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Mérida, Yucatán: remedio anti-rutina #sersiendo

Cenotes de Cuzamá
Cenotes de Cuzamá

A Paco

¡Una chica sabe cuándo necesita regalarse una aventura! Hace unos años, cuando vivía en la Ciudad de México, estaba pasando por una de esas etapas en que no te hayas, en que sientes que el trabajo te consume e inevitablemente notas que has caído en la rutina. Siempre he sido bastante “kamikaze”, me gusta acercarme y exponerme a lo que me da miedo, así que decidí romper la inercia y hacerlo ya. Bajé muy decidida por las escaleras que conducían de mi oficina en la editorial hacia Recursos Humanos y pedí mis vacaciones. Fue una sorpresa notar que no había tomado vacaciones durante 2 años. ¡Es increíble como una se deja absorber por el trabajo! Unos días después estaba yo instaladísima en Mérida, una ciudad totalmente nueva para mí. Todo lo que veía era un estímulo primario, sin precedentes. Fue una sorpresa el movimiento cultural de la ciudad, coincidí con un festival de cine de arte estupendo al cual asistí casi a diario y también con la presentación de una nueva revista de literatura underground. Me escapé a casi todos los cenotes cercanos y tras varias visitas a Yucatán mis preferidos siguen siendo los de Cuzamá.
Lo mejor de aquel primer viaje fue un encuentro ineludible con mi propia naturaleza humana, con el dejarme compartir la vida con otro ser humano, sin tratar de controlar nada. Un día, al salir del Museo Macay, vi a un chico guapísimo caminando por la otra banqueta. Llevaba un sombrero de arqueólogo, una buena cámara colgada al cuello y tenía toda la pinta de ser un aventurero. Llamó mi atención enseguida y pensé que si lo conocía sería el culmen de mi viaje contra el aburrimiento. Sin querer vino a mi cabeza la pregunta incómoda: ¿Por qué se fijaría en mí habiendo tantas chicas exóticas en este lugar? Mientras me atormentada la idea de perderlo sin siquiera haberlo conocido (risas), el chico cruzó la calle y caminó directo hacia mí. Casi me muero de un infarto, me quedé petrificada y cuando dijo “Hola” con su musical acento chilango enmudecí. Al recobrar el aliento alcancé a responderle como un “Eh, eh, hola”. La experiencia mágica compartida que vino después de esos tímidos “Holas” cambió mi forma de viajar para siempre. Desde ese día cuando mi cuerpo, mi mente y mi alma me piden un cambio drástico de la forma en la que estoy viviendo, agarro mi maleta, busco destinos en internet, arreglo lo básico y salgo por la puerta con o sin compañía. Las chicas que saben responder al llamado de ese fuego eterno que habita en sí mismas siempre hallan el camino de regreso a casa. Esa casa vital, abstracta, mítica y sagrada que se llama Libertad.

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Namasté,
Nadir Chacín
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SER FELIZ ANTES, DURANTE Y DESPUÉS DE UN VIAJE, 3ra. parte

Veamos qué te sucede durante el viaje

¡Ya has llegado a la ciudad donde vas de vacaciones!

Algunas veces los viajes son en un mismo sitio y otros son con escalas de pocos días en sitios diferentes.

Cuando se trata de un solo sitio la sensación de “desorden” de vida es menor, porque tratamos de reconstruir en este nuevo sitio una especie de hogar temporal. En cambio, cuando el viaje tiene muchas escalas de pocos días, la vida, la mente y el alma, resienten más la falta de hogar fijo, el exceso de movimiento, la no identificación con el ambiente circundante. Sufrimos una especie de choque por falta de referencias físicas estables y conocidas.

El ser humano moderno está poco acostumbrado a la vida nómada. Aunque se diga que ahora existe un nuevo tipo de gente que habita en espacios virtuales y se siente cómodo en ellos, la verdad es que la naturaleza humana necesita del contacto físico con una tierra, un espacio, y con personas de carne y hueso. Necesitamos el contacto físico conocido, real, familiar.

