Etiquetado: guayabo

¿Mal de amores? (3º parte) #sersiendo

Esta serie de posts sobre el mal de amores empezó en el mes de marzo del año 2007. Muchas aguas han corrido bajo el(mi) puente desde aquel momento, literal y metafóricamente. Dado el éxito de los anteriores posts he decidido profundizar más en el tema. Puedes leer los anteriores posts aquí: 1º parte y 2º parte.

1

El mal de amores, el guayabo o el despecho son palabras del habla común que describen el sentimiento que nos aqueja cuando pasamos por la ruptura de una relación de pareja. Digo sentimiento y no emoción, porque el mal de amores es un estado de ánimo afectivo, generalmente de larga duración, que es el producto de una gama de emociones muy amplia y que a veces resulta caótica y contradictoria: tristeza, rabia, nostalgia, envidia, odio, amor romántico, aversión, alegría, frustración, agitación, miedo, etc.

El sentimiento de despecho se siente como un des(pecho), como si te estuvieran sacando sin anestesia las costillas, el diafragma y las diferentes partes de tu cuerpo que te sirven para respirar. Cuando tenemos mal de amores todo nos cuesta, porque nos cuesta vivir o seguir viviendo sin la persona que creemos valiosa e insustituible.

El proceso de sanación de una ruptura amorosa es diferente para cada persona. Sin embargo, creo que mi método de curación ritualizada (ampliamente probado) le puede ser útil a cualquiera que esté pasando por esta dolorosa experiencia. El método tiene varios pasos, los puedes hacer en el orden en el que los escribiré o como mejor puedas hacerlos. No estamos para ponernos exigentes. El orden de cómo lo hagas no es importante, la clave está en que te entregues a lo que estás leyendo/haciendo. Ríndete. Deja de luchar para que tu presente sea de otra forma. ¡El presente es como es, te guste o no te guste! Respira profundo y manos a la obra.

Paso 1: Tocar fondo

Toma lápiz y papel. Busca un lugar donde puedas estar tranquila/o sin que te interrumpan y que tengas privacidad. Escribe una descripción de los hechos como si tú fueras uno de los policías de CSI y la relación con él/ella fuera el cuerpo de una persona asesinada. ¿Cuál fue la causa de muerte de su historia amorosa? Escríbelo todo, de forma muy pormenorizada, detallada, haz memoria… Llora si lo necesitas, pero saca toda esa mierda_maravillosa para afuera.

Describe la relación en sí y lo que sucedió. Describe el cómo tú viviste esa relación y también el cómo te sentías durante la ruptura (pasado). Describe cómo te sientes ahora (presente) al recordar la ruptura (pasado). No te fijes ni en la ortografía ni en la redacción ni en nada de eso, simplemente escribe: “derrama” todo lo que viviste sobre el papel. ¡Si te sirve de ayuda escucha la música + triste que encuentres en Spotify!

¿Cuándo lo/la conociste? ¿Cómo? ¿Quién sedujo a quién? ¿Cómo empezaron a salir? ¿Cómo te sentías en aquel momento de los inicios de la relación? ¿Cómo decía que se sentía él o ella? ¿Cómo era la sexualidad entre ustedes? ¿Tenían proyectos e intereses en conjunto? ¿Cómo era la comunicación? ¿Cuándo empezó a cambiar la relación? ¿En qué se convirtió? ¿Qué necesidades no satisfechas tenías en esa relación? ¿Cuáles necesidades no satisfechas decía él o ella que tenía en su relación contigo? ¿Disfrutabas de su compañía? ¿Qué pasaba cuando peleaban por algo? ¿Qué los distanciaba?

Este primer paso sirve para que si aún no has “tocado fondo” lo toques de una buena vez. Cuando termines de escribir la historia de la relación amorosa con tu ex, léela con calma. Calma. Date un espacio para sentir, para drenar… abrázate a ti misma/o… Llora. Reléela cuantas veces lo necesites… y cuando estés lista/o di con convicción y en voz alta: “Este es un momento de sufrimiento. Lo acepto tal y como es” y quema el papel. Cuando el (puto) papel esté ardiendo reflexiona sobre el hecho de que nada dura para siempre. Al igual que se terminó la relación con tu ex, el sufrimiento que sientes ahora también pasará. Todo está en constante cambio, tú también. Esa es la única verdad que necesitas entender ahora y aquí.

Paso 2: Reconocer la/mi locura

Cuando experimentas la impermanencia en carne propia y te permites sentirla (o rendirte ante ella) sin desplegar la reactividad típica de tu mente egotista, tus condiciones de vida se convierten en el gurú más lúcido que puedas tener como maestro. Tus condiciones de vida tal y como son ahora.

La locura más profunda es resistirte a algo que ya es. ¿Te das cuenta que es como tratar de atajar las gotas de lluvia y lanzarlas hacia el cielo esperando que las nubes las retengan nuevamente? Eso es imposible.

Nadie puede evitar que algo que está cayendo caiga sólo porque sí o porque es lo que necesita. El mundo externo no gira para beneficiarte a ti, pero tampoco para lastimarte. Simplemente gira, cambia, se mueve. Tu resistencia mental a la situación presente y la construcción de historias mentales es la locura que te está produciendo más sufrimiento y es totalmente evitable, eso sí es evitable. Lo que estás viviendo es doloroso, lo sé, pero sufrir y sufrir y sufrir no hará que tu relación de pareja vuelva a ser como antes o que tu ex regrese. Ese sufrimiento (secundario) añadido sí está en tus manos resolverlo, porque lo produce tu propia mente en su estado de inconsciencia habitual.

Si logras observar cómo funciona tu mente cuando estás gobernada/o por tus condicionamientos del pasado o tus expectativas sobre el futuro, notarás que la mayor parte del sufrimiento que ahora sientes lo has creado tú misma/o al resistirte a lo que te está pasando y al no aceptarlo. Todo lo que sube, tiene que bajar. Así funciona esto del amor romántico, es una ilusión. El verdadero amor, a diferencia del amor romántico, no pasa del amor al odio en un segundo, nadie puede odiar lo que ama, son incompatibles esas emociones. Si odias a quien amas, no es amor lo que sientes sino amor romántico. Cuando las relaciones de pareja se vuelven un drama es porque ambas personas están atrapadas por la idea del amor romántico que nos venden en las películas. No han desarrollado su estado de conciencia (“awareness”) lo suficiente para darse cuenta de la locura que están creando juntos, mundo exterior, y por separado cada quien en su mundo interior.

Como bien escribió E. Tolle en su libro “El poder del ahora”: “La alegría del Ser no tiene causa”. La felicidad es un estado transitorio porque depende de tu valoración subjetiva sobre lo que estás viviendo, la paz interior no. La paz interior puede convivir con la situación que sea. ¿Cómo sabes que estás inconscientemente perpetuando tu sufrimiento? Porque estás sufriendo, así de fácil. Si sufres es porque el ego está dirigiendo tu vida. La buena noticia es que al 90% de las personas nos pasa lo mismo. Sentir culpa no arreglará nada, pero tratar de observar tus patrones mentales y también tus resistencias internas a salir del drama, eso sí puede ayudarte.

Cuando te haces cargo de tu drama personal y dejas de echarle la culpa a tu ex o a quien sea, es decir cuando te observas con atención a ti misma/o, sólo observando, sin refunfuñar, sin apegarte a tus contenidos mentales, empezarás a sentir un poco de libertad y podrás realmente elegir qué hacer con todo lo que te pasa ahora. Las personas controladas por su inconsciencia oridinaria no pueden realmente elegir, están siendo sometidas por sus aprendizajes anteriores, son esclavas de su pasado.

Seguiré escribiendo los siguientes pasos en unos días. Espéralos. Te sugiero que leas la analogía de las dos flechas (Sallatha sutta) y veas los vídeos de esta lista Repensando el amor

Feliz (o como quiera que sea o esté siendo) Navidad. ¡Namasté!
Nadir Chacín
Visítame en Facebook y Twitter


“-Me pregunto si he cambiado en la noche. Déjame pensar. ¿Era la misma persona cuando me levante esta mañana? Casi pienso que puedo recordar sentirme un poco diferente. Pero si no soy la misma, la siguiente pregunta es ¿quién soy en el mundo? ¡Ese es el gran rompecabezas!” Lewis Carroll, en “Alicia en el país de las maravillas”


logo_82Te invito al Barcelona Mindfulness para Mujeres Meetup, un grupo para todas las mujeres interesadas en la meditación y el cultivo de mindfulness (atención plena) en Barcelona. Hacemos encuentros presenciales para aprender y practicar estas poderosas herramientas de autogestión de la salud y del estrés.

El segundo principio (Adelanto del libro “Senderos de paz”)

Portada
Portada

 

 

EL SEGUNDO PRINCIPIO

Un discípulo, que entraba en la vía del Zen,  le preguntó a su maestro:  —¿Cuál es el primer principio? —Si te lo dijese —contestó el maestro—, sólo sería el segundo principio.

