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El segundo principio (Adelanto del libro “Senderos de paz”)

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EL SEGUNDO PRINCIPIO

Un discípulo, que entraba en la vía del Zen,  le preguntó a su maestro:  —¿Cuál es el primer principio? —Si te lo dijese —contestó el maestro—, sólo sería el segundo principio.

¿Cómo estar en paz? ¿Qué necesito para estar en paz? ¿Por qué me siento intranquilo, intranquila? Tal vez mis preguntas existenciales te recuerden a las tuyas, las que haces en tu cabeza a cada instante. A mí me han acompañado durante toda la vida y, siempre que creí haber encontrado respuestas, surgían nuevas inquietudes y formas de no estar en paz: una y otra vez. Preocupada por mi constante intranquilidad –y reconozco que también para desahogarme– abrí un blog en Internet titulado Ser siendo por Taika Ramé que se convirtió poco a poco en un sendero, un camino que, sin quererlo, fui recorriendo y todavía recorro hacia adentro de mí misma.

Al abrir el blog decidí escribir sobre mis sentimientos e ideas –al inicio utilicé un seudónimo, Taika, y luego revelé el nombre Nadir, mismo que le pusieron mis padres a este cuerpo–; deseaba sacarme el sufrimiento, pensaba que del exterior llegaría una mano amiga y salvadora que me rescataría del pozo donde me había metido. Estaba pasando –entre otras cosas– por “un ataque de mal de amores crónico”. ¿Quién no ha pasado por uno? Seguro que también tienes tu lista. ¿Cierto?

El tiempo fue pasando y, poco a poco, por la magia de Internet, algunos lectores igual de ansiosos que yo, llegaron a mis letras pidiendo ayuda y consejos. Pensaba a diario cómo poder ayudarlos si yo estaba tan asustada, tan llena de resentimientos con la vida: ¿qué puedo darles si estoy repleta de miedos? Algo vieron ellos en mí, no sabía qué, pero mis palabras les reconfortaban. Estas personas crearon un vínculo conmigo y su búsqueda de paz generó un cambio en mí: una transformación. Nuestros encuentros nos generaban paz compartida, fluida, amigable. Todos estábamos mejor; así, de forma repentina, con sólo intercambiar historias y drenar el dolor. A diario revisaba sus comentarios. A veces subía posts (notas) para distraerme y no hundirme en la depresión absoluta. Así fui leyendo mi vida y mis angustias en los relatos de mis lectores y, con la magia que produce verse reflejado en la vida de los otros, sus mensajes me cambiaron al mismo tiempo que mis letras los cambiaban a ellos. Qué bueno es sentirse apoyado, ¿verdad?

Me sentí útil ayudando y también me sentí acompañada. Notaba que no estaba aislada, que no era sólo una “loca desquiciada” que se sentía mal: yo era también “algo” más. A lo mejor éramos puros locos platicando pero, por momentos, ¡éramos loquitos felices! Nuestro secreto estaba en esos momentos de felicidad. ¿Cómo hacer para repetirlos voluntariamente? Advertí que ellos también buscaban respuestas y que mis angustias –antes únicas y mías– se repetían constantemente en las angustias de un sinfín de seres humanos; sí, teníamos un hecho en común: todos sufríamos y no sabíamos cómo dejar de hacerlo.

En años anteriores al blog había pasado por muchas indagaciones en busca de las causas de mi malestar: cinco años en psicoanálisis (lacaniano) y en dos tipos diferentes de psicoterapias, una maestría en Reiki Ho, diferentes tipos de medicinas alternativas y también muchas, muchas pastillas alopáticas. Probé incluso con el esoterismo y con la ciencia, expertos en el tarot, técnicas chamánicas, videncia y lecturas de la mano (hasta escuché acerca de la podomancia, pero no me atreví). Leí infinidad de libros de filosofía, teología, neurociencias, autoayuda y superación personal, y aún sentía ese pesar en el alma. Me sentía hundida, atrapada en el dolor. Había probado TODO, según yo, y ni así conseguía estar en paz conmigo misma. Regresaba seguido a esos momentos con mis lectores del blog pues ¡ahí estaba la solución! Pero, ¿cuál era realmente? ¿Cómo funcionaba? Senderos de paz nació en medio de una fuerte decisión de vida, una más, estaba dejando mis estudios de doctorado en antropología y decidí probar con lo que siempre había querido hacer: escribir literatura. Esa decisión de apostarle a mi deseo de ser escritora no llegó de manera suave. Fue la consecuencia de varios eventos desastrosos que me empujaron a una depresión fuerte y, luego, a un salto creativo.

Había pasado por una ruptura de pareja muy dolorosa; cuando (al fin) me mudé sola y lograba recuperarme, descubrí que un vecino desconocido me espiaba en mi propia casa con unas cámaras de video. Fue muy fuerte. Me sentí invadida en mi intimidad y totalmente vulnerable. (Fue un Big Brother a la fuerza, ¡yo no había dado mi consentimiento!) Viajé lejos en plena Navidad –un acto desesperado para olvidarme de lo sucedido y regocijarme en el abrazo amoroso de mi familia–, pero durante mi viaje intentaron secuestrarme en un taxi y tuve que saltar del auto en marcha. Sufrí lesiones graves en cuello y columna, y regresé a México con un collarín y mi entendimiento deshecho. ¿Por qué? ¿Qué he hecho para merecer esto? ¿Por qué todo me pasa? me preguntaba al mirarme al espejo con un HORROROSO e incómodo cuello artificial que me sostenía la cabeza. ¡Es aterrador cuando el espejo te regresa tu imagen y no te gusta! Como las lesiones no sanaban con las medicinas alopáticas y ya no soportaba los dolores, fui a ver a mi antiguo “huesero”, a refugiarme en su ayuda y en sus conocimientos. ¡Deseaba tanto que él me curara! Sin saberlo, estaba a punto de verme involucrada (¡una vez más!) en la locura humana: el sujeto en quien estaba depositando la mejora de mi salud trató de abusar sexualmente de mí. Por fortuna, o quizá porque me guía una fuerte intuición, alcancé a huir de su casa luego de una escena desagradable… y seguí haciéndome las mismas demandas desesperadas, una y otra vez: ¿Qué pasa en mi vida? ¿Por qué me suceden tantas, tantas cosas malas?

Acudí a la universidad harta, cansada y en pleno ataque de locura a renunciar a lo que hice durante los últimos once años de mi vida: investigación en antropología. Me di de baja temporal del doctorado y regresé a casa con una sensación de alivio y una angustia enorme, todo a la vez mezclado: sufrimiento + locura. Más locura que sufrimiento, diría yo ahora. Urgida por salvarme, me inscribí en un taller de creación literaria y viví en el mismísimo “limbo” emocional durante un año y medio, con el dinero que me dejó la venta de mi casa en Venezuela. Los pesos se agotaban rápidamente y yo seguía perdida en mis propios pensamientos y angustias. Escribí muchos cuentos de ficción, eso sí, pero seguía debatiéndome en mi cabeza: ¿estaré haciendo lo correcto o no? Deseaba saber si al abandonar el doctorado había salido del caos o sólo me metía en uno nuevo. Cómo se extraña que alguien te diga: ¡vas bien, sigue adelante! Es muy doloroso sentirse como un barco sin rumbo. No sabría decir –y la verdad es que no importa mucho– en qué momento algo se despertó en mí. Sé que los conocimientos y, principalmente, las experiencias se fueron acumulando hasta que llegué al punto de no retorno. Era imprescindible decidir qué quería HOY: ¿vivir o sobrevivir?

