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“Eso” que nos persigue a las mujeres

He estado hablando con ellas, escuchándolas (que no oyéndolas), leyendo sus mensajes en este blog, investigando profundo en mí… y pareciera que los miedos de las mujeres tienen todos características similares, pasados (o antepasados) en común. Quizá se trate de UN ÚNICO MIEDO y no de varios. Tal vez te cueste un poco entender el significado de este mensaje si no eres mujer.

A menudo, por no decir casi siempre, en nuestro miedo femenino hay un hombre, otros hombres, una figura masculina reconocible o no, un “fantasma”, una “sombra”, pero “eso” más allá de los detalles que lo describen siempre termina teniendo una figura o un nombre o una actitud de hombre, preferiría decirle: “masculina”.

Lo que entiendo por “masculina” o “masculino” va más lejos de un falo o de un humano con un órgano sexual o un género, es un “algo” político, social, económico real que deviene realidad y espectro a la vez. No le encuentro un nombre preciso, porque ese miedo no tiene formas precisas y si las tiene no las conserva siempre igual a través del tiempo, surge, varía, muta, adquiere formas de otras formas. Atraviesa paredes, membranas, ideas, creencias, paradigmas y hasta generaciones. Se mimetiza. Convalece, parece que muere y, de buenas a primeras, de repente sigue más vivo que antes. Y no te avisa: “acá vengo, prepárate”, sino sólo renace, como si nada, con su intimidación completa como si nunca se hubiera extinguido.

Me refiero a eso que te persigue cuando vives sola o acompañada, cuando tienes o no tienes pareja, cuando tienes o no tienes hijos, cuando te embarazas o cuando abortas, cuando estudias y cuando no estudias, cuando ganas un sueldo y cuando no lo ganas, cuando lavas la ropa a mano o cuando le pagas a alguien que la lave por ti en la lavadora. Me refiero a la “sombra” que camina durante la noche por tu casa, pero que sabes que la puerta está cerrada y es imposible que haya alguien. O cuando vas caminando por la calle y tienes que voltear cada cinco minutos porque sientes que eso te persigue. O cuando cualquier encuentro con un hombre, llámese médico, ginecólogo, cerrajero, plomero, técnico, psicoanalista, fisioterapeuta, jefe, amante, pareja, padre, hijo…. te despierta (o re-despierta) esa vulnerabilidad que creías ya superada. Cuando eso te logra atrapar en la paranoia, en el pánico, en el total abandono y autoabandono. En tu condición desvalida de cualquier tipo: laboral, profesional, personal, relacional, social, física, económica… cualquiera. El “fantasma”, eso que persigue a las mujeres, sea cual sea su condición.

Hablo además de las pesadillas, porque tampoco descansas de eso durante la noche ya en tu cama. Esas pesadillas donde un eso sin cara conocida (o de plano sin cara) te dice o hace o pretende hacerte cosas que no quieres: contra tu voluntad. O hacérselas a tus hijos o a tu pareja o a tus amigas. Eso que te dice al oído que si un hombre (o el patriarcado) quiere poseer tu cuerpo y tu alma lo hará cuando quiera porque es más fuerte que tú, porque no podrás defenderte del todo aun queriendo hacerlo.

Miedo de eso. A eso.

¿Qué hacer con tu miedo?

Esculcarlo. Hacerlo familiar aunque no quiera dejarse. Voltearse y tratar de reconocerlo. De entender por qué te persigue. Buscarle un nombre familiar, acercarlo a ti para que puedas develarlo, verle el rostro. Tocarlo. Sentirlo más de cerca. Que si ha de respirar que te respire al oído pero cuando tú se lo pidas y sabiendo qué quiere decirte. Que si camina, tú camines sobre sus pasos con afán de conocerle mejor. Que si ha de crecer que sepas que crece, cuándo lo hace, por qué y mejor aún: para qué. Convivir con él como se convive con un conocido amigo a quien le conoces sus mañas o al que le dejas sorprenderte de vez en cuando con algo nuevo, tan sólo por aprender de él. Contempla, escucha a tus hermanas, madres, hijas, amigas… a las mujeres de tu vida, a las que saben de eso tanto como tú porque ya lo conocen… para que entre todas logremos finalmente penetrarlo.

