Etiquetado: éxito

Felicidad = Infelicidad #sersiendo

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Comparto esta cita de un artículo de E. Tolle, me emocionó leerla. ¡Es una liberación total tener claro esto!

«El Buda enseñó que incluso la felicidad es dukkha, una palabra pali que significa “sufrimiento” o “insatisfacción”. Es inseparable de su contrario. Esto significa que su felicidad e infelicidad son de hecho una sola cosa. Sólo la ilusión del tiempo las separa. Esto no es ser negativo. Es simplemente reconocer la naturaleza de las cosas, de modo que no persiga una ilusión por el resto de su vida. Tampoco es decir que no debería apreciar ya las cosas o condiciones placenteras o bellas. Pero buscar en ellas algo que no pueden dar -una identidad, un sentido de permanencia y de realización- es una receta para la frustración y el sufrimiento.» Eckhart Tolle

Nadir Chacín
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¿Cuáles son tus prioridades? #sersiendo

Ejercicio amoroso | Viene bien escribir en un papel lo que es el éxito para una/o misma/o en los diferentes ámbitos de la vida, no sólo el profesional. No hablo del concepto de éxito de los demás, sino el tuyo. Y luego te lanzas a escribir en una lista TUS prioridades basadas en TU concepto de éxito. El resultado de este ejercicio es contundente. A menudo gestionamos las prioridades de la vida sin pensar realmente en nosotros mismos. Insólito…

Elige lo que de verdad te importa. Elegir lo que es realmente importante en tu vida es un gran paso, así podrás dedicar tus esfuerzos y tu tiempo a eso. Y si no sabes qué es lo que más te importa, aléjate un rato de dónde estás: tómate un día del fin de semana (o un par de horas) FREE fuera de tu ambiente habitual. Repítelo c/tanto hasta que puedas escucharte a ti misma/o sin interrupciones, sin opiniones ajenas. Vete a un parque o a la naturaleza, eso siempre ayuda a tener + claridad. Ya casi se termina el año, es hora de hacer inventario de lo vivido y de los deseos personales para reinvertarse (amorosamente). No olvides regalarte mucha compasión en este proceso. No pasa nada si no descubres ya qué es lo que + te importa. ;) Date el chance.

Nadir Chacín @nadirchs
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¡Que el desempleo no te haga knock out!

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya sé, te sientes de la fregada, también sé que dices o piensas “no sé que más hacer”, “a nadie le interesa lo que hago”, “quiero irme a donde nadie me conozca”, “no valgo nada”, “mejor sola/solo que mantenida/o” y un largo etcétera. Reflexionemos sobre el núcleo psicológico del desempleo como experiencia temporal de vida. Léase bien: temporal.

El trabajo remunerado te permite obtener dinero y a la larga se transforma en un terreno que genera referencias con sentido para tu Yo. ¿Y qué pasa? Quiere decir que tu Yo se va alimentando de tus éxitos laborales, de tu desempeño como profesional o en el oficio que tienes, y es así como se da un proceso de mimetización entre el Yo y tu oficio. ¿Eso es malo? No y sí. No, porque el sentirte identificada/o con lo que haces te da sentido y orden, y alcanzar esa estructuración psicológica te ha sido muy útil hasta hoy. Y sí es malo, porque resulta que tú no eres solamente tu rol laboral, eres mucho más. Mucho. ¿Por qué se te olvida esta sencilla verdad? ¿Por qué se nos olvida?

Generalmente los humanos no invertimos igual cantidad de energía, cerebro y corazón en construir una identificación también consistente y poderosa con otro tipo de éxitos. La mayoría tampoco trabaja en darle un sentido a su vida que vaya más allá de la vida material, del Hacer o el Tener. Por ello cuando el empleo escasea las “cuestas” se sienten mucho más empinadas.

El éxito es cualquier logro personal que te haya dado alegría y al cual puedes recurrir como respaldo psicológico cuando la vida no te está sonriendo. El éxito no solo se mide en términos profesionales, sino en resultados más íntimos y emocionales como los relacionales o los de mejora de tu personalidad.