En los tiempos de los cazadores recolectores (nómadas) las relaciones sociales eran distintas a las de hoy, el ser humano no estaba construido sobre su propia individualidad (aislada), sino que pertenecía a una especie de ser humano “compartido”, cada individuo de dichas sociedades era un individuo colectivo. En este contexto moverse de sitio no era tan angustiante, porque nunca se sentía la sensación de aislamiento y soledad, ni tampoco de indefensión ante el mundo y sus condiciones materiales.

El grupo social proveía no sólo de un respaldo emocional, de una identidad colectiva con la cual te vinculabas, sino que además el hogar era simbólico constituido por mitos, leyendas, tradiciones que podían moverse de un lugar a otro sin causar estragos mayores en los diferentes individuos. Era una sociedad con todas sus certezas sociales encarnizadas en ellos mismos, digamos que se movían y con ellos se movía todo lo importante de su sociedad (el núcleo permanente y eterno de su cultura), portaban con ellos su seguridad, su protección, estaban a salvo porque estaban juntos y eran iguales: del mismo clan.

Con la modernidad, la propiedad privada y la urbanización vinieron el progreso y el control sobre las condiciones de vida, pero también vino la individualidad, cada día más crónica y enfermiza en las grandes ciudades. Nadie vela por nadie, somos islas perdidas flotando en un mar globalizado, islas aisladas, o al menos eso es lo que creemos y los miedos que tenemos por esta situación se refuerzan y basan en esa creencia.

Al viajar, más aún si lo haces solo, esa falsa creencia en el aislamiento crece, aumenta, se materializa. El miedo que surgió con la individualidad progresivamente desarticuló las redes sociales de apoyo. Dichas redes en la actualidad están debilitadas, pero siguen allí de alguna forma no tan físicamente (ideas, creencias, situaciones) definibles como antes, pero espiritualmente: siguen allí energéticamente vivas. Una punto a tu favor será reconocer que todos estamos conectados de alguna manera aunque físicamente vivamos separados.

Durante tu viaje, piensa y reflexiona sobre eso, sobre cómo apesar de cambiar de sitio físico, de ciudad, la gente que te rodea sigue siendo tan ser humano como tú. Trata de sentir la conexión con lo vivo, con todos los seres vivos y con la nueva tierra que pisas (que es la misma de tu país natal, de la ciudad donde vives pero un poquillo más allá o más acá, depende desde donde la mires).

Me gusta escuchar las conversaciones de los demás cuando viajo, observar el lenguaje corporal de las personas que me rodean, no importa si no entiendes la lengua que hablan los otros, eso es lo de menos. Todas las personas se abrazan, se angustian, lloran y se enamoran en las diferentes partes del mundo. Ese lenguaje del amor, de la emoción es universal.

Si eres sensible y puedes conmoverte ante una escena de amor aunque los enamorados hablen en ruso, habrás puesto en su lugar a tu ego que decide que te amargues porque no entiendes lo que dicen. Tienes que sentir que igualmente tu corazón, tu alma, tu intuición si entiende y se fortalece con esta comunicación universalmente amorosa. Más que entender, habrás sentido, te habrás conectado a tu presente y a las emociones humanas que renuevan al mundo, a los que vivimos en él y queremos la paz en todas sus expresiones.

Si por momentos, entras en angustia, porque la gente no te entiende, o porque aún hablando el idioma local, algo en los otros te angustia o te molesta, relájate. La gente no tiene por qué vivir como tú lo dices, y en eso está el secreto de tu paz mientras viajas, en aceptar eso, y en tener la mente y el corazón abierto a la diferencia, a la heterogeneidad dentro de lo parecido que podemos ser todos los humanos.

