Etiquetado: Para las crisis amorosas

Libros para crisis amorosas #sersiendo

Nadir Chacín @nadirchs
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Entre (in)fieles te veas (#circulohumano)

Yo he puesto cachos y hasta cuernos. He sido amante de un hombre casado. He tenido amantes estando en pareja y sin tener pareja. He salido con tres al mismo tiempo sin que ellos sepan el uno del otro. Me han montado los cuernos y también los cachos. He tenido amantes de mi mismo sexo que están casadas. He mentido. He compartido mi vida con hombres que han tenido amantes hombres. También he dicho la dolorosa verdad “oye me gusta… y me gustaría tener la experiencia de tener algo sexual con él, pero deseo que tú sigas siendo mi pareja y a quien amo es a ti”. He descubierto que el hombre que amo se acuesta con otra. Me han dejado varios. Yo he dejado. He perdonado infidelidades. He repetido tres veces ya la monogamia absoluta por decisión propia y sin aburrirme del mismo pene, ni del mismo hombre, ni del mismo amor.

Hoy a mis casi 40 años la fidelidad se ha convertido en un valor sagrado para mí. Es una convicción, una decisión, un camino que he construido y que refrendo en cada paso que doy. No es un camino fijado con antelación, pero sí uno que he decidido poco a poco, con aciertos y caídas, y que me gusta. Creo que la primera fidelidad, la más importante, es la que me tengo a mí misma. No me agradan las mentiras, mucho menos las automentiras. He tratado de encaminarme hacia la mayor honestidad que pueda darme y dar a los demás. Ser honesta es arduo y dolorosísimo, he perdido muchos amigos, familiares y parejas, pero también ha sido la decisión que más alegrías me ha dado.
He pasado por muchas situaciones en que he deseado no ser o no haber sido honesta y también he preferido en algún momento que mi pareja me mienta en vez de escuchar esa Verdad tan heavy metal: “Me acosté con…”. Me gusta la Verdad, pero entiendo y sé que la Verdad así solita sin un contexto amoroso, sin las palabras amorosas y necesarias que la acompañen, puede ser peor que tener un cuchillo clavado en el corazón durante años. No sé cómo desenrollar ese rollo, honestamente, no sé. Sólo tengo claro, a pesar de todo lo que me ha dolido amar, que sigo prefiriendo y agradeciendo más la Verdad al engaño.
He aprendido que los acuerdos son vitales cuando dos personas quieren construir una vida juntos y ser pareja. Sin acuerdos claros, las cosas dolorosas llegan antes y son tan dolorosas, tanto, que a veces es imposible sanar las heridas, perdonar y seguir juntos. Creo que cuando dos personas se aman no sólo deben hablar sobre la vida que tienen juntos sino sobre la vida que no tienen juntos también. ¿Por qué? Porque los deseos así son, no pueden controlarse del todo, pero sí puede uno decidir qué quiere hacer con ellos y qué quiere compartir y construir con su pareja.
Cuando estamos enamorados nunca pensamos que nos gustará otra persona o que sentiremos deseos por tener sexo con alguien más, pero son temas que hay que hablar y negociar siempre y continuamente. Yo he aprendido que es sano hablar sobre la fidelidad de la manera más honesta como nos sea posible y hacer acuerdos mutuos. (Si necesitan un trago antes para relajarse y sincerarse, tómenselo juntos y hablen con el corazón abierto y en la mano. El amor es un riesgo, siempre lo es.)
Se puede empezar por preguntas directas con respuestas directas ubicadas en el terreno de los supuestos para que no sea tan amenazantes para ninguno de los dos:
• ¿Si algún día me gusta alguien más quieres que te lo diga o no?
• ¿Si alguna vez me acuesto con otra mujer u hombre prefieres que te diga antes de hacerlo, después de hacerlo o prefieres nunca enterarte?
• ¿Qué opinas sobre la fidelidad?
• ¿Cómo actuaremos en el caso de que a alguno de los dos se sienta atraído por alguien más?
• ¿Crees que si me gusta alguien más es porque nuestra relación está mal?
• ¿Crees que es posible amar a dos personas al mismo tiempo?
• ¿Esperas que yo tenga sexo sólo contigo mientras estamos juntos como pareja?
• ¿Me perdonarías si algún día te soy infiel y te lo digo?
• ¿Qué opinas del sexo? ¿De hacerlo con alguien que amas? ¿Con alguien que no amas pero te gusta?
• ¿Qué opinas sobre los hombres y las mujeres que le son infieles a sus parejas?
• ¿Qué opinaban tu papá y tu mamá sobre la fidelidad? ¿Qué te enseñaron cuando eras niño/a?
• ¿Cómo era la relación de pareja de tus progenitores? ¿Eran sexualmente fieles?
• ¿Valorarías positivamente que te confiese que me gusta alguien más?
• ¿Crees que es posible tener sexo con la misma persona durante años sin aburrirse o desear a otra persona?

Estas preguntas les permitirán desde el amor y el respeto conocerse mejor y establecer acuerdos mínimos que puedan respetar y reformular cada tanto. No está de más escribir acuerdos sobre el papel, una especie de contrato temporal, que cada cierto tiempo se revise y reformule a medida que los integrantes de la pareja vayan cambiando, creciendo, aprendiendo, sintiendo, pensando, decidiendo: madurando.
Muchas personas no hablan de la fidelidad porque temen conocer a su pareja mejor y temen conocerse a sí mismas profundamente. Este tema tiene muchos subtemas que platicar: la fidelidad y sus historias culturales, religiosas, de historias familiares, personales, de aprendizajes que tenemos durante la infancia, de mandatos sociales, de creencias, de experiencias con nuestras parejas anteriores. Somos seres humanos, mi gente, no somos tan sofisticados ni claros ni predecibles como creemos ser. Somos humanos, simplemente humanos en construcción. Ser siendo.
El amor de pareja tiene sus fases, no siempre es igual de intenso, por eso es mejor hablar de la fidelidad desde el inicio, desde el enamoramiento apasionado, y repetir esa conversación muchas veces mientras el sentimiento se va transformando y la relación también. Incluso cuando la relación que tenemos no es la típica relación de pareja sino algo más libre e informal, también hay que hablar de estos temas álgidos, no hay que dar por sobrentendido que el otro o la otra “sabe lo que tenemos”. Y si ya tienes una pareja y nunca han “toqueteado” estos temas intensamente :) tienen una conversación laaaaarga y pendiente. ¡Empiecen ya!
La fidelidad es el respeto hacia un acuerdo previamente hecho entre personas que tienen un vínculo amoroso. Es lo mismo para parejas, amigos y familiares. Si no hay un acuerdo claro y un conocimiento lo más profundo que se pueda del corazón del otro o de la otra es muy fácil que se dé una infidelidad. La fidelidad no está nada más en los órganos sexuales, la fidelidad es el respeto que tenemos hacia lo que entre ambos hemos construido concientemente, y para que haya conciencia de algo tiene que haber comunicación, claridad y acuerdos. Sin acuerdos, no hay directrices mínimas que respetar. Cuentas claras, conservan vínculos.
Love ya,
Nadir Chacín

IX Encuentro del Círculo Humano, sábado 25 de junio 2011, 11-14 horas, Parque México, Col. Hipódromo Condesa, México D.F. Tema: Fidelidad vs. Infidelidad en las relaciones de pareja.

