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¿Cómo saber si estoy enamorado o enamorada? #sersiendo

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Me preguntan seguido cómo reconocer un enamoramiento. Esa es la pregunta de las mil lochas como dirían en mi tierra. En otras palabras, es la pregunta filosófica y misteriosa que todos nos hacemos cuando estamos con alguien y nuestro corazón palpita fuerte. El asunto del enamoramiento es muy complejo pero trataré de dar algunas referencias que pueden ayudarte a entender mejor lo que pasa.
El enamoramiento como sostiene Francesco Alberoni (y me gusta mucho) es un movimiento colectivo de dos. Él le llama el estado naciente, yo le diré enamoramiento sin más. A las personas que están enamoradas les llamaré amantes.
En su propuesta para entender el amor hace clasificaciones de los tipos de amor, de cómo ocurren y en qué pueden desembocar. Hoy quiero hablar sobre el amor de pareja y de lo que pasa cuando dos personas están enamoradas de forma recíproca.
Cuando dos personas se conocen generalmente sólo se gustan o se sienten atraídas. La atracción física es un componente fuerte en el inicio de una relación, es esa química especial que hace clic y se da entre los olores, las pieles, los ojos. Lo sientes con el primer beso en el cachete, el primer abrazo, la primera mirada compenetrada: una suerte de corriente entre los dos. Es verdad existe el enamoramiento a primera vista, pero casi siempre es más un proceso paulatino, algo que va creciendo.
Una de las maneras en que los amantes se conocen es a través de contarse uno al otro sus vidas o parte de ellas. Éstas son narradas con las emociones que despiertan en quien está contando y en el que escucha, como si el pasado estuviera sucediendo de nuevo pero en un ambiente protegido, más seguro. De cierta manera, ese energía compartida y alegre que los une va purificando lo que están contándose, los hechos ya vividos se transforman parcial o totalmente. De allí que la energía o aura que envuelve a los amantes sea curativa a todo nivel, no sólo física sino emocionalmente.
Al principio la historia no suele ser tan profunda, inicia con los gustos personales, los sueños más superficiales, las anécdotas cotidianas, luego avanza y los temas se vuelven más profundos e íntimos, podría decirse: existenciales. Mientras narras y el otro escucha sientes que esos traumas, pequeñas rencillas con tus familiares y amigos, recuerdos nefastos o cualquier clase de episodio dañino de tu vida se restaura, adquiere otra dimensión, se limpian, entran al terreno de lo sagrado motivados por la fuerza del enamoramiento. Si la otra persona hace lo mismo. Eso es un buen síntoma, la mayoría de las veces.
El enamoramiento no avanza si no existe este intercambio de narraciones de las historias de vida de los amantes. A veces surgen pequeños secretos y se comparten, generando una intimidad mayor, desplegando la complicidad. La pista aquí es que ambos tienen que entrar a esta pequeña energía de compartir historias de manera fluída, no forzada; es un regalo el que estás haciendo cuando le platicas tu vida, y como buen regalo debe ser dado en libertad, sin presiones, por voluntad propia. Se vuelve recíproco por su propia energía, no por tu petición ni por tu aceleramiento intencional de las cosas. El historiado ha de ser mutuo, compartido, un jardín secreto de dos. Al ser un jardín ambos plantan, riegan, cuidan y disfrutan de las flores y de la evolución de la vida en él.
Se genera una fusión entre los amantes pero también surge una fuerza antogónica. Esta oposición de fuerzas sucede dentro del amante (consigo mismo) y con su mundo externo, en su relación con el mundo de afuera.
Veamos lo de afuera primero.
El enamoramiento une a la persona que lo siente con el mundo nuevo que se crea o se quiere crear con el otro, con el o la que amas. Al mismo tiempo, el enamorado es separado del mundo en el que estaba, a veces bruscamente, otras más lento, pero se da esa separación. Es casi una norma, si es que se le puede llamar así.