El éxito relacional tiene que ver con la forma en que te vinculas con el resto de las personas. Un éxito relacional podría ser que te estés comunicando mejor con tus seres queridos o que hayas logrado una forma de poner límites en tus relaciones amistosas. Eso es un éxito relacional, involucra a otras personas y es totalmente ajeno al desarrollo y éxito laboral. Este tipo de éxitos también merecen la pena y atesorarlos es muy sano en tiempos de vacas flacas.

Otro tipo de éxito tiene su escenario en algunos rasgos de tu personalidad, esos que ya has logrado cambiar, mejorar o que estás ahora trabajando en ellos. ¡Bien por ti! Estos logros son mucho más íntimos que los anteriores. Incluso puedes no compartir verbalmente tu logro con nadie, puede ser algo muy tuyo. Hay distintos ejemplos de estos éxitos tan valiosos: desde dejar un vicio o rutina que te costó mucho, lograr hacer ejercicio todos los días o notar cuando te estás autosaboteando en algo y remediarlo a tiempo.

No solemos celebrarnos a nosotros mismos por estos éxitos emocionales y psicológicos ¿por qué? Son éxitos del corazón. Son la mera esencia del bienestar individual y colectivo. En los periodos difíciles es sabio no olvidarlos y empeñarte en alimentarlos y celebrarlos cada vez que puedas. Si es a diario: mejor. Ser una persona genuinamente rica, disfrutar de la abundancia y la prosperidad, tiene más que ver con tu capacidad para humanizarte (volverte un humano más sensible, feliz y satisfecho) que con tu carrera hacia la deshumanización (estrés, preocupaciones, competencia, baja autoestima).

Algunas personas cuando están temporalmente desempleados se olvidan de esos otros aspectos de su vida… todo se vuelve gris si actúas así. Créeme: es mucho más complejo de verdad mejorar algún rasgo de tu personalidad que encontrar empleo. Hay humanos que tienen empleos u oficios que les dejan harto dinero y no pueden mantener una conversación armoniosa con nadie, ni con sus hijos. No se trata de elegir alguna de las dos cosas, no son excluyentes, pero tampoco se trata de volver miserable toda tu vida porque ahora estás temporalmente sin empleo. Siempre hay salidas, siempre. Y aunque las vacas estén por ahora esqueléticas no hay nada que pueda opacar el éxito rotundo que implica lograr una constructiva relación contigo misma/o.

Acciona tu búsqueda de empleo, activa tus redes de contacto y muévete. Sí, insiste, pero no olvides en el camino que eres un ser integral, polifacético, diverso, y no un humano que nació exclusivamente para el empleo. Valora todos tus logros, todos, no menosprecies ninguno, y ese empleo bien remunerado que necesitas llegará más rápido.

Toda la abundancia para ti. ¡Feliz lunes!

Nadir Chacín

Click para más información Cuarto Encuentro del Círculo Humano, sábado 29 de enero 2011, 11 am, Parque México, Col. Hipódromo Condesa, México D.F. Tema: El amor en el siglo XXI. Tendremos  como invitado especial a Javier Castellanos, antropólogo especialista en Género y Terapia de Reencuentro.

Creencia falsa 8: “Si vas a hacer algo, hazlo lo mejor que puedas”

Ésta es de todas las creencias falsas la que más me angustia, quizás porque ha sido el emblema de mi familia durante décadas. Recuerdo que mis padres me decían que a ellos poco les importaba que yo vendiera hot dogs, estudiara filosofía o administración, pero lo que sí me pedían era ser la mejor en lo que hiciera, que diera todo de mí. Aparentemente, suena muy benigno el asunto, digo todos los padres quieren orientar a sus hijos y motivarlos, pero la verdad es que esta frase encierra una poderosa trampa.

Lo primero es lo primero, a veces resulta que aquello que te gusta hacer no es lo que mejor se te da y, por si eso fuera poco, también pasa que se te dan cosas que no te gustan. La otra cosa algo complicadilla – tratada en el texto anterior- es saber qué te gusta y para qué eres hábil, sobre todo en ciertos momentos de la vida no es tan sencillo saberlo con certeza. La pregunta más importante de todas es: ¿qué quiero hacer… qué me gusta realmente?

