Etiquetado: culpa

Ser responsable de mis actos #sersiendo

Ser responsable de mis actos. Que seas de los tuyos. ¡Qué difícil tarea! Las acciones lo son todo en esta vida, incluyen: pensamientos, emociones, sentimientos, comportamientos, sensaciones físicas, etc. Podemos tener buenas intenciones, palabras bonitas, pero si no somos capaces de observar las acciones que llevamos a cabo el día a día el sufrimiento humano nunca cesará y el nuestro tampoco. Hoy vengo a hablarte de las acciones torpes y hábiles, tomando como ejemplo las mías.

ser responsable de mis actos

Hoy he despertado temprano para realizar una ceremonia budista llamada “la puya de las 7 etapas”. Este ceremonia tiene dos partes muy hermosas y emotivas que se llaman: Reconocimiento de las Faltas y Alegría de los Méritos.

En medio de la ceremonia he comenzado a llorar inconsolablemente. El corazón me ha dado saltos dentro del pecho. Estos se alternaban con un sentimiento de opresión o lo que yo llamo “apachurramiento de corazón”. Este sentimiento es la “vergüenza” interna que surge cuando logras ver con claridad tus faltas: la torpeza de tus acciones.

En el budismo decimos que es como si una persona sabia e iluminada estuviera viéndonos todo el tiempo. Observara cómo actuamos, vivimos, sentimos, pensamos, hablamos. Al reconocer tus faltas, pensando en la mirada de esa persona sabia, sientes vergüenza y, al mismo tiempo un agradecimiento profundo.

¿Por qué agradecimiento? Porque has podido reconocer y ver con nitidez cómo te has quedado atrapada en tus condicionamientos del pasado. En la historia de siempre. Ves tus miedos y a tu ego no observado ni entrenado haciendo de las suyas. Este tipo de vergüenza trae consigo una sensación de alivio agradecido indescriptible y muy bonita.

Mi amiga la vergüenza

En estos momentos de vergüenza (interior y consciente) te es muy evidente que la disfunción de la mente (humana) no entrenada te ha controlado una vez más. Recuerda: no es tu mente es la mente de todos los seres humanos no entrenada la que tiene este funcionamiento disfuncional.

De la vergüenza surge una compasión amable hacia tu propio proceso de dejar la esclavitud que representan los patrones mentales y emocionales torpes. Quieres volverte más responsable, consciente y menos ignorante en términos espirituales.

La vergüenza de la que hablo nada tiene que ver con la culpa o la vergüenza occidental. Esta vergüenza interior es un proceso de reconocimiento de las faltas y de alegría de los méritos, como bien dice el texto de la puya.

Es un proceso activo y amoroso, compasivo. No una resignación ni un “látigo” psicológico con el cual hacerse más daño. No hace falta añadir más sufrimiento. ¿Para qué?

Reciban mis disculpas

En los últimos meses me he sentido varias veces ofendida, rechazada, enojada, resentida y triste con diferentes personas y grupos de personas.

He discutido con personas que, teniendo las mismas necesidades internas que yo (entender, dejar de sufrir), han simplemente compartido algo de su forma de vivir conmigo y con otras personas.

Yo he reprobado sus comportamientos, sus creencias y sus acciones desde estados de mi mente y de mi corazón profundamente torpes.

He sido necia. Me he creído superior y con la verdad agarrada en el puño de mi mano. He sucumbido a mis estados mentales y emocionales torpes, a la inercia, sin siquiera observar-me. Mis acciones torpes han lastimado a otras personas y a mí misma. Lo lamento.

Hacer una confesión pública como esta es inquientante, incómoda y agria. Y a la vez me siento mejor haciéndolo. Haber llegado a notar que me he equivocado, que he lastimado a otros y a mí misma, es una experiencia dolorosa y agradable. Es una experiencia sanadora.

¿Cómo ser responsable de mis actos?

Tal vez una de los compromisos más importantes que he hecho desde que soy budista es el no hacer daño voluntariamente, ni a mí misma ni a los demás.