Yo le aposté a la vida, estaba harta, HARTA de sólo sobrevivir.

De repente, lo vi todo claro. ¡La LUZ se hizo! ¡Allí estaba! Sí, era cierto, no estaba alucinando: la magia se acumulaba a diario en mi blog, en el intercambio colectivo de historias de la vida real. Supe, sin duda alguna, que parte de la respuesta a todas mis preguntas estaba allí: “En el increíble poder de la comunicación amorosa entre dos personas.” Debía seguir ese camino y encontrar cosas nuevas. El sufrimiento se transformó en dolor. No voy a decirte que las cosas ya no me duelen; claro, hay cosas que me duelen todavía, pero la manera en que aprendí (y me enseñaron mis lectores) a reaccionar frente a mis pensamientos, emociones y percepciones me ha dado más libertad. Mi secreto para sentirme libre fue… Antes de explicarte cómo logré más libertad permíteme contarte lo que me pasó mientras escribía este libro. ¡Quedarás deslumbrado! Sucedieron tres cosas, diferentes en esencia, pero que se “amalgamaron” para darme una misma lección.

El último año trabajé como editora. Estaba muy a gusto con el oficio pero no tan cómoda con los horarios y la enorme cantidad de trabajo que tenía. Estaba de nuevo metida en una dinámica de estrés y no sabía bien cómo pararla. Analicé mucho lo que quería hacer y me di cuenta de que necesitaba armonía para escribir este libro. Mi cuerpo pedía a gritos un descanso; además, podía trabajar desde mi hogar siendo fiel a mi propio ritmo y abriendo espacios para la calidad de experiencias que deseo tener. Me había estado enfermando mucho y fui a realizarme unos estudios médicos. Los diagnósticos preliminares no lucían bien. Era posible que las lesiones en el cuello de mi útero fueran por causa del famoso (por terrible) virus del papiloma humano. Había que esperar los resultados de los análisis y yo estaba que me comía las uñas a causa de los nervios. Literalmente me las comí. Mi mente deambuló por los posibles resultados. Estaba angustiada, pero algo dentro de mí me decía: “Nadir, para estar en paz hay que meditar todas las noches. Medita, medita, medita.”

Renuncié a mi empleo en medio de las acusaciones de locura de la mayoría de mis amigos y de la difícil situación relacionada con mi salud. Decían: “Cómo te atreves a dejar un sueldo fijo en este país de desempleo casi masivo”, “¿renuncias?… ¡si te ha ido tan bien en la editorial!”, “¡estás loca!, ¿y qué harás sin tu empleo?”, “si apenas llevas un año allí”. La verdad es que mi antiguo empleo fue maravilloso. Me gustó aprender a ser editora, disfruté cada uno de los libros que ayudé a “nacer”, el ambiente laboral era muy bueno y motivador pero sentía necesidad de un cambio, una necesidad espiritual. Algo intuitivo me guió y le entregué mi nueva intención al Todo enorme, vasto y mágico que guía mis pasos. El mismo día en que se terminaba mi preaviso laboral, la doctora me llamó para decirme que mis resultados eran buenos. Lo que tenía podía resolverse con un cambio en la alimentación y varios medicamentos. Yo enseguida pensé: “Soy afortunada.” ¡Mi salud estaba bien y el susto no había pasado de ahí!

Unos días después de dejar la editorial, unos ladrones entraron a mi casa y se robaron mi computadora y otras pertenencias. Por fortuna, yo no estaba en casa cuando sucedió el robo y el archivo de este libro estaba guardado en mi correo electrónico. Lo demás se perdió: fotos, textos, recuerdos. Al principio me deprimí, lo admito. Pensé: ¿y ahora qué haré sin mi herramienta de trabajo?, ¿sin los recuerdos que se robaron, regalitos que me había dado mi hijo y otras cosas materiales? ¿Qué significado tiene esto? Lloré mucho. Con los días, al releer lo que ya tenía escrito para Senderos de paz, surgió una nueva percepción de lo ocurrido. A la semana, mi editor me prestó una computadora y comencé a escribir de nuevo. Días después tuve una reunión con mi ex-jefe en la editorial y sucedió algo mágico. MÁGICO con palabras mayúsculas. Cuando le conté lo sucedido, tomó su teléfono, llamó a su asistente y le dijo: “Tráeme una laptop.” Sí, me la obsequió con el sonriente “no faltaba más” que siguió a mi amoroso “gracias”.

Lo sucedido, una vez más, adquiría un nuevo sentido. La vida me demostraba la impermanencia de las cosas materiales y lo valioso de las comunicaciones humanas basadas en la empatía y en el amor (por qué no decirlo si la amistad es amor. ¡No hay otra palabra!) Te cuento mi experiencia para que veas que “siempre que se cierra una puerta, otra se abre”; que, como bien dice la gente, “Dios aprieta pero no ahorca” o “al mal tiempo buena cara”. Yo soy el vivo ejemplo de que las SINCRONÍAS suceden, las he experimentado infinidad de veces. Siempre trato de vencer el miedo y recibirlas con los brazos abiertos, sean buenas o malas. Si me preguntas si volvería a vivir todo lo que me pasó te respondería que por supuesto. Lo que he vivido es parte de lo que soy, pero no soy toda yo. El secreto está en descubrir lo que ya sabes, que lo bueno y lo malo son caras de una misma moneda. Si quieres vivir la vida con intensidad, tienes que probar las dos caras. No hay de otra. ¿Quieres ser libre o seguirás sufriendo eternamente?

Este libro se ocupa de algunos senderos que te guiarán hacia la paz, esos caminos que eliminarán el sufrimiento de tu vida. Escribo estas páginas con la absoluta certeza de que hemos vivido hasta el cansancio cosas parecidas y que aquello que mis lectores me contaron en el blog y lo que yo he vivido te ayudará a DESPERTAR. No importa si no entiendes por completo algunas partes de este libro. Yo tampoco entendía ni un comino cuando comencé a leer sobre el despertar, la iluminación, la felicidad, la física cuántica y el budismo Zen, pero seguí leyendo y leyendo. Ahora ésos son mis libros de cabecera y también los llevo conmigo a todas partes: al metro, a la playa, en el avión, en los cafecitos donde leo los domingos en el parque México. Vuelvo a ellos cada vez que estoy intranquila pero también cuando me cosquillea la panza de felicidad.  ¿Estás listo para este regalo increíblemente bueno?

 

*Adelanto del libro “Senderos de paz” de Nadir Chacín cedido por la Editorial Santillana, Sello Alamah, publicado en el 2008.

 

 

 

El segundo principio (Adelanto del libro "Senderos de paz")

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EL SEGUNDO PRINCIPIO

Un discípulo, que entraba en la vía del Zen,  le preguntó a su maestro:  —¿Cuál es el primer principio? —Si te lo dijese —contestó el maestro—, sólo sería el segundo principio.

¿Cómo estar en paz? ¿Qué necesito para estar en paz? ¿Por qué me siento intranquilo, intranquila? Tal vez mis preguntas existenciales te recuerden a las tuyas, las que haces en tu cabeza a cada instante. A mí me han acompañado durante toda la vida y, siempre que creí haber encontrado respuestas, surgían nuevas inquietudes y formas de no estar en paz: una y otra vez. Preocupada por mi constante intranquilidad –y reconozco que también para desahogarme– abrí un blog en Internet titulado Ser siendo por Taika Ramé que se convirtió poco a poco en un sendero, un camino que, sin quererlo, fui recorriendo y todavía recorro hacia adentro de mí misma.