Hay hombres que sí aman profundamente a sus hijos e hijas y por eso están construyendo nuevas formas de ser hombres y de ser padres junto a nosotras las mujeres que queremos lo mismo que ellos. Para estos hombres va un APLAUSO de parte de todos los seres humanos del mundo. (¡Feliz Día del Padre! y a Cerrarojitos felices.)

Corazón vs. Cerebro

En estos días la ilustración de esta entrada (ilustración de Alberto Montt) desató una conversación interesante en mi facebook. Ésta venía acompañada con un mensajito mío que decía: “Mi dilema de este mes”. Pues sí, este mes ha sido muy movido no sólo porque tengo muchísimo trabajo, sino porque se despertaron preguntas y dilemas que estaban dormidos dentro de mí. Este dilema Corazón vs. Cerebro no sólo está vinculado con asuntos amorosos, sino con TODO lo que nos sucede en la vida. “Decisiones, Ave maría, cada día” como dice la canción de Rubén Blades.

Reproduzco aquí algunos de los comentarios que suscitó la imagen mientras se aclara mi dilema y puedo escribirles más reflexiones y contestar sus comentarios.

Nadir: Cerebro vs. Corazón. Auch.

Jorge: Voto por el corazón. El cerebro suele ser más tramposo.

Nadir: En estaaaaaaaaaaaaaaaa esquinaaaaaaaaaaaaaaaa.

Mauro: “De un libro llamado Pasión Crítica de Octavio Paz, recuerdo como si lo leyera ahora, estos versos “Inocencia, no ciencia”. Lo inocente, claro, es del mundo del alma. Yo aspiro a llevar un corazón inteligente. No sé si te aclara u obscurece el dilema, jajaja.

Jaxor: Los artistas nos vamos del lado corazón… No hay nada mejor que sentir… :)

Gabriela: Lástima que en estos tiempos, los corazones son desechables por la gente que utiliza más el cerebro…

June: Yo le voy al cerebro, aunque para mí ambos son indispensables.

Nadir: En la otraaaaaaaaaaaaaaa esquinaaaaaaaaaaaaa. ;)

Nadir: Me gusta eso de: corazón inteligente. Cuando encontré esta imagen estaba buscando una donde apareciera un corazón con un cerebro adentro. El cerebro del corazón. Si hubiese un logo de Nadir, sin duda, me gustaría que fuera ése.

Odette: Dice mi amiga Isabel que la mente sólo está ahí para juzgar y confundirnos, que hay que escuchar siempre al corazón.

Nadir: Gracias Isabel. Ahí les cuento como evolucionó el dilema jejeje. Besos O.

Edna: Y que tal inteligencia emocional. Creo que ese concepto, podría de alguna manera englobar estos dos extremos.

María Elena: Ajá!… excelente sugerencia Edna, Inteligencia Emocional. Estoy leyendo a Daniel Goleman. Altamente recomendable…

Gabriela: De hecho debería ser materia escolar desde kínder, como el desarrollo de competencias, habilidades y la metacognición…

Canción que acompaña un dilema muy común. “Conciencia” de Gilberto Santarosa. No te lo pierdas, dale clic aquí.

Abrazo,

Nadir (en fase de restauración)

Para ver la obra de Alberto Montt entra a su web. Es un excelente ilustrador chileno. En su web tiene un widget que puedes subir a tu propio blog, está genial.

REGRESAR A MÍ (A TI, A ÉL, A ELLA)

Siempre nos preguntamos para qué sirven las rupturas amorosas. Son encrucijadas, paradas, estaciones de paso, quiebres, inicios, finales. Revoluciones. Son todo eso y a la vez. Cuando una pareja por los motivos que sean decide separarse o uno de los miembros decide alejarse por un tiempo o “para siempre” (nótese las comillas… no me gustan las sentencias, la vida no puede controlarse), muchas cosas parecen CERRARSE pero el resultado REAL es que la dimensión de la pareja SE ABRE. La dimensión individual SE ABRE.

El enamoramiento y el amor son indudablemente fuerzas amalgamadoras. Los amantes perciben que existe fusión entre ellos a pesar de que el amor sólo puede vivirse y experienciarse individualmente. La pareja, en su devenir cotidiano, es doble acción, doble Ser, pero los amantes suelen olvidarse de que son dos. En toda fusión (real o imaginada) aumenta la resistencia, se tiende a “borrar” las fronteras que de por sí son imborrables… y entonces surge contundente la fuerza inevitable de la separación, de la diferenciación con respecto al otro. Nadie puede luchar contra eso, porque es un instinto: mantener la identidad propia. No porque quieras seguir siendo tú amas menos y no porque tu pareja también quiera serlo te ama menos. Eso es un error de interpretación.

El amante ama al otro por lo que es y siempre el amor cuando es genuino busca el respeto hacia la persona que ama en tanto persona diferente de uno mismo. Sin embargo, la fusión existe, se da. La sentimos. Es también. Algo nos separa y nos une, algo nutrido por nosotros mismos. Ambas fuerzas, la que te separa de quien amas y la que te une a él o ella, se alimentan de los significados que les atribuimos a las cosas que vivimos, a las conversaciones que tenemos, a las diversas (y a veces contradictorias) creencias que conviven en nuestra mente sobre el amor y otras aventuras.

La fusión siempre será sana y armoniosa si se mantienen renovadas y ejercidas las identidades individuales. “Ejercidas” quiere decir ACTIVAS, en acción. Si te fusionas al punto de olvidarte de ti misma, de ti mismo, algo SE ROMPE dentro de tu Ser. Nadie puede amar realmente si se fusiona y se olvida de su persona. Ésta es la salvación que proveen las rupturas, momentáneas o no. Las rupturas son OPORTUNIDADES, son llamadas de atención. Es el alma que dice “hey… aquí estoy… ¿y yo qué?”, cuando se produce una ruptura hay algo que te está gritando dentro de ti que le prestes atención. Que TÚ existes y que no has estado poniéndote mucha atención últimamente, dedicándote mucho tiempo ni dedicación. Y menos la pasión que te mereces.

Las rupturas terminan siempre sanando a la pareja, pero lo más importante es que SIEMPRE terminan hoy, mañana o en algún momento sanándote a ti. ROMPER una relación es un camino (sanador y doloroso) para volver a ti. Lo es de igual modo para volver al NOSOTROS pero de una forma diferente, más amorosa, y en tanto más cercana al amor, más respetuosa de los quereres y deseos de cada uno. Eso no implica que la relación de pareja continúe, pero si implica que esas dos personas podrán ahora mirarse, contemplarse y vivirse mutuamente de una forma más armoniosa. Cuando has procesado sinceramente la separación comienzas a ver. Tus ojos miran por primera vez y luego contemplarás lo que es y lo abrazarás sin pelearte con lo que sucede.