Pongamos ejemplos. De pronto sientes que quieres hacer todo con tu amante, ir al cine, ver la TV, hasta leer el mismo libro juntos. Cuando estás solo o sola y ves algo lindo quisieras que tu amante estuviera allí viéndolo contigo, no aguantas las ganas de llamarle o de mandarle un mensajito de texto y contarle en vivo y en directo lo que estás viendo en ese mismo instante. No se trata de que abandones tus espacios personales sino del deseo siempre presente de compartir con tu amante. Cuando la relación es equilibrada ambos comparten el espacio del otro y al mismo tiempo crean un espacio y mundo compartido, con lo mejor de cada espacio personal. Surgirán también actividades nuevas, situaciones nunca antes experimentadas por ninguno de los amantes. La innovación creativa viene apegada al estado naciente. Es como si a ambos les hubieran inyectado energía, ganas, deseo, proyectos, la vida se “electrifica”, empodera.
El tiempo del amante no sigue las indicaciones del reloj ni del calendario, pareciera (nótese que digo pareciera) que dejara de existir, se vuelve eterno. Cada uno proyecta en el otro sentimientos positivos. Sucede también una apertura del sistema personal, de lo que uno es, siente, piensa, hacia el otro, cree de sí mismo, generando un mecanismo innovador que si es eficaz produce una visión compartida del mundo. Una nueva visión, por ende un nuevo mundo.
En los inicios cada quien muestra su mejor cara, quiere ser aceptad@, es una etapa importante y básica, que con el conocimiento más profundo y el historiado se vuelve más genuina y abierta. Con la intimidad se devela la personalidad más real y no la impostada, pero se da dentro de un ambiente amoroso. Es por esta razón que terminas descubriendo sus mañas, neurosis y defectos, pero cuando esta verdad surge el amor la redime. Podrás decir sí no es perfect@ pero yo l@ amo y yo tampoco soy perfect@. El enamoramiento ha comenzado a transformarse en amor y ambos querrán saber cómo ser mejor personas para sí mismos y para el otro (para el otro  y no “por” el otro). Aprenden y lo ponen en práctica.
¿Qué sucede hacia adentro del amante?
En su interior también hay dos fuerzas antagónicas. Una, lo une y fusiona con la persona que ama. La otra, lo trata de separar de ese misma persona. Es confuso lo sé. Déjame ver si puedo explicarlo.
El enamoramiento es una fuerza arrasadora, tiene la potencia de un huracán, eso da miedo y genera un anulamiento del falso yo. El yo falso, el ego, es una parte de tu estructura psíquica, de tu mente. Durante tu crecimiento has invertido mucho tiempo (tus padres y la sociedad también) para darte una estructura, normas, juicios, una forma de pensar específica, unas racionalizaciones sobre por qué suceden las cosas, qué son y qué pueden llegar a ser. Ya traes una visión del mundo específica. No es estática y se va modificando con los años, pero ya tienes una. Cuando nos enamoramos el mentado huracán parece que amenazara con destruir ese mundo y de hecho si lo dejas en cierto modo lo hace y para bien. Destruye y crea algo nuevo.
El ego tiene la función de asegurar lo ya conocido, tiene tendencia al no-cambio, entonces el enamoramiento puede ser muy angustiante. Esa fuerza que nos separa del enamorado o enamorada le sirve de combustible al ego o el ego es su combustible, qué más da, el resultado es que sentimos que queremos estar pegados a nuestro amante y al mismo tiempo deseamos separarnos de él. Ambas fuerzas luchan una en contra de la otra, eso sucede dentro del amante, de cada amante.
Para que la relación fructifique y pase a la siguiente etapa (el amor), ambos amantes tienen que saltar al vacío sin paracaídas y sin saber dónde caerán. Tiene que existir dentro de sus corazones una convicción mutua, compartida, recíproca que los lleve a hacer ese salto creativo.
Si alguno de los dos no confía en el mundo nuevo que están creando, si no quiere separarse de su antiguo mundo (situación, condición, incluso hasta puedo decir de su antigua forma de actuar) el enamoramiento se estanca y no prospera. Uno está jalando al otro, y para que el mundo nuevo surja y se consolide, ambos tienen que jalar juntos y fuertes hacia la misma dirección. Y saltar.