¿Cómo estar en paz? ¿Qué necesito para estar en paz? ¿Por qué me siento intranquilo, intranquila? Tal vez mis preguntas existenciales te recuerden a las tuyas, las que haces en tu cabeza a cada instante. A mí me han acompañado durante toda la vida y, siempre que creí haber encontrado respuestas, surgían nuevas inquietudes y formas de no estar en paz: una y otra vez. Preocupada por mi constante intranquilidad –y reconozco que también para desahogarme– abrí un blog en Internet titulado Ser siendo por Taika Ramé que se convirtió poco a poco en un sendero, un camino que, sin quererlo, fui recorriendo y todavía recorro hacia adentro de mí misma.

Al abrir el blog decidí escribir sobre mis sentimientos e ideas –al inicio utilicé un seudónimo, Taika, y luego revelé el nombre Nadir, mismo que le pusieron mis padres a este cuerpo–; deseaba sacarme el sufrimiento, pensaba que del exterior llegaría una mano amiga y salvadora que me rescataría del pozo donde me había metido. Estaba pasando –entre otras cosas– por “un ataque de mal de amores crónico”. ¿Quién no ha pasado por uno? Seguro que también tienes tu lista. ¿Cierto?

El tiempo fue pasando y, poco a poco, por la magia de Internet, algunos lectores igual de ansiosos que yo, llegaron a mis letras pidiendo ayuda y consejos. Pensaba a diario cómo poder ayudarlos si yo estaba tan asustada, tan llena de resentimientos con la vida: ¿qué puedo darles si estoy repleta de miedos? Algo vieron ellos en mí, no sabía qué, pero mis palabras les reconfortaban. Estas personas crearon un vínculo conmigo y su búsqueda de paz generó un cambio en mí: una transformación. Nuestros encuentros nos generaban paz compartida, fluida, amigable. Todos estábamos mejor; así, de forma repentina, con sólo intercambiar historias y drenar el dolor. A diario revisaba sus comentarios. A veces subía posts (notas) para distraerme y no hundirme en la depresión absoluta. Así fui leyendo mi vida y mis angustias en los relatos de mis lectores y, con la magia que produce verse reflejado en la vida de los otros, sus mensajes me cambiaron al mismo tiempo que mis letras los cambiaban a ellos. Qué bueno es sentirse apoyado, ¿verdad?

Me sentí útil ayudando y también me sentí acompañada. Notaba que no estaba aislada, que no era sólo una “loca desquiciada” que se sentía mal: yo era también “algo” más. A lo mejor éramos puros locos platicando pero, por momentos, ¡éramos loquitos felices! Nuestro secreto estaba en esos momentos de felicidad. ¿Cómo hacer para repetirlos voluntariamente? Advertí que ellos también buscaban respuestas y que mis angustias –antes únicas y mías– se repetían constantemente en las angustias de un sinfín de seres humanos; sí, teníamos un hecho en común: todos sufríamos y no sabíamos cómo dejar de hacerlo.

En años anteriores al blog había pasado por muchas indagaciones en busca de las causas de mi malestar: cinco años en psicoanálisis (lacaniano) y en dos tipos diferentes de psicoterapias, una maestría en Reiki Ho, diferentes tipos de medicinas alternativas y también muchas, muchas pastillas alopáticas. Probé incluso con el esoterismo y con la ciencia, expertos en el tarot, técnicas chamánicas, videncia y lecturas de la mano (hasta escuché acerca de la podomancia, pero no me atreví). Leí infinidad de libros de filosofía, teología, neurociencias, autoayuda y superación personal, y aún sentía ese pesar en el alma. Me sentía hundida, atrapada en el dolor. Había probado TODO, según yo, y ni así conseguía estar en paz conmigo misma. Regresaba seguido a esos momentos con mis lectores del blog pues ¡ahí estaba la solución! Pero, ¿cuál era realmente? ¿Cómo funcionaba? Senderos de paz nació en medio de una fuerte decisión de vida, una más, estaba dejando mis estudios de doctorado en antropología y decidí probar con lo que siempre había querido hacer: escribir literatura. Esa decisión de apostarle a mi deseo de ser escritora no llegó de manera suave. Fue la consecuencia de varios eventos desastrosos que me empujaron a una depresión fuerte y, luego, a un salto creativo.

Había pasado por una ruptura de pareja muy dolorosa; cuando (al fin) me mudé sola y lograba recuperarme, descubrí que un vecino desconocido me espiaba en mi propia casa con unas cámaras de video. Fue muy fuerte. Me sentí invadida en mi intimidad y totalmente vulnerable. (Fue un Big Brother a la fuerza, ¡yo no había dado mi consentimiento!) Viajé lejos en plena Navidad –un acto desesperado para olvidarme de lo sucedido y regocijarme en el abrazo amoroso de mi familia–, pero durante mi viaje intentaron secuestrarme en un taxi y tuve que saltar del auto en marcha. Sufrí lesiones graves en cuello y columna, y regresé a México con un collarín y mi entendimiento deshecho. ¿Por qué? ¿Qué he hecho para merecer esto? ¿Por qué todo me pasa? me preguntaba al mirarme al espejo con un HORROROSO e incómodo cuello artificial que me sostenía la cabeza. ¡Es aterrador cuando el espejo te regresa tu imagen y no te gusta! Como las lesiones no sanaban con las medicinas alopáticas y ya no soportaba los dolores, fui a ver a mi antiguo “huesero”, a refugiarme en su ayuda y en sus conocimientos. ¡Deseaba tanto que él me curara! Sin saberlo, estaba a punto de verme involucrada (¡una vez más!) en la locura humana: el sujeto en quien estaba depositando la mejora de mi salud trató de abusar sexualmente de mí. Por fortuna, o quizá porque me guía una fuerte intuición, alcancé a huir de su casa luego de una escena desagradable… y seguí haciéndome las mismas demandas desesperadas, una y otra vez: ¿Qué pasa en mi vida? ¿Por qué me suceden tantas, tantas cosas malas?

Acudí a la universidad harta, cansada y en pleno ataque de locura a renunciar a lo que hice durante los últimos once años de mi vida: investigación en antropología. Me di de baja temporal del doctorado y regresé a casa con una sensación de alivio y una angustia enorme, todo a la vez mezclado: sufrimiento + locura. Más locura que sufrimiento, diría yo ahora. Urgida por salvarme, me inscribí en un taller de creación literaria y viví en el mismísimo “limbo” emocional durante un año y medio, con el dinero que me dejó la venta de mi casa en Venezuela. Los pesos se agotaban rápidamente y yo seguía perdida en mis propios pensamientos y angustias. Escribí muchos cuentos de ficción, eso sí, pero seguía debatiéndome en mi cabeza: ¿estaré haciendo lo correcto o no? Deseaba saber si al abandonar el doctorado había salido del caos o sólo me metía en uno nuevo. Cómo se extraña que alguien te diga: ¡vas bien, sigue adelante! Es muy doloroso sentirse como un barco sin rumbo. No sabría decir –y la verdad es que no importa mucho– en qué momento algo se despertó en mí. Sé que los conocimientos y, principalmente, las experiencias se fueron acumulando hasta que llegué al punto de no retorno. Era imprescindible decidir qué quería HOY: ¿vivir o sobrevivir?

Yo le aposté a la vida, estaba harta, HARTA de sólo sobrevivir.

De repente, lo vi todo claro. ¡La LUZ se hizo! ¡Allí estaba! Sí, era cierto, no estaba alucinando: la magia se acumulaba a diario en mi blog, en el intercambio colectivo de historias de la vida real. Supe, sin duda alguna, que parte de la respuesta a todas mis preguntas estaba allí: “En el increíble poder de la comunicación amorosa entre dos personas.” Debía seguir ese camino y encontrar cosas nuevas. El sufrimiento se transformó en dolor. No voy a decirte que las cosas ya no me duelen; claro, hay cosas que me duelen todavía, pero la manera en que aprendí (y me enseñaron mis lectores) a reaccionar frente a mis pensamientos, emociones y percepciones me ha dado más libertad. Mi secreto para sentirme libre fue… Antes de explicarte cómo logré más libertad permíteme contarte lo que me pasó mientras escribía este libro. ¡Quedarás deslumbrado! Sucedieron tres cosas, diferentes en esencia, pero que se “amalgamaron” para darme una misma lección.

El último año trabajé como editora. Estaba muy a gusto con el oficio pero no tan cómoda con los horarios y la enorme cantidad de trabajo que tenía. Estaba de nuevo metida en una dinámica de estrés y no sabía bien cómo pararla. Analicé mucho lo que quería hacer y me di cuenta de que necesitaba armonía para escribir este libro. Mi cuerpo pedía a gritos un descanso; además, podía trabajar desde mi hogar siendo fiel a mi propio ritmo y abriendo espacios para la calidad de experiencias que deseo tener. Me había estado enfermando mucho y fui a realizarme unos estudios médicos. Los diagnósticos preliminares no lucían bien. Era posible que las lesiones en el cuello de mi útero fueran por causa del famoso (por terrible) virus del papiloma humano. Había que esperar los resultados de los análisis y yo estaba que me comía las uñas a causa de los nervios. Literalmente me las comí. Mi mente deambuló por los posibles resultados. Estaba angustiada, pero algo dentro de mí me decía: “Nadir, para estar en paz hay que meditar todas las noches. Medita, medita, medita.”

