Etiquetado: observador consciente

Mutación constante #sersiendo

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Afirmación

El flujo de la vida sabe mejor que yo misma/o que es lo idóneo y sabio para mi crecimiento y mi desarrollo como ser vivo conectado con el resto de los seres vivos del planeta y con la Conciencia Sagrada/Intuitiva que nos une. Me entrego con toda confianza y sin miedo a ese fluir constante de Todo lo que se mantiene palpitante, alegre y en plena expansión. Damos y recibimos a cada instante. Namasté.

Nadir Chacín
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Mis personajes #sersiendo

By Arianna Floris
By Arianna Floris

| Reflexión de las 10:18 am. |

Dentro de mí existen varios “yoes”, no soy una sola persona. Me los imagino como si fueran PERSONAJES de mí misma que viven siguiendo el guión que les complace o atormenta dentro de una película. Todos mis personajes protagonizan películas diferentes. Me ayuda -cuando estoy “poseída” por uno de esos personajes en detrimento de los otros- analizar lo que está sucediendo como si fuera directora de cine: veo el guión como un todo y por sus partes, checo la calidad de la actuación del personaje, la congruencia de su historia, la forma como está hecha la película (arte, luz, defectos o aciertos técnicos), pienso el por qué ese personaje hace lo que hace, decide lo que decide… Me distancio lo + que puedo del personaje, trato de entenderlo, de mirarlo compasivamente y darme cuenta de que está haciendo lo mejor que puede hacer con la historia que vive. La mirada compasiva sale de mí cuando me distancio lo suficiente. Me veo entonces como el SER HUMANO que soy: complejo, multifacético, falible, sagrado. Así, a veces, logro celebrar que todos esos personajes me ayudan a verme, a entenderme, a expresarme de formas diferentes, a vivir, y trato de verlos como lo que son: personajes. Estos personajes o alguno de ellos no son de mi propiedad, ni me pertenecen, ni son lo que soy, son parte de lo que soy, pero no todo lo que soy. Sin embargo, son “otros yoes” que merecen ser vistos, que merecen ser entendidos según sus historias y no según la mía o la historia de los otros personajes. Unos días, cuando estoy + CONSCIENTE y + abierta a mi propia HUMANIDAD, unos días + que otros, todos esos personajes que también soy logramos el entendimiento, nos permitimos trabajar en equipo, vernos los unos a los otros, aceptarnos y decidir salir a la calle, a echarnos una copa, a divertirnos y a conversar sobre la vida. Esos días probablemente soy la mujer + “esquizofrénica” (risas) del planeta Tierra, y quizás por eso también la MÁS feliz. ¡Abraza tu locura! Namasté, mi gente.

Nadir Chacín
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La vida en pareja y sus metáforas

inventario Recuerdas cuando eras una/un estudianta/e de preparatoria. Trata de sentir otra vez lo que significaban para ti los recreos en medio de una larga jornada de (obligados) estudios de colegio. Y ahora lee.

Cuando estamos en una relación de pareja a veces se nos olvida que la pareja es el recreo y no las clases y las materias. La pareja lo que hace (o correspondería que haga) es recordarte en todo momento que tienes acceso al recreo, a la diversión, al sentir rico, a estar en paz. Y entrar contigo en el recreo y jugar. A menudo los problemas cotidianos absorben a uno o ambos miembros de la pareja y olvidan que amar es sinónimo de paz. Se dejan arrastrar por las deudas económicas, los problemas en el trabajo o con los hijos, o cualquier otro inconveniente de la vida ordinaria.

El amor no es más que la puerta hacia lo extraordinario, a la que entras desde tu vida cotidiana. Si deseamos que nuestra relación (y el amor) se mantengan tranquilos y haciendo lo que es su función en el mundo humano es recomendable revisar dos modalidades de comportamiento. Para verlas mejor las llamaremos: corte de caja vs inventario.

Es común que las parejas se digan: “pensé en ti todo el día”, “no te puedo sacar de mi mente”, “estás en mi cabeza a toda hora”, yo pregunto, si tu pareja está en tu cabeza durante las 24 horas del día entonces… seamos honestas/os… cómo trabajas, cómo estás presente en tu presente, quién vela por ti, y piensa y siente y actúa en el AHORA, quién se interesa en hacer lo que está haciendo de manera consciente, estar con los hijos, hacer un deporte…

La verdad es que la única manera sana (y que no te lleva a la frustración) de estar trabajando o haciendo otra actividad es no pensar en tu pareja cuando la estés haciendo, porque estarías quitándole a eso que haces la atención que requiere. Para practicar la consciencia presente, el estar aquí y ahora, se necesita que prestes TODA tu atención a lo que haces en el momento presente. No hay de otra. Es un ejercicio fantástico.

Ejemplo. El propósito de tu vida cuando estás lavando los trastes es lavar los trastes, el propósito secundario es lavarlos para que estén ya listos cuando quieras volver a comer. Cuando estés comiendo entonces usar esos platos limpios y comer en ellos será tu propósito principal y el secundario volverlos a lavar para la siguiente comida. Y así con todo lo que hagas.

