Etiquetado: culpa

¿Soy una víctima de…. (la crisis)? #sersiendo

Libérate de las culpas
Libérate de las culpas

Reflexión de lunes | La mayor fuente del sufrimiento humano procede de la necesidad que tenemos de auto-legitimar nuestra condición de víctimas. ¿Víctimas de qué? De la crianza que recibimos, del mal humor de nuestra pareja, de la crisis mundial, de tu ex, de los banqueros, de nuestros defectos (“así soy, qué más puedo hacer”), de la genética (“soy hipertenso, mi mamá también lo era”), de los maestros, del lugar donde nací, del clima, de nuestra falta de formación académica o del exceso de ella, de nuestros vecinos, de nuestra delgadez o gordura, de las emociones, de nuestra belleza o fealdad, de las leyes, de la corrupción política… [y así hasta el infinito]. No somos víctimas de nada ni de nadie. Lo que lees: no eres una víctima. Si te comportas como víctima, así te auto-tratarás y así te tratarán los demás. La única manera de estar en paz es dejar de ser víctima y comenzar a hacerse responsable de la vida propia. ¿Duele el proceso que nos lleva a generar mayor tranquilidad para nosotros mismos? Sí, pero temporalmente. ¿Sufres? No. Sentir dolor no es lo mismo que sufrir. Hay una gran diferencia. Las personas que dejan de ser víctimas hacen acciones precisas para cambiar lo que no les gusta de su vida y también ayudan a que el mundo sea un lugar más habitable, para todos y todas. Hacen lo que tienen que hacer, lo que desean hacer, sin sentirse víctimas. El victimismo paraliza.

Lee sobre la diferencia entre culpa y responsabilidad en: “Por mi gran culpa”. Adelanto del libro “Senderos de paz” de Nadir Chacín

Feliz lunes,
Nadir Chacín @nadirchs
Lee + en https://www.facebook.com/sersiendo

Unir las puntadas #sersiendo

Reflexión matutina | No conozco un emoción más quita_poder que la culpa. Déjala pasar. Cuando descubres que la vida se trata también de aprender a hilvanar, parchar, volver a coser, remendar, disfrutar del pespunte [cuando la aguja va hacia atrás y metes el hilo en el mismo sitio por donde pasó antes]… aprender a aceptar las roturas, las costuras, el surcido invisible… cuando disfrutas también de tu proceso de aprender esto de estar viva/o adquiere un sentido diferente. Más orgánico.

Nadir Chacín @nadirchs

Eventos gratuitos y públicos

XXI Encuentro del Círculo Humano CHxDF, sábado 28 julio 2012, en Parque México, Condesa, México D.F., de 11-14 horas. Tema: Economía solidaria. Con invitado especial. Evento en Facebook

IV Encuentro del Círculo Humano CHxBarcelona, sábado 11 agosto 2012, en Parque de la Ciudadela, Barcelona, España, de 11-14 horas. Tema: El ocio y otras necesidades. Evento en Facebook

 

¿Explicas y te disculpas demasiado?

Dilema de las 5:33 pm.

Hay personas que se explican demasiado con quien no tienen por qué estar explicando nada de lo que hacen, piensan o sienten. Motivando esa actitud logro ver a la famosa señora Culpa. No es una culpa específica vinculada con el hecho ante el cual trata de explicarse o con la persona con la que habla, sino que es una culpa generalizada, vieja. Ojito con las …ches culpas y con esa odiosa manía de andar explicándose de más.

Aplica también a quienes tienen la maña de pedir perdón y disculpas y lo siento y ¿no te molesto? y tantas veces piden disculpas que es horrible. No hay que pedir perdón cada segundo… tampoco hay que pedir perdón por existir. Sacúdate esa mala maña.

Hablo de ser selectiva/o, asertiva/o y administrar bien con quien uno quiere establecer vínculos cercanos y con quien no. Se vale decidir con quien no relacionarse íntimamente. Hay que administrar las emociones, las palabras, también hay que aprender a ponerse límites a uno mismo en la relación con los otros. No es posible que una persona pase más de un hora de conversación disculpándose con el otro (casi que por respirar)… se me hace exagerado…

Somos personas, no robots. No hay que vivir en automático. Una cosa son las normas de protocolo, buenos días y contestas buenos días… y otra muy diferente es la postura que asume el que se siente en la necesidad de explicar de más, todo el tiempo, muy a menudo, así se la vive pidiendo disculpas y dando explicaciones.

Me refiero a generar (crear) un equilibrio, con auto-equilibrarse, saber decidir cuándo sí y cuándo no explicar y pedir disculpas. Las mujeres, por ejemplo, solemos explicar de más, sobre-explicar. Es un asunto social, cultural y también a menudo es un mandato de género. Muchos hombres también lo hacen.