La inconsciencia y la falta de atención plena sobre mis emociones, pensamientos y sensaciones no puede ser una excusa en la que sentirme cómoda y segura. No es un “lugar” en el que quiero estar ni permanecer. Ese es el lugar de la depresión y de la ansiedad.

Hay que auto-observarse y ser honesta, aunque a veces sea sumamente desagradable. Hace bien reconocer que has sido presa de la inconsciencia. En eso estoy, en eso estamos.

A mí me sirve mucho pensar que esa parte de mí que es consciente y iluminada (El Buda Interior podríamos llamarle, jejeje) me observa activa y amorosamente. ¿Qué piensa esa parte de mí sobre lo que estoy haciendo ahora?

Mindfulness

Lo más hábil sería poder notar mis acciones en el mismo momento en que las hago. Pero por ahora la mayor parte de las veces soy capaz de reflexionar sobre mis acciones luego de que ya las he hecho.

El Buda decía que una mente iluminada ya no tiene la necesidad de esos discursos interiores entre sus diferentes partes, aspectos o rasgos. La mente iluminada es una mente integrada, no fragmentada. Eso es algo que me produce mucha intriga, curiosidad y profunda admiración.

El camino espiritual tiene más que ver con un compromiso fuerte y sostenido de no hacer daño. No son tan fundamentales los resultados ideales ni las metas. Ser responsable de mis actos es un proceso vivo y continuo. Ser siendo.

Acciones torpes

A veces las cosas no funcionan como una quisiera durante la práctica, eso también es parte del entrenamiento de la mente, del corazón y del cuerpo. Pero ¿qué son las acciones torpes?

Las acciones torpes son aquellas que se producen o surgen desde patrones mentales y emocionales torpes como el odio, la ira, la necedad mental, el deseo de tener siempre la razón, la “sordera” selectiva, la vanidad, la prepotencia, la indiferencia, el autoengaño, etc.

Son el producto de momentos en los que hay falta de “mindfulness” y de aceptación compasiva. Durante las acciones torpes estamos cediendo nuestra responsabilidad a los viejos patrones automáticos, que nos gobiernan. Y así nos atropellamos a nosotras mismas y a los demás.

Las acciones torpes dejan un mal sabor de boca incluso cuando tienes la sensación interna de haber librado una batalla y haber ganado. Las acciones hábiles, en cambio, dejan una sensación de paz y tranquilidad interna, sientes “estoy siendo responsable de mis actos”.

Cuando una acción es hábil surge un reconocimiento lúcido y consciente en el que “escuchas” esto dentro de ti: “podría morir ahora mismo y todo estaría ok” conmigo y con los demás.

La práctica espiritual tiene que ver con aprender la diferencia entre acciones hábiles y torpes y comenzar a cultivar las hábiles de forma intencionada. Es una práctica y por lo tanto “aprendemos haciendo” (“Learning by doing”), por eso a veces “se nos va la pinza”.

A menudo nos equivocamos y lastimamos a los demás. Lastimar a los demás es como el rebote de una pelota que has lanzado, el sufrimiento sólo se expande y abarca cada vez a más gente. Estar lastimando a los demás es lastimarte a ti misma simultáneamente.

Acciones hábiles

Las acciones hábiles surgen de un lugar de paz interior, en donde no hay lucha, ni sensación de superioridad, ni siquiera una sensación de haber visto o sabido algo concreto.

Las acciones hábiles son el producto de estados mentales y emocionales hábiles como la empatía, la compasión, el alegrarte de los logros ajenos, la amabilidad, la generosidad, ver/valorar a los seres humanos en su diferencia, en su particularidad, el respeto, la curiosidad, la claridad mental.

Simplemente te sientes en equilibrio y tranquila. Es un estado de receptividad sin prejuicios, en el que te rindes y dejas de luchar. Dejas de aferrarte a la creencia de que el mundo o los demás están en tu contra y que tienes que defenderte.

Me ha dado mucho gusto poder observar, aunque sea en retrospectiva, mis acciones torpes.

