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11 cosas que he aprendido con mi crush #sersiendo

 Ilustración: Humberto Castro
Ilustración: Humberto Castro

Soy lenta para los terminajos de moda. Según leí “crush” significa un flechazo o un amor platónico o algo así. Yo tengo el mío hace más de 10 años. Te cuento todo lo que he aprendido con él. Este es mi regalo del día de San Valentín para ti. Quizás te sientas identificada/o.

Un enamoramiento recíproco no siempre acaba en una relación de pareja.

Uno de los mitos del amor romántico es que si dos personas se enamoran mutuamente han de ser pareja. Esta creencia nos lleva a ver al enamoramiento como algo que viene en un solo paquete con el formar una pareja. Y no necesariamente es así. A veces el enamoramiento es profundo sin transformarse en un vínculo sexoafectivo con forma de pareja tradicional. Eso no implica que las personas se quieran menos o no estén enamoradas ni tampoco es una pérdida de tiempo o un fracaso amoroso.

Las relaciones de pareja que aparecen en las canciones y las películas son casi siempre patológicas/tóxicas.

Estamos influenciados por el tipo de amor que se vende en las canciones y películas y solemos pensar que nuestra vida sexoafectiva tiene que ser así. Si no conseguimos que la relación de pareja que tenemos sea igual, nos frustramos y sufrimos. Cuando comencé a estudiar y a reflexionar sobre este asunto del amor romántico sentí un alivio muy grande. Primero, entendí que el amor romántico no es amor es dependencia emocional. Segundo, acepté que mientras me una a alguien la dependencia emocional sólo me estaré dañando a mí misma. Me ha resultado efectivo quedarme tres años totalmente célibe y sin vínculos sexoafectivos. Hacer buenas migas con la soledad enseña muchas cosas y cura desde adentro hacia afuera.

Las relaciones de pareja necesitan acuerdos explícitos y no tácitos.

Para que las relaciones de pareja sean un alimento para la vida, para que no nos indigestemos cada uno, hace falta ser valiente y preguntarse sobre las necesidades propias. Es muy difícil llegar a un acuerdo con alguien si no sabemos qué queremos nosotros mismos y que necesitamos del otro o la otra. A menudo preferimos evadirnos o “meter bajo la alfombra” esas emociones conflictivas que surgen en las relaciones de pareja. En general nos comportaremos en una relación de pareja de la misma forma en cómo afrontamos cualquier situación o emoción difícil en las otras áreas de nuestra vida. Suele ser justo con nuestras parejas donde nos salen todos los miedos y con ellos el enojo, las recriminaciones y el echarle la culpa a los demás, especialmente a nuestra pareja, porque somos infelices.

La fidelidad y la lealtad no son sinónimos de la monogamia.

Que tu pareja no tenga sexo con otra o con otro ahora no implica que te está siendo realmente fiel o leal. La peor traición que puede hacer un ser humano es la traición que se hace a sí mismo. A veces lo que queremos no es lo que necesitamos. A menudo necesitamos que nuestras bases se tambaleen y si estamos ciegamente y por miedo entregados a la monogamia sufriremos más. La monogamia es como una camisa de fuerza totalmente inconsciente e impuesta. Hemos aprendido que es eso lo que necesitamos, pero lo hemos aprendido a través de la culpa y de la represión. ¡Eso no puede ser sano para nadie! Yo no quiero que mi pareja sea esclavo de nada para poder estar conmigo, ni yo quiero ser esclava de un concepto para poder estar con mi pareja. Encontrarse con otro ser humano desde la honestidad, con todas nuestras imperfecciones, es mucho más aleccionador y útil para madurar, que seguir leyes o normas decididas y difundidas por otros.

Decirle la verdad a una persona no siempre significa que la quieras y respetas.

Los mitos del amor romántico nos tienen a todos muy confundidos. A veces la verdad puede ser como una daga que le clavas al otro en el corazón. Yo siempre había pensado que la verdad es siempre mejor, aunque duela. Pero estos últimos años de mi vida he cambiado de opinión. Creo que a veces el acto más compasivo es no decirle todo lo que piensas al otro. También creo que la honestidad no tiene que ver con “abrir el grifo” de la boca sin ton ni son. Hay que pensar y reflexionar, darse un tiempo antes de hablar. Estudiar a fondo lo que es la comunicación no violenta y practicarla a mí me ha enseñado muchas cosas. Ahora cada vez prefiero más escuchar que hablar.

Tener una vida amorosa es mucho más que tener una pareja sexoafectiva.

Hace poco descubrí y no me da vergüenza decirlo que se puede vivir sin una pareja y estar bien, sentirte llena y satisfecha con tu vida. Este es otro mito del amor romántico que crea mucho sufrimiento. Las mejores relaciones sexoafectivas se dan cuando las personas se eligen el uno al otro y no cuando se necesitan. El buen amor se da en libertad. Se da cuando sabes qué quieres y que no quieres de un vínculo con otra persona y eres fiel a tus propias necesidades, decisiones y valores. He descubierto también que el amor es como un arcoíris y que empeñarme en que el amor sólo sea la línea roja (la pasión, Eros) me hace perderme el resto de los colores. Vi hace unos días este vídeo de Cher en Facebook y creo que dice algo muy cierto y útil. Aplicable a ambos géneros.

