Etiquetado: relaciones amorosas

¿Cómo construir Relaciones Afectivas Conscientes? #sersiendo

género-nadir-chacinMi nuevo PODCAST: Una exploración de nuestros hábitos amorosos y su relación con los estereotipos de género.

Este material forma parte del Curso “Amor y Mindfulness. Relaciones Afectivas Conscientes” que dictaré del 3 al 24 de noviembre en Mailuna (C/Valldonzella 48, Barcelona). A la práctica de la atención plena o “mindfulness” en las relaciones afectivas se les ha llamado “Mindful Loving”.

Preguntas necesarias: ¿Cómo son tus vínculos amorosos? ¿Cómo los has construido? ¿Por qué sufres por amor? ¿Qué creencias tienes sobre el amor y cómo condicionan la manera en que te relacionas con los otros? ¿Cómo es una relación sana y una tóxica, cómo es la que has construido con las personas importantes de tu vida? ¿Cómo descubrir cuáles son tus necesidades en un vínculo amoroso? ¿Cómo comunicar tus necesidades al otro o a la otra? ¿Cómo respetarnos los unos a los otros y ayudarnos a satisfacer nuestras respectivas necesidades desde el respeto y el amor?

Nadir Chacín
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Fundadora de mindfulnessparamujeres.com, Antropóloga, Escritora y Conferencista motivacional, Profesora de Mindfulness Respira Vida Breathworks (certificación), Maestra (Shihan) en Gendai Reiki Ho, Estudiante del Diploma de Especialización de Postgrado en Género, Diversidad Familiar y Tecnologías de la Universidad de Barcelona, Practicante budista dentro del Movimiento Triratna, Bloguera en temas de crecimiento personal desde 2007, Organizadora del Barcelona Mindfulness para Mujeres Meetup y de La red de lavanderas en Sant Cugat, Autora del libro “Senderos de paz. Deja de sobrevivir y dirige tus pasos hacia el amor y la felicidad” sobre Budismo Zen y Física Cuántica publicado por Santillana México.

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Amar (no) es

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Dilema de la 1:19 pm. Amar es darle la libertad al otro para que viva lo que tenga que vivir como pueda y quiera vivirlo. Cada persona es un mundo diferente, legítimo. Amar no es sobre-proteger. No es ofrecer soluciones ya pensadas desde nuestros puntos de vista personales a las situaciones, problemas, angustias y emociones de los demás. Amar es respetar la libertad de nuestros seres queridos para ser ellos mismos (sí, aunque se equivoquen). Amar es permitir que los demás vivan su dolor o su alegría: sus procesos emocionales a su manera. Amar es escuchar pacientemente y acompañar al otro mientras vive su propia vida.

Ojo. Amar así no implica que no pongas límites a la forma en que quieres interrelacionarte con los demás. Los límites son sanos. ¿Qué quiero decir con la palabra “límites”?

Ejemplo. Te habla tu amigo/a que está deprimido/a porque su novio/a lo dejó. Tú tienes derecho a decidir cuándo quieres acompañarlo/a en su proceso y cuando no, eso hará que lo/a puedas apoyar de mejor manera. Si cada vez que te llama o busca tú vas en su rescate aunque no quieras hacerlo… te está moviendo la culpa y no el amor hacia esa persona.

Nadir Chacín

Des(nudo) de mujer

a Úrsula Fuentesberain

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace mucho que no escribía como si alguien me dictara desde alguna parte de mí. Agradezco a Úrsula por detonar este artículo con su pregunta ¿pero qué diablos significa ser una mujer independiente? Hoy vengo a regalarles un cacho de lo parido a punta de aventuras y putazos.

Es cierto que a las mujeres no nos ha tocado fácil durante toda esta historia. Seguro algunos hombres sentirán lo mismo que nosotras. Es aun más cierto que nuestras infancias nos marcaron, pero lo que nos pasa hoy no está relacionado con nuestro género ni crianza. Al menos lo que me pasa a mí responde a algo más íntimo y maleable: mi relación conmigo.

Tratar de ser independiente no ha dependido de la actitud de los que me rodean ni de lo que pasa afuera de mí como el empleo, la casa, los hijos, la pareja, la carrera profesional. Es un estado de ánimo basado en mi autovaloración, misma que ha ido cambiando por temporadas. A brochazos. A empujones.

Puedo decir sin tapujos que me he atropellado. Nadie me atropelló: yo lo hice. Más allá de las cuestiones de género, de los condicionamientos sociales, del dinero o del empleo que tenga o no… me entendí un buen día Nadir atropellada por Nadir. Primero me atropellé con mi rol de hija, después con el de mujer, el de madre, luego antropóloga, editora, escritora, empleada, desempleada, amante de un casado, novia de un novio… y así sucesivamente. Arrollamientos nadirienses. Uno tras otro.

Con el tiempo entendí que mi anhelada independencia sólo surgía cuando me sentía valiosa y perfecta haciendo lo que el lado Bin Laden de mi mente consideraba decisiones “imperfectas”. Esas que salían del rol que yo tenía que cumplir al pie de la letra según cada etapa.