Somos parecidos y al mismo tiempo tenemos unas particularidades muy interesantes de suma riqueza. Salvando las distancias y no atendiendo a rigurosidades científicas, diría yo que somos una misma familia pero diferentes especies, como hablar de los canes y sus diferentes razas. (Por qué sentirse mal con la comparación si somos del reino animal al igual que el resto de los mamíferos.)

Con una actitud de aceptación y de abrazo a lo nuevo, a lo diferente, tendrás más posibilidades de que tu viaje se vuelva una experiencia enriquecedora. “A donde vayas haz lo que vieres” dice el refrán así que imita los movimientos de los cuerpos de esta gente nueva para ti, imita sus ademanes, las posiciones de su boca y de su cara cuando están hablando su idioma, aunque sea muy diferente al tuyo. Haz un esfuerzo por aprender frases viajeras, las cordiales, como gracias, permiso, buenos días en el idioma local, no importa que te salgan mal o no pronuncies perfecto, pero las personas de todas partes agradecen que los viajeros traten de saludarles o agradecerles en su propia lengua.

Esto del idioma puedes empezarlo hacer desde antes de llegar, en la fase previaje. Me gusta comprar de esas guías idiomáticas prácticas que incluyen lo básico para poderse comunicar. Eso es un paso hacia la aceptación del otro ser humano, de su forma de vida, al usar estas palabras habrás abierto una puerta para la convivencia y la cordialidad con un ser humano que por más diferente que sea y viva con respecto a tus costumbres es tan parecido a ti.

Durante un viaje feliz una de las cosas básicas es salir de los circuitos preparados para el turista “de revista”. En esos sitios poco podrás conocer la cultura local, allí todo es impostado, preparado, falso, y lo verdadero del país que visitas seguirá oculto para ti. Trata de conocer gente del sitio, personas nacidas allí y que te puedan recomendar algunos lugares donde van ellos, donde se relajan, donde comen. Conseguirás acercarte más a la gente y no pasarte tu viaje rodeado de turistas. No seas un turista, sé un viajero curioso.

Con respecto a los alimentos, cada vez que llegues a un sitio pregunta cuál es la comida local y pruébala. Come todo lo que te ofrezcan que sea lo típico allí en ese sitio, descubrirás sabores, olores, formas de alimentarse diferentes. Cambia de horario come a los horarios en que comen en ese sitio, no importa que te parezca raro cenar a las 11 pm como hacen en Buenos Aires. Tal vez no podrás dormir bien luego de lanzarte un bife completo a esa hora si eso pasa conversa hasta las 2 a.m. o sal a escuchar o bailar tango mientras tu estómago hace su trabajo.

Yo disfruto mucho haciendo cambios en mi vida, no se me dan solitos y aveces me incomodan, pero yo los busco, y los hago. Mi tendencia es no hacerlos, pero yo me obligo tiernamente y sin estrés a vivir los cambios y acostumbrarme a ellos.

No niego que a veces me va fatal físicamente…, como cuando hace unos días me cayó mal un plato típico siciliano, la arancine. Pase tres días para digerirla, lo juro, pero me encantó, luego le agarré el truco comer menos, sólo una y no dos como lo hice el primer día por glotona. Me gusta saber cómo se preparan los alimentos y si alguna familia local te invita a degustar de la comida casera ni lo pienses dos veces, ¡hazlo! Y si tienes fortuna y te permiten ver a la mamma italiana en la cocina durante los preparativos de la cena, siéntete halagado porque habrás vivido y presenciado el pulso de la vida cotidiana en el lugar que visitaste.

Otra rica experiencia es ver cómo la gente vive, es decir, sus horarios de trabajo, la distribución de sus casas, cómo decoran, sus gustos, sus rutinas, pregunta todo lo que te dé curiosidad y te parezca distinto a tu país. Como ese asunto de que el agua del excusado gira al revés, en sentido diferente a las manecillas del reloj, en los hemisferios norte o sur. ¿Asombrado?