Los seres humanos amamos como podemos no como queremos.

Hay muchas formas de quererse (Coral Herrera dixit). Todas son importantes para aprender y madurar como ser humano. Se va aprendiendo a amar mientras se está amando. Ser siendo. Cuando culpo a alguien por mi sufrimiento me quito toda la responsabilidad sobre la forma en cómo me estoy relacionando con lo que vivo y con lo que siento. Mis ideas y creencias sobre el amor y el enamoramiento son mi responsabilidad. A veces somos demasiado exigentes y esperamos que la otra persona, nuestra pareja, se haga cargo de algo que no es su responsabilidad. Nuestro estado de ánimo es nuestra responsabilidad. Tener relaciones sexoafectivas que se han acabado no nos hace unos fracasados en el amor. Al contrario, nos ayuda a discernir y a diferenciar qué queremos de una pareja y qué no. La siguiente relación sexoafectiva que construyas con alguien, si has procesado lo que aprendiste y lo aplicas, será mucho más equilibrada y sana.

Las relaciones sexuales satisfactorias son producto de una comunicación asertiva en la pareja.

Si evadimos hablar de sexualidad y erotismo con nuestra pareja nunca podremos tener relaciones sexuales que sean placenteras para ambos. Me da ternura la inocencia de algunas personas cuando se creen “latin lovers” y fieras sexuales en la cama y ni siquiera han hablado de estos temas con sus parejas. A veces ni con los amigos y las amigas. Peor aún. Yo no me canso de decirlo: si quieres saber qué le gusta o no le gusta a tu pareja sexualmente tienes que preguntárselo. Si quieres que tu pareja te haga en la cama lo que te gusta, tienes que decírselo.  La mayor parte de la gente, mujeres y hombres, tienen un sexo muy mediocre y lleno de tabúes. Una vez fui a una charla que dio una sexóloga y dijo que “El sexo más habitual se da entre vaginas rabiosas y penes ansiosos”. ¡Cuánta verdad!

El dolor es inevitable. El sufrimiento es opcional y es responsabilidad de quien lo siente.

La vida está llena de cosas que nos gustan (agradables) y otras que no nos gustan (desagradables). Es inevitable que cuando nos sucede algo que no nos gusta -como podría ser el rompimiento de una relación de pareja- sintamos un dolor muy fuerte. Si ese dolor no se va quitando con el tiempo, es porque la forma en que lo estamos gestionando y procesando ha perdido su rumbo, se ha estancado. El dolor y la tristeza son como cualquier otra emoción, tienen un pico de intensidad y luego pasan. Los duelos de cada quien son distintos y tienen su propio ritmo. Pero si luego de un tiempo considerable de haber roto una relación te encuentras a ti misma/o llorando desconsoladamente porque se te rompió una taza… >>> ¡Algo te está pasando! <<< ¡Busca ayuda psicológica! La cura necesita fluidez para hacer su labor. Sufrimos porque no sabemos relacionarnos de una forma amable con lo que nos resulta difícil y desagradable, especialmente con el dolor emocional. Si necesitas un mano amiga, avísame.

El enamoramiento y el amor se pueden vivir sin desconectarnos de nuestra capacidad de razonar.

Este es otro mito muy frecuente. Nuestras capacidades intelectuales no obedecen a un interruptor de ON/OFF. Nos han enseñado que estar enamorados es “volverse loco” por alguien o “perder el Norte”, pero no es así. Lo vivimos de este modo porque es la única forma en que sabemos hacerlo por ahora. Pero hay muchas más formas y se pueden aprender. Los seres humanos sí cambiamos. Que si no haces cosas impulsivas, que si no sientes como si te fueras a morir cuando el otro se va es porque no estás enamorada/o. ¡Eso es absolutamente falso! Al enamoramiento y al amor hay que ir con un entrenamiento previo. Debemos acudir al misterio del encuentro con otro ser humano con todas nuestras “partes”: corazón, mente y cuerpo conectados. De hecho siempre están conectados, lo que sucede es que no prestamos atención plena o “mindfulness” a lo que sentimos, pensamos, hacemos, decimos. Nadie nos enseñó. Vivimos la vida en total inconsciencia y automáticamente. Por eso es vital entrenarnos para sentir de una manera sana y hábil. Ocuparnos de aprender estos nuevos recursos para la vida es nuestra responsabilidad como adultos, nadie se puede ocupar de esta tarea por nosotros. ¡Yo siempre digo en mis charlas que Mindfulness es político!