¿Cómo sacarle provecho a tu roca?: “La sconosciuta” de Tornatore

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Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actriz protagonista, Mejor Banda Sonora (Ennio Morricone) y Mejor Fotografía, arrasó La Sconosciuta con los Premios David di Donatello.

El ave canta aunque la rama cruja,
como que sabe lo que son sus alas.
Salvador Díaz Mirón
Pocas películas de los últimos años mantienen a los espectadores caminando sobre la cuerda floja, apunto de caer y con la zozobra en la boca. Un sabor amargo. Una visión negra, un thriller psicológico que casi te ciega de dolor al entrar por tus ojos. La última película La sconosciuta (La Desconocida, Italia-Francia, 2006) de Giuseppe Tornatore (Cinema Paradiso), acompañado nuevamente por Ennio Morricone en la banda sonora, es EXCELENTE pero con la H de horrible. Un film desconcertante, despiadado, sin contemplaciones, inmisericorde. Yo no paré de llorar y mi acompañante hombre saltaba de la silla a cada tanto y casi me deja sin brazo de tanto apretármelo.
Sirviéndose del recurso de los flashbacks Tornatore nos lleva al pasado de una mujer abusada, torturada emocional y sexualmente, la vemos en escenas cortadas, impactantes, que insinúan lo que sucedió pero sin darte muchos detalles. Sabemos que Irena (Kseniya Rappoport), una ucraniana, fue prostituta, la rengentaba y someteía el proxeneta Muffa (Michele Placido), y alguna vez se enamoró de un hombre gentil con quien vivió el amor.
escena-de-la-desconocida1
La historia se devela poco a poco y se completa sólo hasta el final. Transcurre salpicada de prostitución, trata de blancas y de niños, sexo explícito y saña: la crueldad humana en toda su expresión. Las escenas de sexo, como orgías “electrónicas”, que se ven por minutos y rápido, son tan fuertes que tienes que cerrar los ojos. La famosa escena de la violación (Mónica Belucci) en Irreversible es película de niños. La actuación de la actriz principal es realmente excepcional, muy buena, ella solita hace la película.
La desconocida trabaja de sirvienta en un condominio de clase alta, se acaba de mudar al norte de Italia a la localidad de Verlarchi. Se arregla con el portero que le consigue entrar a los departamentos a limpiar. Su objetivo: trabajar en casa de la familia Adacher.
Son orfebres y tienen una hija pequeña llamada Thea (Clara Dossena) que sufre una enfermedad neurológica muy peculiar. El pasado atormenta a Irena, quien se “pasea” entre la ternura que siente por Thea y el horror de sus recuerdos que la persiguen y otros que no han muerto. El amor perdido con aquel antiguo hombre le da aliento pero también es una historia tormentosa, melancólica. El amor tiene sus misterios y cura, en verdad cura. 
Más allá de las emociones encontradas que deja la última creación de Tornatore, me gustó el mensaje escondido debajo de la historia de suspenso. Me recordó eso que muchos terapeutas y sabios llaman la roca.
¿Qué es la roca? Es una idea, vivencia, deseo, sueño que te permite agarrarlo y fijarte a él, mientras el huracán (del cambio constante) se lleva todas las desgracias, los malos momentos y el dolor. Sobrevivir a las malas experiencias requiere su método. La roca es uno. Irena tenía la suya… ¿y tú qué esperas?
 Créditos
Director: Giuseppe Tornatore
Guión: Giuseppe Tornatore y Massimo De Rita
Fotografía: Fabio Zamarion
Música: Ennio Morricone
Sonido: Paolo Amici
Edición: Massimo Quaglia
Producción: Laura Fattori
Reparto: Michele Placido, Alessandro Haber, Piera Degli Esposti, Claudia Gerini, Margherita Buy, Pierfrancesco Favino y Kseniya Rappoport
Duración: 118 min
Irena is an Ucranian girl with a terrible past. She has arrived to an Italian town, and she should get a job quickly, legally or not. Irena will be integrated in a family and she will get close to them especially to the youngest daughter, who suffers a rare neurological disease. But when she believes the situation has become stabilized, a figure of her past will bring old ghosts.

¿Cómo sacarle provecho a tu roca?: "La sconosciuta" de Tornatore

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Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actriz protagonista, Mejor Banda Sonora (Ennio Morricone) y Mejor Fotografía, arrasó La Sconosciuta con los Premios David di Donatello.