Ser independiente al inicio me pasaba por casualidad en momentos fugaces, mientras estaba haciendo algo que me gustaba mucho pero sin sentirme culpable. O cuando me divertía a pesar de no tener empleo o cuando mi pareja estaba en casa y yo disfrutaba al 100% bailando lejos de casa. No hay mejor forma de atropellarse que seguir cierto rol como único destino, aunque notes que te está matando a cuenta gotas.

Así surgieron en mi vida la fijeza, el aburrimiento y el desdén. Hasta que noté que ningún rol me contenía del todo porque los humanos no somos máquinas ni productos. Eso explicaba por qué a medida de que un rol me atrapaba yo iba perdiendo fuerzas. Perdiéndome a mí. Entendí que ningún humano atropellado acompaña ni ama a nadie. No puede.

Me humanicé al descubrir cómo darme a mí misma esos estados placenteros y satisfacer lo que deseo. Con mucha dedicación he estado aprendiendo estrategias nuevas y a mantener en ON ese estado de ánimo. He aprendido a pillarme en flagrancia cometiéndome abuso :) y entonces evito el naufragio… o puedo salir de él sin que mi vitalidad sea asesinada.

Ser una Nadir independiente ha sido y es lo mismo que valorar lo que yo deseo emocionalmente y dármelo yo. Porque si no estoy bien nada ni nadie de mi gente está ni estará bien. Porque si me arrollo me pierdo y los demás me pierden.

Desde que mi tranquilidad yo la produzco, defiendo y motivo a diario ya nada me ata como antes, nada, y si ya nada me ata de ese modo soy felizmente independiente.

Con amor,

Nadir Chacín

PD: Les regalo este autorretrato que me hice. Lo tengo en mi escritorio y me recuerda que la luz que requiero ya existe y viene de mi interior.

A él no le apesta tu basura: reflexiones sobre las amenazas y las sobre-explicaciones

Ahora muchas mujeres se atreven a poner límites en las formas en cómo desean ser tratadas por los hombres, pero siguen utilizando el único recurso que conocen: la palabra. Emplean, a menudo, dos modalidades de comunicación verbal para ello: la amenaza y la sobre-explicación.

Paradójicamente, estas formas les quitan poder y las colocan en la postura de subordinación de la cual quieren salir (o no entrar), en vez de ayudarlas a equilibrar sus relaciones con otros seres humanos: hija/o, padre, madre, pareja, jefa/e, empleadas/os, etcétera.

“Si dejas eso allí de nuevo… te castigo…”, “si no dejas a tu amante me iré de casa, lo juro…”, “que sea la última vez que amaneces trabajando”, “la próxima vez defenderé mi punto de vista y si no me hace caso renuncio”, “no es el hombre que yo quiero a mi lado, pero…”

Las amenazas no sirven, sólo desgastan a quien las hace. Lo mismo pasa con la “dadera” de sobre-explicaciones obsesas y a cada rato. Nunca conseguirás lo que quieres amenazando ni dando sobre-explicaciones que están de más. Esto no es un asunto de género, ojito, es un asunto de dominadores y subordinados dentro de un sistema de dominación-subordinación. El actual. Si el que está subordinado es un hombre y la dominadora es una mujer es el mismo proceso y se consiguen los mismos resultados: más desequilibrio. Me referiré aquí a mujeres y hombres, para ponerlo en palabras más sencillas, pero vale igual para los hombres que perpetúan sin saberlo su subordinación ante otro humano, mujer o hombre.

Es un fail total que las relaciones humanas y laborales funcionen de esta forma, tienes toda la razón, pero así funcionan y hay que aprender a ser operativa en ese sistema mientras hacemos algo por cambiarlo. Actuar de una manera diferente es ejecutar el detonador del cambio y equilibrar lo desequilibrado. Hoy vengo a hablarles de algo vital para ese cambio de actitud.

Las amenazas son señales socialmente percibidas como “debilidad” en las mujeres, en los hombres es diferente, pero cuando la que amenaza es una mujer no sirven para nada. La misma cosa pasa con los hombres que están en una posición subordinada. En los hombres las amenazas son para demostrar y legitimar el poder que sí tienen. En cambio, en las mujeres, las amenazas sirven para demostrar y reafirmar la pérdida de tu poder, el que no has tenido ancestralmente ni tienes ahora. Para resumir: las amenazas son la cosa más inútil que hay en el planeta Tierra. Dañan a todos los seres humanos, del género y la edad que sean.

El efecto de las palabras depende de quién las dice y de a quién se las dices, no estrictamente de las palabras en sí mismas, de lo dicho. Lo importante es la intención de lo dicho, “su poder para” o “su incapacidad para” obtener resultados e incidir positivamente en una situación o en un vínculo entre dos personas. En el caso de las sobre-explicaciones pasa algo similar, la mujer que explica mucho poco hace, nada logra. La mujer que amenaza poco logra, nada hace. Los efectos y los resultados de lo que decimos siempre son contextuales y están sujetos a las interpretaciones propias y ajenas acerca de lo dicho. Los hechos no, los hechos son los hechos.

Ojito. No estoy hablando de si “las cosas” están bien así como están en el mundo (¡pufff!) y en las relaciones de pareja (¡doble ashh!), no se trata de valorar la situación ni de dar opiniones morales sobre lo que hay, no. Hablo de entender cómo están las cosas hoy y hacer algo diferente para obtener resultados diferentes. ¡Pragmatismo puro! Si eres de las mujeres que tienen que explicar constantemente por qué deben ser respetadas: sigue leyendo.