Otro ejemplo de la misma actitud: las personas que les da culpa no ser la última persona en responder un correo electrónico o un mensaje por celular. Siempre que reciben una respuesta de algo y que ya concluyó el asunto en cuestión… siempre terminan mandando un último mail o mensaje inútil. Es como si les diera culpa dejar al otro sin una respuesta… es una cosa obsesa con la cortesía o no sé yo creo que tiene que ver con la culpa, así lo he estado interpretando últimamente.

Nadir Chacín

La historia de mi saco de piedras

las piedras que saque

A Gaba, por nuestra amistad perenne

Hablando con una amiga por chat me vino a la mente una revelación valiosísima y quiero compartirla con ustedes, sobre todo con las mujeres que leen este blog y que son madres. Mientras escuchaba lo que ella me había dicho sobre sus vivencias de los últimos cinco años, una y otra vez, yo me veía reflejada en su historia pero de manera inversa, como si LEYERA LAS LETRAS DE MI VIDA en un espejo.

A veces creemos que la solución de todos nuestros problemas tiene una forma determinada, que generalmente es la opuesta a la que estamos viviendo. Si vivimos con nuestra pareja, pensamos que vivir separados es la solución. Si somos divorciados le decimos a todos que estar casados es la clave que nos devolverá la felicidad y que por no estarlo es que somos infelices. Si nuestros hijos no viven con nosotros creemos que viviendo con ellos regresará nuestra sonrisa casi olvidada y si -por el contrario- estamos todo el día con los niños saltando a nuestro alrededor creemos que lo requerimos es un minuto (laargooooooo) de vida de solteros, de silencio, y de tiempo libre.

En resumen, NUNCA tenemos lo que deseamos y renegamos de lo que estamos viviendo, y pensamos que el modelo totalmente opuesto es la cura para esa sensación de hastío y apatía que se ha instalado en nuestra alma. Esa creencia genera lo que nosotras llamamos espontáneamente en la conversación: cargar un saco de piedras sobre la espalda. ¿Ese saco qué contiene? Culpas, remordimientos, dudas, inseguridad, enojo, rabia, frustración, tristeza, parálisis emocional, baja autoestima, apatía, recelo, odio, envidia, miedo, MUCHO miedo.

En la plática con mi amiga me di cuenta que ella había hecho con su vida, su matrimonio y sus hijos lo que yo pensaba que era la solución a mis culpas, mis miedos, a todo lo que me hacía sufrir de mi situación de vida, de mis decisiones pasadas y actuales. También noté que yo tenía, de alguna manera, la vida que ella desearía tener, y ella la que yo deseaba. En el fondo así era, al menos estábamos deseando (envidiando) la idealización que teníamos en nuestras cabezas sobre la vida de la otra.

Ambas estábamos añorando lo que la otra en cierta forma disfrutaba (o no, tal vez lo sufría pero lo tenía, era suya esa vida), que aquella vida, la de la otra era la que en el fondo desearíamos estar viviendo y no la propia vida. Ambas… y acá viene la revelación: sufrimos en el pasado, y en cierto modo seguimos sufriendo por las decisiones que tomamos y estamos tomando hoy en nuestras respectivas vidas como madres y mujeres. Entonces me dije si ella sufre, y yo estoy creyendo que lo que ella vive es mi solución (la panacea), y a ella le pasa igual que a mí, entonces las dos estamos equivocadas. La interpretación que cada una hace de su vida es UNA GRAN TRAMPA. Las dos estamos cayendo en ella.

Siempre hemos soñado con una vida diferente, supuestamente más feliz. Pero allí estábamos leyéndonos, la una a la otra, leyendo un testimonio en vivo y en directo que demostraba que esa vida ideal que soñábamos no lo era tanto, dado que la otra estaba padeciendo ése que era el sueño propio (tantas veces anhelado). Es algo complicado de explicar, pero sentí que ese saco de piedras del que tanto hablamos esa noche era UNA GRAN MENTIRA, que yo había invertido tanto tiempo, tantos pensamientos, tanta energía, en pensar CIERTA, VÁLIDA Y LEGÍTIMA mi mentira personal que me la había creído.

Pero un momento… allí estaba ella, sencilla, AMOROSA, demostrándome con su vida (con su interpretación de la misma) que lo que yo había creído mi salvación no lo era. Parece consuelo de tontos, pero es algo GRANDE. Parece una cosa nefasta (hasta cruel) concluir que el sufrimiento de mi amiga demostró que mi sufrimiento personal es una gran mentira… pero no lo es. ¿Por qué no? Porque cualquier cosa que sirva para DEVELAR una mentira ES UN MILAGRO DE ENTENDIMIENTO. Y si éste es compartido ES UN DOBLE MILAGRO. ¡Aleluya! ¡Aleluya! Mi sufrimiento en mi historia de vida, también le revela a ella SU MENTIRA PERSONAL. Somos dos las que despertamos de UNA PESADILLA. De un mal sueño: DE LA CEGUERA QUE ES LA INCONSCIENCIA PERSONAL.