Regresar a mí siempre será un regresar a ti (a él o a ella) de una manera más genuina y transparente. Sin máscaras. Cuando logras ver al otro por lo que es, con sus defectos y virtudes, cuando logras hacer eso mismo para contigo (sobre todo), TÚ TE ABRES, LA PAREJA SE ABRE. La dimensión de lo que vives se amplía, logras por un instante, por un mes, un día, a veces por un tiempo más prolongado cuando trabajas en ello, regresar a tu naturaleza original. Ésa que te permite estar acompañando a alguien (que no unirte) sin “matarlo”, sin perderte en el otro, sin obligar a que él o ella se pierda en ti (consciente o inconscientemente), sin querer y presionar para que sea como tú, sin borrarte tú. Eso siempre es UN REGALO HERMOSO que te procuras a ti mismo. Suena trillado pero amar al otro siempre pasa primero por amar lo que uno es.

No quieras saltarte el primer escalón de las relaciones sociales. La relación que construyes con la única persona que podrá darte todo el amor que necesitas y que te mereces: TÚ.

El segundo principio (Adelanto del libro "Senderos de paz")

Portada
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EL SEGUNDO PRINCIPIO

Un discípulo, que entraba en la vía del Zen,  le preguntó a su maestro:  —¿Cuál es el primer principio? —Si te lo dijese —contestó el maestro—, sólo sería el segundo principio.

¿Cómo estar en paz? ¿Qué necesito para estar en paz? ¿Por qué me siento intranquilo, intranquila? Tal vez mis preguntas existenciales te recuerden a las tuyas, las que haces en tu cabeza a cada instante. A mí me han acompañado durante toda la vida y, siempre que creí haber encontrado respuestas, surgían nuevas inquietudes y formas de no estar en paz: una y otra vez. Preocupada por mi constante intranquilidad –y reconozco que también para desahogarme– abrí un blog en Internet titulado Ser siendo por Taika Ramé que se convirtió poco a poco en un sendero, un camino que, sin quererlo, fui recorriendo y todavía recorro hacia adentro de mí misma.

Al abrir el blog decidí escribir sobre mis sentimientos e ideas –al inicio utilicé un seudónimo, Taika, y luego revelé el nombre Nadir, mismo que le pusieron mis padres a este cuerpo–; deseaba sacarme el sufrimiento, pensaba que del exterior llegaría una mano amiga y salvadora que me rescataría del pozo donde me había metido. Estaba pasando –entre otras cosas– por “un ataque de mal de amores crónico”. ¿Quién no ha pasado por uno? Seguro que también tienes tu lista. ¿Cierto?

El tiempo fue pasando y, poco a poco, por la magia de Internet, algunos lectores igual de ansiosos que yo, llegaron a mis letras pidiendo ayuda y consejos. Pensaba a diario cómo poder ayudarlos si yo estaba tan asustada, tan llena de resentimientos con la vida: ¿qué puedo darles si estoy repleta de miedos? Algo vieron ellos en mí, no sabía qué, pero mis palabras les reconfortaban. Estas personas crearon un vínculo conmigo y su búsqueda de paz generó un cambio en mí: una transformación. Nuestros encuentros nos generaban paz compartida, fluida, amigable. Todos estábamos mejor; así, de forma repentina, con sólo intercambiar historias y drenar el dolor. A diario revisaba sus comentarios. A veces subía posts (notas) para distraerme y no hundirme en la depresión absoluta. Así fui leyendo mi vida y mis angustias en los relatos de mis lectores y, con la magia que produce verse reflejado en la vida de los otros, sus mensajes me cambiaron al mismo tiempo que mis letras los cambiaban a ellos. Qué bueno es sentirse apoyado, ¿verdad?

Me sentí útil ayudando y también me sentí acompañada. Notaba que no estaba aislada, que no era sólo una “loca desquiciada” que se sentía mal: yo era también “algo” más. A lo mejor éramos puros locos platicando pero, por momentos, ¡éramos loquitos felices! Nuestro secreto estaba en esos momentos de felicidad. ¿Cómo hacer para repetirlos voluntariamente? Advertí que ellos también buscaban respuestas y que mis angustias –antes únicas y mías– se repetían constantemente en las angustias de un sinfín de seres humanos; sí, teníamos un hecho en común: todos sufríamos y no sabíamos cómo dejar de hacerlo.

En años anteriores al blog había pasado por muchas indagaciones en busca de las causas de mi malestar: cinco años en psicoanálisis (lacaniano) y en dos tipos diferentes de psicoterapias, una maestría en Reiki Ho, diferentes tipos de medicinas alternativas y también muchas, muchas pastillas alopáticas. Probé incluso con el esoterismo y con la ciencia, expertos en el tarot, técnicas chamánicas, videncia y lecturas de la mano (hasta escuché acerca de la podomancia, pero no me atreví). Leí infinidad de libros de filosofía, teología, neurociencias, autoayuda y superación personal, y aún sentía ese pesar en el alma. Me sentía hundida, atrapada en el dolor. Había probado TODO, según yo, y ni así conseguía estar en paz conmigo misma. Regresaba seguido a esos momentos con mis lectores del blog pues ¡ahí estaba la solución! Pero, ¿cuál era realmente? ¿Cómo funcionaba? Senderos de paz nació en medio de una fuerte decisión de vida, una más, estaba dejando mis estudios de doctorado en antropología y decidí probar con lo que siempre había querido hacer: escribir literatura. Esa decisión de apostarle a mi deseo de ser escritora no llegó de manera suave. Fue la consecuencia de varios eventos desastrosos que me empujaron a una depresión fuerte y, luego, a un salto creativo.

Había pasado por una ruptura de pareja muy dolorosa; cuando (al fin) me mudé sola y lograba recuperarme, descubrí que un vecino desconocido me espiaba en mi propia casa con unas cámaras de video. Fue muy fuerte. Me sentí invadida en mi intimidad y totalmente vulnerable. (Fue un Big Brother a la fuerza, ¡yo no había dado mi consentimiento!) Viajé lejos en plena Navidad –un acto desesperado para olvidarme de lo sucedido y regocijarme en el abrazo amoroso de mi familia–, pero durante mi viaje intentaron secuestrarme en un taxi y tuve que saltar del auto en marcha. Sufrí lesiones graves en cuello y columna, y regresé a México con un collarín y mi entendimiento deshecho. ¿Por qué? ¿Qué he hecho para merecer esto? ¿Por qué todo me pasa? me preguntaba al mirarme al espejo con un HORROROSO e incómodo cuello artificial que me sostenía la cabeza. ¡Es aterrador cuando el espejo te regresa tu imagen y no te gusta! Como las lesiones no sanaban con las medicinas alopáticas y ya no soportaba los dolores, fui a ver a mi antiguo “huesero”, a refugiarme en su ayuda y en sus conocimientos. ¡Deseaba tanto que él me curara! Sin saberlo, estaba a punto de verme involucrada (¡una vez más!) en la locura humana: el sujeto en quien estaba depositando la mejora de mi salud trató de abusar sexualmente de mí. Por fortuna, o quizá porque me guía una fuerte intuición, alcancé a huir de su casa luego de una escena desagradable… y seguí haciéndome las mismas demandas desesperadas, una y otra vez: ¿Qué pasa en mi vida? ¿Por qué me suceden tantas, tantas cosas malas?