Renuncié a mi empleo en medio de las acusaciones de locura de la mayoría de mis amigos y de la difícil situación relacionada con mi salud. Decían: “Cómo te atreves a dejar un sueldo fijo en este país de desempleo casi masivo”, “¿renuncias?… ¡si te ha ido tan bien en la editorial!”, “¡estás loca!, ¿y qué harás sin tu empleo?”, “si apenas llevas un año allí”. La verdad es que mi antiguo empleo fue maravilloso. Me gustó aprender a ser editora, disfruté cada uno de los libros que ayudé a “nacer”, el ambiente laboral era muy bueno y motivador pero sentía necesidad de un cambio, una necesidad espiritual. Algo intuitivo me guió y le entregué mi nueva intención al Todo enorme, vasto y mágico que guía mis pasos. El mismo día en que se terminaba mi preaviso laboral, la doctora me llamó para decirme que mis resultados eran buenos. Lo que tenía podía resolverse con un cambio en la alimentación y varios medicamentos. Yo enseguida pensé: “Soy afortunada.” ¡Mi salud estaba bien y el susto no había pasado de ahí!

Unos días después de dejar la editorial, unos ladrones entraron a mi casa y se robaron mi computadora y otras pertenencias. Por fortuna, yo no estaba en casa cuando sucedió el robo y el archivo de este libro estaba guardado en mi correo electrónico. Lo demás se perdió: fotos, textos, recuerdos. Al principio me deprimí, lo admito. Pensé: ¿y ahora qué haré sin mi herramienta de trabajo?, ¿sin los recuerdos que se robaron, regalitos que me había dado mi hijo y otras cosas materiales? ¿Qué significado tiene esto? Lloré mucho. Con los días, al releer lo que ya tenía escrito para Senderos de paz, surgió una nueva percepción de lo ocurrido. A la semana, mi editor me prestó una computadora y comencé a escribir de nuevo. Días después tuve una reunión con mi ex-jefe en la editorial y sucedió algo mágico. MÁGICO con palabras mayúsculas. Cuando le conté lo sucedido, tomó su teléfono, llamó a su asistente y le dijo: “Tráeme una laptop.” Sí, me la obsequió con el sonriente “no faltaba más” que siguió a mi amoroso “gracias”.

Lo sucedido, una vez más, adquiría un nuevo sentido. La vida me demostraba la impermanencia de las cosas materiales y lo valioso de las comunicaciones humanas basadas en la empatía y en el amor (por qué no decirlo si la amistad es amor. ¡No hay otra palabra!) Te cuento mi experiencia para que veas que “siempre que se cierra una puerta, otra se abre”; que, como bien dice la gente, “Dios aprieta pero no ahorca” o “al mal tiempo buena cara”. Yo soy el vivo ejemplo de que las SINCRONÍAS suceden, las he experimentado infinidad de veces. Siempre trato de vencer el miedo y recibirlas con los brazos abiertos, sean buenas o malas. Si me preguntas si volvería a vivir todo lo que me pasó te respondería que por supuesto. Lo que he vivido es parte de lo que soy, pero no soy toda yo. El secreto está en descubrir lo que ya sabes, que lo bueno y lo malo son caras de una misma moneda. Si quieres vivir la vida con intensidad, tienes que probar las dos caras. No hay de otra. ¿Quieres ser libre o seguirás sufriendo eternamente?

Este libro se ocupa de algunos senderos que te guiarán hacia la paz, esos caminos que eliminarán el sufrimiento de tu vida. Escribo estas páginas con la absoluta certeza de que hemos vivido hasta el cansancio cosas parecidas y que aquello que mis lectores me contaron en el blog y lo que yo he vivido te ayudará a DESPERTAR. No importa si no entiendes por completo algunas partes de este libro. Yo tampoco entendía ni un comino cuando comencé a leer sobre el despertar, la iluminación, la felicidad, la física cuántica y el budismo Zen, pero seguí leyendo y leyendo. Ahora ésos son mis libros de cabecera y también los llevo conmigo a todas partes: al metro, a la playa, en el avión, en los cafecitos donde leo los domingos en el parque México. Vuelvo a ellos cada vez que estoy intranquila pero también cuando me cosquillea la panza de felicidad.  ¿Estás listo para este regalo increíblemente bueno?

 

*Adelanto del libro “Senderos de paz” de Nadir Chacín cedido por la Editorial Santillana, Sello Alamah, publicado en el 2008.

 

 

 

El segundo principio (Adelanto del libro "Senderos de paz")

Portada
Portada

 

 

EL SEGUNDO PRINCIPIO

Un discípulo, que entraba en la vía del Zen,  le preguntó a su maestro:  —¿Cuál es el primer principio? —Si te lo dijese —contestó el maestro—, sólo sería el segundo principio.

¿Cómo estar en paz? ¿Qué necesito para estar en paz? ¿Por qué me siento intranquilo, intranquila? Tal vez mis preguntas existenciales te recuerden a las tuyas, las que haces en tu cabeza a cada instante. A mí me han acompañado durante toda la vida y, siempre que creí haber encontrado respuestas, surgían nuevas inquietudes y formas de no estar en paz: una y otra vez. Preocupada por mi constante intranquilidad –y reconozco que también para desahogarme– abrí un blog en Internet titulado Ser siendo por Taika Ramé que se convirtió poco a poco en un sendero, un camino que, sin quererlo, fui recorriendo y todavía recorro hacia adentro de mí misma.

Al abrir el blog decidí escribir sobre mis sentimientos e ideas –al inicio utilicé un seudónimo, Taika, y luego revelé el nombre Nadir, mismo que le pusieron mis padres a este cuerpo–; deseaba sacarme el sufrimiento, pensaba que del exterior llegaría una mano amiga y salvadora que me rescataría del pozo donde me había metido. Estaba pasando –entre otras cosas– por “un ataque de mal de amores crónico”. ¿Quién no ha pasado por uno? Seguro que también tienes tu lista. ¿Cierto?

El tiempo fue pasando y, poco a poco, por la magia de Internet, algunos lectores igual de ansiosos que yo, llegaron a mis letras pidiendo ayuda y consejos. Pensaba a diario cómo poder ayudarlos si yo estaba tan asustada, tan llena de resentimientos con la vida: ¿qué puedo darles si estoy repleta de miedos? Algo vieron ellos en mí, no sabía qué, pero mis palabras les reconfortaban. Estas personas crearon un vínculo conmigo y su búsqueda de paz generó un cambio en mí: una transformación. Nuestros encuentros nos generaban paz compartida, fluida, amigable. Todos estábamos mejor; así, de forma repentina, con sólo intercambiar historias y drenar el dolor. A diario revisaba sus comentarios. A veces subía posts (notas) para distraerme y no hundirme en la depresión absoluta. Así fui leyendo mi vida y mis angustias en los relatos de mis lectores y, con la magia que produce verse reflejado en la vida de los otros, sus mensajes me cambiaron al mismo tiempo que mis letras los cambiaban a ellos. Qué bueno es sentirse apoyado, ¿verdad?

Me sentí útil ayudando y también me sentí acompañada. Notaba que no estaba aislada, que no era sólo una “loca desquiciada” que se sentía mal: yo era también “algo” más. A lo mejor éramos puros locos platicando pero, por momentos, ¡éramos loquitos felices! Nuestro secreto estaba en esos momentos de felicidad. ¿Cómo hacer para repetirlos voluntariamente? Advertí que ellos también buscaban respuestas y que mis angustias –antes únicas y mías– se repetían constantemente en las angustias de un sinfín de seres humanos; sí, teníamos un hecho en común: todos sufríamos y no sabíamos cómo dejar de hacerlo.

En años anteriores al blog había pasado por muchas indagaciones en busca de las causas de mi malestar: cinco años en psicoanálisis (lacaniano) y en dos tipos diferentes de psicoterapias, una maestría en Reiki Ho, diferentes tipos de medicinas alternativas y también muchas, muchas pastillas alopáticas. Probé incluso con el esoterismo y con la ciencia, expertos en el tarot, técnicas chamánicas, videncia y lecturas de la mano (hasta escuché acerca de la podomancia, pero no me atreví). Leí infinidad de libros de filosofía, teología, neurociencias, autoayuda y superación personal, y aún sentía ese pesar en el alma. Me sentía hundida, atrapada en el dolor. Había probado TODO, según yo, y ni así conseguía estar en paz conmigo misma. Regresaba seguido a esos momentos con mis lectores del blog pues ¡ahí estaba la solución! Pero, ¿cuál era realmente? ¿Cómo funcionaba? Senderos de paz nació en medio de una fuerte decisión de vida, una más, estaba dejando mis estudios de doctorado en antropología y decidí probar con lo que siempre había querido hacer: escribir literatura. Esa decisión de apostarle a mi deseo de ser escritora no llegó de manera suave. Fue la consecuencia de varios eventos desastrosos que me empujaron a una depresión fuerte y, luego, a un salto creativo.