El ave canta aunque la rama cruja,
como que sabe lo que son sus alas.
Salvador Díaz Mirón
Pocas películas de los últimos años mantienen a los espectadores caminando sobre la cuerda floja, apunto de caer y con la zozobra en la boca. Un sabor amargo. Una visión negra, un thriller psicológico que casi te ciega de dolor al entrar por tus ojos. La última película La sconosciuta (La Desconocida, Italia-Francia, 2006) de Giuseppe Tornatore (Cinema Paradiso), acompañado nuevamente por Ennio Morricone en la banda sonora, es EXCELENTE pero con la H de horrible. Un film desconcertante, despiadado, sin contemplaciones, inmisericorde. Yo no paré de llorar y mi acompañante hombre saltaba de la silla a cada tanto y casi me deja sin brazo de tanto apretármelo.
Sirviéndose del recurso de los flashbacks Tornatore nos lleva al pasado de una mujer abusada, torturada emocional y sexualmente, la vemos en escenas cortadas, impactantes, que insinúan lo que sucedió pero sin darte muchos detalles. Sabemos que Irena (Kseniya Rappoport), una ucraniana, fue prostituta, la rengentaba y someteía el proxeneta Muffa (Michele Placido), y alguna vez se enamoró de un hombre gentil con quien vivió el amor.
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La historia se devela poco a poco y se completa sólo hasta el final. Transcurre salpicada de prostitución, trata de blancas y de niños, sexo explícito y saña: la crueldad humana en toda su expresión. Las escenas de sexo, como orgías “electrónicas”, que se ven por minutos y rápido, son tan fuertes que tienes que cerrar los ojos. La famosa escena de la violación (Mónica Belucci) en Irreversible es película de niños. La actuación de la actriz principal es realmente excepcional, muy buena, ella solita hace la película.
La desconocida trabaja de sirvienta en un condominio de clase alta, se acaba de mudar al norte de Italia a la localidad de Verlarchi. Se arregla con el portero que le consigue entrar a los departamentos a limpiar. Su objetivo: trabajar en casa de la familia Adacher.
Son orfebres y tienen una hija pequeña llamada Thea (Clara Dossena) que sufre una enfermedad neurológica muy peculiar. El pasado atormenta a Irena, quien se “pasea” entre la ternura que siente por Thea y el horror de sus recuerdos que la persiguen y otros que no han muerto. El amor perdido con aquel antiguo hombre le da aliento pero también es una historia tormentosa, melancólica. El amor tiene sus misterios y cura, en verdad cura. 
Más allá de las emociones encontradas que deja la última creación de Tornatore, me gustó el mensaje escondido debajo de la historia de suspenso. Me recordó eso que muchos terapeutas y sabios llaman la roca.
¿Qué es la roca? Es una idea, vivencia, deseo, sueño que te permite agarrarlo y fijarte a él, mientras el huracán (del cambio constante) se lleva todas las desgracias, los malos momentos y el dolor. Sobrevivir a las malas experiencias requiere su método. La roca es uno. Irena tenía la suya… ¿y tú qué esperas?
 Créditos
Director: Giuseppe Tornatore
Guión: Giuseppe Tornatore y Massimo De Rita
Fotografía: Fabio Zamarion
Música: Ennio Morricone
Sonido: Paolo Amici
Edición: Massimo Quaglia
Producción: Laura Fattori
Reparto: Michele Placido, Alessandro Haber, Piera Degli Esposti, Claudia Gerini, Margherita Buy, Pierfrancesco Favino y Kseniya Rappoport
Duración: 118 min
Irena is an Ucranian girl with a terrible past. She has arrived to an Italian town, and she should get a job quickly, legally or not. Irena will be integrated in a family and she will get close to them especially to the youngest daughter, who suffers a rare neurological disease. But when she believes the situation has become stabilized, a figure of her past will bring old ghosts.

Libro: “Ama y no sufras” de Walter Riso #sersiendo

PortadaLibroAmayNoSufras_NadirChacin¿Cómo amar sin tener que sufrir los estragos del mal de amores? Es el tema de “Ama y no sufras” de Walter Riso publicado por Grupo Editoral Norma en el 2003. Apesar de ser un libro publicado por primera vez hace cinco años se ha reimpreso varias veces y encierra una sabiduría que te ayudará, los estragos del amor de los que habla Riso no han “envejecido” al contrario siguen increíblemente vigentes. Anoche apenas lo terminé y me dejó un buen sabor de boca.