¿Dónde estaba entonces mi problema, su problema REAL? Estaba en la interpretación de lo vivido. En la mía. En la suya. En el deseo constante de tener lo que no se tiene, de desear siempre otra cosa, de pelearse con lo que es, de no aceptar a corazón abierto (y con los ovarios necesarios) las consecuencias de las decisiones que tomamos. ¿Qué contiene de verdad nuestro saco de piedras? Nada. No contiene nada porque NO existe realmente. Es una creación MENTAL. Una interpretación que hicimos cada una de lo que estaba viviendo y había vivido. Es tan profundo, NO EXISTE EL SACO, NO EXISTE SU ¡”$%%&(/)=? CONTENIDO, NUNCA EXISTIÓ. Ver que la que creía mi única verdad, mi única salida, era la mentira personal de otra persona, además la de una amiga querida sincera, honesta, amorosa, que me lo estaba contando honestamente fue MÁGICO, triste y doloroso también -no lo niego-, pero finalmente MÁGICO. No me estaba contando su vida, sino la interpretación errónea que hizo, yo estaba haciendo lo mismo con la mía. Nuestras vidas como tal son OTRA COSA.

Hoy me detengo ante mi saco de piedras, lo veo, lo reviso. Le digo que NO EXISTE Y QUE YA NO NECESITO CREER QUE SÍ EXISTE. Hago todo eso porque mi amiga me OBSEQUIO EN UN ACTO DE AMOR, LA INTERPRETACIÓN DE SU  VIDA COMO ESPEJO. Lo hago con la certeza de que no es real mi saco de piedras, que me lo inventé… que ese saco no me llevará a NINGÚN SITIO DE VIDA MEJOR. ¿Por qué no? Porque a mi amiga no la llevó a ningún sitio mejor. Es realmente LIBERADOR. MUY LIBERADOR. Es sacarme una daga del corazón, quitarme un saco de piedras pesadas de la espalda, curarme una herida que llevaba nueve años sangrando, una que no estaba abierta del todo ni tampoco cerrada… pero por donde sin duda HASTA HOY ME DESANGRABA.

POR UN MUNDO SIN VERDUGOS AUTOGESTINADOS DENTRO DEL ALMA. POR UNA VIDA SIN INTERPRETACIONES PODRIDAS. ALLÍ EN LA FOTO LES DEJÓ LAS PIEDRAS QUE SAQUÉ DEL SACO, LAS MISMAS QUE MIRÉ DURANTE HORAS. CON MI REFLEXIÓN DE HOY DESAPARECIERON DE LA CESTA DONDE LAS PUSE. LUEGO DE UN MOMENTO, DESAPARECIERON PARA SIEMPRE. DESAPARECIÓ LA CESTA, MI SACO PERSONAL, DESAPARECIERON LAS PIEDRAS Y MI NECESIDAD DE CARGARLAS.

Infinitas gracias, querida amiga.

Con amor a mis lectoras, Nadir

En busca de la fertilidad perdida

 

Unos siete millones de mujeres mayores de 35 años y sus parejas padecen de infertilidad en el mundo. Para el año 2018 la mayoría de las personas de 30 años estarán buscando familia con asistencia médica, casi el doble de hoy en día.  

Estas parejas pasan por un doble suplicio: tratamientos médicos complicados y ver como sus relaciones de pareja se desmoronan. Luego de lograr el tan ansiado hij@ un porcentaje muy alto termina con un relación amorosa en crisis o a punto de divorcio. A veces la relación termina igual de mal porque el hijo no llega ni con la ayuda de la ciencia. Si estamos hablando de siete millones de mujeres y sus parejas es mucha gente, MUCHA. La ciencia ha ayudado es cierto, menos mal que existe, pero hay que revisar las motivaciones, los deseos y las angustias relacionados con dichos tratamientos y su efecto, que no te tomen desprevenid@.
Hace unos días un amigo me contaba que su hijo no más no llegaba. Me decía: “ella tenía tanta ansiedad de no salir embarazada que por lo mismo no salía embarazada, es una locura”. No le quito la razón. Las relaciones sexuales además se vuelven aburridas, cansonas, irritantes, para la persona que está menos ansios@ o para ambos. Cuando lo que se busca no es el placer y el amor compartido sino la creación obsesiva de un cachorrito humano los cimientos de cualquier relación pueden tambalearse o de plano colapsar.
Últimamente siento que los hijos ya están entrando a la dinámica de los bienes de consumo. La gente tiene una relación casi patológica con el tema del embarazo. Parece que una mujer o una pareja no puede ser entera, completa y feliz sin prole. Otros desean tenerlos en una especie de “déjame llenarme el huequito que tengo en mi alma”, pobres hijos digo yo qué les espera al nacer cuando sus padres no han logrado ser felices por ellos mismos, cuando necesitan que “algo” más para sentirse satisfechos. Aclaro, los niños me encantan y creo que tener un familia es maravilloso, pero también es una responsabilidad grande que comienza con un@ mism@. ¿Qué queremos realmente cuando decidimos procrear? Una buena pregunta que tod@s tendríamos que hacernos llegado el momento.