Esa forma de relacionarse con lo que se está haciendo en un determinado espacio temporal le llamamos corte de caja. Dicho corte te conduce a pensar, sentir y actuar en períodos de tiempos cortos y en tiempo presente. Y también a soltar todas las cosas positivas y negativas de esa labor, actividad o experiencia apenas termine. No te quedes pensando, sintiendo ni actuando nada que tenga que ver con eso cuando ya hayas terminado. Al pasar a una nueva actividad está presente en esa nueva actividad y deja atrás la pasada actividad. Aunque haya sido placentera o una mismísima cochinada.

En cambio, el inventario, implica un lapso de tiempo más largo, digamos un mes, un año, o varios años, y también implica cargar lo que mil “cosas” te significan por mucho tiempo. Cuando piensas, sientes y actúas en la versión inventario la presión te deja exhausta/o, la información crece, las cajas y cuentas que contabilizar son demasiadas, es decir, ya sin metáfora, esperas un tiempo enorme y acumulas un sinfín de situaciones o experiencias y luego explotas. La vida vivida así va por ciclos enormes, y cuando por fin tomas una decisión quedas casi muerta/o. Eso sucede porque has acumulado muchos resentimientos, frustraciones, sentimientos, dudas, alegrías, satisfacciones, logros, todo por tanto tiempo, que luego puede que te sientes liberada/o… al romper la relación… o dejar ese trabajo… o acudir a una nueva actividad… o ascender de puesto… pero qué necesidad tenías de esperar tanto, de acumular tantas emociones, de llevarte hasta el extremo de tus fuerzas, de perderte tanto presente mientras acumulabas y acumulabas… de dejarte en estado de muerta/o viviente.

Con los cortes de caja verás (tendrás la capacidad de VER) el camino que está tomando hoy tu relación de pareja, podrás pensar, sentir y actuar en el presente y decidir ya qué quieres y meter cambios si las cosas están conduciéndolos hacia donde no quieren ir. O hacia donde tú particularmente no quieres que vaya. El que vive en modalidad inventario, o pendiente de él, no está viviendo realmente, está en una postura de autómata y en la sobrevivencia vacía. Así la vida pierde significado.

Si tu relación ya dejó de ser el recreo que decía al inicio te hubieses dado cuenta antes al hacer un corte de caja, todos los días, al final de cada encuentro con él o ella. Ves a tu pareja, conviven, y luego sueltas esa situación y de ese recreo entras a clases. En las clases ¿qué haces? Pues trabajas, vas de compras, asistes a tu curso o clase que te gusta, ves a tus amigos, aprendes un idioma nuevo, etc. Cuando estés en esas actividades tienes que estar en ellas, con toda tu persona, con toda tu atención y dejar a tu pareja y a toda la vida en pareja en off, no estar con la imagen o el concepto de todo eso (y lo que representan para ti) en la cabeza mientras estás en el presente haciendo equis cosa. Vivir en el inventario y ausente en el presente es esquizofrénico, enloquecedor, desgastante. Para todo el mundo, no sólo para ti.

¿Cómo lograr que la relación vaya hacia donde quieres que vaya y al mismo tiempo no perderte el presente? Viviendo el presente, y pensando, sintiendo y actuando en él. Es allí en ese espacio temporal donde sucede la construcción también del futuro, pero desde el presente, no desde el pasado ni desde el futuro.

Otro ejemplo. Si hace mucho que no van a bailar, o al campo, o hacer cosas que les gustan, notarás lo que está sucediendo pero en el momento presente con él o ella. Si se la pasan hablando de deudas, de problemas de trabajo, de frustraciones, de logros, de trofeos, de más nada. O si ya no hablan de estar juntos, de abrir una cuenta bancaria para ahorrar para un próximo viaje o si ya no dicen “cuánto me gustan tus pecas” o “me late su sonrisa”, o no disfrutan de ver una película juntos y conversar sobre ella. Simplemente ¿qué sucede?… ya no conviven, sino que están apostándole a la ficción de que sí conviven.

Si su recreo se ha vuelto clases, cuando notas/n que ya no hay recreo… pero estás/n viviendo en el presente… no pasará un minuto en que no lo notes/n… es más querrás/n conducir inmediatamente tu/su presente hacia la plenitud de lo extraordinario. ¿Qué hacer siempre? Crear lo extraordinario para ti y para tu pareja en cada encuentro, en cada comida, en cada rutina, ¿qué es lo extraordinario?: PAZ. Más nada. Sólo paz. Paz compartida.

Las rutinas son las rutinas, hazlas, pero no se te olvide crear en “guao” y compartirlo con tu pareja. Las parejas son el recordatorio, son las personas que notan (la mayoría de las veces antes que tú) que algo pasa, que estás enojada/o, frustrada/o, herida/o. Las parejas están sólo para indicarte: “hey, crucemos la puerta, crúzala, no te quedes pegada/o pensando en el pasado o en el futuro”. Para eso son las parejas, son Presente Activo, recordatorios para cuando se te olvida vivir HOY, son las personas que te acompañan en esta forma sana de vivir también. Sé tú así para él o ella, y él o ella lo será para ti.