Acudí a la universidad harta, cansada y en pleno ataque de locura a renunciar a lo que hice durante los últimos once años de mi vida: investigación en antropología. Me di de baja temporal del doctorado y regresé a casa con una sensación de alivio y una angustia enorme, todo a la vez mezclado: sufrimiento + locura. Más locura que sufrimiento, diría yo ahora. Urgida por salvarme, me inscribí en un taller de creación literaria y viví en el mismísimo “limbo” emocional durante un año y medio, con el dinero que me dejó la venta de mi casa en Venezuela. Los pesos se agotaban rápidamente y yo seguía perdida en mis propios pensamientos y angustias. Escribí muchos cuentos de ficción, eso sí, pero seguía debatiéndome en mi cabeza: ¿estaré haciendo lo correcto o no? Deseaba saber si al abandonar el doctorado había salido del caos o sólo me metía en uno nuevo. Cómo se extraña que alguien te diga: ¡vas bien, sigue adelante! Es muy doloroso sentirse como un barco sin rumbo. No sabría decir –y la verdad es que no importa mucho– en qué momento algo se despertó en mí. Sé que los conocimientos y, principalmente, las experiencias se fueron acumulando hasta que llegué al punto de no retorno. Era imprescindible decidir qué quería HOY: ¿vivir o sobrevivir?

Yo le aposté a la vida, estaba harta, HARTA de sólo sobrevivir.

De repente, lo vi todo claro. ¡La LUZ se hizo! ¡Allí estaba! Sí, era cierto, no estaba alucinando: la magia se acumulaba a diario en mi blog, en el intercambio colectivo de historias de la vida real. Supe, sin duda alguna, que parte de la respuesta a todas mis preguntas estaba allí: “En el increíble poder de la comunicación amorosa entre dos personas.” Debía seguir ese camino y encontrar cosas nuevas. El sufrimiento se transformó en dolor. No voy a decirte que las cosas ya no me duelen; claro, hay cosas que me duelen todavía, pero la manera en que aprendí (y me enseñaron mis lectores) a reaccionar frente a mis pensamientos, emociones y percepciones me ha dado más libertad. Mi secreto para sentirme libre fue… Antes de explicarte cómo logré más libertad permíteme contarte lo que me pasó mientras escribía este libro. ¡Quedarás deslumbrado! Sucedieron tres cosas, diferentes en esencia, pero que se “amalgamaron” para darme una misma lección.

El último año trabajé como editora. Estaba muy a gusto con el oficio pero no tan cómoda con los horarios y la enorme cantidad de trabajo que tenía. Estaba de nuevo metida en una dinámica de estrés y no sabía bien cómo pararla. Analicé mucho lo que quería hacer y me di cuenta de que necesitaba armonía para escribir este libro. Mi cuerpo pedía a gritos un descanso; además, podía trabajar desde mi hogar siendo fiel a mi propio ritmo y abriendo espacios para la calidad de experiencias que deseo tener. Me había estado enfermando mucho y fui a realizarme unos estudios médicos. Los diagnósticos preliminares no lucían bien. Era posible que las lesiones en el cuello de mi útero fueran por causa del famoso (por terrible) virus del papiloma humano. Había que esperar los resultados de los análisis y yo estaba que me comía las uñas a causa de los nervios. Literalmente me las comí. Mi mente deambuló por los posibles resultados. Estaba angustiada, pero algo dentro de mí me decía: “Nadir, para estar en paz hay que meditar todas las noches. Medita, medita, medita.”

Renuncié a mi empleo en medio de las acusaciones de locura de la mayoría de mis amigos y de la difícil situación relacionada con mi salud. Decían: “Cómo te atreves a dejar un sueldo fijo en este país de desempleo casi masivo”, “¿renuncias?… ¡si te ha ido tan bien en la editorial!”, “¡estás loca!, ¿y qué harás sin tu empleo?”, “si apenas llevas un año allí”. La verdad es que mi antiguo empleo fue maravilloso. Me gustó aprender a ser editora, disfruté cada uno de los libros que ayudé a “nacer”, el ambiente laboral era muy bueno y motivador pero sentía necesidad de un cambio, una necesidad espiritual. Algo intuitivo me guió y le entregué mi nueva intención al Todo enorme, vasto y mágico que guía mis pasos. El mismo día en que se terminaba mi preaviso laboral, la doctora me llamó para decirme que mis resultados eran buenos. Lo que tenía podía resolverse con un cambio en la alimentación y varios medicamentos. Yo enseguida pensé: “Soy afortunada.” ¡Mi salud estaba bien y el susto no había pasado de ahí!

Unos días después de dejar la editorial, unos ladrones entraron a mi casa y se robaron mi computadora y otras pertenencias. Por fortuna, yo no estaba en casa cuando sucedió el robo y el archivo de este libro estaba guardado en mi correo electrónico. Lo demás se perdió: fotos, textos, recuerdos. Al principio me deprimí, lo admito. Pensé: ¿y ahora qué haré sin mi herramienta de trabajo?, ¿sin los recuerdos que se robaron, regalitos que me había dado mi hijo y otras cosas materiales? ¿Qué significado tiene esto? Lloré mucho. Con los días, al releer lo que ya tenía escrito para Senderos de paz, surgió una nueva percepción de lo ocurrido. A la semana, mi editor me prestó una computadora y comencé a escribir de nuevo. Días después tuve una reunión con mi ex-jefe en la editorial y sucedió algo mágico. MÁGICO con palabras mayúsculas. Cuando le conté lo sucedido, tomó su teléfono, llamó a su asistente y le dijo: “Tráeme una laptop.” Sí, me la obsequió con el sonriente “no faltaba más” que siguió a mi amoroso “gracias”.

Lo sucedido, una vez más, adquiría un nuevo sentido. La vida me demostraba la impermanencia de las cosas materiales y lo valioso de las comunicaciones humanas basadas en la empatía y en el amor (por qué no decirlo si la amistad es amor. ¡No hay otra palabra!) Te cuento mi experiencia para que veas que “siempre que se cierra una puerta, otra se abre”; que, como bien dice la gente, “Dios aprieta pero no ahorca” o “al mal tiempo buena cara”. Yo soy el vivo ejemplo de que las SINCRONÍAS suceden, las he experimentado infinidad de veces. Siempre trato de vencer el miedo y recibirlas con los brazos abiertos, sean buenas o malas. Si me preguntas si volvería a vivir todo lo que me pasó te respondería que por supuesto. Lo que he vivido es parte de lo que soy, pero no soy toda yo. El secreto está en descubrir lo que ya sabes, que lo bueno y lo malo son caras de una misma moneda. Si quieres vivir la vida con intensidad, tienes que probar las dos caras. No hay de otra. ¿Quieres ser libre o seguirás sufriendo eternamente?