Estas parejas pasan por varias fases, creo yo: el deseo de tener un hijo y la anulación de la pareja; búsqueda del embarazo por la via natural y la decepción porque no resulta; toma de la decisión de hacerse el tramiento de fertilidad; el tratamiento per se; el embarazo o no; la vida con crío o sin él; y de regreso a la relación de pareja. No todos los casos son iguales, pero al menos resulta ilustrador revisar lo que puede pasarnos y nos pasa como pareja.

A veces los hijos vienen sin planificación, pero en este caso hablamos de un acuerdo, organizado y decidido en pareja. La historia es muy conocida… uno se enamora, ama y quiere todo con el otro o la otra. A veces ese todo tiene ansias de trascendencia y comienza la necesidad de ver corriendo y hablando al “producto” del amor. En algunas parejas surge la premura también de enamorarse de un tercero cuando el enamoramiento deja de ser tan fuerte y ya han pasado hacia una fase más sosegada (el amor en sí) y menos líbidinosa, los encuentros sexuales alocados ya no son tan numerosos ni tan apasionados. La pasión busca renacer en otros significados, ahora el surgimiento del concepto de familia. Muchos solucionarían su deseo de un tercero con una cana al aire o un amante fortuito, pero como eso es menos convencional (y para algunos hasta pecaminoso) deciden tener hijos. Algun@s creen que los hijos unen a las parejas (craso error) y otr@s que su espos@ no l@ dejará si tienen un hijo (más falso aún). Sean por las razones que sean (sugiero que estén muy claras al menos lo más que se pueda) se llega a la decisión.
Suele suceder: se comienzan a tener relaciones sexuales para un único objetivo, otro error. La pareja pronto olvida que hacen el amor por el amor y el deseo que comparten, porque tener sexo cura, éste sí une, y además es sagrado, conecta al cuerpo con una dimensión extraordinaria y espiritual. ¡Ojo! Cuando la cama se vuelve monotemática… hacemos un hijo, hacemos un hijo, hacemos un hijo… el tedio y el horror pueden retozar con ustedes entre las sábanas. Nos entregamos al horario, a los días fértiles así sin más, con ilusión, amor o la emoción que esté detrás de lo que hacemos. Podría ser algo muy hermoso, de hecho lo es pero… ¿lo es para ti? ¿Te has preguntado si te satisface tener sexo así o está comenzando a ser un obstáculo para ti o para tu pareja?
Entonces nos damos “cita” en el período fértil, hacemos lo que se requiere y nada sucede. Los meses pasan, cada menstruación, gastamos en pruebas de embarazo caseras, el tiempo corre y la decepción se adueña de todo dejando una sensación de “ser poco útil”, ¿qué es lo que te pasa realmente? ¿Acaso ser humano sólo implica tener hijos? Saber que así sin hijos ya estás complet@ te dará paz. Los hijos son un regalo no una necesidad. La búsqueda de un retoñito tendría que ser un proceso ameno, divertido, creativo, no un deber. Cualquier cosa de tu vida a la que le pongas la etiqueta del deber será un perfecto “karma” (en el sentido amplio de la palabra), comenzarás a sentir que es una carga y tu pareja también.
Entremos amablemente a la vida de familia, sin obsesiones, nada pasa si no se tienen hijos ya, ya, ya… soltemos los ideales tan dañinos para la relación de pareja. Es paradójico pero la maternidad y la paternidad suscitan los miedos más profundos, las historias familiares de cada uno saldrán a flote, así como las heces fecales que flotan en tu WC cuando no jalas el agua. Perdonen la expresión, pero es que a veces los traumas de la niñez apestan. Jalar el agua de tu inconsciente te salvará. Es mi intención motivarte a revisar todos esos miedos e historias antes de lanzarte a tener una panza enorme o a depositar tus espermatozoides dentro de tu pareja. Tener un hijo es un regalo maravilloso de la vida, no lo arruines con obsesiones e ideas negativas. No lo arruines con motivaciones viciadas y equivocadas, revisa cuáles son tus motivaciones ya. No arruines el proceso de hacer el hijo, eso también hay que disfrutarlo. Que “me pegó el calendario”, que “ya me llama mi reloj biológico”, que “si espero ya no podré tener un hijo”, pues es mejor que cuando lo tengas estés segur@ de que deseas hacerlo, por tu bien y por el de tu vástago. Leí en alguna parte que la infertilidad es la incapacidad de quedar en embarazo después de estar tratando por lo menos durante un año sin usar ningún tipo de control prenatal. Cerca de 15% de las parejas son realmente infértiles. Pero la ansiedad es tanta que muchas parejas entran en pánico sin ni siquiera haber pasado un año buscando bebé. Relájate, viajen, sigan sus vidas alegres, cítense en un hotel con jacuzzi, varíen la forma en la que juguetean en la cama, disfruten del sexo por sí mismo.   
