Etiquetado: Las mujeres que corren con los lobos

La búsqueda (desesperada) #sersiendo

el_patito_feo_detail_by_gabrielherrera¡¿Has sentido que naciste en la familia equivocada?! ¿Te interesa encajar en un grupo? ¿Te sientes rechazada/o, abandonada/o, no apreciada/o? Te has preguntado a ti misma/o en cientos de ocasiones: ¿por qué no les gustó? ¿qué estoy haciendo mal? ¿Qué debo hacer para gustarles? Basándome en el legendario cuento de “El patito feo” te invito primero a “sumergirnos” juntas/juntos en la difícil situación de sentir la herida del exilio y luego abriremos “las alas” y “volaremos” hacia el desarrollo de la autonomía emocional y el aprecio genuino hacia nosotros mismos. Feliz fin de semana. Namasté.



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La demarcación del territorio: los límites de la cólera y el perdón

Anoche me leí este fragmento de la p. 373 del magnífico libro “Las mujeres que corren con los lobos” de Clarissa Pinkola. Hoy desperté y quise transcribirlo para ustedes. Es un párrafo fuerte y revelador.

Para mi mejor amiga Gabriela Saraullo, para nosotros Sarita,
por su próximo cumpleaños nro. 40. ¡Love ya!

“Bajo la tutela de la Mujer Salvaje recuperamos lo antiguo, lo intuitivo y lo apasionado. Cuando nuestras vidas son un reflejo de la suya, nuestra conducta es coherente. Terminamos las cosas o aprendemos a hacerlo en caso de que todavía no sepamos cómo. Damos los pasos necesarios para manifestar nuestras ideas al mundo. Recuperamos la concentración cuando la perdemos, cuidamos los ritmos personales, nos acercamos más a los amigos y alos compañeros que están de acuerdo con los ritmos salvajes e integrales. Elegimos relaciones que alimentan nuestra vida creativa e instintiva. Nos inclinamos para alimentar a los demás. Y estamos dispuestas, en caso necesario, a enseñar a nuestras parejas receptivas lo que son los ritmos salvajes.

Pero este arte tiene otra faceta que consiste en saber afrontar algo que sólo puede llamarse la cólera femenina. Es necesario liberar esta furia. En cuanto las mujeres recuerdan los orígenes de su cólera, piensan que jamás podrán dejar de rechinar los dientes. Pero, paradójicamente, también experimentamos el vehemente deseo de dispersar nuestra cólera y acabar con ella.

Sin embargo, el hecho de reprimirla no dará resultado. Sería algo así como intentar prender fuego a un saco de arpillera. Tampoco es bueno que nos quememos o quememos a otra persona con ella. Por eso nos quedamos ahí, soportando una poderosa emoción que percibimos como algo molesto. Es como un pequeño desecho tóxico; está ahí, nadie lo quiere, pero apenas hay lugares donde eliminarlo. Tenemos que desplazarnos muy lejos para encontrar un cementerio.”

Buen martes,
Nadir Chacín