Había pasado por una ruptura de pareja muy dolorosa; cuando (al fin) me mudé sola y lograba recuperarme, descubrí que un vecino desconocido me espiaba en mi propia casa con unas cámaras de video. Fue muy fuerte. Me sentí invadida en mi intimidad y totalmente vulnerable. (Fue un Big Brother a la fuerza, ¡yo no había dado mi consentimiento!) Viajé lejos en plena Navidad –un acto desesperado para olvidarme de lo sucedido y regocijarme en el abrazo amoroso de mi familia–, pero durante mi viaje intentaron secuestrarme en un taxi y tuve que saltar del auto en marcha. Sufrí lesiones graves en cuello y columna, y regresé a México con un collarín y mi entendimiento deshecho. ¿Por qué? ¿Qué he hecho para merecer esto? ¿Por qué todo me pasa? me preguntaba al mirarme al espejo con un HORROROSO e incómodo cuello artificial que me sostenía la cabeza. ¡Es aterrador cuando el espejo te regresa tu imagen y no te gusta! Como las lesiones no sanaban con las medicinas alopáticas y ya no soportaba los dolores, fui a ver a mi antiguo “huesero”, a refugiarme en su ayuda y en sus conocimientos. ¡Deseaba tanto que él me curara! Sin saberlo, estaba a punto de verme involucrada (¡una vez más!) en la locura humana: el sujeto en quien estaba depositando la mejora de mi salud trató de abusar sexualmente de mí. Por fortuna, o quizá porque me guía una fuerte intuición, alcancé a huir de su casa luego de una escena desagradable… y seguí haciéndome las mismas demandas desesperadas, una y otra vez: ¿Qué pasa en mi vida? ¿Por qué me suceden tantas, tantas cosas malas?

Acudí a la universidad harta, cansada y en pleno ataque de locura a renunciar a lo que hice durante los últimos once años de mi vida: investigación en antropología. Me di de baja temporal del doctorado y regresé a casa con una sensación de alivio y una angustia enorme, todo a la vez mezclado: sufrimiento + locura. Más locura que sufrimiento, diría yo ahora. Urgida por salvarme, me inscribí en un taller de creación literaria y viví en el mismísimo “limbo” emocional durante un año y medio, con el dinero que me dejó la venta de mi casa en Venezuela. Los pesos se agotaban rápidamente y yo seguía perdida en mis propios pensamientos y angustias. Escribí muchos cuentos de ficción, eso sí, pero seguía debatiéndome en mi cabeza: ¿estaré haciendo lo correcto o no? Deseaba saber si al abandonar el doctorado había salido del caos o sólo me metía en uno nuevo. Cómo se extraña que alguien te diga: ¡vas bien, sigue adelante! Es muy doloroso sentirse como un barco sin rumbo. No sabría decir –y la verdad es que no importa mucho– en qué momento algo se despertó en mí. Sé que los conocimientos y, principalmente, las experiencias se fueron acumulando hasta que llegué al punto de no retorno. Era imprescindible decidir qué quería HOY: ¿vivir o sobrevivir?

Yo le aposté a la vida, estaba harta, HARTA de sólo sobrevivir.

De repente, lo vi todo claro. ¡La LUZ se hizo! ¡Allí estaba! Sí, era cierto, no estaba alucinando: la magia se acumulaba a diario en mi blog, en el intercambio colectivo de historias de la vida real. Supe, sin duda alguna, que parte de la respuesta a todas mis preguntas estaba allí: “En el increíble poder de la comunicación amorosa entre dos personas.” Debía seguir ese camino y encontrar cosas nuevas. El sufrimiento se transformó en dolor. No voy a decirte que las cosas ya no me duelen; claro, hay cosas que me duelen todavía, pero la manera en que aprendí (y me enseñaron mis lectores) a reaccionar frente a mis pensamientos, emociones y percepciones me ha dado más libertad. Mi secreto para sentirme libre fue… Antes de explicarte cómo logré más libertad permíteme contarte lo que me pasó mientras escribía este libro. ¡Quedarás deslumbrado! Sucedieron tres cosas, diferentes en esencia, pero que se “amalgamaron” para darme una misma lección.

El último año trabajé como editora. Estaba muy a gusto con el oficio pero no tan cómoda con los horarios y la enorme cantidad de trabajo que tenía. Estaba de nuevo metida en una dinámica de estrés y no sabía bien cómo pararla. Analicé mucho lo que quería hacer y me di cuenta de que necesitaba armonía para escribir este libro. Mi cuerpo pedía a gritos un descanso; además, podía trabajar desde mi hogar siendo fiel a mi propio ritmo y abriendo espacios para la calidad de experiencias que deseo tener. Me había estado enfermando mucho y fui a realizarme unos estudios médicos. Los diagnósticos preliminares no lucían bien. Era posible que las lesiones en el cuello de mi útero fueran por causa del famoso (por terrible) virus del papiloma humano. Había que esperar los resultados de los análisis y yo estaba que me comía las uñas a causa de los nervios. Literalmente me las comí. Mi mente deambuló por los posibles resultados. Estaba angustiada, pero algo dentro de mí me decía: “Nadir, para estar en paz hay que meditar todas las noches. Medita, medita, medita.”

Renuncié a mi empleo en medio de las acusaciones de locura de la mayoría de mis amigos y de la difícil situación relacionada con mi salud. Decían: “Cómo te atreves a dejar un sueldo fijo en este país de desempleo casi masivo”, “¿renuncias?… ¡si te ha ido tan bien en la editorial!”, “¡estás loca!, ¿y qué harás sin tu empleo?”, “si apenas llevas un año allí”. La verdad es que mi antiguo empleo fue maravilloso. Me gustó aprender a ser editora, disfruté cada uno de los libros que ayudé a “nacer”, el ambiente laboral era muy bueno y motivador pero sentía necesidad de un cambio, una necesidad espiritual. Algo intuitivo me guió y le entregué mi nueva intención al Todo enorme, vasto y mágico que guía mis pasos. El mismo día en que se terminaba mi preaviso laboral, la doctora me llamó para decirme que mis resultados eran buenos. Lo que tenía podía resolverse con un cambio en la alimentación y varios medicamentos. Yo enseguida pensé: “Soy afortunada.” ¡Mi salud estaba bien y el susto no había pasado de ahí!

Unos días después de dejar la editorial, unos ladrones entraron a mi casa y se robaron mi computadora y otras pertenencias. Por fortuna, yo no estaba en casa cuando sucedió el robo y el archivo de este libro estaba guardado en mi correo electrónico. Lo demás se perdió: fotos, textos, recuerdos. Al principio me deprimí, lo admito. Pensé: ¿y ahora qué haré sin mi herramienta de trabajo?, ¿sin los recuerdos que se robaron, regalitos que me había dado mi hijo y otras cosas materiales? ¿Qué significado tiene esto? Lloré mucho. Con los días, al releer lo que ya tenía escrito para Senderos de paz, surgió una nueva percepción de lo ocurrido. A la semana, mi editor me prestó una computadora y comencé a escribir de nuevo. Días después tuve una reunión con mi ex-jefe en la editorial y sucedió algo mágico. MÁGICO con palabras mayúsculas. Cuando le conté lo sucedido, tomó su teléfono, llamó a su asistente y le dijo: “Tráeme una laptop.” Sí, me la obsequió con el sonriente “no faltaba más” que siguió a mi amoroso “gracias”.

Lo sucedido, una vez más, adquiría un nuevo sentido. La vida me demostraba la impermanencia de las cosas materiales y lo valioso de las comunicaciones humanas basadas en la empatía y en el amor (por qué no decirlo si la amistad es amor. ¡No hay otra palabra!) Te cuento mi experiencia para que veas que “siempre que se cierra una puerta, otra se abre”; que, como bien dice la gente, “Dios aprieta pero no ahorca” o “al mal tiempo buena cara”. Yo soy el vivo ejemplo de que las SINCRONÍAS suceden, las he experimentado infinidad de veces. Siempre trato de vencer el miedo y recibirlas con los brazos abiertos, sean buenas o malas. Si me preguntas si volvería a vivir todo lo que me pasó te respondería que por supuesto. Lo que he vivido es parte de lo que soy, pero no soy toda yo. El secreto está en descubrir lo que ya sabes, que lo bueno y lo malo son caras de una misma moneda. Si quieres vivir la vida con intensidad, tienes que probar las dos caras. No hay de otra. ¿Quieres ser libre o seguirás sufriendo eternamente?

Este libro se ocupa de algunos senderos que te guiarán hacia la paz, esos caminos que eliminarán el sufrimiento de tu vida. Escribo estas páginas con la absoluta certeza de que hemos vivido hasta el cansancio cosas parecidas y que aquello que mis lectores me contaron en el blog y lo que yo he vivido te ayudará a DESPERTAR. No importa si no entiendes por completo algunas partes de este libro. Yo tampoco entendía ni un comino cuando comencé a leer sobre el despertar, la iluminación, la felicidad, la física cuántica y el budismo Zen, pero seguí leyendo y leyendo. Ahora ésos son mis libros de cabecera y también los llevo conmigo a todas partes: al metro, a la playa, en el avión, en los cafecitos donde leo los domingos en el parque México. Vuelvo a ellos cada vez que estoy intranquila pero también cuando me cosquillea la panza de felicidad.  ¿Estás listo para este regalo increíblemente bueno?

 

*Adelanto del libro “Senderos de paz” de Nadir Chacín cedido por la Editorial Santillana, Sello Alamah, publicado en el 2008.