¿Qué tienen que ver las amenazas y las sobre-explicaciones con la basura?

Tus amenazas y sobre-explicaciones son como la basura para la persona que recoge y procesa la basura. A nosotros, los que estamos viéndola desde afuera, siempre nos parece que debe ser una tortura ese trabajo, pero realmente para esa persona la basura no apesta, ya no apesta. Su olfato se acostumbró al olor y ya no lo percibe. Cuando tú has dado demasiadas explicaciones o has amenazado a la misma persona por mucho tiempo es como con la basura: tus palabras ya no surten efecto, él o ella ni siquiera te escucha. Necesitas, necesitan ACTOS, HECHOS. No palabras. No ideas. No sentimientos. Hechos sí.

¿Qué hacer entonces para conseguir lo que estás buscando?

Párale, bájale dos rayas a tu “explicadera”, a tu “amenazadera”. No digas cosas que no harás pronto ni tampoco después o más adelante, no expliques demasiado lo que deseas ni lo que te sucede. HAZ. ACTÚA. EJECUTA. Cierre tu pico, no hables más y ejecuta. Si algo no te gusta actúa congruentemente con lo que piensas y sientes, y que tu cuerpo, tu actitud, tu comportamiento demuestre que eso NO te gusta en el presente, en el momento, no tres años después. No des mensajes ambiguos a las otras personas, eso te quita poder. ¡Cuando es no es no! No digas, no expliques, no amenaces: haz. Ejecuta esos límites que tanto explicas y defiendes en tus choros mareadores. No pongas tus límites en palabras, no los pienses, llévalos a tu cuerpo y actúalos. Hazlos. Vuélvelos hechos.
Una mujer que está todo el tiempo diciéndole a su pareja “por favor respétame” (“oye aquí estoy”, “yo también necesito cosas”, “hey, es que no notas que yo también existo”, “¿cuándo me tocará a mí?”) no obtendrá nada diferente a lo que ya tiene y está viviendo. La mujer que no quiere ser irrespetada no sale ni vive ni convive con un tipo que la irrespeta. La mujer que está harta no amenaza con irse cada cinco minutos, sólo agarra sus chivas y se va (no sin antes hablar con su abogado). Simplemente ella no sale, no está, no vive, ni soporta que otro humano, hombre o mujer, la irrespete. Tolerancia cero. Para ejecutar no hay que dar explicaciones cansonas y repetitivas ni amenazar a nadie. Ella no tiene parejas, jefes ni hijos que la traten como un chicle pegado en las suelas de sus zapatos.

¿Pero cómo se da el irrespeto? ¿Qué es irrespeto y qué no?

El irrespeto empieza en una misma. El irrespeto tiene su origen y la solución en la persona que anhela ser respetada, porque es ella misma quien se irrespeta por eso anhela y anhela, mas nunca es respetada. Quien cede su poder al otro u otra (a la persona que la irrespeta) y se coloca entonces en una postura subordinada o cada vez más y más subordinada: ésa eres tú. Al amenazar y sobre-explicar pierdes el poder o refrendas que efectivamente NO lo tienes.
Pierdes el poder al no considerar ni procurar satisfacer tus propias necesidades. Tú a ti. Irrespetarse a una misma es dejar en segundo plano lo que tú necesitas y luego echarle la culpa a los demás porque sigues insatisfecha. Irrespeto es no considerar las necesidades de los demás sí, pero irrespeto también es considerar que las necesidades de tu pareja, tus hijos, tus empleados, tus jefes son más valiosas y urgentes que las tuyas. Respeto significa miramiento, consideración, deferencia. El irrespeto empieza por ti, no por los demás. El irrespeto original, la semilla desde donde crecen la maleza y las plantas parasitarias, tú lo llevas a cabo contigo. Lo demás son sólo réplicas de lo que tú haces.
Respeto es la atención especial que se tiene al ejecutar una acción o es la atención que le das a una persona. Esa persona eres tú. Esas acciones atendidas o desatendidas son también tuyas. Lo que más me interesa es que tatúes en tu mente y en tu alma lo siguiente: no puedes establecer relaciones respetuosas hacia y con los demás si no tienes una relación de respeto contigo misma. El respeto y el irrespeto que ahora vives son tuyos, ¡tú los creaste! Tú tienes el sartén agarrado por el mango y tú decides o decidiste ceder tu poder. ¿Miedo? ¿Comodidad? ¿Dependencia emocional? ¿Inseguridad? Ponle el nombre que quieras, pero ese paquete es tuyo y de más nadie, ¿qué harás con él?

¿Cómo se da el proceso de perder tu poder?