Las personas son fértiles de por sí, el cuerpo sano es fértil. Habría que preguntarse qué está pasando en tu cuerpo que no te deja embarazarte o que le está pasando al hombre que sus espermatozoides cada vez son menos y tienen menos movilidad. Preguntarse no es atormentarse, sino revisar lo que está dentro de tu mente, las creencias que tienes y el estado de salud general de las personas involucradas y sus hábitos. La enfermedad como camino es un libro que te puede ser muy útil, porque finalmente explica cómo es que nos enfermamos y que buena parte de los padecimientos que sufrimos (la infertilidad incluso) tienen que ver con ideas, conceptos, pensamientos y creencias que tienes y pasan al cuerpo físico sacándolo de su equilibrio perfecto. Te pongo un ejemplo de creencia falsa. Un viejo refrán dice: para sentir que tu paso por el mundo tiene significado debes sembrar un árbol, escribir un libro y tener un hijo, es una atrocidad pensar así, estás cavando tu propia tumba y la de tu deseo. ¿Acaso la vida realmente no tiene significado sin esos logros? Es una sentencia horrible, falsa y además poco amable para contigo mism@. Los deseos y los logros son particulares, son como las huellas digitales, cada quién tiene los suyos y todos son válidos, muy válidos. ¿Qué se cree la gente que juzga a los que no han sembrado un árbol, ni escrito un libro y tampoco procreado un hijo? Lo que está bien para unos no necesaramiente tiene que ser lo que los demás deseen y quieran para sus vidas. La libertad, uhmmm, ¿dónde quedó la libertad?
Quizá tu cuerpo al no quedar embarazada o al no producir espermatozoides suficientes o de calidad te esté mandando una señal, te grita: revísate, cúrate, renúevate, transfórmate antes de ser mamá o papá. Habría que detenerse un ratillo y dedicarse a ser mejor persona, a estar feliz así como estás sin hijos… prepararse para ser padre o madre requiere de un ejercicio consciente de transformarte como persona, de sentirte más libre y es aconsejable tomar una decisión tan importante en un estado pacífico, en paz, en una etapa estable y armoniosa de tu vida. Porqué no decirlo también la relación de pareja debe estar en una fase armoniosa, porque un hijo no resolverá los gritos, las peleas ni la apatía en la que están hoy.
Te comento algunas cosillas interesantes que dicen los que han logrado un estilo de vida más sano. En macrobiótica se dice que el estrés de las mujeres en los trabajos competitivos, el exceso de intelecto (pensamientos recurrentes y obsesivos) y las falsas creencias de las ejecutivas crea un ambiente interno hostil para la formación de un embrión. Entre los practicantes del ayurveda se recomienda buscar el origen de la infertilidad en el cuerpo y lo que no anda bien de manera amable; a las personas se les hace más fácil acudir al menor esfuerzo y a la velocidad de los tratamientos alopáticos, invaden su cuerpo con intervenciones o medicinas que en la mayoría de los casos no funcionan o tienen un alto porcentaje de fracaso: la reproducción asistida y el tratamiento con hormonas. Cuando un cuerpo está sano las hormonas deben funcionar bien, la naturaleza es sabia, somos nosotros quienes la disturbamos con nuestros hábitos, mala alimentación, ocupaciones y preocupaciones. En el mundo de hoy, alocado, apurado, agitado, estresante y esquizoide nunca se escucha al cuerpo ni se le da tiempo para que con su sabiduría natural y propia se cure, vuelva al equilibrio. La práctica de la autoobservación no está de moda, la gente no se da tiempo para sí misma.
En esta búsqueda aparece una pregunta muy dolorosa: ¿quién es el responsable de que el hijo no llegue? Invariablemente sucede lo mismo siempre se cree que la culpable es la mujer. Aunque la infertilidad se ha asociado tradicionalmente a la mujer, las estadísticas demuestran que en un 40 por ciento de los casos, el hombre es el que presenta problemas de fertilidad, en otro 40 por ciento, es la mujer quien padece este problema, y en el 20 por ciento restante, el problema es de ambos. Pero siempre pasa que se responsabiliza a la mujer primero, incluso teniendo pruebas de que el hombre es el infértil resulta que la mujer siempre lleva la peor parte, sobre todo cuando la noticia se hace pública. ¿Por qué? Resulta que la fecundidad y los hijos siempre son asuntos femeninos dicen much@s, erróneamente pero lo dicen. A mí me huele a violencia contra la mujer, a “cosificación” de la mujer, a que muchas personas piensan que las mujeres somos máquinas de producir y cuidar hijos y que no servimos para más nada. En pleno siglo XXI todavía hay muchos seres humanos que piensan de esta forma. Es una lástima.
Los prejucios y las ideas falsas también actúan en contra de los hombres. Se ha comprobado que si el hombre no es padre, se vuelve ansioso y pierde la autoestima, porque tiene que demostrar su virilidad y masculinidad. En lugares donde los hijos son considerados un bien preciado, la infertilidad masculina es un problema que puede contribuir a matrimonios inestables, marginación social y estrés psicológico, ya que se cree que la fertilidad y la reproducción son valores centrales para la identificación de la autoimagen en el hombre.  