Al abrir el blog decidí escribir sobre mis sentimientos e ideas –al inicio utilicé un seudónimo, Taika, y luego revelé el nombre Nadir, mismo que le pusieron mis padres a este cuerpo–; deseaba sacarme el sufrimiento, pensaba que del exterior llegaría una mano amiga y salvadora que me rescataría del pozo donde me había metido. Estaba pasando –entre otras cosas– por “un ataque de mal de amores crónico”. ¿Quién no ha pasado por uno? Seguro que también tienes tu lista. ¿Cierto?

El tiempo fue pasando y, poco a poco, por la magia de Internet, algunos lectores igual de ansiosos que yo, llegaron a mis letras pidiendo ayuda y consejos. Pensaba a diario cómo poder ayudarlos si yo estaba tan asustada, tan llena de resentimientos con la vida: ¿qué puedo darles si estoy repleta de miedos? Algo vieron ellos en mí, no sabía qué, pero mis palabras les reconfortaban. Estas personas crearon un vínculo conmigo y su búsqueda de paz generó un cambio en mí: una transformación. Nuestros encuentros nos generaban paz compartida, fluida, amigable. Todos estábamos mejor; así, de forma repentina, con sólo intercambiar historias y drenar el dolor. A diario revisaba sus comentarios. A veces subía posts (notas) para distraerme y no hundirme en la depresión absoluta. Así fui leyendo mi vida y mis angustias en los relatos de mis lectores y, con la magia que produce verse reflejado en la vida de los otros, sus mensajes me cambiaron al mismo tiempo que mis letras los cambiaban a ellos. Qué bueno es sentirse apoyado, ¿verdad?

Me sentí útil ayudando y también me sentí acompañada. Notaba que no estaba aislada, que no era sólo una “loca desquiciada” que se sentía mal: yo era también “algo” más. A lo mejor éramos puros locos platicando pero, por momentos, ¡éramos loquitos felices! Nuestro secreto estaba en esos momentos de felicidad. ¿Cómo hacer para repetirlos voluntariamente? Advertí que ellos también buscaban respuestas y que mis angustias –antes únicas y mías– se repetían constantemente en las angustias de un sinfín de seres humanos; sí, teníamos un hecho en común: todos sufríamos y no sabíamos cómo dejar de hacerlo.

En años anteriores al blog había pasado por muchas indagaciones en busca de las causas de mi malestar: cinco años en psicoanálisis (lacaniano) y en dos tipos diferentes de psicoterapias, una maestría en Reiki Ho, diferentes tipos de medicinas alternativas y también muchas, muchas pastillas alopáticas. Probé incluso con el esoterismo y con la ciencia, expertos en el tarot, técnicas chamánicas, videncia y lecturas de la mano (hasta escuché acerca de la podomancia, pero no me atreví). Leí infinidad de libros de filosofía, teología, neurociencias, autoayuda y superación personal, y aún sentía ese pesar en el alma. Me sentía hundida, atrapada en el dolor. Había probado TODO, según yo, y ni así conseguía estar en paz conmigo misma. Regresaba seguido a esos momentos con mis lectores del blog pues ¡ahí estaba la solución! Pero, ¿cuál era realmente? ¿Cómo funcionaba? Senderos de paz nació en medio de una fuerte decisión de vida, una más, estaba dejando mis estudios de doctorado en antropología y decidí probar con lo que siempre había querido hacer: escribir literatura. Esa decisión de apostarle a mi deseo de ser escritora no llegó de manera suave. Fue la consecuencia de varios eventos desastrosos que me empujaron a una depresión fuerte y, luego, a un salto creativo.

Había pasado por una ruptura de pareja muy dolorosa; cuando (al fin) me mudé sola y lograba recuperarme, descubrí que un vecino desconocido me espiaba en mi propia casa con unas cámaras de video. Fue muy fuerte. Me sentí invadida en mi intimidad y totalmente vulnerable. (Fue un Big Brother a la fuerza, ¡yo no había dado mi consentimiento!) Viajé lejos en plena Navidad –un acto desesperado para olvidarme de lo sucedido y regocijarme en el abrazo amoroso de mi familia–, pero durante mi viaje intentaron secuestrarme en un taxi y tuve que saltar del auto en marcha. Sufrí lesiones graves en cuello y columna, y regresé a México con un collarín y mi entendimiento deshecho. ¿Por qué? ¿Qué he hecho para merecer esto? ¿Por qué todo me pasa? me preguntaba al mirarme al espejo con un HORROROSO e incómodo cuello artificial que me sostenía la cabeza. ¡Es aterrador cuando el espejo te regresa tu imagen y no te gusta! Como las lesiones no sanaban con las medicinas alopáticas y ya no soportaba los dolores, fui a ver a mi antiguo “huesero”, a refugiarme en su ayuda y en sus conocimientos. ¡Deseaba tanto que él me curara! Sin saberlo, estaba a punto de verme involucrada (¡una vez más!) en la locura humana: el sujeto en quien estaba depositando la mejora de mi salud trató de abusar sexualmente de mí. Por fortuna, o quizá porque me guía una fuerte intuición, alcancé a huir de su casa luego de una escena desagradable… y seguí haciéndome las mismas demandas desesperadas, una y otra vez: ¿Qué pasa en mi vida? ¿Por qué me suceden tantas, tantas cosas malas?

Acudí a la universidad harta, cansada y en pleno ataque de locura a renunciar a lo que hice durante los últimos once años de mi vida: investigación en antropología. Me di de baja temporal del doctorado y regresé a casa con una sensación de alivio y una angustia enorme, todo a la vez mezclado: sufrimiento + locura. Más locura que sufrimiento, diría yo ahora. Urgida por salvarme, me inscribí en un taller de creación literaria y viví en el mismísimo “limbo” emocional durante un año y medio, con el dinero que me dejó la venta de mi casa en Venezuela. Los pesos se agotaban rápidamente y yo seguía perdida en mis propios pensamientos y angustias. Escribí muchos cuentos de ficción, eso sí, pero seguía debatiéndome en mi cabeza: ¿estaré haciendo lo correcto o no? Deseaba saber si al abandonar el doctorado había salido del caos o sólo me metía en uno nuevo. Cómo se extraña que alguien te diga: ¡vas bien, sigue adelante! Es muy doloroso sentirse como un barco sin rumbo. No sabría decir –y la verdad es que no importa mucho– en qué momento algo se despertó en mí. Sé que los conocimientos y, principalmente, las experiencias se fueron acumulando hasta que llegué al punto de no retorno. Era imprescindible decidir qué quería HOY: ¿vivir o sobrevivir?

Yo le aposté a la vida, estaba harta, HARTA de sólo sobrevivir.

De repente, lo vi todo claro. ¡La LUZ se hizo! ¡Allí estaba! Sí, era cierto, no estaba alucinando: la magia se acumulaba a diario en mi blog, en el intercambio colectivo de historias de la vida real. Supe, sin duda alguna, que parte de la respuesta a todas mis preguntas estaba allí: “En el increíble poder de la comunicación amorosa entre dos personas.” Debía seguir ese camino y encontrar cosas nuevas. El sufrimiento se transformó en dolor. No voy a decirte que las cosas ya no me duelen; claro, hay cosas que me duelen todavía, pero la manera en que aprendí (y me enseñaron mis lectores) a reaccionar frente a mis pensamientos, emociones y percepciones me ha dado más libertad. Mi secreto para sentirme libre fue… Antes de explicarte cómo logré más libertad permíteme contarte lo que me pasó mientras escribía este libro. ¡Quedarás deslumbrado! Sucedieron tres cosas, diferentes en esencia, pero que se “amalgamaron” para darme una misma lección.