Suena como historia de ficción, pero es más bien una gran metáfora. El enamoramiento real guía y somete a los amantes hacia una transformación profunda y personal. Digo “somete” porque a veces es una fuerza poderosa que actúa incluso a pesar de tí mismo, aunque te resistas. Sin embargo, no es algo violento, sino sutil, es la fuerza domesticadora de lo pequeño, que sí puede ser pequeño pero tiene un poder alucinante. Pensemos en los átomos, tan pequeñitos, casi inofensivos, y han servido para hacer una bomba destructiva pero también nos auxilian en la agricultura, la pecuaria y en la salud (más aplicaciones).
Pero cuidado…!
Hay personas que se enamoran no de otra persona sino del amor per se. Es muy halagador que alguien nos ame, nos vea como su sueño más esperado, nos diga que siempre estuvo esperando por nosotros, entonces a veces nos enamoramos de la sensación que nos produce que otro esté enamorado de nosotros o nos ame. Estas personas “enamoradas del enamoramiento” suelen pasar varias de las etapas aquí descritas, nos cuentan de sus vidas, les brillan los ojitos y les late el corazón, se les detiene el tiempo cuando nos abrazan… y demás… pero lo que nunca suelen hacer es separarse de su mundo. Ese mundo o condición en la que estaban o están cuando se “enamoran”: creen se enamoran.
De hecho sienten que están enamorados y si se les preguntan dirán “sí estoy enamorad@ profundamente”… la cuestión es que para que prospere y sea enamoramiento genuino (y pueda luego transformarse en amor) debe existir una separación con el mundo anterior, un cambio de condición de la persona. Porque el enamoramiento es una fuerza, un estado naciente, algo nuevo se crea y tiene sus propias necesidades. No se puede estar enamorado genuinamente y no querer crear ese mundo nuevo con el o la amante. Me explico.
Si él o ella siguen haciendo lo mismo, viviendo con la misma persona, teniendo las mismas rutinas, creyendo las mismas cosas, si su mundo sigue intacto (“aséptico”), como si nada hubiera pasado desde que te conoció, sinceramente estás enamorad@ unilateralmente. Tu solito, solita.
Tu amante se apega a ti por la sensación placentera que siente cuando lo amas, cuando le dices que estás enamorado de ella o enamorada de él. Está enamorad@ del enamoramiento no de ti, ojo.
El que está enamorado o la que está enamorada tiende la mano a su amante para agarrarse mutuamente y construir algo nuevo: juntos. No sólo vive el momento -eso está muy lindo- sino que el enamorad@ tiende a pensar hacia adelante, hacia el futuro, modificando su presente de manera profunda-que es lo que en realidad se vive.
La fortuna del enamoramiento mutuo y genuino es dejar que el futuro aparezca lindo y promisorio sin que opaque la aventura del presente, si que se coloque en su lugar. Sin tomarlo como cierto hasta que pase, cuando pase ya será presente.
El enamoramiento moderno, si me permiten el adjetivo, debe resguardar la autonomía de cada uno de los amantes dentro del “movimiento colectivo de dos”, que se permita la “fusión” (conexión) para actuar sin olvidar que dos son uno más uno todavía y también desconectarse para acceder al mundo extraordinario.  Lo que ha de estar unificado es el mundo naciente, no las personas.
Antes se pensaba que para el verdadero enamoramiento y su paso al amor los amantes se amalgamaban en un todo indiferenciado hasta en lo corporal, es más sano saberse unificados no sólo con el amante sin con la energía del Universo y la humanidad entera, dando y recibiendo amor universal. En ese tipo libre de unificación no se olvida ni se reniega del ser, de lo que uno realmente es, creo que para amar no podemos dejar de ser nosotros por ningún motivo. Cuando descubres que para enamorarte o para amar te pones una máscara inamovible o te obligan a hacerlo has entrado en el terreno del miedo y el miedo, que no el odio, es lo opuesto del amor. La máscara existe en los inicios pero el requisito para la transformación es que ésta se “caiga” poco a poco.
Al menos así lo veo yo… ya me dirás qué piensas o sientes.
Soy toda ojos!
Nadir Chacín


By Rafa Pons
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