 

 

 

Amar y ser amado #sersiendo

Nota introductoria

En mi búsqueda sobre cómo amar y ser amada decidí ponerme a investigar mientras trato de “accionar” el amor todos los días. Para poder amar hay que ver al amor como un “algo” que requiere no sólo de un flechazo inicial y del enamoramiento sino de conocimiento y esfuerzo, es decir, para amar hay que aprender cómo hacerlo y ponerlo en práctica en la vida (aún sabiendo que algunas veces nos equivocaremos).

Es un constante ciclo entre aprender y practicar como se obtiene la maestría en cualquier cosa, el amor es igual. Amar se aprende amando y también se aprende a través del conocimiento racional, así como estudiamos cualquier otro tema, podemos estudiar el amor. Creo que es un poco de ambas cosas, como todo en la vida, teoría y práctica. El amor es lo que tú creas y lo que ya está creando el Universo para ti.

He visto y experimentado el amor de diferentes modos, porque creo que en la repetición consciente (incluso en la inconsciente), en la búsqueda de las reinterpretaciones y en eso que emerge de improviso se encuentran las claves de la paz y las salidas del sufrimiento. Con riesgo a ser repetitiva (no me importa) regreso al tema del amor en este blog como retorno a él en mi vida cada tanto: con más ganas de amar que miedo a hacerlo.

 

 “Las palabras que son estrictamente

verdaderas parecen ser paradójicas.”

Tao Te King, Lao Tsé

 

“Nos bañamos en el mismo río y,

sin embargo, no en el mismo;

somos nosotros y no somos nosotros.”

Heráclito

 ¿Qué es el amor?

El amor es un arte, una acción que se decide, elige y requiere de una actitud de empatía, consciencia, respeto, esfuerzo, concentración, paciencia, admiración y también es una necesidad, claro, como respirar. Es todo eso simultáneamente. El enamoramiento producto del flechazo sólo se convertirá en amor genuino y compartido si ambas partes deciden y eligen a su contraparte y tienen una actitud personal y recíproca como la descrita arriba.

 

Para mí es más fácil saber lo que algo es sabiendo lo que no es, así que comenzaré por allí. El amor no requiere necesariamente de otro ser humano a quién amar, porque amar es algo que “eleva” a quien lo siente y se permite hacerlo sin esperar nada a cambio y sin sobrepasar los límites personales del amor por uno mismo. El amor es un equilibrio entre darse a uno mismo y dar al otro, a diferencia de lo que normalmente se cree que es “dar y recibir”. El amor es fundamentalmente DAR.

 

En la actualidad las personas creen más importante ser amado que amar y eso crea problemas muy profundos en las relaciones de pareja. El terreno del amor se convierte en una lucha constante por tener el amor del otro, no importa qué tengamos que hacer para ser amado y lograr mantener ese amor el mayor tiempo posible y en la misma intensidad. En el centro de esta manera de relacionarse también existe la idea falsa de que para ser amado hace falta hacer “algo”, es decir, se requiere hacer y tener para ser dignos de amor.

 

Así mismo el amor se ve obstaculizado porque creemos que no hay nada que aprender sobre el amor, que sólo basta con encontrar a quien te ame y a veces a quien a amar, en ese orden. Pareciera que la falta de amor en nuestras vidas tiene una única causa: no hemos encontrado aún a la persona adecuada, la que nos sepa amar tal cual somos. Creo que es mucho más que eso.

 

Pensamos que el amor para que sea amor ha de ser fácil y fluir casi mágicamente, sin esfuerzo, cosa que contradice el aprendizaje de cualquier oficio, arte o interés profundo en los demás ámbitos de la vida. Si queremos amar tenemos que tener la paciencia, la concentración, la decisión y el coraje de quien persigue un sueño y hace todo lo humano posible para alcanzarlo. El amor, sentirlo y poderlo dar, tiene que convertirse en un fundamento de vida, en un imprescindible. Amar tiene que ser una acción antes que cualquier otra “cosa”.

 

El amor, por otro lado, se ha convertido en un “objeto” a obtener en vez de vivirlo como una capacidad humana, dormida o no, pero capacidad al fin de cuentas. Hemos convertido a las personas en objetos, así como se compra un objeto atractivo se trata de “comprar” a una mujer o un hombre. Por eso el afán de conquista y de posesión. Es decir, el premio que se quiere conseguir ya no es un coche o una prenda de marca sino un humano, y el deseo de tener una pareja a como dé lugar se construye desesperadamente y de la misma forma en cómo deseamos una nueva computadora, una bolsa Gucci o cualquier otro bien material. Los cortejos funcionan como intercambios entre compradores y vendedores de mercancías, en ese terreno artificioso y falso es difícil que el verdadero amor surja y se construya.

 

Una persona específica no puede ser para otra un medio para (ser feliz, sentirse acompañado, mejorar su estatus social o económico, lucir un trofeo de carne y hueso, etc.) sino que ambos humanos son finalidades en sí mismas y en reconocer y sentirse conforme con eso está la clave del amor. Por eso para amar importa sentir que uno ya es todo lo que necesita, y que al amar compartimos lo que ya se es con un otro.

 

A veces cuando se está en el camino de saber quién se es se cree que necesitamos “algo” para ser, pero el punto es que eso que somos no se ha ido a ninguno lado ni necesita nada más sólo que esa verdad ha permanecido oculta para nosotros (gracias a la “pensadera” obsesiva y a las ideas falsas sobre nosotros mismos: el ego). Conocerse a sí mismo es precisamente quitar el velo que oculta la verdad y profundizar en ella, ver hacia adentro, tener fe en que se es sin mayores racionalizaciones o explicaciones.

 

El otro asunto es que hemos confundido ser amados con ser populares y con tener sex-appeal, es decir, con la capacidad de atraer la atención y la admiración de otros. Amar es con mucho otra “cosa”, no se trata de llamar la atención o de que los otros piensen bien sobre ti o sobre tu pareja, cuando amas a alguien lo amas en tanto es persona, humano, sin más, sin necesidad de una aprobación social de lo que sientes. En el verdadero amor, poco importa la belleza física o el estatus de alguien en la sociedad. En la vida diaria hay muchas comprobaciones de este hecho, sólo basta con mirar afuera por un rato.

 

El problema es que ese tipo de amor es muy raro, podríamos decir que el 99% de las personas nunca lo hemos sentido y tampoco tenemos patrones a seguir en nuestras familias ni progenitores ni amigos cercanos. De allí que se vuelve una necesidad, casi un must (deber), aprender sobre el amor como se aprende algo nunca antes visto, ni hecho, ni sentido. Hoy en día aprender sobre el amor es tan crucial como practicarlo. En esa unidad creada entre práctica y teoría surge la intuición como capacidad para discernir, como guía vital para ubicar entre muchos caminos el que tiene “corazón”. Un camino con corazón es el que te hace feliz y te llena de paz.

 

El amor es profundamente paradójico, no sigue la lógica ni las racionalizaciones, es tan parecido a la fe. Paradójico quiere decir que poco puede “entenderse” sobre él, siempre se nos escapa. Esta verdad trascendental no es excusa para que no tratemos de aprender cómo amar.

 

La diferencia entre dos personas, una obsesionada con el conocimiento y la otra que es creativa y libre mientras trata de obtener el conocimiento, radica en que la primera creerá que su tarea tiene un final, en algún momento se detendrá y supondrá que ya lo sabe todo, confundirá el conocimiento sobre el amor con el amor mismo. En cambio, la segunda persona, siempre seguirá aprendiendo, de antemano sabe que su tarea no tiene límites porque el amor no lo tiene, sabrá que todo lo que pueda saber sobre el amor no es el amor, así como entiende que todo lo que sabe sobre sí mismo no lo define.

 

El amor y lo que uno mismo es siempre guardarán un MISTERIO, eso es lo más apasionante de ambas dimensiones. Cuando amamos a otra persona realmente, también aceptamos el misterio que es. Si quieres conocer todo sobre él o ella y te obsesionas con eso (celos, manipulaciones, posesividad, etc.) sólo lograrás destruir a quien amas, al amor mismo y a ti. En definitiva, ese tipo de “amor” más que amor por otra persona es una mentira personal, es miedo hacia el misterio propio y no al de la otra persona. Cuando sientes miedo… el miedo es tuyo, es una reacción a algo en ti mismo y no en quién amas.

 

El amor es también un contrasentido porque dos personas que se aman se sienten uno pero sin dejar de ser dos. Para que la condición de amor sano se mantenga se requiere de que coexistan unidad y dualidad en la relación de pareja. Cuando la balanza se inclina hacia la individualidad o hacia la anulación de una persona en pro de la otra, la paradoja muere y el amor con ella. El amor en tanto arte requiere de la paradoja, del contrasentido, del misterio.

 

Para mantener la paradoja, el amor demanda de acción y no sólo de pasión. La acción es activa, hace, mueve, da, cuida. La persona es libre y decide dar, decide amar, decide fusionarse y a la vez mantenerse separada, abraza esa condición de paradoja incluso sintiendo el miedo a la soledad, a la muerte, a no ser amado de la misma forma. A pesar de eso da al otro y se da a sí mismo. Cuando una relación de pareja es movilizada por la pasión (amor pasivo) y la acción se anula (amor activo), el terreno amoroso se vuelve cárcel y las personas que lo comparten marionetas de sus compulsiones inconscientes.