Escucha las conversaciones de política y economía local, te extrañará ver que en todas partes la gente se queja de lo mismo. Cuando veas que se quejan mucho, pregunta qué es lo que más les gusta de su país o de su ciudad o de su pueblo, lleva a tus anfitriones o la gente local a un estado de reconciliación con su propia cultura y vida. Condúcelos hacia un estado de ensoñación, hacia el recuerdo de la niñez. Verás qué hermoso todo lo que te cuentan de sus vidas. Cuéntales la tuya. Lo más apasionante de estas conversaciones es notar que el ser humano en cada rincón del mundo se conmueve con las mismas cosas y situaciones.

Si viajas con niños, aprovecha para que tus hijos aprendan a convivir y amar las diferencias entre los seres humanos, honra la diferencia y cultívales el amor por el cambio. Mi madre siempre dice que las personas que serán felices en el siglo XXI serán aquellos que aprendan a vivir en la incertidumbre, que aprendan a ser felices y a estar en paz sin certezas materiales (hablo de pensamientos, ideas, emociones rígidas, todas son materia). Si enseñas a tus chiquillos a apreciar todo lo que se mueve en la vida, lo que cambia, lo que muta, habrás hecho tu mejor labor como padre o madre, le habrás regalado a tus hijos una herramienta estable que podrán usar en el resto de su vida para ser feliz pase lo que pase, incluso durante un viaje.

Viajero: respeta la diferencia, más que respetarla disfrútala, abrázala, quiérala. Ese es la enseñanza más valiosa que podrás atesorar cuando tu viaje termine.

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SER FELIZ ANTES, DURANTE Y DESPUÉS DE UN VIAJE, 2da. parte

Antes del viaje

Lo prometido es deuda. Les escribo desde mi viaje en Barcelona.

Continuemos con algunas ideas para que tus próximos viajes no se vuelvan una pesadilla.

Sirve también no dejarse arrastrar por las historias que la gente cuenta sobre el país o ciudad a donde vamos a viajar. ¿Por qué?

Porque realmente cada ciudad o pueblo o país es vivido de manera diferente por las personas que lo visitan. Es igual con la gente que habita allí, todos pensarán diferente de su ciudad si se los preguntas. Piensa en las diversidad de opiniones que hay sobre tu país de origen, donde vives incluso de la urbanización, colonia o pueblito donde habitas. Yo digo que es como cuando se va al cine, a veces si varias personas hablan sobre la película al salir de la sala parece como si cada quien hubiera visto un film distinto.

Sirve poco llenarse de expectativas (positivas) o de prejuicios (negativos), es decir, no es buena idea tener una prenoción de lo que se vivirá.

¿Qué es una prenoción? Una prenoción es un concepto menos definido de “algo” y se produce en la mente antes de llegar al concepto final o el conocimiento definitivo de ese mismo “algo”. Es el boceto de una idea, de un hecho. Las prenociones por estar en estado “larvario” parecen inofensivas pero no lo son.

Los seres humanos tenemos una tendencia a sentir ternura, empatía y afecto por “lo inmaduro”.

Lo inmaduro es un animal en su fase de cachorro, una plantita que apenas crece y le sale su primera hojita, los pininos (primeros pasos) de un proyecto cualquiera, una casa recién estrenada, una relación de amor nueva y iniciada hace poco tiempo (el enamoramiento)… y también esta idea, de lo inmaduro, está representada por cualquier estado emocional, psicológico, político, económico que luzca, parezca o se encuentre en “los comienzos de”, “iniciando”, “en desarrollo”, “en camino hacia ser”.

Somos educados para la fascinación que causan las primeras veces de “algo”, para sentir euforia ante lo nuevo, pero realmente nuevo, no se nos enseña a ver lo mismo de siempre con nuevos ojos sino a buscar algo realmente nuevo todo el tiempo.