El último año trabajé como editora. Estaba muy a gusto con el oficio pero no tan cómoda con los horarios y la enorme cantidad de trabajo que tenía. Estaba de nuevo metida en una dinámica de estrés y no sabía bien cómo pararla. Analicé mucho lo que quería hacer y me di cuenta de que necesitaba armonía para escribir este libro. Mi cuerpo pedía a gritos un descanso; además, podía trabajar desde mi hogar siendo fiel a mi propio ritmo y abriendo espacios para la calidad de experiencias que deseo tener. Me había estado enfermando mucho y fui a realizarme unos estudios médicos. Los diagnósticos preliminares no lucían bien. Era posible que las lesiones en el cuello de mi útero fueran por causa del famoso (por terrible) virus del papiloma humano. Había que esperar los resultados de los análisis y yo estaba que me comía las uñas a causa de los nervios. Literalmente me las comí. Mi mente deambuló por los posibles resultados. Estaba angustiada, pero algo dentro de mí me decía: “Nadir, para estar en paz hay que meditar todas las noches. Medita, medita, medita.”

Renuncié a mi empleo en medio de las acusaciones de locura de la mayoría de mis amigos y de la difícil situación relacionada con mi salud. Decían: “Cómo te atreves a dejar un sueldo fijo en este país de desempleo casi masivo”, “¿renuncias?… ¡si te ha ido tan bien en la editorial!”, “¡estás loca!, ¿y qué harás sin tu empleo?”, “si apenas llevas un año allí”. La verdad es que mi antiguo empleo fue maravilloso. Me gustó aprender a ser editora, disfruté cada uno de los libros que ayudé a “nacer”, el ambiente laboral era muy bueno y motivador pero sentía necesidad de un cambio, una necesidad espiritual. Algo intuitivo me guió y le entregué mi nueva intención al Todo enorme, vasto y mágico que guía mis pasos. El mismo día en que se terminaba mi preaviso laboral, la doctora me llamó para decirme que mis resultados eran buenos. Lo que tenía podía resolverse con un cambio en la alimentación y varios medicamentos. Yo enseguida pensé: “Soy afortunada.” ¡Mi salud estaba bien y el susto no había pasado de ahí!

Unos días después de dejar la editorial, unos ladrones entraron a mi casa y se robaron mi computadora y otras pertenencias. Por fortuna, yo no estaba en casa cuando sucedió el robo y el archivo de este libro estaba guardado en mi correo electrónico. Lo demás se perdió: fotos, textos, recuerdos. Al principio me deprimí, lo admito. Pensé: ¿y ahora qué haré sin mi herramienta de trabajo?, ¿sin los recuerdos que se robaron, regalitos que me había dado mi hijo y otras cosas materiales? ¿Qué significado tiene esto? Lloré mucho. Con los días, al releer lo que ya tenía escrito para Senderos de paz, surgió una nueva percepción de lo ocurrido. A la semana, mi editor me prestó una computadora y comencé a escribir de nuevo. Días después tuve una reunión con mi ex-jefe en la editorial y sucedió algo mágico. MÁGICO con palabras mayúsculas. Cuando le conté lo sucedido, tomó su teléfono, llamó a su asistente y le dijo: “Tráeme una laptop.” Sí, me la obsequió con el sonriente “no faltaba más” que siguió a mi amoroso “gracias”.

Lo sucedido, una vez más, adquiría un nuevo sentido. La vida me demostraba la impermanencia de las cosas materiales y lo valioso de las comunicaciones humanas basadas en la empatía y en el amor (por qué no decirlo si la amistad es amor. ¡No hay otra palabra!) Te cuento mi experiencia para que veas que “siempre que se cierra una puerta, otra se abre”; que, como bien dice la gente, “Dios aprieta pero no ahorca” o “al mal tiempo buena cara”. Yo soy el vivo ejemplo de que las SINCRONÍAS suceden, las he experimentado infinidad de veces. Siempre trato de vencer el miedo y recibirlas con los brazos abiertos, sean buenas o malas. Si me preguntas si volvería a vivir todo lo que me pasó te respondería que por supuesto. Lo que he vivido es parte de lo que soy, pero no soy toda yo. El secreto está en descubrir lo que ya sabes, que lo bueno y lo malo son caras de una misma moneda. Si quieres vivir la vida con intensidad, tienes que probar las dos caras. No hay de otra. ¿Quieres ser libre o seguirás sufriendo eternamente?

Este libro se ocupa de algunos senderos que te guiarán hacia la paz, esos caminos que eliminarán el sufrimiento de tu vida. Escribo estas páginas con la absoluta certeza de que hemos vivido hasta el cansancio cosas parecidas y que aquello que mis lectores me contaron en el blog y lo que yo he vivido te ayudará a DESPERTAR. No importa si no entiendes por completo algunas partes de este libro. Yo tampoco entendía ni un comino cuando comencé a leer sobre el despertar, la iluminación, la felicidad, la física cuántica y el budismo Zen, pero seguí leyendo y leyendo. Ahora ésos son mis libros de cabecera y también los llevo conmigo a todas partes: al metro, a la playa, en el avión, en los cafecitos donde leo los domingos en el parque México. Vuelvo a ellos cada vez que estoy intranquila pero también cuando me cosquillea la panza de felicidad.  ¿Estás listo para este regalo increíblemente bueno?

 

*Adelanto del libro “Senderos de paz” de Nadir Chacín cedido por la Editorial Santillana, Sello Alamah, publicado en el 2008.

 

 

 

El Colgado en el tarot: para sobrevivientes conscientes

Acepto la espera mientras sea inevitable, aprovecho las pruebas que me impiden actuar para crecer internamente. Reconozco la necesidad de ver las cosas de otra manera. Igualmente, reconozco la complementariedad humana, todos necesitamos de alguien, alguien necesita de mí. Ahora me esfuerzo por cuidarme y protegerme, sabiendo poner límites sin causar dolor. Reconozco cuánto valgo y me quiero tal cual soy.
Marianela Ramírez, afirmación para El Colgado.