 

Los celos, la envidia, la rivalidad, la competencia, la ambición entre otros sentimientos son parte del amor pasivo (la pasión), el amor activo (la acción) sólo puede darse en LIBERTAD, es un estar que fluye, tiene continuidad sanadora, ¡no es un arranque desenfrenado o un deseo súbito!

 

En el enamoramiento generalmente el sentimiento se vive de forma pasiva y no activa. Sentimos que queremos cambiar al mundo, que el mundo es igual a la persona amada, pero el tema central es traducir eso en acciones. La capacidad de transformar lo pasivo en activo es la clave de la continuidad de la relación, en ese paso de la dualidad inicial hacia la “unidad-doble”.

 

La capacidad para la transformación no es sólo cambios por los mismos cambios, no es sólo cambiar “las cosas” es cambiarlas mientras dejamos que esos cambios se interioricen y nos conviertan en personas más humanas. Creo, sin lugar a dudas, que el amor es algo que nos humaniza, nos vuelve humanos en el momento en que lo sentimos. Y  la verdad es que eso puede hacernos tambalear, porque ser humano también es ser complejo, es ser “algo” irracional al mismo tiempo en que estamos siendo racionales. Ser humanos es ser humanos amorosos, es ser paradójicos.

 

Como el amor no es sólo un sentimiento que nos une a una persona específica, sino una actitud ante la vida, es una orientación de nuestro forma del ver el mundo en que vivimos como totalidad, y no sólo un objeto que se tiene o se compra o una cosa que se hace. El amor cuando es genuino no es algo que se siente por una persona nada más, es una ampliación sin límites, el amante ama a todos, incluso a los que les dan miedo, y con su miedo, ama.

 

El amor es la facultad de “abrazarlo” todo, de “abrazar” a todos, más allá de nuestras propias creencias sobre los demás o sobre nosotros mismos, por eso si lo dejamos el amor puede ser un catalizador muy potente en nuestro crecimiento y entendimiento como humanos. Al amar únicamente al ser amado creemos que es una prueba de la cantidad y de la capacidad de amar, pero en realidad el amor genuino y profundo no puede ser dirigido a una sola persona. Recuerdo un amigo del trabajo que me dijo una frase muy hermosa con respecto a su novia, decía que estaba feliz de amarla a ella, porque junto a ella habría logrado amar más a su familia y sobre todo que ella lo había acercado a Dios. Amar hace cosas milagrosas en uno mismo, que van más allá del ser a quien se ama.

 

Tambalearse, sentirse vulnerable y con miedo mientras se ama, no es en sí mismo algo malo o bueno, simplemente es, pasa, sucede. El punto es qué elegimos hacer con lo que sentimos y también entender un poco que nos pasa realmente, no tiene mucho sentido culpar al ser amado por nuestros miedos, los miedos como el orgasmo es algo muy personal, es responsabilidad de quien lo siente.

 

Cuando el amor se convierte en reclamo hacia otra persona, “necesito que me rescate”, “que me castigue”, “que me aprecie y valore”, “que se siente orgulloso de mí”, y que si me porto mal también “se enoje conmigo”, eso parece más una relación con un padre castigador que con una pareja. Esto viene al caso tanto para hombres como para mujeres, es cuando el rol de los amantes o la pareja queda oculta bajo una relación insana de tipo padre e hijo en nuestra cabeza (en nuestros pensamientos). La relación paterno-filial insana sobrepuesta en la de pareja es el ideal mental, en otras palabras, es el esquema que guía y dirige las decisiones y acciones que tenemos en el amor, pero como el amor de pareja no es paterno-filial, ni puede serlo nunca, todo se enreda y se complica y terminan ambas partes sufriendo.

 

A veces son las mujeres las que se convierten en padres de sus esposos o parejas y a veces son los hombres los que fungen como padres de sus esposas o novias. El rol del padre insano, es un rol castigador, castrador, es el que obliga a cumplir el orden y los esquemas sociales más rígidos, es el ejercicio patológico y obseso del poder sobre otra persona. Como ejemplo de este rol mal llevado están la celotipia, la desconfianza, las amenazas, el manejo del dinero como un arma de poder, incluso el sexo puede ser una herramienta de control sobre otra persona.

 

Hay otra forma de relación que destruye al amor. Es la que tiene como guía la relación insana madre-hijo. La madre en este caso patológico protege, cuida, alimenta, “apapacha”, pero todo en cantidades asfixiantes. Es una madre que de tanto “amor” mal entendido se “traga” y  se “come” a sus propios hijos, los sobreprotege, no los deja ser ellos mismos, les dice cómo tienen que vestirse, comportarse, qué acciones les convienen y cuáles no, es decir es una madre que no deja libertad al hijo, no lo deja realizarse, no lo deja “respirar”. Algunas parejas se relacionan bajo este esquema, también ideático, mentalmente fijo y obseso, en el cual la esposa por ejemplo se vuelve la madre de su esposo o el esposo, la madre de su esposa. Igual pasa entre los amantes y novios. Estos caminos nunca llegan al amor que “se pega al cielo de la boca”, al amor definitivo, a la creación de una relación de pareja sagrada, basada en el respeto y en darle lugar a lo que el otro, a lo que el ser amado es.

 

Pasando a temas más candentes este tipo de relaciones basadas en los modelos citados arriba son un verdadero desastre, nadie quiere tener relaciones sexuales ni con su padre, ni con su madre ni con un hijo o hija. ¿O tú sí? Eso es la tumba de la pasión, de la acción sagrada que puede ser el sexo, y además deja culpas, malos entendidos y baja la libido. Una persona que no ha podido resolver esta forma insana de relacionarse con el otro sexo por más que practique y aprenda técnicas novedosas en la cama nunca podrá sentirse bien a gusto con su sexualidad ni con su orientación sexual. Porque sí este tipo de modelos generadores de sufrimiento se dan en todas las relaciones incluso en las homosexuales, bisexuales y de cualquier otro tipo donde se unan dos humanos.

 

Entregarse por completo, amar sin miedo, depende de saber canalizar sanamente lo que sentimos hacia el otro sexo o hacia nuestro mismo sexo, también pasa por ver qué de los modelos patriarcales impuestos por la sociedad moderna han quedado “impresos” en nuestros registros mentales, en la forma de viejas y obsoletas creencias, estereotipos cansados. El miedo hacia el otro sexo o hacia el mismo tiene sus raíces en lo que según dice la sociedad “deben ser” las parejas para quien las tiene. Son parte de la esencia de lo que pensamos y creemos los hombres sobre las mujeres, las mujeres sobre los hombres, o los hombres y las mujeres sobre su mismo sexo. Para lograr una relación de pareja sana y feliz hay que revisar esos modelos TODOS, y decidir crear uno propio, subversivo y que tenga más que ver con lo que los amantes quieren y no con lo que dicta una sociedad. La sociedad NO siempre tiene la razón, aunque sean muchos quienes opinan que sí. Me inclino a pensar que la sociedad casi nunca atiende y protege al individuo.

 

El amor NO es satisfacción sexual, tampoco es un parche que nos pegamos en el alma para no sentirnos solos, tampoco es un “equipo” ficticio que elimina a las dos personas para conformar una amalgama que tiene que desear, hacer y querer lo mismo. El amor no puede ser ni es anular al otro y volverse un solo individuo. Un equipo sano de pareja es el que complementa las diferencias, y no olvida que las hay, pero a pesar de eso busca puntos de encuentro comunes, puntos que maximicen lo que ambos son, quieren y desean en una misma dirección amorosa, pero desde el respeto y la empatía.

 

Entonces ¿cómo se logra amar? Amar se logra con ESFUERZO, con DISCIPLINA, con AUTOCONOCIMIENTO. Se logra integrando la vida, es decir, siendo disciplinado en todas las fases de tu vida, sabiendo que el amor es tan sólo una de ellas. El o la que es un desordenado e inconsciente en el trabajo no puede serlo en el amor, es igual que el que trata mal a su vecino y lo desprecia no puede luego ser una persona amorosa con su pareja, eso no existe.

 

Somos seres humanos completos y nuestros ámbitos están conectados. El amor que sientes por alguien mejora no sólo tu vida de pareja sino tu relación con la vida misma, con tu trabajo, con tus hijos, con Dios, con tus hobbies, si eso no sucede pues lo que sientes no es amor genuino, estás en proceso. Entonces se da igual en sentido contrario, el que busca su crecimiento en el trabajo, su paz y felicidad en otros ámbitos también la encuentra en el amor. Estar en paz es estar tranquilo y sentirte libre en todos los rincones de tu alma y de tu vida operativa, sea el tema que sea.

 

Amar se aprende con una vida orientada hacia la PROFUNDIDAD, no conformándose con lo superficial de la vida, no satisfaciéndose con distracciones ligeras, se logra haciendo algo profundo y crítico en un inicio y luego buscando la liberación de las creencias que te detienen y te asfixian. Es primero usar tu cerebro para cambiar, para revisar lo que piensas, y luego pasando del cerebro al espíritu o a la experiencia del yo superior, de tu yo real y no el que has usado como una máscara durante tanto tiempo.