Lo que más me gusta de los niños es que puedes jugar con ellos el mismo juego mil veces y siempre le encontrarán diversión y novedad. Yo suelo decir que se divierten “barato y fácil”, nosotros, los adultos, todo se nos hace aburrido tan rápido, perdemos interés.

La nueva tecnología está, siento yo, “adulteciendo” a nuestros niños muy rápido. Tal vez es porque están tan bombardeados de información todo el tiempo que ahora cada vez les parece menos interesante “lo nuevo” en video juegos, cine y tecnología.

La tecnología tiene que ir tan rápido que no alcanza uno a manejar y a entender bien un programa o juego cuando ya salió uno nuevo y entonces pues todo pasa así rápidamente, no hay tiempo de digerir el presente, siempre se piensa en que vendrá después.

Antes del viaje hay que tener claro que aunque ese país donde vayamos ya lo conozcamos, siempre será nuevo si lo vemos con ojos de niño, si es un sitio que nunca hemos visitado los ojos frescos ayudan también, sobre todo para mantener la atención del viaje en el presente y no en lo que haremos mañana.

El secreto de disfrutar un viaje es estar en el presente de cada día, aunque tengamos muchos planes o tours o cosas que hacer y planificar, antes del viaje sólo piensa en lo que estás haciendo antes del viaje. Luego deja fluir las cosas hasta que estés sobre el avión, eso reduce la angustia.

A mí me funciona viajar un poco como a la deriva, así como cuando éramos niños y alguien más nos llevaba. No es tanto por el asunto de la organización, sino por el asunto de la actitud, de cómo estará nuestra consciencia, nuestra mente, cuerpo, todo lo que somos desde el inicio del viaje.

¡Buen viaje!

Desde Barce,

T.R. reportando

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SER FELIZ ANTES, DURANTE Y DESPUÉS DE UN VIAJE

¡Viajar!

Pareciera que todo tendría que ser feliz antes, durante y después de un viaje, pero a veces no es así tan sencillo. ¿Por qué a veces irse de vacaciones implica dolor, miedo, angustia, decepción, y tantas emociones encontradas?

Cuando viajo suele tener una cosilla que yo le llamo los síndromes pre, peri y post viaje. Mis amigos y familiares se sorprenden puesto que un viaje pareciera siempre un motivo para estar jubiloso, feliz, emocionado y demás. Sí, pues sí, siempre estoy contenta, pero también la verdad me da mucho miedo.

Pensando en eso supuse que a lo mejor a otras personas les pasa lo mismo y quise dejar acá mis reflexiones y consejos prácticos para que viajar no se vuelva una verdadera pesadilla.

Iré subiendo esta larga nota viajera a medida que la escriba, serán tres partes, una para antes, otra para durante y la última para después del viaje.

Antes del viaje

Hay personas que deciden sus viajes casi con un año de antelación, siempre he admirado eso porque para mí los viajes siempre son de improviso, surgen a veces sin siquiera haberlos imaginado. Bien podría pensarse que viajar así sería un caos, pero a mí me ha dado fabulosos resultados. El balance, la verdad, es que lo vengo haciendo hasta después, para qué lo niego. Una de las consecuencias de mis decisiones apresuradas es que me la he pasado viajando conmigo misma muchos años, pero como verás más adelante eso también tiene su chiste.

Los viajes siempre me han implicado el comienzo o el final de alguna situación de vida, buena o mala. Tal vez por esta razón me causan un poquillo de angustia antes de subirme al avión. Al viajar se produce un quiebre con la rutina de la vida y estés a gusto con lo que vives o no, realmente se pierde la continuidad de lo vivido: la gente que te rodea, los espacios físicos que ocupas e incluso las costumbres más íntimas como los alimentos que te gustan y/o hacer tus necesidades (¡te dará risa, pero eso de hacer kakita se vuelve un verdadero problema para mí durante los viajes!).