Los factores biológicos y médicos siguen siendo los más investigados en comparación con los emocionales o los socioculturales. Sin embargo, suelen ser muy determinantes en los casos de infertilidad tanto en hombres como en mujeres. Lo que se conoce es que la infertilidad mantiene al hombre en un estado de desequilibrio emocional y de baja autoestima, dado por la ansiedad y frustración que genera. Por ejemplo, en estudios experimentales, se ha demostrado que cuando el estrés es severo causa una declinación en la cantidad y la calidad del esperma y afecta el sistema endocrino.
LLegado el momento en que se reconoce la infertilidad se produce un bloqueo en una meta que se  considera de gran valor (ser padre o madre), luego se da un período de desequilibrio emocional, una crisis, la ansiedad se eleva y la tensión también, la persona se enfrenta a sentimientos no placenteros y a veces desconocidos hasta el momento, en general la vida se altera, se sale de la costumbre. Generalmente la pareja experimenta frustración, irritabilidad, depresión, rabia, culpa y aislamiento. La relación de pareja puede resentirse y verse afectadas muchas áreas: la sexualidad, la comunicación, la actitud hacia el trabajo o la carrera profesional y la adaptación social. Es el momento de buscar ayuda, pídela, búscala. Buscar ayuda y aceptar que la necesitas no tiene nada de malo.
Los hombres infértiles suelen sufrir más angustia que las mujeres infértiles, porque en las sociedades machistas y tradicionales (que son casi todas), el hombre que no procrea es asociado a una falta de virilidad. La familia comienza a presionar y el entorno social también para que la pareja tenga descendencia. Surgen conversaciones hirientes y culpabilizantes sobre la imposibilidad de la extensión del linaje familiar o la pérdida del apellido familiar. En algunas culturas, especialmente en Africa, América Latina y el Caribe, la conformación de una familia constituye el objetivo principal de la vida, porque constituir un hogar significa alcanzar la complementariedad biológica y social, lo cual representa el cumplimiento de un precepto social impuesto por el grupo sobre la pareja, para demostrar la capacidad biológica de reproducción o procreación. En sociedades patriarcales (la mayoría), el hombre que tiene muchos hijos adquiere un reconocimiento social. Es por eso que algunos hombres ven el casarse y tener hijos como parte del mismo negocio,  un convenio en paquete. Todo esto origina que el hombre muchas veces no reconozca su problema de infertilidad o que trate de ocultar y negar a los demás su incapacidad para procrear para que no lo califiquen con adjetivos que denotan falta de virilidad, debido a que la imagen del hombre sin hijos generalmente es negativa y constituye objeto de reproche, compasión y a veces hasta de desprecio. Los seres humanos valemos por lo que somos, por nosotros mismos, no porque tengamos hijos o no.
El hombre por lo general no desea hablar de sus problemas sexuales, tiene vergüenza y considera equivocadamente que en este tema radica el poder de su masculinidad. Cuando el hombre recurre a un médico por un asunto relacionado con su fertilidad, pocos profesionales pueden comprender las preocupaciones de índole moral, social y subjetiva que tiene el hombre. Además, generalmente el hombre llega a la consulta después que su esposa visitó al ginecólogo. Es muy triste ver como muchas mujeres supuestamente infértiles tienen que someterse a una serie de pruebas y tratamientos invasivos durante años cuando en muchos casos el problema está en su pareja.
Habría que rescatar el lado humano en la medicina. ¿Dónde quedó? Los médicos no sólo están tratando con mujeres y hombres con problemas de fertilidad sino con humanos ansiosos, temerosos, ilusionados y a veces obsesionados con los resultados. No necesitan más agresiones. Detrás de cada tratamiento de fertilidad debería existir un equipo interdisciplinario (psicólogos por ejemplo) no sólo un ginecólogo o un urólogo. 
La sobrecarga de gente buscando tratamientos de fertilidad ha vuelto este campo un negocio muy grande y a las personas se les trata como objetos, “ven y deja tu dinero aquí”, es triste. Sugiero hacer terapia psicológica individual o en pareja, revisa tus creencias sobre la maternidad o la paternidad antes, durante y después del tratamiento. Entra al yoga, a la meditación, te aseguro que una hora diaria de meditación será muy bueno si andas en estos menesteres de los tratamientos de fertilidad. Trata con medicina alternativa también es una opción muy válida y aconsejable, no trates con tratamientos invasivos primero, opta antes por ser amable con tu cuerpo. 
La tierra ya está súper poblada y tenemos muchos niños en total abandono, no nos dejes uno más. Hazte cargo de lo que decides. Muchas personas optan por no tener hijos, qué bien, me parece una opción muy válida y además plausible. Algunos muy muy MUY sabios deciden adoptar, de esos sabios requerimos por MILLONES en este planeta.
Con todo mi amor,
T.R.