¡De regreso! Hoy les traigo a un personaje importante del tarot: El Colgado, el arcano mayor número 12. En estos tiempos en que se acerca el mes del amor, el día de los enamorados y demás, es una carta muy reveladora. Indaguemos…
el-colgado-rider-whiteUn hombre joven pende boca abajo colgado de un tronco, está sujetado a él por un pie. La otra pierna la tiene doblada por detrás de la rodilla, sus piernas hacen la forma de un cuatro. En el mazo Rider-White, está vestido con una especie de medias rojas y una prenda azul holgada, lleva en la cintura un cordel como si fuera un cinturón. El azul representa la profundidad, la sabiduría, la eternidad, lo espiritual; y el rojo, la carne, las pasiones, el deseo sexual, la rabia, el ejercicio del poder: el mundo de la materia. La superposición del azul sobre el rojo indica que El Colgado da prioridad (está dando) a los asuntos espirituales sobre los materiales (pensamientos, cuerpo, ideas, objetos materiales). Sus zapatos son amarillos como su aura, representan el acto de  poder caminar, de avanzar en dirección hacia la iluminación, y el saber por dónde caminar.
En algunos mazos (Marsella, Wirth y Visconti-Sforza) el joven pende del pie izquierdo, mientras que en otros (Rider-White) lo hace del pie derecho (1). El tronco que lo sostiene, a veces es un solo tronco horizontal (Rider-White), pero a menudo vemos dos columnas verticales  que sostienen a este tronco horizontal en otros mazos (Marsella y Wirth). Esas columnas verticales, troncos, también tienen 12 ramas cortadas, 6 en cada tronco, el número doce de este arcano. En el mazo Visconti parece que está sostenido por un arco, una especie de rectángulo sin un lado, el inferior.
El joven se encuentra en estado apacible, no sufre por estar colgado así: de cabeza. Parece un conformista, pero no lo es. Conformarse no es lo mismo que aceptar, El Colgado acepta su situación. En todos los mazos el joven tiene las manos detrás de la espalda, dando la idea de que está amarrado. Allá en lo oculto, en lo invisible (inconsciente), están sus amarras, ocultas de sí mismo y de los demás. Su sujeción no es real sino imaginaria, viene del mundo de las ideas, de su mente.
el-colgado-marsellaPosee un aura amarilla (el color del discernimiento) alrededor de la cabeza (Rider-White), representa la iluminación, también es la característica propia de los iniciados. ¿Iniciados en qué? se preguntarán. El colgado es una persona “atrapada”, algo le impide actuar. Las circunstancias lo someten a una prueba, pero como esas circunstancias las ha creado él o ella para sí mism@, también es un sacrificio voluntario. El colgado se sacrifica a sí mismo de alguna forma. Su entorno puede que le detenga momentáneamente, parece que está estancado, pero El Colgado decide tener los ojos bien abiertos (como se aprecia en todos los mazos), decreta que podrá estar aparentemente quieto, pero está haciendo un trabajo interior. Es una carta prometedora, el aura implica que tiene las herramientas para salir de su situación. Sale de ella no como cualquiera saldría de una crisis, agobiad@, herid@, rendid@ sino profunda y significativamente victorios@, más que victorios@… TRANSFORMAD@.
La actividad brutal y arrasadora que se produce en los tiempos de EL Colgado es interna no externa. Afuera todo parece quieto, estancado, sin movimiento: ¿muerto? Adentro de esta persona sucede una revolución, un “darse cuenta”, una revelación… la vida palpita. Logra ver cosas sobre sí mism@ que no había alcanzado a entender hasta ahora, todo se mueve pero por dentro, las piezas del rompecabezas de la vida se van armando en su cabeza, van adquiriendo sentido (o va descubriendo que ya lo tenían pero que no lograba verlo). Es una interrupción creativa la que está viviendo (siempre que acepte lo que le pasa, si no acepta sufre y se siente descontrolad@, deprimid@).
el-colgado-wirthEl Colgado representa la figura del péndulo en reposo, cuelga pero no se mueve de un lado ni del otro, ya se movió mucho y ahora está buscando el equilibrio. Aceptándolo. Ya lo logró o lo está logrando. Comienza a ver hacia adentro, su revelación es ésa: descubrir su maravilloso (y a veces aterrador) mundo interno. Su transformación le obliga, como si se tratara de una fuerza irrefrenable, a cambiar sus valores superficiales y materiales por unos espirituales, profundos, VIVOS. El reposo, su aparente inmovilidad, nos indica que ha alcanzado o está alcanzando la atemporalidad, desligarse del paso del tiempo. No es casual que a El Colgado le siga el arcano de La Muerte, número 13. (Mientras hago mi propia versión de La Muerte pueden leer otras interpretaciones aquí: 1, 2 y 3.)
El Colgado si simboliza algo es a la paradoja. Revela cómo la vida se contradice a sí misma en muchas formas. Te demuestra que el sentido común es el menos común de los sentidos. La vida es un contrasentido con sentido te susurra esta carta al oído. Paradójico… ¿no? La palabra viene del latín paradoxum, se construye del prefijo para que significa “contrario a”, “alterado” y doxa, opinión. La paradoja como tema es recurrente en las filosofías y religiones de todo el mundo. Es condición también de lo humano en tanto que somos animales simbólicos.
Es inevitable la comparación, El Colgado me recuerda a Simón Pedro, Simón Bariona, mejor conocido como el apóstol San Pedro. Es uno de los doce apóstoles, discípulos de Jesús, según el Nuevo Testamento. La historia cuenta que San Pedro fue crucificado boca abajo en los tiempos de Nerón, así murió. Dicen que Pedro pidió ser crucificado así por no creerse digno de morir como Jesús. Para mí, significa la actitud de aquél que lleva la contraria (o cree que lo hace), la imagen del eterno subversivo que se sacrifica por una causa. La subversión en nuestra carta del tarot es más bien interna, en el mundo íntimo de la persona. El orden al cual reaccionas y te opones viene de adentro, en otras palabras, implica ser subversivo hacia la parte impositiva de uno mismo, hacia el ego. San Pedro simboliza al iniciado en tanto que le llevó la contraria al común de la gente de su época, era considerado “un loco”. “Los locos” viven y se alimentan de la paradoja.
el-colgado-viscontiEl Colgado -como Jesús y San Pedro- está relacionado con la letra Tau (muy simbólica), la última del alfabeto hebreo, es nuestra T del castellano. La cruz que conocemos es una variación de la T. Los troncos de los que cuelga este personaje también tienen forma de T. El mismísimo colgado en su tronco adquiere una posición en T. La Tau es un símbolo-letra muy fuerte.
Se dice que San Francisco sanaba heridas y enfermedades trazando la letra Tau sobre los dolientes que se le acercaban, de igual forma colocaba el signo sobre las paredes y  en los sellos con que cerraba sus cartas. Es un signo de protección muy antiguo, en el Libro de Ezequiel (Viejo Testamento) ya se decía que Yahvéh (Dios) llamó entonces al hombre vestido de lino que tenía la cartera de escribano a la cintura, y le dijo: “Recorre la ciudad, Jerusalén, y marca una tau en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se cometen en ella. Y a los otros oí que les dijo: Recorred la ciudad detrás de él y herid. No tengáis piedad, no perdonéis; matad a viejos, jóvenes, doncellas, niños y mujeres hasta que no quede uno. Pero no toquéis a quien lleve la tau en la frente”. No matáis al iniciado, diría yo. Debió ser un símbolo de Dios, de la protección de Dios. Quizá un símbolo de consuelo, en términos católicos. De salvación.
Las religiones tienen sus términos enredados, pero más allá de ellas y antes de ellas, estaban los significados arquetípicos que se les asignan a los símbolos. El Colgado, entonces, más que un hombre inútil y paralizado que cuelga de cabeza, es un sobreviviente atento, consciente. Sobre-viviente. Una mujer o hombre que vive “sobre”, “más allá de”, “por encima”. Sobrevivir del latín supervivĕre. Es vivir después de la muerte de otra persona o después de un determinado suceso. La persona que hoy muere con la lectura de El Colgado eres tú mism@, el suceso determinado es la consciencia que tienes de haber muerto en ti. Suena paradójico, lo es, pero la iluminación implica la muerte de todo eso que hasta hoy pensabas que eras tú. Luego de esa muerte queda la nada en el sentido filosófico de la palabra. Es el Sunyata de los budistas. Lo carente de realidad, sin entidad, lo que no es, lo insustancial, lo deshabitado, lo vacío, la vacuidad, la vaciedad.
La cualidad de lo vacío te ha sido revelada. ¿Y esa cualidad cuál es? Todo está vacío, sin una realidad independiente. Todo lo que existe en este planeta, incluso tú, está relacionado y es interdependiente, y la aparente pluralidad de individualidades es un carácter ilusorio de nuestra existencia.
¡Abraza voluntariamente tu condición de colgad@! Y luego muévete a lo que sigue, en el momento oportuno.