Es un libro sencillo y a la vez profundo, habla de los tres pilares del amor “sano” (si es que le podemos decir así) que según Riso atiende a estas tres formas del amor: Eros, Philia y Ágape. Para este autor las relaciones tienen y gozan de equilibrio cuando existen los tres (pueden ser también facetas temporales de un mismo amor): el enamoramiento pasional (Eros), el amor amistoso y empático (Philia) y el amor tierno (Ágape), sublime-sagrado, el que da sin esperar recibir.

Su propuesta es muy interesante e ilustrativa. Al final de cada capítulo tiene una serie de consejos prácticos para que cada tipo amor “no se nos salga del cauce”, ya que cuando se “desborda” el sufrimiento aparece en la vida de los amantes, de los esposos y de los novios.
Lo que más me gusta de “Ama y no sufras” es su lenguaje sencillo y didáctico, se nota que el autor ha sido psicólogo clínico y terapeuta de parejas por 25 años. Da muchos ejemplos de casos de parejas que él ha atendido.

Es fácil entender cómo uno mismo se ha extraviado en el amor, ha dejado que uno de los pilares del amor se alimente desmedidamente en detrimento de otros o notar cuándo hemos construido ideales que están haciendo que nuestra relación se vaya al fozo.
En definitiva el mensaje que me dejó: “el equilibrio es la justa medida en el amor”, el conocerse, el conversar sobre cómo queremos nuestra relación de pareja y sobre todo permitirnos “ver por” la otra persona, “sentir por”, “hacer por”, “sufrir (positivamente) por”.

El meollo del amor es la inclusión de un otro a quién dar amor, un espejo donde mirarte y que sea de carne y hueso. El dolor suele hacernos sentir identificados con los demás mucho más fácil que el amor y el placer, por ello las relaciones destructivas suelen ser más comunes que las sanas.

He visto que muchas personas visitan mi blog en busca de información sobre la violencia en las parejas y por ello decidí transcribir aquí un pedacito de este libro (del capítulo del amor agápico) que me gustó mucho y está relacionado. ¡Ojo! Estas condiciones o requisitos de un amor sano tienen que ser recíprocos, esa es la clave, que sea un acuerdo bilateral y que ambas partes de la pareja respeten el trato amoroso. Si tu relación no cumple alguno de estos tres requisitos (que vienen abajo luego de la palabra NO) vives en una situación de violencia.

La violencia no es sólo ser golpeado o golpear, también es la indiferencia ante la necesidades de tu pareja, los insultos, la subestimación del otro, la negación voluntaria a tener sexo (que hacen muchas personas para manipular) o el abuso sexual, la manipulación (ejemplo: ¡si me dejas me mato!), tratar de comprar el amor con bienes materiales, los celos, todo eso es violencia.

Querer tratar al otro o la otra como tú quieras que te traten no es lo adecuado… tal vez lo que tú necesitas no es lo mismo que tu pareja necesita, averigua amorosamente quién es y qué necesita… no lo supongas… “suponer” es otra forma de violencia. Respétate no dejes que nadie te diga lo que necesitas, decide tú. Elige el amor y el respeto, ante todo.

En los matrimonios y noviazgos también se dan las violaciones sexuales, NADIE tiene que obligarte a hacer nada con lo que no te sientas a gusto, aunque estés casada o sea tu novio… ESO que él te hace con el uso de su fuerza y sin tu consentimiento se llama: violación. No hay otra definición. Por favor, busca ayuda.

Para no sufrir ni hacer sufrir (pág. 233)

1) Niégate a todo tipo de agresión. No conviertas tu relación en un campo de batalla. Puedes crear inmunidad a la violencia en cualquiera de sus formas. Sólo necesitas usar tres NO, negarte a tres cosas pase lo que pase. Puedes escribirlo y firmar con tu pareja el compromiso. Me comprometo a:

  • NO subestimar el dolor de mi pareja (ten compasión, métete en sus zapatos, camina con sus zapatos).
  • NO agredir a mi pareja de ninguna manera, ni aprovecharme de sus debilidades (tener dulzura, delicadeza, etc.).
  • NO fomentar la indiferencia afectiva, la frialdad, la falta de contacto físico o la ausencia de caricias (expresión de afecto positivo).