Decidas viajar solo o acompañado, creo que lo más importante es tener claro el motivo del viaje. El motivo tiene que ser abierto y flexible, dejar espacio para las cosas que vayan surgiendo en el camino. Cuando decido mi motivo siempre lo coloco en la esfera de lo espiritual, es decir dejo que le crezcan raíces hacia dentro de mi alma. Las veces que he puesto los motivos en cuestiones más físicas como conocer lugares de moda, comprarme mucha ropa, ir a ver al novio que conocí en el chat o huir de mi presente que no me gusta (en vez de en las metafísicas) ha terminado siendo un viaje devastador, doloroso y decepcionante.

Paradójicamente, decidí que mis viajes fuera de casa serían “aventuras hacia dentro”, bien podría hacerlas sin moverme de mi cama, pero al viajar lejos tengo más oportunidades para chocar con el mundo que está afuera de mí y en esos choques aprendo mucho sobre mí misma.

¿Cómo saber si estoy tratando de huir de algo y por eso he decidido viajar?

Para saber esto no hay atajos, ni caminos correctos. Cada quién tiene que hacer una inspección de sus emociones primero, luego de sus pensamientos, y luego -lo más trascendental- de su deseo íntimo.

Les dejo algunas preguntas, escribe tus respuestas en un papel:

  • ¿Qué quiero hoy?
  • ¿Por qué deseo viajar?
  • ¿Cómo estoy, cómo me siento antes de subirme a ese avión?
  • ¿Qué pienso que lograré con este viaje?
  • ¿Estoy listo para aprender algo nuevo sobre mí mismo?

Una vez decidido el motivo, viene el siguiente gran paso. No dejarse convencer por todo lo que produce tu mente antes del viaje.

El pensamiento racional es muy traicionero porque está guiado por el ego de cada persona, siempre encontrará una razón para que te sientas frustrado antes de subirte al avión. A veces la evolución de mis pensamientos negativos es lineal y secuencial, y otras veces un verdadero caos, salta de un tema a otro a través de lo que llamo un poco por chiste Efecto Tarantino.

Te enumero el origen de mis pensamientos y en lo que devienen de tanto darles vuelta, para que te des cuenta de lo que hablo:

1. Tema compañía o no para el viaje.

Otra vez viajaré sola > Es que siempre viajo sola, debe ser que nadie le gusta mi compañía > Si me hubiera planificado no estuviera pasando esto > Es que nunca aprendo > Bueno y qué tiene yo siempre he viajado sola y me ha resultado bien > Cuál es el gran problema, seguro encuentro amigos y personas nuevas > Qué bonito sería tener con quién viajar > El último viaje que hice con mi novio fue un desastre y hasta rompimos la relación al regresar del viaje > Mejor sola que mal acompañada…

2. Tema pasaje aéreo o boleto de avión.

Quién le entiende a los portales de venta de pasajes > Deberían hacer unos mejores > Qué caro que está todo > Lo voy a comprar por internet, dicen que es más barato > Mejor me quedo en casa > Y si se roban mi clave de seguridad de la tarjeta de crédito y me hacen cargos millonarios > Se han visto casos > Cuál será la mejor ruta o la mejor línea > Mejor lo hago mañana, un día más, un día menos, no creo que el precio varíe tanto > Mierda, debí haberlo comprado antes, siempre yo dejando todo para última hora > Mira, Pedro compró el suyo para ir con su familia a otro lado hace un mes y le salió casi a mitad de precio > Mis viajes siempre coinciden con la temporada alta …

3. Tema ropa para el viaje.

Qué ropa me llevaré > Si es que no tengo nada, hace años que no compro ropa > Qué caos es mi closet, debería botar la ropa que no me sirve, qué hace allí > Debe ser que estoy tan deprimida que ni tirar la ropa puedo > Por eso me dejó (nombre del innombrable) porque no sabía arreglarme y parecer una mujer in > Y si me llevo ropa para el frío seguro hace calor y si me la llevo para el calor seguro hace frío > Ley de Murphy…