(1) En el lado izquierdo del cuerpo según la psicología de la Gestalt se reflejan las relaciones familiares más significativas, padre, madre, hermanos, hijos. En el derecho se muestran las sociales: pareja, amigos, vecinos, compañeros de trabajo. El pie representa el apoyo, el equilibrio, el soporte de la vida. En El Colgado y en la tarea que éste implica conviene revisar por qué pie se está colgado. Qué relaciones necesitan afianzarse, de quienes necesitas apoyo o entender algo sobre ellos, o sobre lo que conservas en ti de esas personas, la diferencia entre lo que crees de ellas y lo que realmente son. El trabajo es tuyo, no de ellos, la relación con estas personas hay que trabajarlas dentro de ti mism@.


Ofrecer la otra mejilla

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Ser espiritual, ser religioso, no significa que dejes que te violenten y que luego -además- pongas la otra mejilla. No se trata de eso. Ser espiritual significa Despertar. Salir del sueño, de la realidad falsa y de tu yo falso: el ego. Estar consciente de que en la vida has creado una forma de ser que oculta lo que realmente eres. Ser espiritual implica perder el miedo, rascarle a esa capa superficial y dejar que surja tu YO sagrado e inmutable que ha permanecido oculto.
Las personas que viven así son más conscientes de lo que necesitan, quieren y desean. También tienen más herramientas emocionales para dirigir su vida hacia aquello que les produce placer. El verdadero placer es el encuentro con uno mismo: la reconciliación interna. No con los demás sino contigo, de ti para contigo.
En ese camino de tratar de estar despierto el mayor tiempo que puedas durante un día, a veces vivirás situaciones violentas. Ante esas situaciones la persona que es consciente y que ha seguido un sendero espiritual (o lo está aprendiendo) no reacciona ante lo que sucede, sino que actúa. Es diferente, reaccionar que actuar. La reacción es algo visceral, casi instintivo, el actuar viene matizado por el estar presente, por no engancharte con la actitud insana y totalmente insconsciente de los demás. Esa es la diferencia.
No se trata de poner la otra mejilla y dejar que te sigan “pegando”, que sigan ejerciendo el poder sobre ti, no se trata de vivir situaciones violentas y quedarse inmóvil. Paralizado(a). Entregado(a) al destino. No.
La persona que está consciente ACTÚA, si tiene que decir que NO, ante algo que es violento o que l@ violenta de alguna forma, dice NO. Con vehemencia dice NO. Un NO contundente, más no reactivo.
Asimismo el despertar está relacionado con escoger a las personas con las que compartes tu vida y tus espacios, rodearse de personas que te alimenten, que estén buscando ser mejores personas y estar más conscientes, igual que tú. La convivencia con otras personas DESPIERTAS hace que tú estés más consciente.
La iluminación o el estar presente es contagioso, produce cambios en los demás. Apesar de ellos mismos incluso. Pero… (siempre hay uno) no seas un MÁRTIR, tampoco se trata de ofrecer y entregar tu vida a los demás en detrimento de tu propia persona. Las personas espirituales se QUIEREN y cuidan a sí mismos, mucho, se dan mucho amor y saben establecer límites. Saben decir NO cuando su integridad física o emocional está siendo amenazada. Amar a tod@s y dar es VITAL. Es algo hermoso que te cambia la vida, es cierto. Pero el mundo no necesita más mártires sino PERSONAS DESPIERTAS. CONSCIENTES. Personas completas no amputadas ni anestesiadas, metafóricamente hablando. Defenderse no es pecado ni es una actitud poco espiritual, al contrario, las personas tienen que aprender a poner límites y a defenderse CUANDO SEA NECESARIO. La sabiduría está en saber discernir cuándo es necesario y cuando no, cuando es una reacción y cuando no. Lee “La Nueva Tierra” de Tolle, lee “Senderos de Paz”. Indaga sobre la vida de quienes han cambiado el mundo…  QUE LE HAN DADO LUZ… indaga… SABIO, SABIA. Una cosa que me fue muy útil para saber la diferencia entre acción y reacción (la que aún aprendo todos los días) fue leer sobre la Madre Teresa de Calculta, Osho, Buda, Eckhart Tolle, Carlos Fraga, Anthony Robbins, Dyer… y descubrir el mundo interior de las personas que curan a otros. Aprender sobre la curación como acto.
Aprende también a decir NO,
T.R.

Cómo descubrir el propósito de tu vida #sersiendo

ManosYPlanta_NadirChacin

Yaneli, una de las lectoras del blog me hizo esta pregunta que se muestra en el título, creo que todas/todos hemos pasado por momentos donde no sabemos qué queremos, ni para dónde vamos ni qué es lo que venimos a hacer a este mundo. Es un sentimiento súper genuino y además más común de lo que se piensa o acepta públicamente. **Para este post he tomado información del capítulo 9 del libro “Una nueva Tierra” de Eckhart Tolle, así que si pueden leerlo directamente será mucho mejor para ustedes.**

¿Qué significa propósito?

El diccionario de la Real Academia Española dice que Propósito (Del lat. proposĭtum) significa:
1. m. Ánimo o intención de hacer o de no hacer algo.
2. m. Objeto, mira, cosa que se pretende conseguir.
3. m. Asunto, materia de que se trata.

Como puedes ver esta definición está más orientada al Hacer que al Ser. Utiliza las palabras “hacer” o “no hacer”, “objeto”, “conseguir”, “materia”, todas vinculadas con el mundo de lo físico, de los pensamientos, emociones y cuestiones terrenales. De allí que el 99% de las personas pensemos que nuestro propósito vital es hacer o no hacer determinadas cosas. Uno de los primeros pasos para que la angustia no se adueñe de ti cuando tienes dudas sobre lo que deseas y quieres en determinado momento de tu vida es entender más allá de las palabras lo que implica descubrir -y sobre todo vivir- propósitos.

Tolle nos habla sobre dos tipos de propósitos que aunque relacionados e inseparables, son distintos: el propósito interno y el propósito externo. También les llama primario y secundario respectivamente. El propósito externo tiene que ver con los que hacemos y el propósito interno con lo que somos, con el Ser. El verdadero propósito y por tanto el primario es el interno, que no es otra cosa que el estado de consciencia en el que vivimos. Este autor nos invita a reconocer que para las personas existen estos dos tipos de propósitos, y que la dicha humana está ligada a la consonancia o congruencia entre ambos propósitos durante el transcurso de la vida.

El propósito interno es común en todos los humanos, todos buscamos el despertar, un estado de consciencia más presente, más sano y menos atormentante. Es el propósito de la humanidad como especie y también es el propósito del Todo, del Universo, de la Inteligencia cósmica. El despertar es cuando estás en paz y te sientes bien contigo mismo, es cuando tu vida fluye apesar de los tropiezos, todos buscamos eso y compartimos este tipo de propósito. En cambio, el externo es particular, individual, cada persona buscará hacer cosas diferentes e incluso éstas variarán con el tiempo.

La base del éxito verdadero radica en lograr el propósito interno, porque los que basan su éxito en el propósito externo terminarán por acumular cosas materiales, prestigio o estatus haciendo mucho esfuerzo, teniendo dedicación, pero “su carrera” terminará traduciéndose en sufrimiento tarde o temprano. El propósito externo siempre depende del paso del tiempo, está atado a él irremediablemente, entonces atarse al propósito externo es atarse al tiempo.

