”. Siempre me ha gustado ese modo de ser libre.

Reírte contigo y no de ti te hace más libre. No te vuelvas el blanco de tu ironía o sorna. No te burles de ti misma/o en ninguna circunstancia. ¿Quién quiere amar lo que fácilmente se denosta?

Fertilizar la tierra de cultivo para la autoestima es una tarea sutil, delicada e importante. Es un acto de coraje no exento de miedo. Vale la pena arriesgarse.

Ocuparte de ti como quien cuida un jardín para crear más belleza y respeto por la vida, no sólo construye tu devenir sino el de la humanidad.

Ser jardinera/o de tu propio jardín es el empleo/trabajo más serio y relevante. Procura no explotarte ni darte malas condiciones para trabajar. Trata de pagarte dignamente por tu esfuerzo y dedicación. Valora todas las horas que has pasado bajo el sol arando la tierra para tu autoestima.

Tienes derecho a cuidar de ti, aunque nadie lo haya hecho antes. Sólo tú puedes cuidarte como ahora lo necesitas. Hazlo. Siémbrate, germina y florece.

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Nadir Chacín
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