Si no lo es o no puede serlo porque no tiene las herramientas de vida para poderlo ser, sabrás PRONTO que ésa no es la pareja que deseas y podrás terminar esa relación de una forma amable, amorosa. Terminar una relación así sí es posible. Lo mejor es que no te atacarán las culpas porque en el presente vivido en modalidad corte de caja (pensando, sintiendo y actuando en el presente) NO hay culpas. Lo bueno y lo malo se libera antes de que te genere culpas.

(En eso del presente los hijos son unos maestros notables. Ellos notan rapidito cuando estás jugando con ellos y estás pensando en que no pagaste la tarjeta de crédito.)

Si tú no estás siendo “recreo” para tu pareja, o él o ella no lo está siendo para ti, revisa si estás pensando, sintiendo o actuando en modalidad inventario, seguro sí, y pásate ya al NOVEDOSO Y LIBERADOR corte de caja. Lo que siga entre ustedes o lo que tenga que venir llegará ANTES.

El corte de caja es pura vida.

PD: Las sabias metáforas son cortesía de mi psico-neuróloga Diana. Amén por mi terapia de todos los miércoles.

Cómo descubrir el propósito de tu vida #sersiendo

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Yaneli, una de las lectoras del blog me hizo esta pregunta que se muestra en el título, creo que todas/todos hemos pasado por momentos donde no sabemos qué queremos, ni para dónde vamos ni qué es lo que venimos a hacer a este mundo. Es un sentimiento súper genuino y además más común de lo que se piensa o acepta públicamente. **Para este post he tomado información del capítulo 9 del libro “Una nueva Tierra” de Eckhart Tolle, así que si pueden leerlo directamente será mucho mejor para ustedes.**

¿Qué significa propósito?

El diccionario de la Real Academia Española dice que Propósito (Del lat. proposĭtum) significa:
1. m. Ánimo o intención de hacer o de no hacer algo.
2. m. Objeto, mira, cosa que se pretende conseguir.
3. m. Asunto, materia de que se trata.

Como puedes ver esta definición está más orientada al Hacer que al Ser. Utiliza las palabras “hacer” o “no hacer”, “objeto”, “conseguir”, “materia”, todas vinculadas con el mundo de lo físico, de los pensamientos, emociones y cuestiones terrenales. De allí que el 99% de las personas pensemos que nuestro propósito vital es hacer o no hacer determinadas cosas. Uno de los primeros pasos para que la angustia no se adueñe de ti cuando tienes dudas sobre lo que deseas y quieres en determinado momento de tu vida es entender más allá de las palabras lo que implica descubrir -y sobre todo vivir- propósitos.

Tolle nos habla sobre dos tipos de propósitos que aunque relacionados e inseparables, son distintos: el propósito interno y el propósito externo. También les llama primario y secundario respectivamente. El propósito externo tiene que ver con los que hacemos y el propósito interno con lo que somos, con el Ser. El verdadero propósito y por tanto el primario es el interno, que no es otra cosa que el estado de consciencia en el que vivimos. Este autor nos invita a reconocer que para las personas existen estos dos tipos de propósitos, y que la dicha humana está ligada a la consonancia o congruencia entre ambos propósitos durante el transcurso de la vida.

El propósito interno es común en todos los humanos, todos buscamos el despertar, un estado de consciencia más presente, más sano y menos atormentante. Es el propósito de la humanidad como especie y también es el propósito del Todo, del Universo, de la Inteligencia cósmica. El despertar es cuando estás en paz y te sientes bien contigo mismo, es cuando tu vida fluye apesar de los tropiezos, todos buscamos eso y compartimos este tipo de propósito. En cambio, el externo es particular, individual, cada persona buscará hacer cosas diferentes e incluso éstas variarán con el tiempo.

La base del éxito verdadero radica en lograr el propósito interno, porque los que basan su éxito en el propósito externo terminarán por acumular cosas materiales, prestigio o estatus haciendo mucho esfuerzo, teniendo dedicación, pero “su carrera” terminará traduciéndose en sufrimiento tarde o temprano. El propósito externo siempre depende del paso del tiempo, está atado a él irremediablemente, entonces atarse al propósito externo es atarse al tiempo.

Como el propósito interno está relacionado con el despertar, veamos qué significa despertar. Despertar es un cambio de consciencia en el cual logras separar tu pensamiento de tu conciencia. Tu pensamiento como actividad mental incesante pasa a segundo término, ya no domina tu vida ni la dirige, sino que está al servicio de tu consciencia, al servicio de ti mismo, de tu Ser. También al despertar se le llama la consciencia sin pensamiento o Presencia, así con P mayúscula. La otra característica del despertar es que es un proceso, no es algo que puntualmente logremos, sino que las personas lo adquieren gradualmente y así, poco a poco, se incorpora en todas las áreas de la vida y las transforma.