Valgan estas letras para disculparme con todas las personas que he atropellado por mis estados no observados de inconsciencia durante los últimos meses. Intento con mucho compromiso ser reponsable de mis actos, aunque a veces no lo logro. Lo lamento mucho. Discúlpame.

También quiero auto-pedirme disculpas y abrazarme. Nadir, lo siento mucho.

El reconocimiento de las faltas ha de estar seguido por la alegría de los méritos, como en el texto de la ceremonia budista. ¿Por qué?

Porque el reconocimiento de las faltas estaría cojo si no somos capaces de alegrarnos de que hemos sido capaces de observar atentamente nuestras faltas y de tratarnos con amabilidad a nosotras mismas y a los demás, una vez pasada “la tormenta”.

Alegría de los méritos

Me alegra profundamente
el bien hecho por todos los seres
gracias al cual logran reposo
liberándose así del sufrimiento.
Que aquellos que hayan sufrido sean felices.
Me alegra que se liberen los seres
de los sufrimientos de la existencia cíclica.
Me alegra la naturaleza del Buda
y del Bodhisatva,
protectores del Universo.
Me alegra que surja
la voluntad de alcanzar la iluminación.
Me alegra que exista la enseñanza
esos océanos que llevan la felicidad
a todos los seres
y que son la morada del bienestar de todos ellos.

Aprender a diferenciar las acciones hábiles de las torpes, aprender a reconocer mis faltas, a pedir disculpas, a expresar mis necesidades y sentimientos sin culpar a nadie más, quizás sea una tarea para toda la vida. Ser responsable de mis actos. Yo puedo decir que al día de hoy que es la tarea-regalo más significativa que me ha dado la práctica del Budismo.

De mis acciones hábiles de este segundo nacen las acciones hábiles del siguiente segundo. De mis acciones torpes de este segundo nacen las acciones torpes del siguiente segundo. Así de importante es prestar atención plena a lo que hacemos y sobre todo al cómo lo hacemos.

Si te ha gustado este post, por favor, compártelo en tus redes sociales. Cuéntame cómo te relacionas tú con tus faltas, tus errores, tus acciones torpes. ¿Qué significa para ti esto de “ser responsable de mis actos”? Dialoguemos. Déjame un comentario.

Nadir Chacín
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Arrepentimiento: no te automaltrates #sersiendo

arrepentimiento
© Gottfried Helnwein

La vida está hecha de experiencia, no de arrepentimiento. Vivir es experimentar, explorar, ensayar, fracasar, insistir. Que no te engañen con cuentos raros.

Los humanos venimos a este mundo con una parte de nuestra programación biológica ya estipulada. Pero todo el resto de cosas las tenemos que crear, aprender y accionar nosotros.

Eso nos diferencia del resto de los animales. Somos animales, es verdad, tenemos instintos, pero también algo más.

Arrepentimiento: por qué tendríamos que negar lo que nos hace humanos

Si no experimentamos y exploramos en nuestras vidas no aprendemos. Cuando nos empeñamos en mantenernos dentro de la zona de confort, de la zona que creemos erróneamente controlada, no aprendemos nada nuevo.

Si existe eso que llaman los niños interiores arrepentirnos es como darles de patadas a los pobrecicos y pretender que así aprendan.

Aprender implica cagarla, así de directo y fácil de entender. Entonces cagarla es parte del proceso de convertirte en un ser humano y en una persona adulta. Hazme y hazte un favor no dejes nunca de cagarla.

¿Crees que la especie humana evolucionó y se ha mantenido sobre la Tierra sólo a base de aciertos?

Yo nunca me he arrepentido de nada en mi vida. Y no es porque sea una irresponsable descarada o una inconsciente. No me arrepiento porque valoro profundamente lo que sucede y lo que hago que suceda en mi vida, incluso las cosas que no me gustan.

Arrepentirte es torturarte, tratarte mal, es no ser paciente y amable contigo cuando más lo necesitas.