Este libro se ocupa de algunos senderos que te guiarán hacia la paz, esos caminos que eliminarán el sufrimiento de tu vida. Escribo estas páginas con la absoluta certeza de que hemos vivido hasta el cansancio cosas parecidas y que aquello que mis lectores me contaron en el blog y lo que yo he vivido te ayudará a DESPERTAR. No importa si no entiendes por completo algunas partes de este libro. Yo tampoco entendía ni un comino cuando comencé a leer sobre el despertar, la iluminación, la felicidad, la física cuántica y el budismo Zen, pero seguí leyendo y leyendo. Ahora ésos son mis libros de cabecera y también los llevo conmigo a todas partes: al metro, a la playa, en el avión, en los cafecitos donde leo los domingos en el parque México. Vuelvo a ellos cada vez que estoy intranquila pero también cuando me cosquillea la panza de felicidad.  ¿Estás listo para este regalo increíblemente bueno?

 

*Adelanto del libro “Senderos de paz” de Nadir Chacín cedido por la Editorial Santillana, Sello Alamah, publicado en el 2008.

 

 

 

El segundo principio (Adelanto del libro “Senderos de paz”)

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EL SEGUNDO PRINCIPIO

Un discípulo, que entraba en la vía del Zen,  le preguntó a su maestro:  —¿Cuál es el primer principio? —Si te lo dijese —contestó el maestro—, sólo sería el segundo principio.

¿Cómo estar en paz? ¿Qué necesito para estar en paz? ¿Por qué me siento intranquilo, intranquila? Tal vez mis preguntas existenciales te recuerden a las tuyas, las que haces en tu cabeza a cada instante. A mí me han acompañado durante toda la vida y, siempre que creí haber encontrado respuestas, surgían nuevas inquietudes y formas de no estar en paz: una y otra vez. Preocupada por mi constante intranquilidad –y reconozco que también para desahogarme– abrí un blog en Internet titulado Ser siendo por Taika Ramé que se convirtió poco a poco en un sendero, un camino que, sin quererlo, fui recorriendo y todavía recorro hacia adentro de mí misma.

Al abrir el blog decidí escribir sobre mis sentimientos e ideas –al inicio utilicé un seudónimo, Taika, y luego revelé el nombre Nadir, mismo que le pusieron mis padres a este cuerpo–; deseaba sacarme el sufrimiento, pensaba que del exterior llegaría una mano amiga y salvadora que me rescataría del pozo donde me había metido. Estaba pasando –entre otras cosas– por “un ataque de mal de amores crónico”. ¿Quién no ha pasado por uno? Seguro que también tienes tu lista. ¿Cierto?

El tiempo fue pasando y, poco a poco, por la magia de Internet, algunos lectores igual de ansiosos que yo, llegaron a mis letras pidiendo ayuda y consejos. Pensaba a diario cómo poder ayudarlos si yo estaba tan asustada, tan llena de resentimientos con la vida: ¿qué puedo darles si estoy repleta de miedos? Algo vieron ellos en mí, no sabía qué, pero mis palabras les reconfortaban. Estas personas crearon un vínculo conmigo y su búsqueda de paz generó un cambio en mí: una transformación. Nuestros encuentros nos generaban paz compartida, fluida, amigable. Todos estábamos mejor; así, de forma repentina, con sólo intercambiar historias y drenar el dolor. A diario revisaba sus comentarios. A veces subía posts (notas) para distraerme y no hundirme en la depresión absoluta. Así fui leyendo mi vida y mis angustias en los relatos de mis lectores y, con la magia que produce verse reflejado en la vida de los otros, sus mensajes me cambiaron al mismo tiempo que mis letras los cambiaban a ellos. Qué bueno es sentirse apoyado, ¿verdad?

Me sentí útil ayudando y también me sentí acompañada. Notaba que no estaba aislada, que no era sólo una “loca desquiciada” que se sentía mal: yo era también “algo” más. A lo mejor éramos puros locos platicando pero, por momentos, ¡éramos loquitos felices! Nuestro secreto estaba en esos momentos de felicidad. ¿Cómo hacer para repetirlos voluntariamente? Advertí que ellos también buscaban respuestas y que mis angustias –antes únicas y mías– se repetían constantemente en las angustias de un sinfín de seres humanos; sí, teníamos un hecho en común: todos sufríamos y no sabíamos cómo dejar de hacerlo.

En años anteriores al blog había pasado por muchas indagaciones en busca de las causas de mi malestar: cinco años en psicoanálisis (lacaniano) y en dos tipos diferentes de psicoterapias, una maestría en Reiki Ho, diferentes tipos de medicinas alternativas y también muchas, muchas pastillas alopáticas. Probé incluso con el esoterismo y con la ciencia, expertos en el tarot, técnicas chamánicas, videncia y lecturas de la mano (hasta escuché acerca de la podomancia, pero no me atreví). Leí infinidad de libros de filosofía, teología, neurociencias, autoayuda y superación personal, y aún sentía ese pesar en el alma. Me sentía hundida, atrapada en el dolor. Había probado TODO, según yo, y ni así conseguía estar en paz conmigo misma. Regresaba seguido a esos momentos con mis lectores del blog pues ¡ahí estaba la solución! Pero, ¿cuál era realmente? ¿Cómo funcionaba? Senderos de paz nació en medio de una fuerte decisión de vida, una más, estaba dejando mis estudios de doctorado en antropología y decidí probar con lo que siempre había querido hacer: escribir literatura. Esa decisión de apostarle a mi deseo de ser escritora no llegó de manera suave. Fue la consecuencia de varios eventos desastrosos que me empujaron a una depresión fuerte y, luego, a un salto creativo.

Había pasado por una ruptura de pareja muy dolorosa; cuando (al fin) me mudé sola y lograba recuperarme, descubrí que un vecino desconocido me espiaba en mi propia casa con unas cámaras de video. Fue muy fuerte. Me sentí invadida en mi intimidad y totalmente vulnerable. (Fue un Big Brother a la fuerza, ¡yo no había dado mi consentimiento!) Viajé lejos en plena Navidad –un acto desesperado para olvidarme de lo sucedido y regocijarme en el abrazo amoroso de mi familia–, pero durante mi viaje intentaron secuestrarme en un taxi y tuve que saltar del auto en marcha. Sufrí lesiones graves en cuello y columna, y regresé a México con un collarín y mi entendimiento deshecho. ¿Por qué? ¿Qué he hecho para merecer esto? ¿Por qué todo me pasa? me preguntaba al mirarme al espejo con un HORROROSO e incómodo cuello artificial que me sostenía la cabeza. ¡Es aterrador cuando el espejo te regresa tu imagen y no te gusta! Como las lesiones no sanaban con las medicinas alopáticas y ya no soportaba los dolores, fui a ver a mi antiguo “huesero”, a refugiarme en su ayuda y en sus conocimientos. ¡Deseaba tanto que él me curara! Sin saberlo, estaba a punto de verme involucrada (¡una vez más!) en la locura humana: el sujeto en quien estaba depositando la mejora de mi salud trató de abusar sexualmente de mí. Por fortuna, o quizá porque me guía una fuerte intuición, alcancé a huir de su casa luego de una escena desagradable… y seguí haciéndome las mismas demandas desesperadas, una y otra vez: ¿Qué pasa en mi vida? ¿Por qué me suceden tantas, tantas cosas malas?