Como el propósito interno está relacionado con el despertar, veamos qué significa despertar. Despertar es un cambio de consciencia en el cual logras separar tu pensamiento de tu conciencia. Tu pensamiento como actividad mental incesante pasa a segundo término, ya no domina tu vida ni la dirige, sino que está al servicio de tu consciencia, al servicio de ti mismo, de tu Ser. También al despertar se le llama la consciencia sin pensamiento o Presencia, así con P mayúscula. La otra característica del despertar es que es un proceso, no es algo que puntualmente logremos, sino que las personas lo adquieren gradualmente y así, poco a poco, se incorpora en todas las áreas de la vida y las transforma.

No es posible dar recetas para encontrar el despertar, tampoco tenemos que hacer algo específico para merecérnoslo, le puede suceder a cualquiera en el momento menos pensado. Usualmente las personas que han logrado entrar en ese proceso lo describen como un estado de gracia, un instante mágico, en el cual las personas se dan cuenta de lo que están pensando y logran mantenerse alertas separando sus pensamientos negativos de lo que son como personas, es decir, tienen consciencia del pensamiento sin ser parte de él. Por esta razón a esas personas “despiertas” también se les llama observadores conscientes.

Para aclarar la idea, hagamos un ejercicio de visualización. Imagina un mar tranquilo en el cual pones unas barquitas a flotar. ¿Ya lo imaginaste? Ok. El mar es tu consciencia, vasta, pacífica, y las barquitas son tus pensamientos. El mar y las barquitas son diferentes, ¿verdad?, están separados, por más que las barquitas se muevan de lugar, flotando, o las pintes de rosa o de azul, estén nuevas o viejas, sucias o limpias, cargadas de cosas o vacías, el mar siempre está tranquilo y tú puedes manipular las barquitas a tu conveniencia. Así se da el despertar, cuando despiertas logras ver esta separación y permaneces como el observador consciente de las barquitas (tus pensamientos), las puedes ver, reconocer, saber y describir su estado (¡sí la barquita es azul y está full de cosas!). Cuando te suceda reconocerás el cambio de consciencia dentro de tí, te darás cuenta -en una situación específica- lo que estás pensando, por ejemplo, “Juan (o María) abusa de mi cuando se le antoja y eso me da rabia”.

Las letras de Tolle son el eco de reflexiones más profundas de millones de pensadores, científicos y místicos anteriores a él, también nos acompaña dulcemente a personas comunes como tú y yo que en algún momento de nuestras vidas hemos sentido una Revelación momentánea al notar la separación entre nuestros pensamientos (propósito externo) y lo que somos realmente: consciencia expandida (propósito interno). A veces dura más, otras menos, pero sientes que en ese momentillo sagrado de paz contigo mismo lo más importante que puede sucederte como ser humano ya te ha sucedido.

Tolle en su libro relata una anécdota sobre uno de los científicos más prodigiosos de la historia que me encantó. “Einstein dijo: deseo conocer la mente de Dios, lo demás son detalles”. Añade Tolle, posteriormente, “y ¿qué es la mente de Dios? Conciencia. ¿Qué significa conocer la mente de Dios? Estar conscientes. ¿Cuáles son “los detalles” a que se refiere Einstein? Los detalles son el propósito externo y lo que quiera que suceda en el plano externo de tu vida.”

Trataré de explicar con mis palabras lo que interpreto de las reflexiones de Tolle.

El propósito interno, como está orientado a lo que somos como personas, no tiene que ver con metas ni con acciones, sino con el estado en que estás contigo mismo mientras vives la vida cotidiana, planeas lo que deseas hacer y lo haces. El propósito externo son precisamente esas metas y las acciones que te propones para alcanzarlas. Entonces el meollo del asunto es vincular ambas cosas y jerarquizar, crear propósitos externos que se conecten con el propósito interno, que necesariamente es y será el PRIMARIO, la motivación de todo, TODO lo que haces.

En palabras más sencillas primero tienes que SER para poder HACER y sentirte feliz. Si sólo HACES sin SER o pones el HACER antes del SER podrás tal vez hacer muchas cosas y tener logros exitosos pero la felicidad no la tendrás y la paz menos. Cuando descubres tu propósito interno en tí (que te recuerdo no es sólo tuyo, sino que TODOS lo compartimos: el despertar), el propósito externo se redimensiona, se carga de sentido y de poder espiritual, y una de las razones por la cual eso pasa es que te sintonizas con un propósito más grande, el impulso evolutivo y armónico del Universo y de la especie humana. Digamos que ya no estás solo, sola, somos todos que estamos conectados con la fuerza sanadora del mundo, la fuente inagotable, la mente grande, Dios o como desees decirle.

El propósito de mi vida, por ejemplo, es escribir de la forma más sencilla que pueda sobre lo que plantea Tolle y lo que he experimentado. Ahora que estoy haciendo esto y estoy aquí en casa escribiendo, mi propósito es éste: escribir y comunicarte lo que siento. Apenas termine y pase a hacer otra cosa, esa nueva cosa será el propósito de mi vida. A lo mejor te resulta demasiado esotérico o espiritual, pero la verdad es que la mayoría de tus crisis tienen de fondo esta pregunta: ¿cómo dar sentido a mi vida?

Resulta que la vida cotidiana, la del mundo externo (yo le digo “condiciones de vida”) no tiene sentido, tú se lo das, eso sólo es posible cuando todo lo que decides en este mundo del día a día tiene como motivación tu yo espiritual, tu yo sagrado, tu SER. El propósito interno es ese, respetar a tu yo sagrado, y ¿cómo se hace eso?, pues estando consciente y viviendo intensamente tu presente mientras lo vives. Si yo estuviera escribiendo estas líneas y estando en casa, pero al mismo tiempo quisiera estar en Europa con mi novio tomándome un té, no estaría aquí ni estaría conectada con lo que estoy haciendo y sobre todo no estaría Siendo mientras te escribo. Mi capacidad para estar en cada letra que escribo y en cada acto que hago hoy y ahora es lo que le imprime sentido a lo que hago, digamos que de mi estado de PRESENCIA en el ahora, en el YA de este momento que vivo, emanan mis actos (escribir y leer) y mis metas (comunicarte con amor lo que siento).

Creo que la clave está en el asunto de la variable Tiempo. Normalmente se cree que tener un propósito es tener una meta en el futuro y eso sólo es parte de la historia. ¿Qué pasa entonces? Hay un paso del tiempo que es cronológico y que tiene que ver con tu agenda, el transcurso de las horas en tu reloj y demás marcadores habituales del tiempo. Eso está bien, así funcionamos el día con día, somos operativos, pero a nivel psicológico nosotros convertimos el avance de ese tiempo en el calendario en un problema porque queremos buscar la plenitud en el futuro donde no es posible hallarla. La plenitud está en el presente, en la negación del tiempo. La negación del tiempo sucede cuando consideramos que el propósito de nuestra vida está en lo que somos y hacemos mientras somos, en dicha negación también se conectan el propósito interno y el externo. Cuando negamos el tiempo, negamos el ego, la idea falsa que tenemos sobre nosotros mismos, y nos acercamos más a lo que realmente somos.

Cuando realizas una actividad y pones toda tu atención en lo que estás haciendo, se genera un poder impresionante porque estás todo tú en eso que haces. La calidad de lo que haces aumenta, se redimensiona y adquiere sentido.

Cuando lavas los platos el propósito principal es lavar los platos y el propósito secundario es tenerlos limpios para cuando vuelvas a comer. Cuando vuelvas a comer y tomes el plato que ya limpiaste, tomar el plato limpio será ahora tu propósito principal. Digamos que el propósito primario será el eje que rija tu vida y luego irás construyendo cosas hacia afuera, metas y actos que vayan en concordancia con eso que eres, que realmente eres.