Si no la hubiese cagado tantas veces en mis 45 años ahora no sabría cuáles son mis necesidades y cómo satisfacer la mayoría de ellas.

No sabría cómo darme a mí misma lo que necesito. Mi filosofía de vida y la forma en que estoy/soy en este mundo es producto de lo que he vivido.

Cagarla es una manera de aprender

No es ni bueno ni malo, sino que es parte del proceso de vivir. La construcción de una ética personal requiere de todas tus experiencias, todas.

Necesitas las veces que has hecho las cosas hábilmente y también de cuando has sido torpe. Yo no concibo que haya otra forma de aprender. Además tus errores no te definen.

Sentir arrepentimiento por lo que has vivido no te hace “mejor persona” ni te hace más espiritual que los demás. Bota ya esas ideas en la basura. El arrepentimiento sólo produce culpa y vergüenza. ¿Eso cómo podría hacerte “mejor persona”?

Una persona que carga con culpas no puede literalmente ni moverse, mucho menos hacer de su vida una experiencia más amable o del mundo un lugar más amable. ¿Cómo podría transformarse a sí misma así?

Cargar la mochila llena de arrepentimiento y culpa no te permite cambiar

En México cuando alguien la caga o comete un error se dice que la “regó”. Regarla. La regué. Me gusta esta expresión por su doble significado.

Regar es esparcir agua sobre la tierra o sobre una planta para beneficiarlas, o sobre una superficie cualquiera para limpiarla o refrescarla. Si la riegas, eso también te beneficia. Nadie es perfecto y todos aprendemos regándola.

Que sirvan todas mis hermosas y valiosas cagadas para regar la tierra de mi Ser. Para limpiarla y refrescarla. Así ya es. Cágala más seguido porque eso quiere decir que estás viviendo, que estás viva/o.

Nadir Chacín
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arrepentimiento-2

¿Has tenido una madre “destructiva”? #sersiendo

suavizatupasado

“Una vez yo estaba plantando un seto vivo de lilas. Un gran arbusto había muerto por misteriosas razones, pero los demás estaban cubiertos de primaverales flores moradas. Cuando lo saqué de la tierra, el arbusto muerto crujía como las quebradizas cáscaras de los cacahuetes. Descubrí que su sistema de raíces estaba unido a las restantes lilas vivas que bordeaban toda la valla.
Pero lo más sorprendente fue descubibrir que el arbusto muerto era la «madre». Sus raíces eran las más viejas y fuertes. Todos sus hijos mayores se encontraban de maravilla a pesar de que ella estaba «patas arriba», por así decirlo. Las lilas se reproducen con el llamado sistema de chupón, por lo que cada árbol es un vástago del progenitor inicial. Con este sistema, si la madre falla, el hijo puede sobrevivir. Ésta es la pauta y la promesa psíquica para las mujeres que no tenido cuidados maternales o han tenido muy pocos, y también para aquellas cuyas madres las han torturado. Aunque la madre caiga, aunque no tenga nada que ofrecer, la hija se desarrollará, crecerá independientemente y prosperará.”

Clarissa Pinkola Estés, “Mujeres que corren con los lobos”, Ediciones B, sello B de Bolsillo, 18ª reimpresión, octubre, 2013, pág. 255. ¡Amé este fragmento de mi libro favorito!


· Apunte liberador del 28 de octubre a las 22:43 horas · No hay nada que tú tengas que hacer para ser querida/o por otra persona, ser quien eres y estar viva/o es una razón suficiente. A menudo hemos aprendido en nuestras familias que el amor debe ganarse con esfuerzo y dedicación, incluso si eso implica hacer cosas que no deseamos hacer y que directamente nos dañan. Este “chip malsano” está construido sobre una creencia falsa que genera mucho ‪sufrimiento‬ y ‪culpa‬. Es la mentira que sostiene la ‪dependencia emocional‬. Desaprendamos toda esa historia con ‪amabilidad‬ hacia nosotras/os mismas/os, hagámoslo ya.