Cuando creces con esta sentencia de “si vas a hacer algo, hazlo lo mejor que puedas”, generalmente se produce un efecto “enloquecedor”, cuando haces algo te pones a evaluar si lo estás haciendo lo mejor que puedes, te ataca el síndrome de la perfección, y entonces viene la frustración, porque sin duda siempre hay una forma mejor de hacer las cosas, por otro lado, cada quién considera que la mejor forma es tal o cual y a los ojos de los demás quizás la forma que una elige no sea la mejor. La reflexión profunda acerca de las vocaciones y las necesidades personales ayuda a poner las cosas en su lugar y empezar por una misma, es decir, concentrarte en qué es importante para ti y aprender a valorar tu propio ritmo y tiempo: tu singular forma de hacer tus cosas.

Mi mamá siempre dice una frase que leyó en alguna parte “hay 1.000 formas diferentes de lavar los platos y todas están bien, lo importante es que a la persona que la use le funcione”, creo que es una afirmación contundente. Poco importa la habilidad, si tu vocación es pintar y eso te hace feliz aunque tus obras no sean como las de Picasso o Frida Khalo, eso qué importa, pinta, ¡PINTA! Los grandes maestros decían que su trabajo dependía el 1% de la musa y 99% de la sudoración, lo que significa que para conseguir realizar algo que deseas simplemente hay que trabajar en ello, dejarse ser en lo que se hace, no juzgar tu trabajo y dedicarte a hacerlo con toda la pasión que te movilizó a tal oficio, el resultado y la técnica perfecta son lo de menos.

Cuando no se está con el síndrome de la perfección uno es más libre y cuando se es libre también se es más uno mismo y entonces se crea un espacio para la verdadera creación, la que vienen de adentro de uno mismo: la que nace del deseo. Las crisis de vocación de los últimos tiempos están relacionadas sin duda con esta creencia porque una empieza a investigarse no desde el deseo de hacer algo sino desde la habilidad de hacer algo y desde su conveniencia, y la mayoría de las veces ese conocimiento sobre tus habilidades y la pertinencia del tal o cual oficio… no viene de ti misma sino de afuera. Tu padre dice: “pero hija si eres buenísima para las matemáticas”, tu vecino te comenta “niña, explota ese don, es pecado que lo tengas y no lo hagas” y tu madre “¿poeta?, te vas a morir de hambre por Dios”. Pues yo digo, qué don y qué don por favor, si yo no quiero sacar cuentas toda mi vida…. importa un comino si tengo don para los números. Recuerdo cómo Pinkola describe de bien este dilema en Mujeres que corren con los lobos. Nosotras, las mujeres, con el paso de los años terminamos haciendo un millón de cosas que nada tienen que ver con lo que queremos, es como estar en el metro a la hora pico y sin tu querer ser arrastrada a entrar en un vagón cuando lo que quieres es esperar el próximo. A veces uso la frase “que paren el mundo que me quiero bajar”, creo que refleja muy bien esa sensación egotista de habitar un mundo ajeno que de repente te tocó vivir, pues no, la verdad es que vives lo que decides vivir y ya es hora de recuperar el deseo y hacer lo que quieres.

La modernidad (especialmente en las ciudades) impone una forma de vivir que es sicótica, apurada, frenética, caray… resulta que ya no se tiene tiempo ni para ver una flor, ni un amanecer ni para disfrutar una simple ducha matutina (ni hablar del buen sexo sin horarios ni rutinas prefijadas). En este desenfreno resulta que nos queda complicado detenernos y replantear la vida a cada tanto. Hacer las preguntas filosóficas necesarias: ¿me gusta lo que hago?, ¿qué quiero hacer?, ¿estoy feliz y satisfecha por la manera en que vivo? Sin el espacio para la reflexión no más no se puede decidir el camino, sabes, preguntarte como dice Castaneda: ¿este camino que estoy recorriendo tiene corazón?

Estas ideas de perfección se cuelan en todo y casi siempre se las aplicamos a las relaciones de pareja… ¿qué tengo que hacer para tener más, para dar más, para recibir más, para que sea perfecta mi relación?… en cambio casi nunca nos preguntamos: ¿estoy bien en esta relación, es lo que deseo? y ¿él desea una relación conmigo? Creamos un ideal, el cuento color rosa del matrimonio o el noviazgo, a la love story. Así queremos que sea porque si es así es perfecto y yo puedo, tengo que dar lo máximo de mi, y querida resulta que a veces te empeñas en dar y dar sólo por decir: lo logré, conseguí la perfección, no quiero otro fracaso, no se puede cambiar de planes a mitad de camino, hay que terminar lo que se comienza y así. Cuando eso pasa, lo que guía tu actitud y las cosas que decides no es tu deseo profundo sino tu necesidad de aprobación, tu necesidad de triunfo, tu narcisismo, tu ego.