Creencia falsa 2: “Lo externo a mí tiene la culpa de mis condiciones de vida”

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Siguiendo con las creencias que debemos revisar cuando tenemos el corazón en pedacitos y sufrimos horriblemente, viene una de las más importantes: “Lo externo a mi tiene la culpa de mis condiciones de vida”.

Con respecto a esta creencia antes de empezar a desarrollarla, viene al caso hablar sobre la famosa palabrita culpa. A mí no me gusta utilizar esta palabra ya que tiene una relación cercana con lo religioso, principalmente con el Catolicismo. Como ya dije en un post anterior, las religiones también han colaborado con la permanencia de estas falsas creencias que en vez de ayudarnos nos dificultan la existencia y producen mucho dolor: sufrimiento humano. Por esta razón prefiero emplear el término “responsabilidad” al de “culpa”.

La responsabilidad es un proceso activo y positivo 100 % en cambio la culpa te deja toda deprimida, sin poder hacer nada y como resignada. Es un asunto de términos, pero como las palabras tienen poder porque de alguna manera definen las experiencias y las percepciones – aunque no las contienen necesariamente – comienza a usarlas de una forma que te dé poder y no que te lo quite, ¡vale!

Una segunda aclaración es la diferencia que existe entre los términos “las condiciones de vida” y “la vida en sí misma”. Hay una enorme diferencia, un sabio o una sabia dijo alguna vez que “la vida es todo eso que dejamos de experimentar y disfrutar por andar pensando en la vida”.

Las condiciones de vida están relacionadas con el “tener” y el “hacer” (leer el post anterior) son todas esas situaciones cotidianas que se construyen dentro del tiempo reloj o tiempo psicológico y que dirigen nuestros pensamientos y emociones. El tiempo reloj es el tiempo tal y como trascurre en el almanaque y en tu reloj, sabes, días tras días, evento tras evento, ocupaciones: preocupaciones y preocupaciones.

Hay otro tipo de tiempo más sano y profundo, que es el tiempo eterno en el que se desarrolla el Ser, no sigue nuestros apuros ni las ganas obsesas que tenemos de que pasen los días para olvidar lo que nos pasó, el tiempo del Ser es informe, profundo y tiene una dimensión que es vertical, hacia dentro de nosotras mismas y no horizontal ni lineal como es el tiempo reloj.

El tiempo eterno es más un espacio, una dimensión, que un tiempo realmente, porque en este tipo de tiempo sólo existe el presente, una y otra vez, sólo se vive el presente de cada instante. Generalmente vivimos en el tiempo reloj y tenemos una sensación de que el tiempo pasa corriendo y que todo depende del pasado o del futuro, pero es sólo una ilusión producto de la percepción limitada de los sentidos humanos. La verdad es que sólo existe el presente y nosotras casi todo el tiempo no lo vivimos, para algunas personas ni siquiera existe.

Ir de compras, pagar las cuentas, ir por los niños al colegio, hacer la comida, tener una cita con alguien, que te deje tu novio, que te enamores, etc., son situaciones que cambian todo el tiempo, alterables, inconstantes, más apegadas a lo material que a lo espiritual, en fin, son sólo condiciones, situaciones. La vida en sí misma, en cambio, está enraizada en el Ser, no depende de las condiciones ni de las situaciones, con o sin dinero, con o sin pareja, estás viva, vives y eso ya tiene un sentido, un propósito y un fin en sí mismo, no requiere que una cosa externa le dé sentido, simplemente es, eres, así no más. No depende tampoco del mundo de las formas ni de los rótulos… es simplemente sentir que estás viva y que no necesitas nada más, o mejor aún y más correctamente: “ya tienes y eres todo”.