¿Qué necesitas ahora, en tu presente? ¿Qué quieres de verdad? ¿Qué deseas cambiar? ¿Por qué no lo has cambiado aún (resistencias)? ¿Qué te mueve a hacer lo que haces cada día por los demás (motivaciones)? ¿Desde dónde (lugar emocional) te colocas a ti misma/o para dar amor o algo que se le parece mucho? ¿Es amor o dependencia emocional? ¿Qué te están (sutil o no sutilmente) pidiendo los demás (familiares, pareja, amigos, hijos, jefes, colegas de trabajo, maestros… etc) que hagas a cambio de que te amen, te aprecien, te aprueben, te cuiden o te respeten ?

Hazte las preguntas y respóndete. Comparte tus experiencias con otras personas. Verás que mucha gente vive lo que tú estás viviendo. ¡No más silencio!

Metta (amor incondicional),
Nadir Chacín
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Compartir “basura” mental no es compartir #sersiendo

By Úrsula Fuentesberain
By Úrsula Fuentesberain

Tenemos un montón de goteras en nuestra realidad.
Philip Dick

· Reflexión ·

Pareciera que los humanos nos “contagiamos” “las cárceles” mentales a través de nuestros vínculos relacionales. Tratamos consciente o inconscientemente de arrastrar a las personas de nuestro entorno hacia los miedos y las limitaciones que nosotros nos hemos impuesto a nosotros mismos. Tratamos de mimetizar a los demás, de “obligarlos” a construir la visión del mundo de la forma en que nosotros lo hacemos. Quizás sea nuestro genuino y torpe intento por querer compartir con los demás, como si los humanos sólo tuviéramos la posibilidad de compartir el miedo y la culpa.

Me pregunto: ¿Por qué no hemos aprendido hasta ahora que también podemos compartir las experiencias directas que tenemos en nuestro contacto con el mundo sin compartir el juicio, las prenociones, la “basura” mental? ¿Por qué son tan peligrosas para el orden establecido las personas que desean compartir la vida? ¿Será que temen que una vez conectados entre nosotros seamos más fuertes, menos manipulables, más humanos? Nosotros hemos creado este orden de las cosas, ¿qué esperamos para crear uno nuevo, uno que nos permita no ser “zombies” que funcionan por piloto automático?

Sea cual sea la motivación para tener este comportamiento tan humano me queda claro que nos autogeneramos sufrimiento y se lo generamos a otras personas. Teniendo una mirada compasiva, resulta que ese comportamiento es tan humano como cualquier otro comportamiento. Que lo tengamos no es la razón del sufrimiento, el sufrimiento se genera por la frecuencia casi neurótica con la que repetimos dicho comportamiento. ¿No valdría la pena dejar de repetir lo que nos daña y tratar de aumentar la frecuencia de un comportamiento más sano que reduzca nuestro sufrimiento?

Si no aprendemos pronto a conectarnos más con el presente, si no aprendemos a diferenciar nuestras experiencias directas de las elucubraciones mentales que construimos sobre ellas, a separar la “basura mental” de la experiencia genuina, no podremos compartir lo que realmente vale la pena compartir en esta vida que es la vida misma. Compartir “la basura” que construimos mentalmente, no es compartir. Disfrutar de la maravilla de estar vivos sin auto-atropellarnos puede ser un buen comienzo.

Namasté,
Nadir Chacín
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¿Tiene corazón este camino? #sersiendo

XV por Leonardo Ugalde en Behance
XV por Leonardo Ugalde en Behance

A Nabil y Eladi

“Cualquier cosa es un camino entre cantidades de caminos. Por eso debes tener siempre presente que un camino es sólo un camino. Si sientes que no deberías seguirlo, no debes seguir en él bajo ninguna condición. Para tener esa claridad debes llevar una vida disciplinada. Sólo entonces sabrás que un camino es nada más un camino, y no hay afrenta, ni para ti ni para otros, en dejarlo si eso es lo que tu corazón te dice. Pero tu decisión de seguir en el camino o de dejarlo debe estar libre de miedo y de ambición. (…) Mira cada camino de cerca y con intención. Pruébalo tantas veces como consideres necesario. Luego hazte a ti mismo, y a ti solo, una pregunta: ¿Tiene corazón este camino? Si tiene, el camino es bueno; si no, de nada sirve. Todos los caminos son lo mismo, no llevan a ninguna parte. Son caminos que van por el matorral.

Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no… Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte; el otro te debilita. El problema es que nadie se hace la pregunta, y cuando por fin se da cuenta de que ha tomado un camino sin corazón, el camino está ya a punto de matarlo. Un camino sin corazón nunca se puede disfrutar. Hay que trabajar duro tan sólo para tomarlo. En ese punto pocas personas pueden parar a pensar y dejar el camino… En cambio, un camino con corazón es fácil: no te hace trabajar por tomarle gusto. Para mí existe solamente el viajar por caminos con corazón, en cualquier camino que pueda tener corazón. Por ahí viajo, y el único desafío que vale la pena es atravesarlo en toda su longitud. Y por ahí viajo, buscando, buscando, sin aliento.”

En: “Las enseñanzas de Don Juan: una forma yaqui de conocimiento” de Carlos Castaneda.

Nadir Chacín
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¿Cuál es la diferencia entre compasión y lástima? #sersiendo

© "Big Baby" (1930) de Grancel Fritz
© “Big Baby” (1930) de Grancel Fritz

a Venezuela, México y España

a Doppelgänger De Florentino Fuentes

“Auto-liderarnos: no esperar el líder. Cada quien es un líder que hay que respetar y hacer aflorar. Hemos de trabajar nuestra capacidad de contactar, conectar, compartir y co-crear. Trabajemos el camino de la libertad en vez del camino de la servidumbre. No hay dos personas iguales. Busca la singularidad y devén solidario con la especie. Si todos nos auto-lideráramos, no necesitaríamos líderes.” Pere Monràs

La práctica de la compasión es una de las cosas más difíciles de hacer hacia uno mismo y hacia los otros. Sin compasión, no hay conocimiento ni enseñanza ni aprendizaje sano. La auto-compasión nada tiene que ver con el victismismo o con andar por la vida con actitud de mártir. Cuando eres compasiva/o te conectas con los demás desde el entendimiento de tus propias fases oscuras, desde allí empatizas con la situación que viven los otros. Cuando sientes lástima te motiva la culpa, el sentimiento de superioridad o de inferioridad, producto de un entendimiento tergiversado de tu propia personalidad. Cuando eres compasiva/o verdaderamente te conectas contigo y con los demás, cuando sientes lástima sólo reaccionas desde el miedo, el miedo a tus propios fantasmas, el miedo a los demás o a lo que esas personas despiertan en  ti, el miedo al mundo.

¿Cómo saber cuando siento lástima y cuándo compasión?

Te cuento como me pasa a mí. Sé que estoy teniendo lástima y no compasión cuando me siento incómoda, cuando siento que lo que me está contando la otra persona me perturba, me hace sentir invadida, atacada, comprometida a actuar (cuando no quiero hacerlo) o me deja paralizada, cuando en vez de escuchar, sólo oigo… cuando siento necesidad de hablar (la mayoría de las veces: hablar demasiado), cuando no me siento en paz allí en compañia de esa persona. Cuando puedo conectar con el otro o la otra soy capaz de escuchar, de verme yo en la situación de la otra persona, en vez de criticar o ajusticiar al otro o a la otra, me permito -desde la escucha calmada- colocar todo lo que estoy sintiendo (bonito y feo) en un lugar sano dentro de mí. Cuando logro me conecto (veo, escucho, estoy, soy) y puedo preguntarle al otro o a la otra, sin presión ni demanda ni juicios: ¿Cómo podría ayudarte en tu situación para que te sintieras apoyado/a por mí? Eso es la compasión.