No es posible dar recetas para encontrar el despertar, tampoco tenemos que hacer algo específico para merecérnoslo, le puede suceder a cualquiera en el momento menos pensado. Usualmente las personas que han logrado entrar en ese proceso lo describen como un estado de gracia, un instante mágico, en el cual las personas se dan cuenta de lo que están pensando y logran mantenerse alertas separando sus pensamientos negativos de lo que son como personas, es decir, tienen consciencia del pensamiento sin ser parte de él. Por esta razón a esas personas “despiertas” también se les llama observadores conscientes.

Para aclarar la idea, hagamos un ejercicio de visualización. Imagina un mar tranquilo en el cual pones unas barquitas a flotar. ¿Ya lo imaginaste? Ok. El mar es tu consciencia, vasta, pacífica, y las barquitas son tus pensamientos. El mar y las barquitas son diferentes, ¿verdad?, están separados, por más que las barquitas se muevan de lugar, flotando, o las pintes de rosa o de azul, estén nuevas o viejas, sucias o limpias, cargadas de cosas o vacías, el mar siempre está tranquilo y tú puedes manipular las barquitas a tu conveniencia. Así se da el despertar, cuando despiertas logras ver esta separación y permaneces como el observador consciente de las barquitas (tus pensamientos), las puedes ver, reconocer, saber y describir su estado (¡sí la barquita es azul y está full de cosas!). Cuando te suceda reconocerás el cambio de consciencia dentro de tí, te darás cuenta -en una situación específica- lo que estás pensando, por ejemplo, “Juan (o María) abusa de mi cuando se le antoja y eso me da rabia”.

Las letras de Tolle son el eco de reflexiones más profundas de millones de pensadores, científicos y místicos anteriores a él, también nos acompaña dulcemente a personas comunes como tú y yo que en algún momento de nuestras vidas hemos sentido una Revelación momentánea al notar la separación entre nuestros pensamientos (propósito externo) y lo que somos realmente: consciencia expandida (propósito interno). A veces dura más, otras menos, pero sientes que en ese momentillo sagrado de paz contigo mismo lo más importante que puede sucederte como ser humano ya te ha sucedido.

Tolle en su libro relata una anécdota sobre uno de los científicos más prodigiosos de la historia que me encantó. “Einstein dijo: deseo conocer la mente de Dios, lo demás son detalles”. Añade Tolle, posteriormente, “y ¿qué es la mente de Dios? Conciencia. ¿Qué significa conocer la mente de Dios? Estar conscientes. ¿Cuáles son “los detalles” a que se refiere Einstein? Los detalles son el propósito externo y lo que quiera que suceda en el plano externo de tu vida.”

Trataré de explicar con mis palabras lo que interpreto de las reflexiones de Tolle.

El propósito interno, como está orientado a lo que somos como personas, no tiene que ver con metas ni con acciones, sino con el estado en que estás contigo mismo mientras vives la vida cotidiana, planeas lo que deseas hacer y lo haces. El propósito externo son precisamente esas metas y las acciones que te propones para alcanzarlas. Entonces el meollo del asunto es vincular ambas cosas y jerarquizar, crear propósitos externos que se conecten con el propósito interno, que necesariamente es y será el PRIMARIO, la motivación de todo, TODO lo que haces.

En palabras más sencillas primero tienes que SER para poder HACER y sentirte feliz. Si sólo HACES sin SER o pones el HACER antes del SER podrás tal vez hacer muchas cosas y tener logros exitosos pero la felicidad no la tendrás y la paz menos. Cuando descubres tu propósito interno en tí (que te recuerdo no es sólo tuyo, sino que TODOS lo compartimos: el despertar), el propósito externo se redimensiona, se carga de sentido y de poder espiritual, y una de las razones por la cual eso pasa es que te sintonizas con un propósito más grande, el impulso evolutivo y armónico del Universo y de la especie humana. Digamos que ya no estás solo, sola, somos todos que estamos conectados con la fuerza sanadora del mundo, la fuente inagotable, la mente grande, Dios o como desees decirle.

El propósito de mi vida, por ejemplo, es escribir de la forma más sencilla que pueda sobre lo que plantea Tolle y lo que he experimentado. Ahora que estoy haciendo esto y estoy aquí en casa escribiendo, mi propósito es éste: escribir y comunicarte lo que siento. Apenas termine y pase a hacer otra cosa, esa nueva cosa será el propósito de mi vida. A lo mejor te resulta demasiado esotérico o espiritual, pero la verdad es que la mayoría de tus crisis tienen de fondo esta pregunta: ¿cómo dar sentido a mi vida?