Comienza con no tener claras tus necesidades, con no darles un orden de prioridad a las mismas. Cuáles de tus necesidades son negociables y cuáles son imprescindibles y necesitas satisfacerlas ya, urgentemente. Perder poder inicia con no empeñarte en procurar que tus necesidades sean satisfechas. Hay dos tipos de necesidades, unas, las más vitales, te las puedes dar tú misma y es mejor que no esperes a que otra persona te las dé: amor, respeto, cuidado, consideración, compañía. Otras son coyunturales, circunstanciales, a veces te las podrás dar tú misma y otras veces necesitarás que otra persona te facilite el proceso de obtenerlas. El segundo es el caso de los empleos, por ejemplo. En líneas generales, perder poder pasa por insistir en que otra persona satisfaga lo que tú tienes que proveerte a ti misma. Pierdes poder cuando ejerces esos límites que tanto necesitas (la forma cómo quieres ser tratada por los demás) sólo en tu mente y hablando. Pierdes poder cuando te limitas a quejarte, a amenazar y a sobre-explicar pero tu actitud está dando el mensaje contrario a lo que dice tu boca.

Te pongo algunos ejemplos que pueden sonar estereotipados pero que son ilustrativos. Aplícalos a tu situación en las formas no en lo que describen exactamente. Ahí te van.

Ej. #1: Tú estás esperando que el tipo te hable para salir y él se comprometió en hacer esa llamada a las 8 pm. Llegan las 8 pm y él no habla. Tú sigues allí esperando (eternamente) a que lo haga. Él termina hablando a las 10 pm y diciendo que está retrasadísimo y que lo más seguro es que no pueda verte hoy. Tú le armas un pancho, le dices que es una desconsideración de su parte y la la lá… Para empezar… ¿por qué chingados le contestas el teléfono a las 10? No contestes y no le contestes hasta dentro de una semana. Así sabrá que las 8 son las 8. Hechos, no palabras.

Ej. #2: Él tiene que pasarte la pensión alimenticia de tu hijo todos los días 5 de cada mes. Así lo dijo el abogado. Han pasado tres meses y él nada, ni un peso. Tú le mandas mails amenazándolo, le llamas y le armas un escándalo, lo presionas hablándole a su mamá, le dices que no lo dejarás ver al niño más nunca en la vida. Etcétera, etcétera. Me pregunto: ¿qué esperas para hablarle a tu abogado y demandarlo porque está incumpliendo lo que se comprometió a hacer? ¿Por qué eres tan “buenita” con él, acaso él lo fue contigo cuando tú estabas jodida? No des explicaciones, no amenaces, llama a tu abogado. Hechos, no amenazas.

Ej. # 3: Están ambos en un bar y un tipo de otra mesa se te queda viendo. Tu pareja se enoja y te hace un espectáculo y se va. Tú le hablas por el celular mil veces y le preguntas: ¿por qué te fuiste? Tú sabes por qué se fue… pero de todas maneras quieres que él te explique… ¿para qué? Luego vas y le sobre-explicas mil cosas inútiles: “el tipo no me gusta, es horrible”, “te juro, yo no lo conozco”, “yo te quiero a ti, no seas tontito”. Cuando tú le pides una explicación o eres tú la que sobre-explicas le das valor y reafirmas su actitud. Una actitud que NO te gusta. ¿O es que sí te gusta salir con alguien que te culpa por la mirada de un tipo que ni conoces? No te hagas cargo ni te responsabilices de un paquete que no es tuyo. Déjalo ser adulto, no compenses su inmadurez ni gratifiques con “un caramelito” una actitud con la que no estás de acuerdo. Y eso lo tienes que hacer en el momento en que sucede no después. Hechos, no sobre-explicaciones.

Ej. # 4: Ya estás harta de sus indecisiones, que no quiere vivir contigo y chala lá. Siempre dice que sí te ama que eres la mujer de su vida, SU mujer, que nunca había sentido nada igual por una pareja anterior, que has cambiado su vida, que eres lo más importante que él tiene ¡como tú no hay dos! y quien sabe que tantas cosas… son sólo palabras… Ya a ti no te gusta “ese juego”, no te divierte. Siempre te da una fecha de cuándo por fin pasará lo que tú esperas que él haga pero esa fecha nunca llega, siempre él tiene algo más importante, más urgente, más prioritario que ejercer su compromiso contigo. Hechos, no palabras. ¿Si estás harta, si ya esa relación no te está dando lo que tú necesitas, si es más lo que sufres que lo que gozas… por qué sigues con él? Lo que no ha hecho hasta ahora ya no lo hará. ¿Hay millones de hombres en este mundo por qué actúas como si él fuera el único? El amor y el enamoramiento no son suficientes, necesitas hechos. No quiero matar(te) el romanticismo pero ¿si tú eres “la mujer de su vida” por qué renuncia a ti tan fácilmente?

¿Cómo recuperar tu poder (o cómo no seguirlo perdiendo hasta que te quedes seca)?

Haz una lista de tus habilidades

No importa si ahora las utilizas o no. Trata de traerlas al nivel consciente. A veces no sabemos para lo que somos buenas porque no nos detenemos a observarnos. Ponle nombres respetuosos a todo eso para lo que eres buena. No es lo mismo escribir “se me da eso de llevar las cuentas” a escribir “soy buena administradora y sé optimizar los recursos”. Respeta lo que sabes hacer y que en lo que escribas eso se note. Si no se te ocurre ninguna habilidad… busca en tu pasado, recuerda situaciones jodidas por las que hayas pasado y anota cómo saliste de ellas. ¿Qué necesitaste para salir? ¿Qué fue lo que hiciste? Ve a los hechos, a las cosas que hayas realizado, ejecutado, actuado, no a las ideas ni a los sentimientos. Busca y busca hasta que encuentres tus habilidades. Un último recurso es preguntarle a alguien que te conozca bien y te quiera (ojo: no a tu esposo ni a tu jefe) cuáles piensa que son tus habilidades y luego escríbelas en un papel. Revísalas hasta que estés segura de que sí son y pega la lista donde puedas verla muy seguido. Cuando dudes y sientas que estás perdiendo fuerzas, reléela.