Acudí a la universidad harta, cansada y en pleno ataque de locura a renunciar a lo que hice durante los últimos once años de mi vida: investigación en antropología. Me di de baja temporal del doctorado y regresé a casa con una sensación de alivio y una angustia enorme, todo a la vez mezclado: sufrimiento + locura. Más locura que sufrimiento, diría yo ahora. Urgida por salvarme, me inscribí en un taller de creación literaria y viví en el mismísimo “limbo” emocional durante un año y medio, con el dinero que me dejó la venta de mi casa en Venezuela. Los pesos se agotaban rápidamente y yo seguía perdida en mis propios pensamientos y angustias. Escribí muchos cuentos de ficción, eso sí, pero seguía debatiéndome en mi cabeza: ¿estaré haciendo lo correcto o no? Deseaba saber si al abandonar el doctorado había salido del caos o sólo me metía en uno nuevo. Cómo se extraña que alguien te diga: ¡vas bien, sigue adelante! Es muy doloroso sentirse como un barco sin rumbo. No sabría decir –y la verdad es que no importa mucho– en qué momento algo se despertó en mí. Sé que los conocimientos y, principalmente, las experiencias se fueron acumulando hasta que llegué al punto de no retorno. Era imprescindible decidir qué quería HOY: ¿vivir o sobrevivir?

Yo le aposté a la vida, estaba harta, HARTA de sólo sobrevivir.

De repente, lo vi todo claro. ¡La LUZ se hizo! ¡Allí estaba! Sí, era cierto, no estaba alucinando: la magia se acumulaba a diario en mi blog, en el intercambio colectivo de historias de la vida real. Supe, sin duda alguna, que parte de la respuesta a todas mis preguntas estaba allí: “En el increíble poder de la comunicación amorosa entre dos personas.” Debía seguir ese camino y encontrar cosas nuevas. El sufrimiento se transformó en dolor. No voy a decirte que las cosas ya no me duelen; claro, hay cosas que me duelen todavía, pero la manera en que aprendí (y me enseñaron mis lectores) a reaccionar frente a mis pensamientos, emociones y percepciones me ha dado más libertad. Mi secreto para sentirme libre fue… Antes de explicarte cómo logré más libertad permíteme contarte lo que me pasó mientras escribía este libro. ¡Quedarás deslumbrado! Sucedieron tres cosas, diferentes en esencia, pero que se “amalgamaron” para darme una misma lección.

El último año trabajé como editora. Estaba muy a gusto con el oficio pero no tan cómoda con los horarios y la enorme cantidad de trabajo que tenía. Estaba de nuevo metida en una dinámica de estrés y no sabía bien cómo pararla. Analicé mucho lo que quería hacer y me di cuenta de que necesitaba armonía para escribir este libro. Mi cuerpo pedía a gritos un descanso; además, podía trabajar desde mi hogar siendo fiel a mi propio ritmo y abriendo espacios para la calidad de experiencias que deseo tener. Me había estado enfermando mucho y fui a realizarme unos estudios médicos. Los diagnósticos preliminares no lucían bien. Era posible que las lesiones en el cuello de mi útero fueran por causa del famoso (por terrible) virus del papiloma humano. Había que esperar los resultados de los análisis y yo estaba que me comía las uñas a causa de los nervios. Literalmente me las comí. Mi mente deambuló por los posibles resultados. Estaba angustiada, pero algo dentro de mí me decía: “Nadir, para estar en paz hay que meditar todas las noches. Medita, medita, medita.”

Renuncié a mi empleo en medio de las acusaciones de locura de la mayoría de mis amigos y de la difícil situación relacionada con mi salud. Decían: “Cómo te atreves a dejar un sueldo fijo en este país de desempleo casi masivo”, “¿renuncias?… ¡si te ha ido tan bien en la editorial!”, “¡estás loca!, ¿y qué harás sin tu empleo?”, “si apenas llevas un año allí”. La verdad es que mi antiguo empleo fue maravilloso. Me gustó aprender a ser editora, disfruté cada uno de los libros que ayudé a “nacer”, el ambiente laboral era muy bueno y motivador pero sentía necesidad de un cambio, una necesidad espiritual. Algo intuitivo me guió y le entregué mi nueva intención al Todo enorme, vasto y mágico que guía mis pasos. El mismo día en que se terminaba mi preaviso laboral, la doctora me llamó para decirme que mis resultados eran buenos. Lo que tenía podía resolverse con un cambio en la alimentación y varios medicamentos. Yo enseguida pensé: “Soy afortunada.” ¡Mi salud estaba bien y el susto no había pasado de ahí!

Unos días después de dejar la editorial, unos ladrones entraron a mi casa y se robaron mi computadora y otras pertenencias. Por fortuna, yo no estaba en casa cuando sucedió el robo y el archivo de este libro estaba guardado en mi correo electrónico. Lo demás se perdió: fotos, textos, recuerdos. Al principio me deprimí, lo admito. Pensé: ¿y ahora qué haré sin mi herramienta de trabajo?, ¿sin los recuerdos que se robaron, regalitos que me había dado mi hijo y otras cosas materiales? ¿Qué significado tiene esto? Lloré mucho. Con los días, al releer lo que ya tenía escrito para Senderos de paz, surgió una nueva percepción de lo ocurrido. A la semana, mi editor me prestó una computadora y comencé a escribir de nuevo. Días después tuve una reunión con mi ex-jefe en la editorial y sucedió algo mágico. MÁGICO con palabras mayúsculas. Cuando le conté lo sucedido, tomó su teléfono, llamó a su asistente y le dijo: “Tráeme una laptop.” Sí, me la obsequió con el sonriente “no faltaba más” que siguió a mi amoroso “gracias”.