4. Tema dinero

Cuando regrese no voy a poder pagar las deudas > Sólo me quedarán 3 días de vacaciones si me tomo esta semana > ¡Me explotan en este trabajo! > Ya subieron las tasas de intereses de la tarjeta ayyy Taikar se avecina un desastre sin haces ese gasto > Las normas laborales de esta empresa son un asco, apestan > No si es culpa del mismo sistema, todos los trabajos son lo mismo un horror > Tengo que pagar la renta adelantada antes de irme > Ver al contador > Llevar artesanías por si acaso algún amigo me recibe en su casa no llegar con las manos vacías > Me va a pesar la pinche mochila, no podré cargar las maletas > Me dolerá la espalda y ¡zaz! se acabo el placer del viaje…

5. Tema viaje, aereopuerto, check-in y tópicos variados

Ni loca viajo el 11 de septiembre > Que tal que se cae el puto avión o lo secuestran > Mejor no viajo por Estados Unidos > Tengo que llegar tres horas antes al aeropuerto la última vez había una cola infernal > Que me toque alguien amable en el mostrador así comenzaré bien el viaje > Pinche gente ineficaz, seguro me manda la maleta a otra ciudad > Voy a llevarme mis cositas más básicas en la bolsa de mano, no vaya a ser…

Parece una broma pero podría escribir unas tres cuartillas más y no me alcanzaría el espacio para TODOS los pensamientos negativos que me atosigan la mente antes de subirme a un avión. Desde que se caerá el avión hasta cualquier cosa, es impresionante, pero mi mente es tan capaz, tan pero tan capaz que si la dejo avanzar en su lucha contra el viaje, ni siquiera me iría, es más nunca hubiera salido de mi país natal Venezuela, ni me hubiera venido a México a vivir, seguiría en casa de mis padres. Allí en el hogar paterno, con todo seguro y bien puesto.

¿Cómo hacer para que no te enloquezcan los pensamientos?

La clave está en saber que son producto del miedo. Miedo a lo desconocido, al futuro. En vez de ver cada pensamiento por separado y ponerme a analizarlo, me resulta más observarlo de forma general, apenas surge en mi cabeza algún pensamiento digo en alto o dentro de mi cabeza: “Este pensamiento es producto del miedo, no es real y lo dejo ir. Ya no lo necesito”.

No quiero decir que las personas no traten de acomodar su vida antes del viaje, sabes, dejar todo listo está bien, lo que no está nada bien, es la obsesión y los pensamientos negativos reiterados. Hay que hacer una lista de pendientes y hacerlos, sin más, sin pensar tanto, sin darle tantas vueltas a las ideas en la cabeza o dejar que crezcan como la bola de nieve.

El ego se nutre del sufrimiento y trata de encontrar en cada acción o situación algo para seguirse alimentando. Buscará que te sientas mal incluso cuando este viaje que vas a hacer es una cosa buena para ti, algo alegre.

Mi mejor antídoto para el síndrome pre-viaje es dejarme llevar mientras disfruto, como siempre decido a última hora mis viajes, eso tiene algo de bueno, no hay tanto tiempo reloj para estar pensando incoherencias por más lógicas que sean. Me toca ser efectiva en el uso de mi tiempo calendario y organizarme. No sé qué suceda con la gente que planifica un año antes, nunca lo he hecho, pero tengo la impresión de que si algún día decidiera actuar así también me adaptaría usando mi antídoto.

Tengo en mi mente allí siempre listo un pensamiento que me ha resultado una roca efectiva de donde agarrarme. Cuando viene el miedo recuerdo esos viajes trascendentales que han marcado positivamente la vida, en mi caso, el más importante mudarme de Venezuela a México. En vez de dejarme absorber por los pensamientos negativos los transmuto en luz, recuerdo las cosas hermosas que me dejó ese maravilloso viaje y qué hubiera pasado conmigo si no lo hubiera hecho. Recuerdo las sincronías de mi vida, lo importante que son, como mi vida se ha beneficiado a través de los viajes. No me quedo clavada tampoco en esa idea, sólo la pienso, me sonrío y paso siguiente regreso al presente y sigo haciendo mis pendientes para el viaje.