Haz una lista de tus necesidades

Todas desde las más básicas hasta las más complejas. Pégala junto a la lista anterior. Ponles fecha a las acciones que te lleven a satisfacer tus necesidades, fecha de inicio. Si tienes 5 años queriendo tomar clases de pintura, ponle fecha y comprométete contigo misma y hazlo. Si quieres tener una tarde para ti, lejos de los niños, habla puntualmente con tu pareja de lo que necesitas y ponle fecha de inicio y hazlo. No le expliques a él por qué lo necesitas hacer, no lo amenaces, simplemente di yo necesito esto y ponle fecha. Solicita colaboración si tienes que hacerlo pero no “ruegues” ni “te arrodilles” para que te ayuden. La colaboración se pide “de pie” y “con la cabeza en alto”, la que mendiga y suplica siempre está de rodillas ante el otro o la otra. No supliques: NEGOCIA. Sé puntual, clara y no des pasos hacia atrás. Sé amigable y firme, no exigente, ni mandona ni retadora. Negocia.

Clarifica dentro de ti misma qué tipo de relación deseas con esa persona

Describe por escrito cómo es el tipo de relación de pareja, laboral o de amigos que tú deseas. Separa la hoja en dos, de un lado pondrás una columna, allí va lo que tú quieres obtener de esa relación y en la segunda columna lo que sí estás obteniendo: los hechos. Escribe todo lo que se te ocurra, todo, y luego evalúa los resultados. Compara lo que deseas de esa relación, lo que necesitas de la misma, con lo que realmente estás obteniendo de esa relación. Sé cruel, no tengas piedad en esa lista, escribe todo lo que te salga. Escribe desde tu persona, coloca en ti tu punto de vista no en el de los demás, no el de tu pareja, no el de tu suegra, no el de tu jefe ni tu amigo. El tuyo. Observa la lista final con calma y medita sobre lo que estás haciendo con tu vida, tú, y no más nadie. ¿Te gusta lo que lees? ¿Es lo que deseas? ¿Por qué no vives como quieres vivir? Busca soluciones y regresa a analizar las dos listas anteriores. Tus habilidades y tus necesidades. Combina todo y actúa. Ejecuta las soluciones, empieza por una sencilla, pero hazlo.

Cuando dudes de tu interpretación sobre una situación o una persona, regresa a los hechos y reflexiona sobre ellos

Los hombres y las mujeres sólo podemos encontrarnos y construir “algo” en los hechos. Construyendo. Palabras van, vienen. Ideas, sentimientos, van, vienen. Imaginación, fantasías y yoes imaginarios van y vienen. Los hechos son hechos: construyen construyendo. Si quieres saber cómo realmente es un hombre (o alguna persona) déjalo ser junto a ti, velo cómo actúa, “tápate los oídos” por un rato, aprende a “escuchar” sus actos y no sus palabras. No hables tanto tú y presta atención a lo que él hace. No sobre-expliques, no amenaces. Sé tú lo que estás buscando en él, actúa tú contigo misma como quieres que él actúe contigo. Si él se va o se queda te tendrás a ti misma siempre y no te sentirás tan vulnerable.

Diversifica tu vida

Las mujeres tomamos muchas decisiones que nos quitan poder. Una muy común es hacer que tu vida gira en torno a él o a esa persona: jefe, hijo, amiga. Cuando tu mundo gira así alrededor de una sola persona comienzas en un acto casi irremediable a sobre-explicarte y a sentir la tentación de amenazar al otro u otra. No esperes ni demandes que tus necesidades sean satisfechas por un misma persona. Nadie llenará tu vacío, sólo tú. Pero si notas que no estás pudiendo darte a ti misma lo que necesitas por ahora, diversifícate, es una buena estrategia mientras logras recuperar tu poder. Que cuando tu teléfono suene no sepas de antemano que es él. Que cuando sean las 7 pm y todos en la oficina se vayan tú también salgas por esa puerta porque tienes una cita para ir al cine. Y aunque no la tengas, sal, huye de esa oficina y léete un libro. Al menos una vez a la semana asegúrate de hacer lo que más te gusta en este mundo. No busques excusas no aceptes que tú te estás dando excusas para no hacer lo que deseas. Actúa.

Busca ayuda

Si tu vida no es lo que deseas. Si tu relación no es lo que deseas. Si el mundo se te viene encima y no hayas cómo cambiar lo que sucede, busca ayuda psicológica ya. No esperes más. Hazlo. Hechos, no ideas. Levanta tu teléfono y haz esa llamada, busca un terapeuta y pide una cita, busca un grupo de ayuda para mujeres y asiste. Si no te gustan los psicólogos, busca otra solución y hazla ya. Yoga. Tai Chi. Meditación. Taller de escritura. Club de lectura. Lo que quieras que sea para ti y que luego de hacerlo sientas que te ayuda. Hazlo. Hechos, puritos hechos.