Lo sucedido, una vez más, adquiría un nuevo sentido. La vida me demostraba la impermanencia de las cosas materiales y lo valioso de las comunicaciones humanas basadas en la empatía y en el amor (por qué no decirlo si la amistad es amor. ¡No hay otra palabra!) Te cuento mi experiencia para que veas que “siempre que se cierra una puerta, otra se abre”; que, como bien dice la gente, “Dios aprieta pero no ahorca” o “al mal tiempo buena cara”. Yo soy el vivo ejemplo de que las SINCRONÍAS suceden, las he experimentado infinidad de veces. Siempre trato de vencer el miedo y recibirlas con los brazos abiertos, sean buenas o malas. Si me preguntas si volvería a vivir todo lo que me pasó te respondería que por supuesto. Lo que he vivido es parte de lo que soy, pero no soy toda yo. El secreto está en descubrir lo que ya sabes, que lo bueno y lo malo son caras de una misma moneda. Si quieres vivir la vida con intensidad, tienes que probar las dos caras. No hay de otra. ¿Quieres ser libre o seguirás sufriendo eternamente?

Este libro se ocupa de algunos senderos que te guiarán hacia la paz, esos caminos que eliminarán el sufrimiento de tu vida. Escribo estas páginas con la absoluta certeza de que hemos vivido hasta el cansancio cosas parecidas y que aquello que mis lectores me contaron en el blog y lo que yo he vivido te ayudará a DESPERTAR. No importa si no entiendes por completo algunas partes de este libro. Yo tampoco entendía ni un comino cuando comencé a leer sobre el despertar, la iluminación, la felicidad, la física cuántica y el budismo Zen, pero seguí leyendo y leyendo. Ahora ésos son mis libros de cabecera y también los llevo conmigo a todas partes: al metro, a la playa, en el avión, en los cafecitos donde leo los domingos en el parque México. Vuelvo a ellos cada vez que estoy intranquila pero también cuando me cosquillea la panza de felicidad.  ¿Estás listo para este regalo increíblemente bueno?

 

*Adelanto del libro “Senderos de paz” de Nadir Chacín cedido por la Editorial Santillana, Sello Alamah, publicado en el 2008.

 

 

 