2) El descuido es desamor, no importa la excusa que des. Nada disculpa el abandono afectivo de la persona que amas. Y si crees que eso te convertirá en dependiente, despreocúpate, hay una forma de cuidado que no es co-dependencia, que va más allá del apego: es el gusto de dar, de hacer el bien a quien amamos. No hablo de sobreprotección, sino de atención amorosa, de vigilancia afectiva y efectiva, para buscar el bienestar del otro. Tampoco digo que tengas que desvelarte como lo hacen los padres aprenhensivos. Más bien se trata de estar dispuesto y disponible para cuando te necesite la persona que amas. Tu pareja no es tu hijo ni tu hija, es verdad, pero al amor agápico (el que da sin esperar recibir) no discrimina tan fino, cuando hay que dar se da.

3) Si sientes que los problemas de la vida diaria te alejan de tu pareja, tu relación está en peligro. En las malas épocas, las buenas relaciones se fortalecen y las disfuncionales (adictivas, peligrosas, dependientes, insanas, violentas, etc.) se acaban. El dolor compartido puede unirte, más que separarte. Si tienen problemas económicos, luchen juntos. Si los echan del lugar donde viven, busquen otro lugar, duerman en la calle, pero juntos. El sufrimiento es menor si se divide en dos. Y si hay una enfermedad en la familia, que sea motivo de unión, de trabajo en equipo. Cada vez que las dificultades afecten a tu pareja, recuérdale que no está solo o sola, que no eres un desertor o desertora y que puede contar contigo. Un amor completo no se agota en el placer del sexo, ni en la alegría de que el otro exista, necesita estar listo para el sufrimiento compartido. El amor agápico se reafirma en el dolor que la vida obliga.

Nadir Chacín
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“El amor conlleva su propia disciplina.” Krishnamurti

"Ama y no sufras" de Walter Riso

 

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“El amor conlleva su propia disciplina.”
Krishnamurti
¿Cómo amar sin tener que sufrir los estragos del mal de amores? es el tema de Ama y no sufras publicado por Grupo Editoral Norma en el 2003. Apesar de ser un libro publicado por primera vez hace cinco años se ha reimpreso varias veces y encierra una sabiduría que te ayudará, los estragos del amor de los que habla Riso no han “envejecido” al contrario siguen increíblemente vigentes.
Anoche apenas lo terminé y me dejó un buen sabor de boca.
Es un libro sencillo y a la vez profundo, habla de los tres pilares del amor “sano” (si es que le podemos decir así) que según Riso atiende a estas tres formas del amor: Eros, Philia y Ágape. Para este autor las relaciones tienen y gozan de equilibrio cuando existen los tres (pueden ser también facetas temporales de un mismo amor): el enamoramiento pasional (Eros), el amor amistoso y empático (Philia) y el amor tierno (Ágape), sublime-sagrado, el que da sin esperar recibir.
Su propuesta es muy interesante e ilustrativa. Al final de cada capítulo tiene una serie de consejos prácticos para que cada tipo amor “no se nos salga del cauce”, ya que cuando se “desborda” el sufrimiento aparece en la vida de los amantes, de los esposos y de los novios.
Lo que más me gusta de Ama y no sufras es su lenguaje sencillo y didáctico, se nota que el autor ha sido psicólogo clínico y terapeuta de parejas por 25 años. Da muchos ejemplos de casos de parejas que él ha atendido.
Es fácil entender cómo uno mismo se ha extraviado en el amor, ha dejado que uno de los pilares del amor se alimente desmedidamente en detrimento de otros o notar cuándo hemos construido ideales que están haciendo que nuestra relación se vaya al foso.
En definitiva el mensaje que me dejó: “el equilibrio es la justa medida en el amor”,  el conocerse, el conversar sobre cómo queremos nuestra relación de pareja y sobre todo permitirnos “ver por” la otra persona, “sentir por”, “hacer por”, “sufrir (positivamente) por”.
El meollo del amor es la inclusión de un otro a quién dar amor, un espejo donde mirarte y que sea de carne y hueso. El dolor suele hacernos sentir identificados con los demás mucho más fácil que el amor y el placer, por ello las relaciones destructivas suelen ser más comunes que las sanas.
He visto que muchas personas visitan mi blog en busca de información sobre la violencia en las parejas y por ello decidí transcribir aquí un pedacito de este libro (del capítulo del amor agápico) que me gustó mucho y está relacionado.
¡Ojo! Estas condiciones o requisitos de un amor sano tienen que ser recíprocos, esa es la clave, que sea un acuerdo bilateral y que ambas partes de la pareja respeten el trato amoroso. Si tu relación no cumple alguno de estos tres requisitos (que vienen abajo luego de la palabra NO) vives en una situacion de violencia.
La violencia no es sólo ser golpeado o golpear, también es la indiferencia ante la necesidades de tu pareja, los insultos, la subestimación del otro, la negación voluntaria a tener sexo (que hacen muchas personas para manipular) o el abuso sexual, la manipulación (ejemplo: ¡si me dejas me mato!), tratar de comprar el amor con bienes materiales, los celos, todo eso es violencia. 
Querer tratar al otro o la otra como tú quieras que te traten no es lo adecuado… tal vez lo que tú necesitas no es lo mismo que tu pareja necesita, averigua amorosamente quién es y qué necesita… no lo supongas, “suponer” es otra forma de violencia.
Respétate no dejes que nadie te diga lo que necesitas, decide tú. Elige el amor y el respeto, ante todo.
Notita amorosa para mujeres:
En los matrimonios y noviazgos también se dan las violaciones sexuales, NADIE tiene que obligarte a hacer nada con lo que no te sientas a gusto, aunque estés casada o sea tu novio ESO que él te hace con el uso de su fuerza y sin tu consetimiento se llama: violación. No hay otra definición. Por favor busca ayuda.
 