El amor es un acto y una acción, no una idea, no está hecho de palabras.
Con todo mi respeto,

Nadir Chacín

REGRESAR A MÍ (A TI, A ÉL, A ELLA)

Siempre nos preguntamos para qué sirven las rupturas amorosas. Son encrucijadas, paradas, estaciones de paso, quiebres, inicios, finales. Revoluciones. Son todo eso y a la vez. Cuando una pareja por los motivos que sean decide separarse o uno de los miembros decide alejarse por un tiempo o “para siempre” (nótese las comillas… no me gustan las sentencias, la vida no puede controlarse), muchas cosas parecen CERRARSE pero el resultado REAL es que la dimensión de la pareja SE ABRE. La dimensión individual SE ABRE.

El enamoramiento y el amor son indudablemente fuerzas amalgamadoras. Los amantes perciben que existe fusión entre ellos a pesar de que el amor sólo puede vivirse y experienciarse individualmente. La pareja, en su devenir cotidiano, es doble acción, doble Ser, pero los amantes suelen olvidarse de que son dos. En toda fusión (real o imaginada) aumenta la resistencia, se tiende a “borrar” las fronteras que de por sí son imborrables… y entonces surge contundente la fuerza inevitable de la separación, de la diferenciación con respecto al otro. Nadie puede luchar contra eso, porque es un instinto: mantener la identidad propia. No porque quieras seguir siendo tú amas menos y no porque tu pareja también quiera serlo te ama menos. Eso es un error de interpretación.

El amante ama al otro por lo que es y siempre el amor cuando es genuino busca el respeto hacia la persona que ama en tanto persona diferente de uno mismo. Sin embargo, la fusión existe, se da. La sentimos. Es también. Algo nos separa y nos une, algo nutrido por nosotros mismos. Ambas fuerzas, la que te separa de quien amas y la que te une a él o ella, se alimentan de los significados que les atribuimos a las cosas que vivimos, a las conversaciones que tenemos, a las diversas (y a veces contradictorias) creencias que conviven en nuestra mente sobre el amor y otras aventuras.

La fusión siempre será sana y armoniosa si se mantienen renovadas y ejercidas las identidades individuales. “Ejercidas” quiere decir ACTIVAS, en acción. Si te fusionas al punto de olvidarte de ti misma, de ti mismo, algo SE ROMPE dentro de tu Ser. Nadie puede amar realmente si se fusiona y se olvida de su persona. Ésta es la salvación que proveen las rupturas, momentáneas o no. Las rupturas son OPORTUNIDADES, son llamadas de atención. Es el alma que dice “hey… aquí estoy… ¿y yo qué?”, cuando se produce una ruptura hay algo que te está gritando dentro de ti que le prestes atención. Que TÚ existes y que no has estado poniéndote mucha atención últimamente, dedicándote mucho tiempo ni dedicación. Y menos la pasión que te mereces.

Las rupturas terminan siempre sanando a la pareja, pero lo más importante es que SIEMPRE terminan hoy, mañana o en algún momento sanándote a ti. ROMPER una relación es un camino (sanador y doloroso) para volver a ti. Lo es de igual modo para volver al NOSOTROS pero de una forma diferente, más amorosa, y en tanto más cercana al amor, más respetuosa de los quereres y deseos de cada uno. Eso no implica que la relación de pareja continúe, pero si implica que esas dos personas podrán ahora mirarse, contemplarse y vivirse mutuamente de una forma más armoniosa. Cuando has procesado sinceramente la separación comienzas a ver. Tus ojos miran por primera vez y luego contemplarás lo que es y lo abrazarás sin pelearte con lo que sucede.

Regresar a mí siempre será un regresar a ti (a él o a ella) de una manera más genuina y transparente. Sin máscaras. Cuando logras ver al otro por lo que es, con sus defectos y virtudes, cuando logras hacer eso mismo para contigo (sobre todo), TÚ TE ABRES, LA PAREJA SE ABRE. La dimensión de lo que vives se amplía, logras por un instante, por un mes, un día, a veces por un tiempo más prolongado cuando trabajas en ello, regresar a tu naturaleza original. Ésa que te permite estar acompañando a alguien (que no unirte) sin “matarlo”, sin perderte en el otro, sin obligar a que él o ella se pierda en ti (consciente o inconscientemente), sin querer y presionar para que sea como tú, sin borrarte tú. Eso siempre es UN REGALO HERMOSO que te procuras a ti mismo. Suena trillado pero amar al otro siempre pasa primero por amar lo que uno es.

No quieras saltarte el primer escalón de las relaciones sociales. La relación que construyes con la única persona que podrá darte todo el amor que necesitas y que te mereces: TÚ.

“El Buen Canario”: ¿pía, grazna o canta?

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Hoy tuve la fortuna de poder leer el guión completo de la obra de teatro El Buen Canario (The Good Canary) de Zach Helm, un escritor y director de cine norteamericano. Digo fortuna porque, además de ser un guión de una puesta en escena innovadora y multiartística, da en el clavo de problemas y conflictos muy actuales y profundos, no sólo de los escritores y su mundo, sino de las relaciones humanas en general. Tiene un humor negro muy muy bueno. Helm ha escrito también la obra Last Chance for a Show Dance y los guiones de dos películas que me gustan mucho: Más extraño que la ficción (Stranger than Fiction, USA, 2006) dirigida por Mark Forster y Mister Magorium (Mr. Magorium’s Wonder Emporium, USA, 2007. Sobre todo la primera, aunque la segunda me llevó hasta mi infancia y me sacó mil sonrisas (sí yo creía -y aún creo en la magia).