He aprendido que la culpa sólo me invisibiliza a mí e invisibiliza a mi interlocutor. La rabia y la ira hacen lo mismo. A veces tengo más capacidad para actuar de este modo y otras simplemente me desconecto. Cuando me desconecto, me abrazo yo solita por dentro sin decir nada, hago silencio y trato de empezar de nuevo a estar presente frente al otro o la otra. Si no lo logro trato de retirarme lo más pronto que pueda y digo: “no estoy en uno de mis días pacíficos y me está costando escucharte calmadamente”.

La lástima y la compasión son estados del ser. Uno puede estar en cualquiera de ellos y un segundo después cambiar al otro. Me imagino a la compasión como un interruptor que apaga y prende un escenario sobre el que hay actores , muebles y escenografías. Aunque tengas el escenario en OFF los actores y las cosas siguen presentes, sólo que tú no puedes verlos. Sé que cuando no soy compasiva literalmente no estoy viendo bien, ni a mí, ni a los otros ni al mundo. Me empeño en cuestionar mis criterios cuando estoy observando algún escenario vacío: ¿habrá algo en él que temporalmente no estoy viendo? Opto por invertir mi existencia, cada vez que lo consigo, en aprender cómo apretar el ON de cada momento: me agrade o no me agrade el vai-vén de mi vida.

¿Qué es para ti la compasión? ¿Cómo saber cuando no estás siendo compasiva/o? Compártelo en los comentarios y si te gustó este post, por favor, compártelo en las redes sociales o por correo electrónico.

Buen jueves de libros,
Nadir Chacín
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imager.phpJueves de libros | “Ética de la compasión”, de Joan Carles Mèlich, Herder Editorial, Ibérica, 2010.

“La ética es la respuesta a una interpelación que pone en cuestión el orden moral. Lo que nos convierte en humanos no es la obediencia a un código universal y absoluto sino el reconocimiento de la radical vulnerabilidad de nuestra condición y el hecho de no poder eludir la demanda del dolor del otro. No hay ética porque sepamos qué es el «bien», sino porque hemos vivido y hemos sido testigos de la experiencia del mal. No hay ética porque uno cumpla con su «deber», sino porque nuestra respuesta ha sido adecuada al sufrimiento. No hay ética porque seamos «dignos», porque tengamos dignidad, sino porque somos sensibles a los indignos, a los infrahumanos, a los que no son personas. La ética, pues, a diferencia de la moral, es la respuesta compasiva que damos a «los heridos» que nos interpelan en los distintos trayectos de nuestra vida, cuando bajamos de «Jerusalén a Jericó».” Herder Editorial


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Sobre la culpa y la autoestima #sersiendo

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Neta de martes | Cuando A le dice a B “estoy preocupado/a por ti”, eso no es amor, es una manipulación. Esta frase, muy utilizada, genera culpa en B y es motivada por la culpa que siente A. Si A quiere dar amor, léase amor y no una falsificación del mismo, que escuche a B con paciencia y -cuando sea el momento, el momento de B- le pregunte: ¿qué podría hacer para que te sientas apoyada/o por mí en esta situación? A te ama cuando te deja elegir y cuando te apoya en la forma en que tú lo necesitas, no en la forma en que A elegió que tú lo necesitas. Eso es amor. A y B, cada uno personalmente, deciden qué dan, qué no dan y qué necesitan. El encuentro amoroso se da cuando ambos aprenden a comunicar sus necesidades personales sin atropellar al otro o a la otra. A no tiene por qué ayudar a B necesariamente, pero generar más culpa no ayuda a B ni tampoco a A. Cada quien es responsable de su sentimiento de culpa y cuando lo canalizan mejor este sentimiento puede ayudarlos a crecer y a moverse de la situación actual. Decir demasiados “sí” hace que cada nuevo “no” sea dolorosísimo. Estrategia: 1) practicar la compasión por uno mismo y por el otro o la otra, 2) aprender a escuchar desde el corazón y no desde la mente (la imagen falsa que tengo de mí + la imagen falsa que tengo del otro o de la otra, 3) hablar menos y escuchar más.

Nadir Chacín
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Escuchando “Un deseo” por Cultura Profética #nowplaying