 

Amar se aprende siendo honesto con uno mismo, revisando el miedo, todas las formas de miedo que tenemos y poniéndolas en la mesa de disección, revisarlas amorosamente y no siendo tirano con uno mismo durante ese aprendizaje. Se vale equivocarse, la maestría sólo surge de la acción, si te detienes ante el miedo por un error futuro, te paralizas y no haces. Y en el amor hay que “accionar”, volverlo acción.

 

Para amar se requiere de momentos de SOLEDAD, contigo mismo, que puedas estar a solas un rato y no sentir que te mueres. Logramos que nuestro YO real nos guste y nos dé tranquilidad a nosotros cuando tú eres tu mejor compañero o compañera de la vida para ti mismo. Prueba estar sin música, sin computadora, sin TV una media hora cada día, solo tú y tu tranquilidad. Si quieres aprender técnicas de meditación sería muy bueno para tu relación de pareja y para la vida en general.

 

Hay que tener pacienciaaaaaaaaaa, paciencia, PACIENCIA. Recuerda cuando aprendiste a montar bicicleta o algún oficio, hay que tener paciencia, repetir las cosas varias veces, leer sobre lo que quieres hacer, preguntar a otros sus experiencias con el tema. Igual es el amor. Hay que buscar también tu propio estilo, no seguir recetas, no sigas ni siquiera lo que yo te digo al pie de la letra, sé creativo, busca tu propia forma, tu ritmo, tu tiempo. Sé audaz, experimenta. No te dejes convencer por la gente que cree que vivir en vivir rápido y sin pausas, tal como la música, la vida está hecha de sonidos y silencios. Date tiempo y espacio para oír tus silencios y los de la vida misma, para apreciarlos también.

 

Coloca al amor entre tus PRIORIDADES. No se conoce alguien que se haya vuelto un maestro en algo que era de segunda importancia en su vida, el que quiere aprender tiene que centrarse en lo que desea aprender, no hay atajos para ello. Además no debe ser algo impuesto desde afuera, no es una tortura aprender sobre uno mismo y sobre cómo amar, ha de ser un gusto, una pasión, una acción por aprender algo motivador. Aprender a amar ha de volverse algo que te emocione, que no te aburra, ni que te obliguen a hacerlo, por tanto debe ser también una elección personal ante la vida.

 

ESCUCHA. Amar está relacionado con saber escuchar, con prestar atención a otros. También es escuchar los silencios de la vida, prestar atención a las cosas que haces en el momento que las haces. Es estar presente en tu presente, en lo que ocupa tu presente y no en tu pasado o tu futuro, es tener la mente centrada en tu presente. Eso implica que cuando hables con alguien le des espacio al otro para contestar, un diálogo es realmente compartir la capacidad de escuchar y estar presente.

 

También tener atención es saber compartir con tu pareja todo lo que hagas, incluso cuando no hagan nada, es estar cerca el uno del otro, poder compartir en su momento presente sin llenar la vida de distracciones, miles de cenas con amigos, salidas a fiestas, también es tener la tranquilidad de estar sentados juntos tan sólo viéndose mutuamente por ejemplo, un ratillo al día.

 

Escuchar también implica escuchar a tu cuerpo, a tus emociones, a tus sensaciones personales. Implica tener la valentía de preguntarse ante una situación incómoda, ¿qué es lo que me pasa realmente? ¿Por qué estoy molesto o molesta? Escuchar implica ESTAR CONSCIENTE cuando te pasan las cosas, cuando las sientes, cuando las dices. También requiere de no obsesionarse con las explicaciones, es sentirse a uno mismo, SER SENSIBLE a uno mismo de forma libre, pero no es un acto racional ni realizado por la mente únicamente, es algo más.

 

Sé HUMILDE. Para amar hace falta cantidades enormes e infinitas de humildad. Hay que diferenciar lo que las personas son de lo que yo pienso que son o de lo que ellas piensan sobre sí mismas, también hay que diferenciar lo que uno cree de uno mismo de lo que realmente se es. Para eso hay que ser humilde, humilde como un Buda. Hay que ser sensible, abierto, libre y consciente. Ser objetivo no es lo mismo que ser consciente, porque a veces creemos que nuestras racionalizaciones de la vida justifican nuestras actitudes y estamos siendo 100% objetivos.

 

La objetividad no sirve para amar porque amar es algo paradójico, tiene mucho de irracional, en cambio la consciencia sí funciona. Estar consciente es estar presente HOY y cada día de tu vida, en cada acto que decides, es responsabilizarse por lo que haces y piensas, es buscar pensamientos y creencias que te hagan bien a ti y a los demás. Es tener el valor de verte a ti mismo y aprender de tus errores, es vivir la vida, no pensar la vida. Se trata de tener fe, pero no una fe ciega, sino una fe con los ojos abiertos, consciente. La fe consciente no es una creencia en algo, es una certeza y firmeza que surje en y de ti mismo, es un rasgo de tu personalidad global. Es la certeza en la capacidad que tienes de amar y en la acción que realizas para darle vida a tu capacidad.

 

Estar consciente y amar implica que tu relación con la vida en su totalidad esté primero que tu relación con la persona amada. La persona amada es una parte importante de tu vida, pero no es tu vida, ni tú la de él o ella. Para amar necesitas dejar de ser narcisista y pensar que todos tienen que vivir, sentir y hacer lo que tú dices, por eso la humildad es tan importante. Implica, en segundo término, que tu amado o amada haga su parte en este misma dirección.

 

Amar es abrazar la experiencia humana del amor con humildad, respeto, empatía, valor, es experienciar la vida, ensayarla, quererla. No te quedes pegado en tus errores o en los de tu pareja en el proceso de aprender a amar, haz algo: transfórmate, dale espacio al otro para que se transforme, motívalo o motívala también. Cómo se motiva el cambio en el otro u otra, preguntarás, pues con tu propio cambio y transformación. Convierte tu capacidad de amar en un arte para ti y para el resto de los humanos. Yo te lo agradeceré, tus padres, tus hijos, tus vecinos y el mundo entero te lo agradecerá, pero sobre todo tú. TÚ te sentirás tranquilo o tranquila.

Con amor,
Nadir Chacín
Lee + https://www.facebook.com/sersiendo o Twitter @nadirchs

¿Mal de amores? (2º parte) #sersiendo

corazonroto2

Este artículo es la segunda parte de una serie de entradas sobre el MAL DE AMORES. En la introducción al tema les recomendaba leer mucha bibliografía sobre el ego, iremos poco a poco desglosando a qué se refiere esta palabrita y viendo cómo te comportas cuando sólo tu mente egotista rige lo que eres y lo que haces. Es muy importante que hoy te centres en ti mism@, sí, ahora mientras estás triste y enojad@ por la ruptura con tu pareja.
Mis lentes marca EGO

La palabra yo tiene un significado que depende de cómo la utilices y en dónde colocas tu identidad, puede ser un yo muy profundo y verdadero o puede provenir del mayor error, de una percepción equivocada de lo que eres: un falso ser o sentido de la identidad. Esa ilusión o falso ser es lo que llamamos ego, y cuando vives con esa máscara puesta todas las demás interpretaciones y nociones de la realidad las construyes a través de ella.
Tu percepción está distorsionada, es como si te pusieras unos lentes y vieras el mundo, la vida, el empleo, la relación de pareja, todo, a través de unos lentes marca EGO. No te angusties, la buena noticia es que cuando reconocemos al ego por lo que es, su ilusión se desvanece y comenzará poco a poco a surgir la persona que eres realmente: tu verdadero ser. El yo tiene sus derivados igualmente falsos como “ese carro es mío” y “Juan es mi pareja”: el “mi” y lo “mío” son primos del ego. Cuando construyes una realidad desde el ego lo que sucede es que te identificas con ciertos pensamientos, cosas y emociones que no te definen como ser humano.
Identificarse es creer que tu identidad, lo que tú eres, lo que te define, está en algo externo a ti y/o está contenido sólo en pensamientos o emociones tuyas.
Entonces la pregunta clave para hacerte hoy es, la de siempre, la que se han hecho todos los seres humanos alguna vez: ¿quién soy?
Querid@… festeja, aplaude… te aseguro que eres mucho más que tu carro, tu empleo, tu relación rota con tu ex-pareja, incluso eres más que la rabia y la tristeza que sientes ahora, y eres mucho más que todas esas cosas nefastas que estás pensando: “soy un(a) idiota”, “un(a) débil”, “me quedaré solter@ para siempre”, “quisiera retroceder el tiempo”, “nunca más amaré a nadie”, “el amor apesta”, etc.
Lo relevante en esta etapa crítica de tu vida es que averigües quién eres realmente, ¿no te gusta la idea? es muy tentadora.
Cuando empecé a averiguar quién era Taika Ramé, me entró un profundo miedo y luego me di cuenta que no era tan poca cosa ni tan mala persona como pensaba y me dio risa, sí, me reí. La verdad es que fue muyyyyyyy reconfortante, me sentí feliz completamente a pesar de que estaba muy triste y deprimida por la ruptura con mi ex-pareja. Suena extraño, pues a mí también me lo pareció, pero así sucedió.
Normalmente tenemos miedo a saber quiénes somos porque en el fondo pensamos que somos “monstruos”, “malas personas”, “seres insignificantes”, que “no merecemos nada”. Pues querid@ esas también son falsas ideas sobre ti mism@, así que manos a la obra, porque hay que excavar profundo, quitar capas, prescindir de las máscaras del ego para que puedas relucir, brillar. No se puede prescindir del ego totalmente, porque es parte de la constitución de tu mente, pero por fortuna basta saber que aquello que no eres lo puedes poner a un ladito para que no te haga sentir mal. Lo que sí eres irá surgiendo con tu nueva forma de verte a ti mism@. Un buen día será tan natural saber quién eres, ya lo sabrás, que la pregunta ¿quién soy? perderá sentido. Cuando lo que eres surge en toda su plenitud hasta el yo real deja de existir, ya no puedes estar separado, decir yo soy, formarás parte de la vida, de la inteligencia universal, de la energía que nos conecta a todos y a Todo, que no separa a una persona de la otra. Los grandes sabios de la humanidad han logrado ese yo que por las características que te digo se conoce como el no-yo.