Resulta que la vida cotidiana, la del mundo externo (yo le digo “condiciones de vida”) no tiene sentido, tú se lo das, eso sólo es posible cuando todo lo que decides en este mundo del día a día tiene como motivación tu yo espiritual, tu yo sagrado, tu SER. El propósito interno es ese, respetar a tu yo sagrado, y ¿cómo se hace eso?, pues estando consciente y viviendo intensamente tu presente mientras lo vives. Si yo estuviera escribiendo estas líneas y estando en casa, pero al mismo tiempo quisiera estar en Europa con mi novio tomándome un té, no estaría aquí ni estaría conectada con lo que estoy haciendo y sobre todo no estaría Siendo mientras te escribo. Mi capacidad para estar en cada letra que escribo y en cada acto que hago hoy y ahora es lo que le imprime sentido a lo que hago, digamos que de mi estado de PRESENCIA en el ahora, en el YA de este momento que vivo, emanan mis actos (escribir y leer) y mis metas (comunicarte con amor lo que siento).

Creo que la clave está en el asunto de la variable Tiempo. Normalmente se cree que tener un propósito es tener una meta en el futuro y eso sólo es parte de la historia. ¿Qué pasa entonces? Hay un paso del tiempo que es cronológico y que tiene que ver con tu agenda, el transcurso de las horas en tu reloj y demás marcadores habituales del tiempo. Eso está bien, así funcionamos el día con día, somos operativos, pero a nivel psicológico nosotros convertimos el avance de ese tiempo en el calendario en un problema porque queremos buscar la plenitud en el futuro donde no es posible hallarla. La plenitud está en el presente, en la negación del tiempo. La negación del tiempo sucede cuando consideramos que el propósito de nuestra vida está en lo que somos y hacemos mientras somos, en dicha negación también se conectan el propósito interno y el externo. Cuando negamos el tiempo, negamos el ego, la idea falsa que tenemos sobre nosotros mismos, y nos acercamos más a lo que realmente somos.

Cuando realizas una actividad y pones toda tu atención en lo que estás haciendo, se genera un poder impresionante porque estás todo tú en eso que haces. La calidad de lo que haces aumenta, se redimensiona y adquiere sentido.

Cuando lavas los platos el propósito principal es lavar los platos y el propósito secundario es tenerlos limpios para cuando vuelvas a comer. Cuando vuelvas a comer y tomes el plato que ya limpiaste, tomar el plato limpio será ahora tu propósito principal. Digamos que el propósito primario será el eje que rija tu vida y luego irás construyendo cosas hacia afuera, metas y actos que vayan en concordancia con eso que eres, que realmente eres.

El propósito externo siempre está relacionado con el tiempo, no puede ser de otra forma, no existe sin el tiempo. Entonces si tú crees que tu propósito externo es lo más importante y lo vuelves tu única prioridad te vuelves esclavo de tu agenda y estás todo el tiempo viviendo un tiempo que no existe: el futuro (o el pasado).

¿Cómo saber si tu propósito surge o emana de lo que eres? ¿Si tu propósito es un propósito interno?

Si mientras estás haciendo algo o en una situación específica te sientes angustiado o en tensión estás guiándote por el propósito externo y lo has convertido en lo primario para ti, así de fácil. A veces me he cruzado con personas que me confiesan que lo que más desean en la vida es estar tranquilos y en paz y la verdad ¡ese deseo les dura tan poco!, hasta el siguiente atracón de tráfico, hasta la siguiente llamada de teléfono con malas noticias en el trabajo, o hasta el siguiente desplante del enamorado o enamorada. Entonces yo les pregunto: ¿realmente lo que más deseas es estar en paz?

Es más fácil verlo en otros que en nosotros mismos, pero cuando me he pillado en esa actitud me hago la misma pregunta: ¿Realmente mi propósito es estar en paz? ¿Por qué esta situación está siendo más importante que mi paz? Estas preguntas me devuelven al presente, me regresan a mi paz y me regresan la paz, respiro y pongo atención a mi presente reforzando mi deseo con unas sabias palabras que repito: “hoy decido estar en paz pase lo que pase”.

Algunos sentirán esta propuesta como una receta para ser mediocre. La verdad es que la vida de todas las personas incluso la tuya está hecha de pequeñas cosas cotidianas, todas, también la de Buda, la de Cristo y la de Einstein eran así. Hay personas que pasan toda su vida haciendo planes para ser Grandes, para ser exitosos y todo lo que hacen al final del día no les da paz y se sienten vacíos. La verdadera grandeza está en respetar y celebrar los detalles del presente en el momento presente, cuando están sucediendo. El momento presente siempre es sencillo, simple, pero es más grande que el futuro y el pasado porque en el presente estás y vives, y en él está el poder: el mayor de los poderes. ¿Cuál es ese poder? El poder es evitar la equivocación de olvidar nuestro propósito principal: ser feliz y estar en paz. El poder reside en no alejarnos de nuestro presente.