Bueno pero estoy aquí para hablarles de El Buen Canario, dirigida en México y Paris (2007) por John Malkovich y ahora está en cartelera en la Ciudad de México interpretada por Diego Luna, Daniel Giménez Cacho, Irene Azuela, Bruno Bichir, Jorge Zárate, Martín Altomaro y Yuriria del Valle. Es una producción de Mr. Mudd, Canana y Retrolab, que ha tenido muy buena taquilla hasta hoy en el Teatro Insurgentes. Es una obra muy fuerte, mordaz y suficientemente ácida para que el espectador sienta que al salir de la sala cambió, “algo” le cambió. Al menos eso espero cuando la vea la próxima semana. Por ahora, sólo he leído el guión que próximamente será publicado por Editorial Sexto Piso.

La historia narra la relación amorosa entre un escritor talentoso y aparentemente súper enamorado Jack Parker (Diego Luna) y su mujer Annie, adicta a las anfetaminas (Irene Azuela) y anorexica-bulímica. En el inicio nos parece poco común su relación, no nos reconocemos quizá en todas sus patologías y adicciones, pero a medida que avanza el guión, esa pareja Jack-Annie (o más bien Annie-Jack) se vuelve espejo de las relaciones que ya has visto a tu alrededor, las que ya conoces -incluso hasta de la tuya propia. Eso puede ser doloroso y contundente.

Junto con ellos aparecen otros personajes no menos interesantes, un agente literario llamado Charlie (Daniel Giménez Cacho), encarnación de la misoginia y del cinismo antipático, de la presión y chantaje al que se exponen los escritores cuando se topan con un mercenario que busca cerrar contratos cueste lo que cueste. El contrapeso, es Andrew Mulholland (Bruno Bichir), un crítico literario que tiene en sus manos -como muchos y gracias a la dinámica del mercado- el éxito o no de una novedad editorial; quien se vuelve pieza importante en el desenlace de la obra. Annie, está atormentada por una situación horrible de su niñez, al principio hasta sientes pena de Jack que tiene que soportar su adicción a las anfetas pero luego casi te colocas dentro la piel y del cuerpo de Annie, es muy fuerte, te mimetizas con el personaje y logras desmoronarte con ella, “caerte al hueco negro” donde se mete. Y hasta entiendes por qué puede reaccionar como lo hace. Jack quien parece estar enamorado de su mujer y hacer TODO por ella, le tomas simpatía, en un revés de la historia, pasa a una postura donde te da rabia, donde lo juzgas y lo perdonas a la vez. No sé. Podría decir que ambos personajes tienen una profunda soledad, una necesidad angustiosa y dolorosa de ser amados por lo que son y no lo consiguen.

Los temas sobre los cuales trata la obra son existenciales, humanos, muy humanos: ¿de quién depende el éxito y la felicidad de cada persona? ¿Cuánto puedes amar a alguien para permitir que sea ella misma aunque eso implique su destrucción (sirve también para las mujeres con respecto a sus parejas)? ¿Qué es lo que debemos hacer ante un ser amado que se te deshace en las manos, que no puedes asirlo ni menos disfrutarlo? ¿Por qué a veces nada nos satisface, nada de lo que suceda nos satisface? ¿Hasta dónde debemos ceder ante las peticiones del amante, hasta dónde es “sano” ceder? ¿Qué esconden los tratos a veces insanos entre las parejas? Más preguntas que respuestas, no sé si El buen canario de esta obra pía, grazna o canta (quizá aúlla más bien, no es gratis que la palabra canario venga del latín Canis)… vayan a ver la obra antes de que la quiten de cartelera. El guión vale MUCHO la pena. Espero decir lo mismo del montaje. (Nadir hace Mutis.)

Actualización

Ya regresé de ver la obra en el Teatro Insurgentes. No había una butaca vacía. El montaje es sin duda muy novedoso, lleno de nuevas e impresionantes tecnologías. Irene Azuela es la obra, se luce en el escenario y se “traga” a todo el resto del elenco, mil aplausos para ella. Supongo la actriz quedará agotada después de cada función porque lo deja todo sobre las tablas. Se fueron de gira para otras ciudades así que no pierdan la oportunidad de verla. En un México donde el teatro es casi patético, con contadas excepciones, es un alivio saber que se comienzan a representar buenas obras. Ojalá tengamos una pandemia de buen teatro en este año. Saber que Helm sólo tenía 22 años cuando la escribió, insólito! Bravo Helm.

+ información sobre la obra Sitio oficial / Carmen Aristegui habla de la obra y entrevista a Malkovich 1/2 / Carmen Aristegui habla de la obra y entrevista a Malkovich 2/2 / Spot de la obraEscenas

"El Buen Canario": ¿pía, grazna o canta?