El propósito externo siempre está relacionado con el tiempo, no puede ser de otra forma, no existe sin el tiempo. Entonces si tú crees que tu propósito externo es lo más importante y lo vuelves tu única prioridad te vuelves esclavo de tu agenda y estás todo el tiempo viviendo un tiempo que no existe: el futuro (o el pasado).

¿Cómo saber si tu propósito surge o emana de lo que eres? ¿Si tu propósito es un propósito interno?

Si mientras estás haciendo algo o en una situación específica te sientes angustiado o en tensión estás guiándote por el propósito externo y lo has convertido en lo primario para ti, así de fácil. A veces me he cruzado con personas que me confiesan que lo que más desean en la vida es estar tranquilos y en paz y la verdad ¡ese deseo les dura tan poco!, hasta el siguiente atracón de tráfico, hasta la siguiente llamada de teléfono con malas noticias en el trabajo, o hasta el siguiente desplante del enamorado o enamorada. Entonces yo les pregunto: ¿realmente lo que más deseas es estar en paz?

Es más fácil verlo en otros que en nosotros mismos, pero cuando me he pillado en esa actitud me hago la misma pregunta: ¿Realmente mi propósito es estar en paz? ¿Por qué esta situación está siendo más importante que mi paz? Estas preguntas me devuelven al presente, me regresan a mi paz y me regresan la paz, respiro y pongo atención a mi presente reforzando mi deseo con unas sabias palabras que repito: “hoy decido estar en paz pase lo que pase”.

Algunos sentirán esta propuesta como una receta para ser mediocre. La verdad es que la vida de todas las personas incluso la tuya está hecha de pequeñas cosas cotidianas, todas, también la de Buda, la de Cristo y la de Einstein eran así. Hay personas que pasan toda su vida haciendo planes para ser Grandes, para ser exitosos y todo lo que hacen al final del día no les da paz y se sienten vacíos. La verdadera grandeza está en respetar y celebrar los detalles del presente en el momento presente, cuando están sucediendo. El momento presente siempre es sencillo, simple, pero es más grande que el futuro y el pasado porque en el presente estás y vives, y en él está el poder: el mayor de los poderes. ¿Cuál es ese poder? El poder es evitar la equivocación de olvidar nuestro propósito principal: ser feliz y estar en paz. El poder reside en no alejarnos de nuestro presente.

Cuando conoces a alguien que te gusta y decides comenzar una relación tienes dos opciones excluyentes, una, te entregas al misterio del enamoramiento y lo vives sencillamente en cada instante que vivas, o dos, te alejas emocionalmente del otro y te quedas con el concepto mental de lo que (supuestamente) es una pareja mientras compartes con él o ella. Muchas parejas se relacionan así a través de conceptos mentales, porque viven en el pasado de la relación o en el futuro de la misma, nunca habitan sus presentes como personas ni el presente de su relación amorosa. Por eso las parejas terminan sufriendo y se vuelven esclavos del tiempo. La única manera de vivir el amor es en el presente, no hay otra. Cualquier cosa que sea diferente a esto no es amor, es sólo costumbre, unir propósitos externos con alguien compatible o algo así, pero esa pareja nunca será feliz ni estará en paz. Lo mismo pasa con las personas individualmente. El propósito primario es estar en paz, el secundario todos los planes que tengan juntos y por separado.

Una amiga que estaba pasando por una situación dificil con su pareja me dijo una frase que aún me retumbra en los oídos. Yo le pregunté que qué les pasaba como pareja y ella me respondió con un profundo y sentido: “se nos olvidó que nos amábamos”. Parece una frase simple, pero es muy, muy profunda. A veces en el afán por hacer todo bien y en la inercia de dejarse llevar como autómatas a las parejas se les olvida su propósito principal: amarse con los ojos bien abiertos, celebrar la interacción consciente entre dos humanos. Eso está relacionado con el propósito primario de la vida, estar consciente y vivir el presente. Vivir el presente es amarse a uno mismo y amar al otro, es amar la vida también. Puede que como individuo y como pareja, en relación con un otro u otra, tengas muchos planes, pero sin en la búsqueda de esos planes se te olvida VIVIR EL PRESENTE DE MANERA CONSCIENTE ten por seguro que sufrirás. Lo mismo ocurre con las carreras profesionales.

Todo futuro que planees terminará generándote dolor y sufrimiento si tu momento presente no tiene calidad. El éxito no es algo que se alcance, sino algo que se tiene. No se trata de no tener planes, eso está muy bien, y si sabes “a dónde vas” también está genial, el tema es que si mientras vives sólo piensas en lo que vendrá, el momento del hoy “pasa bajo la mesa”, pasa a ciegas para ti, es decir no lo estás viviendo. Hay que lograr ambas cosas dándole las prioridades que son, el presente sí existe, así que te toca vivirlo primero de manera muy atenta y dedicada, el futuro aún no existe así que por ahora es tan sólo una idea, una “cosa” secundaria. Secundaria no significa que no tenga valor o que tienes que borrar el futuro de tu vida, no al contrario, dale su lugar, pero en segundo lugar no en el primero.

Lo más curioso del asunto es que cuando tienes las prioridades bien ordenadas, el propósito externo se va alineando con el interno y un buen día sabes con certeza que es lo que debes hacer, qué pasos tienes que seguir. Surgen en ti. La mayoría de las veces cuando descubres tu propósito interno resulta que lo haces identificando primero qué es lo que no te gusta, lo que te saca de quicio en tu presente, lo que te hace sufrir. Es más fácil descubir qué es lo que no te gusta de tu vida, aquello que es incompatible con la vida que realmente quieres para ti. Otras veces la vida te pone en el camino del amor hacia ti mismo a través de eventos inesperados y generalmente muy muy fuertes, dolorosos.

A mí me pasaron tres cosas fuertes casi juntas: me pusieron cámaras de video en mi departamento y me estaban espiando, luego casi me secuestran en un taxi y me lancé del coche en plena marcha y casi me mato, posteriomente uno de mis “médicos” de turno casi me viola. Todo eso pasó en cuatro meses, casi seguido. Parece una película de acción pero no lo es. Yo me preguntaba: ¿qué es lo que la vida me está queriendo decir? La crisis por lo vivido me llevó a dejar mi carrera académica que era muy prometedora, luego a ponerme a escribir literatura, a trabajar como editora y eso me condujo a escribir “Senderos de paz”, mi primer libro de autoayuda. Definitivamente después de lo que viví ya no creo en las casualidades, creo que la vida cuando eres terca/o y no quieres vivir tu presente, te manda eventos -del tipo cachetadas- para ver si despiertas de una buena vez. Para otros el cambio de conciencia es distinto, simplemente cambia el cómo hacen las cosas y no lo que hacen. Digamos que continuan lo que han estado haciendo pero lo hacen de forma más consciente y eso les da paz, una paz que no tenían antes haciendo exactamente lo mismo.

Cuando hayamos logrado descubrir y ser fieles a nuestro propósito interno, el que compartimos todos los seres humanos, lograremos un poder mucho más grande que el que podemos tener cada uno por separado. Esa es la razón por la cual nuestro propósito es el mismo, es el propósito de la raza, de la especie, del Universo, del Todo, de Dios.
Ese día, la humanidad completa dejará de sufrir. La buena noticia: ¡el cambio de consciencia mundial, ya ha empezado.

Nadir Chacín
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“Una de las diferencias más impresionantes entre un gato y una mentira, es que el gato sólo tiene siete vidas.”
Mark Twain