Cuando conoces a alguien que te gusta y decides comenzar una relación tienes dos opciones excluyentes, una, te entregas al misterio del enamoramiento y lo vives sencillamente en cada instante que vivas, o dos, te alejas emocionalmente del otro y te quedas con el concepto mental de lo que (supuestamente) es una pareja mientras compartes con él o ella. Muchas parejas se relacionan así a través de conceptos mentales, porque viven en el pasado de la relación o en el futuro de la misma, nunca habitan sus presentes como personas ni el presente de su relación amorosa. Por eso las parejas terminan sufriendo y se vuelven esclavos del tiempo. La única manera de vivir el amor es en el presente, no hay otra. Cualquier cosa que sea diferente a esto no es amor, es sólo costumbre, unir propósitos externos con alguien compatible o algo así, pero esa pareja nunca será feliz ni estará en paz. Lo mismo pasa con las personas individualmente. El propósito primario es estar en paz, el secundario todos los planes que tengan juntos y por separado.

Una amiga que estaba pasando por una situación dificil con su pareja me dijo una frase que aún me retumbra en los oídos. Yo le pregunté que qué les pasaba como pareja y ella me respondió con un profundo y sentido: “se nos olvidó que nos amábamos”. Parece una frase simple, pero es muy, muy profunda. A veces en el afán por hacer todo bien y en la inercia de dejarse llevar como autómatas a las parejas se les olvida su propósito principal: amarse con los ojos bien abiertos, celebrar la interacción consciente entre dos humanos. Eso está relacionado con el propósito primario de la vida, estar consciente y vivir el presente. Vivir el presente es amarse a uno mismo y amar al otro, es amar la vida también. Puede que como individuo y como pareja, en relación con un otro u otra, tengas muchos planes, pero sin en la búsqueda de esos planes se te olvida VIVIR EL PRESENTE DE MANERA CONSCIENTE ten por seguro que sufrirás. Lo mismo ocurre con las carreras profesionales.

Todo futuro que planees terminará generándote dolor y sufrimiento si tu momento presente no tiene calidad. El éxito no es algo que se alcance, sino algo que se tiene. No se trata de no tener planes, eso está muy bien, y si sabes “a dónde vas” también está genial, el tema es que si mientras vives sólo piensas en lo que vendrá, el momento del hoy “pasa bajo la mesa”, pasa a ciegas para ti, es decir no lo estás viviendo. Hay que lograr ambas cosas dándole las prioridades que son, el presente sí existe, así que te toca vivirlo primero de manera muy atenta y dedicada, el futuro aún no existe así que por ahora es tan sólo una idea, una “cosa” secundaria. Secundaria no significa que no tenga valor o que tienes que borrar el futuro de tu vida, no al contrario, dale su lugar, pero en segundo lugar no en el primero.

Lo más curioso del asunto es que cuando tienes las prioridades bien ordenadas, el propósito externo se va alineando con el interno y un buen día sabes con certeza que es lo que debes hacer, qué pasos tienes que seguir. Surgen en ti. La mayoría de las veces cuando descubres tu propósito interno resulta que lo haces identificando primero qué es lo que no te gusta, lo que te saca de quicio en tu presente, lo que te hace sufrir. Es más fácil descubir qué es lo que no te gusta de tu vida, aquello que es incompatible con la vida que realmente quieres para ti. Otras veces la vida te pone en el camino del amor hacia ti mismo a través de eventos inesperados y generalmente muy muy fuertes, dolorosos.

A mí me pasaron tres cosas fuertes casi juntas: me pusieron cámaras de video en mi departamento y me estaban espiando, luego casi me secuestran en un taxi y me lancé del coche en plena marcha y casi me mato, posteriomente uno de mis “médicos” de turno casi me viola. Todo eso pasó en cuatro meses, casi seguido. Parece una película de acción pero no lo es. Yo me preguntaba: ¿qué es lo que la vida me está queriendo decir? La crisis por lo vivido me llevó a dejar mi carrera académica que era muy prometedora, luego a ponerme a escribir literatura, a trabajar como editora y eso me condujo a escribir “Senderos de paz”, mi primer libro de autoayuda. Definitivamente después de lo que viví ya no creo en las casualidades, creo que la vida cuando eres terca/o y no quieres vivir tu presente, te manda eventos -del tipo cachetadas- para ver si despiertas de una buena vez. Para otros el cambio de conciencia es distinto, simplemente cambia el cómo hacen las cosas y no lo que hacen. Digamos que continuan lo que han estado haciendo pero lo hacen de forma más consciente y eso les da paz, una paz que no tenían antes haciendo exactamente lo mismo.

Cuando hayamos logrado descubrir y ser fieles a nuestro propósito interno, el que compartimos todos los seres humanos, lograremos un poder mucho más grande que el que podemos tener cada uno por separado. Esa es la razón por la cual nuestro propósito es el mismo, es el propósito de la raza, de la especie, del Universo, del Todo, de Dios.
Ese día, la humanidad completa dejará de sufrir. La buena noticia: ¡el cambio de consciencia mundial, ya ha empezado.