El amor es un sentimiento hermoso y está bien que desees tener una relación de pareja con ese ser que tanto amas, pero lo más importante es el sentimiento, tenerlo dentro, poderlo sentir, compartirlo, y no que las cosas se den como tú las quieres y al ritmo apresurado del mundo moderno. Casi por costumbre, el que ama busca la perfección, crear un mundo perfecto junto al ser amado. Es el sentimiento que desencadena el enamoramiento, pero la realidad es que es algo aprendido culturalmente y por eso no te cuestionas nada de lo que haces, sientes o crees.

El amor no posee a nadie ni a nada, la condición básica para el amor legítimo es la no posesión, tu libertad y la del otro al que amas. El que ama libera y se libera y la única forma de poderlo experimentar es dejar ser al amor en total libertad, sin etiquetas, sin limitaciones, sin prenociones acerca de la perfección. Parece que toda mujer espera a su príncipe azul, todo hombre desea bajar a la princesa de la torre y salvarla, estos clichés de las películas son aprendidos y permanecen en el inconsciente colectivo de manera fuerte, arraigada, casi inamovible. Pero no son una sentencia si logras revisarlos y colocar antes que ellos tus deseos más profundos. Amar y ser amada… querida que te amen en lo que eres, ama al otro en lo que él es…. y no a través de los clichés, no evalúes tu relación en función de los medios masivos de comunicación ni de las historias urbanas ni de la relación de tus padres.

El deseo de hacer algo o el que se siente por alguien generalmente está a flor de piel, está encima de las capas de la famosa cebolla pero creemos que está debajo porque nos la pasamos piensa que te piensa. Reconocer el deseo es ver un menú de un restaurante y decir hoy se me antoja un banana split o cuando alguien pasa su mano sobre tu cabeza y todo tu cuerpo dice…. “uhmmmm me gusta la sensación”. Las crisis se producen por la “intelectualización” del deseo, por tratar de cernir tus deseos con el tamiz de la mente y evaluarlos sólo con tus pensamientos… a eso siempre se le añade la cosa de qué es lo que me conviene, qué es lo perfecto… y la mezcla resulta mortal, fatal, porque el deseo termina casi moribundo dentro de tantas convencionalismos y sentencias.

En muchas ocasiones lo mejor no es lo más tuyo, lo que más te significa. Pensar que debieras hacer y pensar “lo mejor” es una perfecta tumba para tu esencia personal, para tu deseo. Puede que a veces coincida tu deseo con lo mejor para los demás o lo mejor que dice la sociedad, si es así, pues no te produce conflicto y estás bien, pero si te angustias es porque requieres de soltar ese asunto de “lo mejor” y dedicarte a ver qué es lo que realmente deseas, date tu tiempo, no hay apuros, es una tarea importante así que hazla con calma, disfrútala y reconoce que no todos somos iguales ni tenemos el mismo ritmo ni tiempo, así que manos a la obra: busca y encuentra tu deseo, sí, allí está no se ha muerto, querida.

TU DESEO ES MUY FUERTE, ES COMO LAS FLORES TERCAS QUE CRECEN ENTRE LAS RUINAS.
Nadir

Creencias falsas:

Soy lo que tengo y lo que hago.

Lo externo a mí tiene la culpa de mis condiciones de vida.
Ser un(a) soñador(a) es malo, lo mejor es ser realista.

Somos sólo esta existencia física, lo material: nuestro cuerpo, nuestras ideas y emociones.

Estamos solos, solas, y somos diferentes de los demás.

Es bueno ignorar a la gente negativa que se me acerca y a las cosas negativas que me pasan.

Es malo no saber para dónde vamos, la que no tiene metas en la vida es un(a) fracasado(a).

El famoso si vas a hacer algo, hazlo lo mejor que puedas.