 

Disolviendo los lentes

Seguro te estarás preguntando ¿cómo se hace eso de unirse al Todo? ¿Qué tengo que hacer para saber quién soy? Vamos para allá. Hay que empezar por saber cuáles son l@s falsas TÚ que te has construido durante tu vida, desde niñ@ y hasta hoy. Todos los seres humanos somos diferentes, pero en general la mayoría construimos falsas ideas o creencias a través de las cuales decidimos, sentimos, pensamos, etc. Estas creencias existen, querid@, porque son socialmente bien vistas y aceptadas, pero tienes la elección de escoger qué quieres para ti y construir tu propia filosofía de vida. ¿Qué decides?

Las creencias falsas más comunes en los humanos son:

Lo externo a mí tiene la culpa de mis condiciones de vida.

Ser un(a) soñador(a) es malo, lo mejor es ser realista.

Somos sólo esta existencia física, lo material: nuestro cuerpo, nuestras ideas y emociones.

Estamos solos, solas, y somos diferentes de los demás.

Es bueno ignorar a la gente negativa que se me acerca y a las cosas negativas que me pasan.

Es malo no saber para dónde vamos, la que no tiene metas en la vida es un(a) fracasado(a).

El famoso si vas a hacer algo, hazlo lo mejor que puedas.

Iremos viendo poco a poco estas creencias falsas que la mayoría tenemos, por ahora mientras pasas a los siguientes textos (click arriba a cada uno) sólo respira profundo y repite:
Soy responsable de todo lo que sucede en mi vida, y ahora me dispongo a cambiarlo y a estar bien pase lo que pase.

Con amor, 

Nadir Chacín

¿Mal de amores? (1º parte) #sersiendo

1

Estuve investigando en el internet sobre cómo superar el famosísimo MAL DE AMORES. Entendido como esa sensación de vacío y de falta de significado que sientes cuando atraviesas la ruptura de una relación de pareja. Me encontré con millones de consejos y quise dejar por escrito los que me han ayudado. Los iré presentando por partes. Muchos son difíciles de concretar, son algo nuevo para muchas mujeres (y para los hombres también), lo eran para mí y algunos aún lo son. Entrar en esta manera de entender al ser humano y a mí misma, me ha hecho sentir mejor, por eso sé que es una senda que recorrer entre miles que están disponsibles para tod@s. Son libres de elegir la que quieran, lo trascendental es empezar ya a sentirte mejor: ¡inténtalo!

Ser humano en proceso

Aceptar es sinónimo de ver el momento presente como lo que “es” sin tener o hacer ningún juicio al respecto, hablo de enfrentar el ahora: la persona que amas se ha ido y/o ya no te ama. Cuando aceptas eso sin culpar al otro y sobre todo sin culparte a tí mism@, se abre una dimensión diferente, rara vez abordada del SER HUMANO: la profundidad del presente. La mayoría de las veces, sino todas, nuestra mente se recrea en el pasado o en el futuro de esa relación rota, pero no se ancla en su presente. En el ahora ya no está esa persona y generalmente esa situación no es nada personal, es decir, no te “lo está haciendo a tí” ni “él (ella) acabó con tu vida”, tu ex pareja simplemente es como es, o mejor dicho, como “cree” que es. No está siendo alguien diferente de lo que cree ser, él o ella sólo está pensando en sí mism@ como hacemos todos, incluso tú y yo. Nadie te hace nada a tí, todo depende de cómo lo mires, dónde te coloques para observar el presente.
El dolor está dentro de tí, es cierto, acéptalo, déjalo ser, nada pasará, en la medida en que le permitas ser a ese dolor y tan sólo detenerte a verlo, observarlo sin preguntarte ni responderte nada, la emoción o las emociones irán pasando. Céntrate en tí mism@, en ser lo que eres y no lo que crees ser, no le des tanta importancia al hacer o al tener, ahí está la clave.
Las emociones negativas son temporales, vienen y van como todo en la vida, no hay nada de tí (de tu ser más profundo) que esté en peligro por sentirte triste o enojad@ hoy, que tu pareja se haya ido o ya no te ame no es un GRAN problema, es sólo algo temporal.
Muchas personas han pasado por rupturas de parejas y no se han muerto ni se han quedado sol@s el resto de sus vidas, incluso tú mism@ ya las has pasado y te has recuperado.
No te sirve engañarte a tí mism@, sabes, distraerte con muchas cosas (trabajar en exceso, ir de tiendas, hablar constantemente con amig@s sobre lo sucedido, etc.) y no dejar que el dolor y/o la rabia estén presentes. Finalmente, están ahí y sólo se quedarán escondidos mientras te distraes, agarrarán más tamaño y saldrán despúes, una y otra vez. Así que es mejor, aceptarlos ya ¿no?
No pasa nada si te tomas unos días para estar a solas contigo mism@, más que pensar, sólo relájate y llora, patalea, corre, enójate, lo que tengas que hacer pero drena ese dolor y míralo, mírate. La mayoría de las veces es peor lo que uno se imagina que le pasará si hace algo así a lo que realmente sucede cuando lo haces (yo lo hice y acá estoy escribiendo sobre eso).
Desde chiquit@s nos enseñan que estar enojad@s es malo pero no es así, el enojo simplemente es una emoción, no hay nada de malo en “emocionarse”, en sentir. Por tradición a la mujer se le ha enseñado que es mejor estar triste que enojada, sabes, que las chicas se ven terribles cuando gritan, que pierden glamour cuando lo hacen y quién sabe cuántos prejuicios más. La verdad es que es sano enojarse si eso es lo que tienes dentro, es lo que es, date chance de expresar la rabia, nada pasará. A los hombres, por su parte, se les enseña a no llorar, porque eso no es de hombres y porque es sinónimo de ser débil. La verdad es que llorar te hará bien si es lo que deseas, que no te importe lo que digan los demás, haz lo que tu cuerpo y tu alma te piden, te sentirás mejor.
Hay un viejo dicho “un clavo saca otro clavo”, el cual indica que lo mejor es buscarte otra pareja rápidamente, pues a veces se quedan los dos clavos adentro. Por ahora, es mejor centrarte en tí mism@, porque buscarte a otro hombre o mujer para no sentirte sol@, sólo distraerá tu dolor, pero no solucionará lo que sientes por la ruptura, no lo hará de manera definitiva. Además ahora requieres de organizar tu existencia, colocar lo que eres en su justo lugar y reconstruirlo o más bien construirlo de una buena vez.

La mayoría de las relaciones de pareja son relaciones que se dan entre cuatro “fantasías” [o percepciones que no son ciertas]: 1) lo que tú piensas sobre tu pareja y deseas que él/ella sea, 2) lo que tu pareja piensa sobre tí y desea que tú seas, 3) lo que tú piensas que eres us ideas sobre ti misma/o], y 4) lo que tu pareja piensa que él/ella es [las ideas que tiene tu pareja sobre sí mismo/a].

En este rollo de puritas máscaras del ego, estarás de acuerdo que es imposible que exista el amor. Para empezar, el amor genuino es tan raro, generalmente pensamos que amamos a alguien y no es así. Ni siquiera somos capaces de vernos a nosotros mismos y ser lo que somos, mientras estemos así: tan ciegos.
Te recomiendo que leas mucho sobre el ego, la falsa imagen que tienes sobre ti mismo, hay mucho material en la filosofía Zen, en el Budismo y en las demás tradiciones orientales. Incluso la mayoría de las religiones y filosofías occidentales hablan sobre él, con otros conceptos, pero vienen siendo todos lo mismo. El Ego es el “falso ser”, lo que como persona piensas que eres y no lo que realmente eres.
Para mí se abrió una puerta que no conocía cuando empecé a leer sobre el tema y definitivamente me siento mejor ahora, ojalá que decidas empezar ya. Encontrarás algunos libros que leí en la barra lateral de este blog en el apartado 3. Reseñas de libros y películas.
Si quieres entender mejor lo qué es el Ego sugiero comenzar con el libro Una Nueva Tierra de Eckhart Tolle.

Lee la segunda parte de este post

Lee la tercera parte

Respira profundo,
Nadir Chacín
Visítame en Facebook y Twitter