Nadir Chacín
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“Una de las diferencias más impresionantes entre un gato y una mentira, es que el gato sólo tiene siete vidas.”
Mark Twain

La Rueda de la Fortuna en el tarot: busca ser como la esfinge #sersiendo

Existen tres cartas La Torre, la Rueda de la Fortuna y La Muerte que están relacionadas con todas las situaciones de la vida donde es imperativo un cambio, una transformación. La Rueda de la Fortuna describe el proceso que seguiste o seguirás antes o después del cambio que implicó o implicará La Torre. ¿Por qué?
En La Torre vimos como tu mundo lleno de supuestas certezas se desmorona ante tus ojos y demanda la caída del ego y tu renacimiento.
La Rueda de la Fortuna, el arcano 10,  habla de la actitud idónea frente y después de ese cambio o antes de que suceda, partiendo de lo que La Torre te obliga a hacer: soltar los apegos con tu mundo material, no pensar obsesivamente en el transcurso del tiempo y evitar ser presa de tus emociones a cada paso del segundero.
 
La rueda es un símbolo usado desde la Edad Media, contiene en sí misma la idea de movimiento más que ningún otro símbolo. La rueda es “lo que gira”, aquello que nunca termina de moverse, da la idea también de cierta continuidad, de ciclos: totalidad en movimiento. Además es la existencia, la vida misma o el devenir repentino de situaciones y acontecimientos.
Cada tanto la vida requiere de una poda (como la que se le hace a las plantas), La Torre es precisamente eso: una limpieza interna. La Rueda a su vez representa la vida que seguirá cambiando quieras o no, tu vida tal cual la vives en el tiempo reloj o el tiempo psicológico (ver el artículo: creencia falsa 2). Su arquetipo-significado nos recuerda a las inquietas manecillas del reloj, el paso de las estaciones, el reloj de arena, las transformaciones de la luna, los ciclos de la naturaleza y los del cuerpo humano (nacer, crecer, reproducirse, envejecer y morir).  En esta carta todo se mueve menos un elemento importante: la esfinge. Vayamos a las imágenes de las cartas.
Hay varias versiones de la Rueda de la Fortuna, las más antiguas tenían figuras humanas de reyes (uno trepando a la rueda, uno sentado, reinando, y otro descendiendo del trono), otras más recientes tienen a figuras mitológicas grecoegipcias (Hermanubis, la creación, la Esfinge, la estabilidad, y Tifón-Set, la destrucción), y otras unos simples monos o perros y una esfinge.

En el tarot de Marsella al centro de la carta vemos una rueda sobre el suelo, tiene seis rayos. Parece que está siempre dando vueltas pero vemos que en una parte de la rueda hay una manivela, señalando que podemos acelerar o desacelerar su movimiento. Encontramos unos seres extraños colgando de la rueda, tienen respectivamente la apariencia de un mono y de un perro-mono (serpiente y hombre-chacal en el de Rider-Waite). Al estar colgados de la rueda uno aparece en la parte que va ascendiendo de la rueda (perro o hombre-chacal) y otro en la que desciende (mono o serpiente). El mono que ve hacia abajo y que cae representa al ser humano en sus desgracias, en sus momentos tristes, mientras que el perro-mono equivale a los tiempos de fortuna. Representan dos de los estados de la suerte: progreso o decadencia.