Para no sufrir ni hacer sufrir (p. 233)
 
-Niégate a todo tipo de agresión. No conviertas tu relación en un campo de batalla. Puedes crear inmunidad a la violencia en cualquiera de sus formas. Sólo necesitas usar tres NO, negarte a tres cosas pase lo que pase. Puedes escribirlo y firmar con tu pareja el compromiso.
Me comprometo a:
  • NO subestimar el dolor de mi pareja (ten compasión, métete en sus zapatos, camina con sus zapatos).
  • NO agredir a mi pareja de ninguna manera, ni aprovecharme de sus debilidades (tener dulzura, delicadeza, etc.).
  • NO fomentar la indiferencia afectiva, la frialdad, la falta de contacto físico o la ausencia de caricias (expresión de afecto positivo). 
-El descuido es desamor, no importa la excusa que des. Nada disculpa el abandono afectivo de la persona que amas. Y si crees que eso te convertirá en dependiente, despreocúpate, hay una forma de cuidado que no es co-dependencia, que va más allá del apego: es el gusto de dar, de hacer el bien a quien amamos. No hablo de sobreprotección, sino de atención amorosa, de vigilancia afectiva y efectiva, para buscar el bienestar del otro. Tampoco digo que tengas que desvelarte como lo hacen los padres aprenhensivos. Más bien se trata de estar dispuesto y disponible para cuando te necesite la persona que amas. Tu pareja no es tu hijo ni tu hija, es verdad, pero al amor agápico (el que da sin esperar recibir) no discrimina tan fino, cuando hay que dar se da.
-Si sientes que los problemas de la vida diaria te alejan de tu pareja, tu relación está en peligro. En las malas épocas, las buenas relaciones se fortalecen y las disfuncionales (adictivas, peligrosas, dependientes,insanas, violentas, etc.) se acaban. El dolor compartido puede unirte, más que separarte. Si tienen problemas económicos, luchen juntos. Si los echan del lugar donde viven, busquen otro lugar, duerman en la calle, pero juntos. El sufrimiento es menor si se divide en dos. Y si hay una efermedad en la familia, que sea motivo de unión, de trabajo en equipo. Cada vez que las dificultades afecten a tu pareja, recuérdale que no está solo o sola, que no eres un desertor o desertora y que puede contar contigo. Un amor completo no se agota en el placer del sexo, ni en la alegría de que el otro exista, necesita estar listo para el sufrimiento compartido. El amor agápico se reafirma en el dolor que la vida obliga.
Besos,
T.R.