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Hoy tuve la fortuna de poder leer el guión completo de la obra de teatro El Buen Canario (The Good Canary) de Zach Helm, un escritor y director de cine norteamericano. Digo fortuna porque, además de ser un guión de una puesta en escena innovadora y multiartística, da en el clavo de problemas y conflictos muy actuales y profundos, no sólo de los escritores y su mundo, sino de las relaciones humanas en general. Tiene un humor negro muy muy bueno. Helm ha escrito también la obra Last Chance for a Show Dance y los guiones de dos películas que me gustan mucho: Más extraño que la ficción (Stranger than Fiction, USA, 2006) dirigida por Mark Forster y Mister Magorium (Mr. Magorium’s Wonder Emporium, USA, 2007. Sobre todo la primera, aunque la segunda me llevó hasta mi infancia y me sacó mil sonrisas (sí yo creía -y aún creo en la magia).

Bueno pero estoy aquí para hablarles de El Buen Canario, dirigida en México y Paris (2007) por John Malkovich y ahora está en cartelera en la Ciudad de México interpretada por Diego Luna, Daniel Giménez Cacho, Irene Azuela, Bruno Bichir, Jorge Zárate, Martín Altomaro y Yuriria del Valle. Es una producción de Mr. Mudd, Canana y Retrolab, que ha tenido muy buena taquilla hasta hoy en el Teatro Insurgentes.
Es una obra muy fuerte, mordaz y suficientemente ácida para que el espectador sienta que al salir de la sala cambió, “algo” le cambió. Al menos eso espero cuando la vea la próxima semana. Por ahora, sólo he leído el guión que próximamente será publicado por Editorial Sexto Piso.
La historia narra la relación amorosa entre un escritor talentoso y aparentemente súper enamorado Jack Parker (Diego Luna) y su mujer Annie, adicta a las anfetaminas (Irene Azuela) y anorexica-bulímica. En el inicio nos parece poco común su relación, no nos reconocemos quizá en todas sus patologías y adicciones, pero a medida que avanza el guión, esa pareja Jack-Annie (o más bien Annie-Jack) se vuelve espejo de las relaciones que ya has visto a tu alrededor, las que ya conoces -incluso hasta de la tuya propia. Eso puede ser doloroso y contundente.
Junto con ellos aparecen otros personajes no menos interesantes, un agente literario llamado Charlie (Daniel Giménez Cacho), encarnación de la misoginia y del cinismo antipático, de la presión y chantaje al que se exponen los escritores cuando se topan con un mercenario que busca cerrar contratos cueste lo que cueste. El contrapeso, es Andrew Mulholland (Bruno Bichir), un crítico literario que tiene en sus manos -como muchos y gracias a la dinámica del mercado- el éxito o no de una novedad editorial; quien se vuelve pieza importante en el desenlace de la obra.
Annie, está atormentada por una situación horrible de su niñez, al principio hasta sientes pena de Jack que tiene que soportar su adicción a las anfetas pero luego casi te colocas dentro la piel y del cuerpo de Annie, es muy fuerte, te mimetizas con el personaje y logras desmoronarte con ella, “caerte al hueco negro” donde se mete. Y hasta entiendes por qué puede reaccionar como lo hace.
Jack quien parece estar enamorado de su mujer y hacer TODO por ella, le tomas simpatía, en un revés de la historia, pasa a una postura donde te da rabia, donde lo juzgas y lo perdonas a la vez. No sé. Podría decir que ambos personajes tienen una profunda soledad, una necesidad angustiosa y dolorosa de ser amados por lo que son y no lo consiguen.
Los temas sobre los cuales trata la obra son existenciales, humanos, muy humanos: ¿de quién depende el éxito y la felicidad de cada persona? ¿Cuánto puedes amar a alguien para permitir que sea ella misma aunque eso implique su destrucción (sirve también para las mujeres con respecto a sus parejas)? ¿Qué es lo que debemos hacer ante un ser amado que se te deshace en las manos, que no puedes asirlo ni menos disfrutarlo? ¿Por qué a veces nada nos satisface, nada de lo que suceda nos satisface? ¿Hasta dónde debemos ceder ante las peticiones del amante, hasta dónde es “sano” ceder? ¿Qué esconden los tratos a veces insanos entre las parejas?
Más preguntas que respuestas, no sé si El buen canario de esta obra pía, grazna o canta (quizá aúlla más bien, no es gratis que la palabra canario venga del latín Canis)… vayan a ver la obra antes de que la quiten de cartelera. El guión vale MUCHO la pena. Espero decir lo mismo del montaje.
(Taika hace mutis.)
Ya regresé de ver la obra en el Teatro Insurgentes. No había una butaca vacía. El montaje es sin duda muy novedoso, lleno de nuevas e impresionantes tecnologías. Irene Azuela es la obra, se luce en el escenario y se “traga” a todo el resto del elenco, mil aplausos para ella. Supongo la actriz quedará agotada después de cada función porque lo deja TODO sobre las tablas. Se fueron de gira para otras ciudades así que no pierdan la oportunidad de verla. En un México donde el teatro es casi patético, con contadas excepciones, es un alivio saber que se comienzan a representar buenas obras. Ojalá tengamos una pandemia de buen teatro en este año…!
PD: Saber que Helm sólo tenía 22 años cuando la escribió, insólito! Bravo Helm.
Más información sobre la obra:
Poster
Abrazos,
T.R.