La organización del viaje tiene que ser flexible como decía antes, incluso aunque viajes con niños, no hay que aferrarse a una sola forma de viajar o a un itinerario. Puedes hacer varios planes y que puedas ver cuando ya estés durante el viaje cuál te acomoda más. Hay personas que adoran ir en tours, yo confieso que me asfixia un poco, pero también puede ser muy bueno si eso te da tranquilidad. Todo depende de tu forma de habitar tu vida y el presente. Si estás bien con tu presente, si él es tu amigo, no habrá nada ningún obstáculo para que tu viaje sea increíblemente placentero y tampoco para que puedas disfrutar de un crecimiento espiritual al cambiar por unos días tu ambiente, tus rutinas.

Como decía antes normalmente viajo sola, me ha dejado muchas cosas buenas hacerlo. He conocido gente increíble en mis viajes, tengo amigos regados por doquier y puedo llegar a sus casas en mis nuevos viajes (¡me sale más barato!), tengo alguien local que me lleva a sitios raros y poco turísticos y además por si lo anterior fuera poco me ha tocado “rascarme con mis propias uñas” al tratar de comunicarme en otros idiomas. Eso puede ser brutal, pero siempre me da gusto que al final del día me comunico como sea pero me comunico, el lenguaje universal de los gestos, de las señas y la gran motivación de entender y ser entendido por otro ser humano es un aprendizaje profundo y muy práctico.

Cuando viajo sola estoy abierta a lo nuevo y entonces me siento bien porque cuando viajo acompañada -lo que ha sido sólo un par de veces en mi vida- lo disfruto enormemente. Es decir viajo acompañada porque se me da la gana no porque no sé viajar sola y disfrutarlo. Parece lo mismo pero no es igual, mucha gente viaja acompañada por necesidad y eso marca mucho y a veces perjudica las relaciones entre los compañeros de viaje, incluso si es tu pareja.

En los viajes las parejas suelen pelear, no se ponen de acuerdo nunca y eso genera roces. Valdría la pena acordar desde antes, sin que sea una cosa rígida, cómo manejarán las diferencias de criterio durante el viaje. La otra cosa es que entre los enamorados, esposos y amantes se compartan la lista del paso 1: ¿Cuál es el motivo del viaje?

Eso aligerará las cosas porque podrán hablar de sus miedos, expectativas, inquietudes, sensaciones generales del viaje. Yo digo que es mejor hablar siempre, hacer ciertos acuerdos sin que se vuelvan sentencias inamovibles. Y si la situación se pone color de hormiga (o sea rojo: ¡peligro!) es mejor sacar una moneda y echarlo al azar. El azar siempre es parejo, equitativo, no beneficia a nadie y además a mí por lo menos me ha llevado a unas aventuras increíblemente buenas. Otras veces voy a mis oráculos y me leo el I Ching y le pregunto del viaje, sus enseñanzas siempre son profundas y tranquilizadoras.

Nota: Si eres chica y todavía tienes miedo de viajar, oye esta canción y canta a grito suelto como yo hice (llamaron a la dueña de la inmobiliaria y cuando me tocó el timbre le dije que estaba muy feliz y se rió, menos mal que no es de las personas que detestan a los felices). Si eso no te libera entonces lee el libro El arte de viajar de Alain de Botton. Como ahora estoy en síndrome previaje… me lo leí completito y está rebueno.

Y si eres hombre, pues pa qué te cuento, haz lo mismo. “Lo que es plano no es chipotudo” como dicen en México.

Continuará…

Sigue con la SEGUNDA PARTE AQUÍ

Ilustración: Maletas de Claudia Moya