¿Cómo saber si estoy enamorado o enamorada? #sersiendo

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Me preguntan seguido cómo reconocer un enamoramiento. Esa es la pregunta de las mil lochas como dirían en mi tierra. En otras palabras, es la pregunta filosófica y misteriosa que todos nos hacemos cuando estamos con alguien y nuestro corazón palpita fuerte. El asunto del enamoramiento es muy complejo pero trataré de dar algunas referencias que pueden ayudarte a entender mejor lo que pasa.
El enamoramiento como sostiene Francesco Alberoni (y me gusta mucho) es un movimiento colectivo de dos. Él le llama el estado naciente, yo le diré enamoramiento sin más. A las personas que están enamoradas les llamaré amantes.
En su propuesta para entender el amor hace clasificaciones de los tipos de amor, de cómo ocurren y en qué pueden desembocar. Hoy quiero hablar sobre el amor de pareja y de lo que pasa cuando dos personas están enamoradas de forma recíproca.
Cuando dos personas se conocen generalmente sólo se gustan o se sienten atraídas. La atracción física es un componente fuerte en el inicio de una relación, es esa química especial que hace clic y se da entre los olores, las pieles, los ojos. Lo sientes con el primer beso en el cachete, el primer abrazo, la primera mirada compenetrada: una suerte de corriente entre los dos. Es verdad existe el enamoramiento a primera vista, pero casi siempre es más un proceso paulatino, algo que va creciendo.
Una de las maneras en que los amantes se conocen es a través de contarse uno al otro sus vidas o parte de ellas. Éstas son narradas con las emociones que despiertan en quien está contando y en el que escucha, como si el pasado estuviera sucediendo de nuevo pero en un ambiente protegido, más seguro. De cierta manera, ese energía compartida y alegre que los une va purificando lo que están contándose, los hechos ya vividos se transforman parcial o totalmente. De allí que la energía o aura que envuelve a los amantes sea curativa a todo nivel, no sólo física sino emocionalmente.
Al principio la historia no suele ser tan profunda, inicia con los gustos personales, los sueños más superficiales, las anécdotas cotidianas, luego avanza y los temas se vuelven más profundos e íntimos, podría decirse: existenciales. Mientras narras y el otro escucha sientes que esos traumas, pequeñas rencillas con tus familiares y amigos, recuerdos nefastos o cualquier clase de episodio dañino de tu vida se restaura, adquiere otra dimensión, se limpian, entran al terreno de lo sagrado motivados por la fuerza del enamoramiento. Si la otra persona hace lo mismo. Eso es un buen síntoma, la mayoría de las veces.
El enamoramiento no avanza si no existe este intercambio de narraciones de las historias de vida de los amantes. A veces surgen pequeños secretos y se comparten, generando una intimidad mayor, desplegando la complicidad. La pista aquí es que ambos tienen que entrar a esta pequeña energía de compartir historias de manera fluída, no forzada; es un regalo el que estás haciendo cuando le platicas tu vida, y como buen regalo debe ser dado en libertad, sin presiones, por voluntad propia. Se vuelve recíproco por su propia energía, no por tu petición ni por tu aceleramiento intencional de las cosas. El historiado ha de ser mutuo, compartido, un jardín secreto de dos. Al ser un jardín ambos plantan, riegan, cuidan y disfrutan de las flores y de la evolución de la vida en él.
Se genera una fusión entre los amantes pero también surge una fuerza antogónica. Esta oposición de fuerzas sucede dentro del amante (consigo mismo) y con su mundo externo, en su relación con el mundo de afuera.
Veamos lo de afuera primero.
El enamoramiento une a la persona que lo siente con el mundo nuevo que se crea o se quiere crear con el otro, con el o la que amas. Al mismo tiempo, el enamorado es separado del mundo en el que estaba, a veces bruscamente, otras más lento, pero se da esa separación. Es casi una norma, si es que se le puede llamar así.
Pongamos ejemplos. De pronto sientes que quieres hacer todo con tu amante, ir al cine, ver la TV, hasta leer el mismo libro juntos. Cuando estás solo o sola y ves algo lindo quisieras que tu amante estuviera allí viéndolo contigo, no aguantas las ganas de llamarle o de mandarle un mensajito de texto y contarle en vivo y en directo lo que estás viendo en ese mismo instante. No se trata de que abandones tus espacios personales sino del deseo siempre presente de compartir con tu amante. Cuando la relación es equilibrada ambos comparten el espacio del otro y al mismo tiempo crean un espacio y mundo compartido, con lo mejor de cada espacio personal. Surgirán también actividades nuevas, situaciones nunca antes experimentadas por ninguno de los amantes. La innovación creativa viene apegada al estado naciente. Es como si a ambos les hubieran inyectado energía, ganas, deseo, proyectos, la vida se “electrifica”, empodera.
El tiempo del amante no sigue las indicaciones del reloj ni del calendario, pareciera (nótese que digo pareciera) que dejara de existir, se vuelve eterno. Cada uno proyecta en el otro sentimientos positivos. Sucede también una apertura del sistema personal, de lo que uno es, siente, piensa, hacia el otro, cree de sí mismo, generando un mecanismo innovador que si es eficaz produce una visión compartida del mundo. Una nueva visión, por ende un nuevo mundo.
En los inicios cada quien muestra su mejor cara, quiere ser aceptad@, es una etapa importante y básica, que con el conocimiento más profundo y el historiado se vuelve más genuina y abierta. Con la intimidad se devela la personalidad más real y no la impostada, pero se da dentro de un ambiente amoroso. Es por esta razón que terminas descubriendo sus mañas, neurosis y defectos, pero cuando esta verdad surge el amor la redime. Podrás decir sí no es perfect@ pero yo l@ amo y yo tampoco soy perfect@. El enamoramiento ha comenzado a transformarse en amor y ambos querrán saber cómo ser mejor personas para sí mismos y para el otro (para el otro  y no “por” el otro). Aprenden y lo ponen en práctica.
¿Qué sucede hacia adentro del amante?
En su interior también hay dos fuerzas antagónicas. Una, lo une y fusiona con la persona que ama. La otra, lo trata de separar de ese misma persona. Es confuso lo sé. Déjame ver si puedo explicarlo.
El enamoramiento es una fuerza arrasadora, tiene la potencia de un huracán, eso da miedo y genera un anulamiento del falso yo. El yo falso, el ego, es una parte de tu estructura psíquica, de tu mente. Durante tu crecimiento has invertido mucho tiempo (tus padres y la sociedad también) para darte una estructura, normas, juicios, una forma de pensar específica, unas racionalizaciones sobre por qué suceden las cosas, qué son y qué pueden llegar a ser. Ya traes una visión del mundo específica. No es estática y se va modificando con los años, pero ya tienes una. Cuando nos enamoramos el mentado huracán parece que amenazara con destruir ese mundo y de hecho si lo dejas en cierto modo lo hace y para bien. Destruye y crea algo nuevo.
El ego tiene la función de asegurar lo ya conocido, tiene tendencia al no-cambio, entonces el enamoramiento puede ser muy angustiante. Esa fuerza que nos separa del enamorado o enamorada le sirve de combustible al ego o el ego es su combustible, qué más da, el resultado es que sentimos que queremos estar pegados a nuestro amante y al mismo tiempo deseamos separarnos de él. Ambas fuerzas luchan una en contra de la otra, eso sucede dentro del amante, de cada amante.
Para que la relación fructifique y pase a la siguiente etapa (el amor), ambos amantes tienen que saltar al vacío sin paracaídas y sin saber dónde caerán. Tiene que existir dentro de sus corazones una convicción mutua, compartida, recíproca que los lleve a hacer ese salto creativo.
Si alguno de los dos no confía en el mundo nuevo que están creando, si no quiere separarse de su antiguo mundo (situación, condición, incluso hasta puedo decir de su antigua forma de actuar) el enamoramiento se estanca y no prospera. Uno está jalando al otro, y para que el mundo nuevo surja y se consolide, ambos tienen que jalar juntos y fuertes hacia la misma dirección. Y saltar.
Suena como historia de ficción, pero es más bien una gran metáfora. El enamoramiento real guía y somete a los amantes hacia una transformación profunda y personal. Digo “somete” porque a veces es una fuerza poderosa que actúa incluso a pesar de tí mismo, aunque te resistas. Sin embargo, no es algo violento, sino sutil, es la fuerza domesticadora de lo pequeño, que sí puede ser pequeño pero tiene un poder alucinante. Pensemos en los átomos, tan pequeñitos, casi inofensivos, y han servido para hacer una bomba destructiva pero también nos auxilian en la agricultura, la pecuaria y en la salud (más aplicaciones).
Pero cuidado…!
Hay personas que se enamoran no de otra persona sino del amor per se. Es muy halagador que alguien nos ame, nos vea como su sueño más esperado, nos diga que siempre estuvo esperando por nosotros, entonces a veces nos enamoramos de la sensación que nos produce que otro esté enamorado de nosotros o nos ame. Estas personas “enamoradas del enamoramiento” suelen pasar varias de las etapas aquí descritas, nos cuentan de sus vidas, les brillan los ojitos y les late el corazón, se les detiene el tiempo cuando nos abrazan… y demás… pero lo que nunca suelen hacer es separarse de su mundo. Ese mundo o condición en la que estaban o están cuando se “enamoran”: creen se enamoran.
De hecho sienten que están enamorados y si se les preguntan dirán “sí estoy enamorad@ profundamente”… la cuestión es que para que prospere y sea enamoramiento genuino (y pueda luego transformarse en amor) debe existir una separación con el mundo anterior, un cambio de condición de la persona. Porque el enamoramiento es una fuerza, un estado naciente, algo nuevo se crea y tiene sus propias necesidades. No se puede estar enamorado genuinamente y no querer crear ese mundo nuevo con el o la amante. Me explico.
Si él o ella siguen haciendo lo mismo, viviendo con la misma persona, teniendo las mismas rutinas, creyendo las mismas cosas, si su mundo sigue intacto (“aséptico”), como si nada hubiera pasado desde que te conoció, sinceramente estás enamorad@ unilateralmente. Tu solito, solita.
Tu amante se apega a ti por la sensación placentera que siente cuando lo amas, cuando le dices que estás enamorado de ella o enamorada de él. Está enamorad@ del enamoramiento no de ti, ojo.
El que está enamorado o la que está enamorada tiende la mano a su amante para agarrarse mutuamente y construir algo nuevo: juntos. No sólo vive el momento -eso está muy lindo- sino que el enamorad@ tiende a pensar hacia adelante, hacia el futuro, modificando su presente de manera profunda-que es lo que en realidad se vive.
La fortuna del enamoramiento mutuo y genuino es dejar que el futuro aparezca lindo y promisorio sin que opaque la aventura del presente, si que se coloque en su lugar. Sin tomarlo como cierto hasta que pase, cuando pase ya será presente.
El enamoramiento moderno, si me permiten el adjetivo, debe resguardar la autonomía de cada uno de los amantes dentro del “movimiento colectivo de dos”, que se permita la “fusión” (conexión) para actuar sin olvidar que dos son uno más uno todavía y también desconectarse para acceder al mundo extraordinario.  Lo que ha de estar unificado es el mundo naciente, no las personas.
Antes se pensaba que para el verdadero enamoramiento y su paso al amor los amantes se amalgamaban en un todo indiferenciado hasta en lo corporal, es más sano saberse unificados no sólo con el amante sin con la energía del Universo y la humanidad entera, dando y recibiendo amor universal. En ese tipo libre de unificación no se olvida ni se reniega del ser, de lo que uno realmente es, creo que para amar no podemos dejar de ser nosotros por ningún motivo. Cuando descubres que para enamorarte o para amar te pones una máscara inamovible o te obligan a hacerlo has entrado en el terreno del miedo y el miedo, que no el odio, es lo opuesto del amor. La máscara existe en los inicios pero el requisito para la transformación es que ésta se “caiga” poco a poco.
Al menos así lo veo yo… ya me dirás qué piensas o sientes.
Soy toda ojos!
Nadir Chacín


By Rafa Pons
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