Sus significados: esos momentos donde te crees al tope la alegría y la felicidad, cuando te sientes bien por lo que te pasa (estás enamorad@), y otros momentos, más tristes (tu enamorad@ te dejó), donde te sientes que la vida no te ayuda, que Todo está en contra. Momentos de depresión, tristeza, negatividad excesiva. También las diferentes posiciones de estos seres en la rueda nos hablan del pasado, del presente y del futuro: a veces estás anclado al pasado y ¡zas! la rueda gira trayéndote al presente, a veces estás en el futuro, quieres vivirlo, y de nuevo la rueda te lleva al pasado y así. Siempre cambios, siempre recordando la impermanencia, la imperdurabilidad, lo efímero de las condiciones de tu vida.
En algunas cartas como la de Rider-Waite la rueda no descansa directamente sobre el suelo, sino que está como flotando en las nubes (no tiene patas ni manivela), la rodean nubes y en las cuatro esquinas de la carta -también como flotando- observamos a cuatro animales alados que aparecen en el Apocalipsis: vaca, águila, león y hombre. También sobre la rueda hay una inscripción, TARO, son letras del alfabeto judío que significan Yahvé (Dios), y en los círculos más interiores de la misma vemos varios símbolos de elementos alquímicos: azufre,  mercurio, sal  y otro, unas olitas, me parece es el elemento agua.
Mientras estos seres al tope de la rueda están presos por los acontecimientos, por el paso del tiempo, una especie de esfinge que sujeta una espada los contempla, sentadita y tranquila desde el presente. La espada suele representar a la inteligencia, en este caso es una inteligencia de tipo superior, la que proviene de tu estado consciente, una inteligencia intuitiva, no racional. La inteligencia es diferente al intelecto, lo incluye pero va más allá de él.
La Esfinge es el nombre griego de un animal fabuloso que suele representarse como un león recostado con cabeza humana. Las esfinges fueron ideadas por los antiguos egipcios y formaban parte de su mitología y posteriomente de la mitología de los antiguos griegos. La mayor y más antigua representación escultórica es la Gran Esfinge que se encuentra en Giza, Egipto. La esfinge no está dentro del movimiento, simplemente lo ve todo desde afuera, lo contempla.
Las cartas de Visconti-Sforza tienen cinco personajes todos humanos. En posición de cuatro patas aparece un hombre mayor que carga sobre su espalda la rueda, parece ser el tiempo, suele representársele como un anciano. Los monos-perros que suben y bajan sobre la rueda en esta carta son dos ¿reyezuelos? o ¿gente de la corte real pero de menos rango?, vestidos con ropaje sencillo. Como si fuera el centro de la rueda del cual parten los rayos está una mujer con sus brazos abiertos. Parece representar al azar, la diosa fortuna tal vez, porque tiene los ojos vendados. En el lugar que ocupa la esfinge en los otros mazos está un hombrecillo, más joven en apariencia, parece un ¿niño entre ángel y paje? La carta es borrosa en esa zona pero parece estar sentado en una especie de trono.
Me gusta relacionar la imagen de esta carta conmigo misma, con “partes de mí”, soy yo en mis diferentes versiones, estados anímicos o mentales. Unas veces soy esa que le gusta la montaña rusa y va del pasado al presente y al futuro y otra vez al pasado, soy la que se cree dependiente de los movimientos de la vida, impotente frente a ellos. Otras veces, soy la esfinge consciente y presente, que vive el ahora, la que espera tranquila y mira, es mi ser sosegado que no permite que nada la haga entrar a la montaña rusa.
Soy ese yo, que está por encima de las vicisitudes, de las situaciones y que apesar de ver que todo cambia, siempre sabe que su ser más íntimo y sagrado es constante y seguro, fijo: presente. Les recuerdo el texto del blog que cito arriba, veíamos el asunto de las diferencias entre el tiempo reloj y el tiempo eterno. La Rueda es una imagen contundente que resume esa idea.
Algunos gustan de interpretar esta carta como el azar, el destino, los cambios repentinos que te llegan, el humano “esclavo” del azar. Puedes elegir ese significado, depende de cómo lo quieras ver, pero lo importante es el nivel de tu vida donde los cambios suceden, creo que ahí está la clave. Es cierto que lo único constante es el cambio y viene bien saberlo procesar, pero hay una parte de ti, donde nada cambia: tu ser sagrado, tu ser real, ese que habita en el tiempo eterno. Cuando estás en el ahora y en el presente, es cuando puedes habitar el tiempo eterno.
La esfinge eres tú también quiet@ y contemplativ@, al igual que debes reconocer en tí los perros y monos que penden de la rueda. En ambas representaciones estás tú, es una cuestión de elección, ¿a través de qué figura deseas vivir más, de la esfinge o de los seres extraños colgantes y dependientes de la rueda?
Vivir realmente es ser esfinge, porque cuando somos “esos seres extraños” normalmente nos sentimos sobreviviendo y no viviendo. Éste es un camino largo y espiritual, reconocer las diferentes facetas anímicas que tenemos. Es una evolución notable cuando aprendes a reconocerte en el “monito” inseguro y te das cuenta, lo notas. Esa parte de tí que se da cuenta que estás siendo “mono” es la esfinge, eres tú, viéndote y sintiéndote esfinge, tú viendo y sintiendo la vida.
No inviertas mucho tiempo en quedarte “monito”, y dedica mucho, mucho tiempo a reconocerte y a saberte esfinge. Te advierte esta carta: requieres de saberte monito primero y entender que no eres sólo un “monito” frágil, indefenso y débil.
La Rueda de la Fortuna encarnada eres tú, tu ego y tu ser superior, todos esos papeles representados en una sola imagen. Tu ego es como los seres extraños que cuelgan de la rueda y tu SER REAL es la esfinge.
La esfinge es también ese “lugar” (dentro de ti, de mí y de todos) en donde descansamos, nos sentimos con sabiduría, tranquilidad, paz y armonía, es donde nos sentimos conectados con la vida y perfectos.
El amor suele quitar los velos que tapan a tu esfinge, te recuerda apasionadamente que eres esfinge. También puede arrastrarte y subirte como un mono, azotarte contra el piso, llevarte a la cima y luego dejarte caer de nuevo, pero el amor sano-equilibrado, te recuerda que, aunque todo cambia, nunca dejaste de ser esfinge ni podrás dejar de serlo. 
Tu esfinge es ese no-lugar y no-espacio que algunos han venido llamando Dios, la mente grande, el Universo… sí, porque DIOS también eres tú.
Abraza tu microcosmos.

Más cartas: El Diablo, La Torre, Los Enamorados.

Por el devenir amoroso (que no es tan azaroso),
Taika Ramé
तइका रमे