Cuando hablo de este tema siempre recuerdo a los niños cuando nacen, vienen al mundo sabiendo que saben todo y tienen todo. La mejor prueba es que sonríen todo el tiempo y disfrutan de lo mínimo, de las cosas sencillas, disfrutan siendo lo que son. Recuperar tu vida y aferrarte al presente, es volver a ser niña de alguna forma, pero con la responsabilidad de ser adulta. Es ser niña y adulta a la vez, parecen términos contradictorios, pero sólo lo parecen porque en la vida moderna le hemos otorgado al término adulto una carga de aburrimiento y moral que nos limita y nos deja atrapados en una cárcel repleta de formalismos.

La educación integral -que tanto glorifican los gobiernos- una de las cosas más nefastas que hace es normalizar a los seres humanos, volvernos a todos iguales y quitarnos nuestra individualidad, no nos las quita realmente pero la tapa con una cortina y se asegura de que pensemos que ya no existe. Es una cortina pesada pero cuando la revises te darás cuenta que ahí abajo sigues tú, ya verás.

La escuela introduce al niño salvajemente en el mundo social y en buena medida lo forma para que adopte un sinfín de falsas creencias. Es cierto que también le da herramientas para sobrellevar las condiciones de vida y el tiempo reloj, pero generalmente ignora conocimientos más importantes como valorar nuestra vida por sí misma, enseñarnos a SER HUMANOS, lo cual es imprescindible para el desarrollo sano de cualquier sujeto.

No hablo de prescindir del tiempo reloj ni de ignorar las condiciones de vida porque existen, ahí están y no podríamos ser operativos en el día a día sin el tiempo reloj, nuestro intelecto y el Ego. Me refiero a la idea falsa que eso es todo lo que somos, hablo de recuperar todo lo demás que fue velado y negado: la dimensión del Ser y el tiempo eterno.

En este asunto de la responsabilidad, querida, asume definitiva y contundentemente que tú has creado tus condiciones de vida, todo lo que tienes y te pasa es responsabilidad tuya, ha sido el resultado de tus decisiones te hayas dado cuenta o no. Recordemos ahora el papel de nuestro Ego: esa idea falsa que tenemos sobre nosotros mismos. El Ego dirige todas nuestras decisiones mientras estemos inconscientes y dejando que sea nuestro jefe en vez de ser el esclavo de nosotros mismos.

Si es tu Ego quien te dirige… ¿podemos hablar de que eres realmente responsable de tus decisiones? Pues como podrías serlo si estás dormida…inconsciente: siendo una autómata que sigue instrucciones de su Ego. Prefiero decirte que hoy sí eres responsable de no poner al Ego en su sitio porque ya sabes que existe y cómo opera: ponlo donde le corresponde y hazlo ya.

No es tarea sencilla, pero empieza por estar pendiente de las cosas que piensas todo el tiempo, sabes revisa tus pensamientos, tus falsas creencias, escríbelas, conviértelas en creencias más constructivas y que te den poder… esa es la mejor forma de comenzar a vivir el presente y anclarse en el SER y no sólo en la mente, el tiempo reloj y las condiciones de vida.

La responsabilidad empieza desde hoy hacia delante, ya sabes que existe el Ego, pues ahora eres responsable de todo lo que crees para ti. No te quedes atascada en el pasado ni sientas culpa por lo que hiciste o no hiciste, eso ya pasó, ahora entiendes mejor lo que viviste porque sabes que tu Ego manipuló todo a su conveniencia (sólo desea sobrevivir y a veces lo hace a pesar de ti, contra ti).

Revisa tu Ego una y otra vez, nunca podrás prescindir de él, pero ya no te podrá dirigir. Cuando te venga un pensamiento a la cabeza y eso es todo el tiempo, revísalo, date chance, eso es igual para las emociones, que son otra vía por la que se expresa el Ego.

Inspecciona también tus emociones, tómate tu tiempo, nada pasara si cuando te enojas o estás retriste, respiras profundo y le das espacio a la emoción que sientes. Cuando haces eso de manera instantánea se abre otra posibilidad para la acción que sigue a la emoción o al pensamiento, es decir, amplias tu comportamiento porque redimensionas las situaciones que lo generan.

Entonces -sin duda alguna- podrás decidir realmente, sabes, tendrás más opciones, no sólo la o las que te dicta el Ego.

SIGUE CONMIGO RECONSTRUYÉNDOTE Y

AYUDÁNDOME A SER SIENDO

तइका रमे

CONTINUARÁ…

Creencias falsas:

Lo externo a mí tiene la culpa de mis condiciones de vida.
Ser un(a) soñador(a) es malo, lo mejor es ser realista.

Somos sólo esta existencia física, lo material: nuestro cuerpo, nuestras ideas y emociones.

Estamos solos, solas, y somos diferentes de los demás.

Es bueno ignorar a la gente negativa que se me acerca y a las cosas negativas que me pasan.

Es malo no saber para dónde vamos, la que no tiene metas en la vida es un(a) fracasado(a).

El famoso si vas a hacer algo, hazlo lo mejor que puedas.