La pasión y la razón están peleadas

Este es otro mito. La pasión y la razón pueden convivir perfectamente y no son antagónicas. Tampoco son mutuamente excluyentes la firmeza y la ternura. La afectividad se aprende y educa. Así como hemos aprendido a sufrir por amor también podemos desaprender las creencias que nos mantienen sufriendo. Y también podemos aprender una manera más sana, sencilla y hasta poética de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

Feliz Día del Amor y la Amistad,

Nadir Chacín
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Pareja: ¿por qué nos relacionamos? #sersiendo

pareja

Hoy mi madre me envió por mail unos artículos de María Dolores Paoli, me gusta su punto de vista y las cosas que dice sobre las relaciones de pareja. Creo que su pensar y sentir le viene como anillo al dedo a mis lectores y a mí.

Reproduzco acá sólo una parte de su texto. Espero que se tomen un tiempo y entren en su página web. No sólo hay información sobre este tema sino sobre los niños índigo y demás.  Espero les guste. A mí me hizo pensar mucho sobre mis relaciones de pareja.

La vida está basada en la capacidad de relacionarnos

Estamos habituados en aplicar el término “relación” a la interacción entre dos personas o más, pero el relacionarse es parte inherente de la vida. Todas las manifestaciones de vida se relacionan de alguna forma para poder expresarse.

Dentro de la evolución, la forma más pasiva es la del mineral, pero aún así se deja percibir, utilizar, admirar como puede ser un brillante, un zafiro, un rubí, una joya. Le sigue el animal que es una forma más dinámica pues interactúa con otros animales, con la naturaleza, con los seres humanos como por ejemplo: el perro con su amo.

Luego está el ser humano donde se manifiestan diferentes formas de relacionarse, pero que requiere de la interacción para subsistir. Si el ser humano no se relaciona muere, por ejemplo: un bebé si no se relaciona con la madre o con otra figura adulta protectora no subsiste por sí solo.

Sobrevivencia

Por ello, manteniendo el recuerdo de la necesidad de sobrevivencia, muchas personas eligen perpetuar una relación destructiva, antes de no relacionarse, pues en el momento en que se relacionan viven.

Por ejemplo: Una pareja permite atropello físico o verbal porque en el fondo prefieren tener una relación abusiva que no tener ninguna. La calidad de la relación va a depender de la actitud con que se aborde.

Las relaciones humanas interpersonales representan el gran reto para el individuo y sólo a través del Amor es que podemos relacionarnos plenamente, donde podemos fusionar nuestras conciencias individuales y contactar la unidad.

Ser pareja para regresar a la unidad

La verdadera razón para relacionarnos es poder regresar a la unidad, de donde se parte, habiendo asimilado las vivencias, redescubriendo en el otro la condición divina. Para ello, requerimos relacionarnos.

Es a través del contacto, del placer, del gozo que nos integramos a la unidad pero la mente y las emociones no clarificadas ni canalizadas nublan el camino para hacerlo.

Por ejemplo: El temor que sentimos a no ser amados, a ser rechazados nos hace dudar de nuestra capacidad de lograr sostener una relación de amor. El encontrar la capacidad de amar, nace de la voluntad y disponibilidad que tengamos.

En el relacionarse con los demás es cuando los conflictos no resueltos de la mente se activan, por ello, muchas personas creen que si no se relacionan sentimentalmente no tendrán problemas mayores debido a que consideran que el roce de la incomodidad sólo se presenta con la presencia de otra persona cuando en realidad, las relaciones son un termómetro de nuestro estado interno.

Autoconocimiento

La fricción de la interacción es el activador del autoconocimiento porque primero el conflicto tiene que estar adentro para que se pueda manifestar afuera a través de otra persona. El evadir relacionarse sentimentalmente y sacrificar la plenitud del contacto perpetúa los problemas internos pues no son puestos en evidencia. En la medida que no estemos dispuestos a solventar los conflictos emocionales no se pueden tener relaciones significativas, duraderas, nutritivas.

La mayoría de las personas sólo se relacionan a través del intercambio de ideas, del placer sexual, pero esa atracción no garantiza una comunicación profunda ni una relación duradera sino más bien un momento de proximidad que nos aleje de la soledad que probablemente en ese momento estemos sintiendo.

Este tipo de relaciones pueden ser distraídas y placenteras pero tarde o temprano entrarán en conflicto pues el verdadero Ser no se ha revelado por temor a ser expuesto, a mostrar los conflictos y ser rechazado.

Abrir el corazón

El verdadero ingrediente para tener una relación significativa es ser genuino, abierto. Es bajar las defensas, permitirse involucrarse, ser vulnerable, envolverse en el sentir. Hay que darse permiso de conocerse a sí mismo porque ¿cómo se puede comunicar a los demás lo que no nos atrevemos a comunicar a nosotros mismos? ¿Cómo puedes hablar de tus necesidades con tu pareja si no las has reconocido primero?

Date el permiso de sentirte para que puedas sentir plenamente la integración con tu pareja.

Hasta aquí su texto. Sigue leyendo más artículos en su página web, tiene varios sobre la pareja y las relaciones de amor.

Nadir Chacín
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