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Reflexión personal sobre la discapacidad, el capacitismo y el discapacitismo: cómo aprendimos a mantener la vulnerabilidad fuera de la vista y por qué es importante revisarlo desde la propia experiencia.

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La discapacidad sigue siendo un territorio incómodo en nuestras sociedades. Lo único que muchas personas no discapacitadas creen saber sobre la discapacidad es que nadie querría vivirla. Pero la vida te da sorpresas…

Una de las consecuencias del capacitismo y del discapacitismo es la poca preparación que tenemos las personas (y las sociedades) para afrontar problemas de salud propios y ajenos. También para afrontar discapacidades adquiridas por enfermedad, por accidentes o simplemente por el envejecimiento.

(También creo que el bullying en las escuelas está relacionado con esto. Pero eso lo tengo que explicar en otro post.)

Discapacidad, vulnerabilidad y exclusión

Me recuerda a la época histórica —finales del siglo XVIII y sobre todo siglo XIX— cuando la muerte se sacó de nuestras vidas para siempre. Comenzaron a construirse los cementerios fuera de los pueblos y las ciudades en zonas apartadas donde nadie pudiera ver ni a los muertos ni a sus dolientes.

Los funerales se sacaron de las casas y ya no se dejaba la puerta abierta para que quien quisiera pasara a dar el pésame y a mostrar sus respetos.

La salud pública motivó una serie de cambios sociales que eran necesarios, pero también nos alejó material y simbólicamente de los procesos naturales del cuerpo. Alejamos lo que nos recuerda la vulnerabilidad del cuerpo.

Hoy algo similar ocurre con la discapacidad: la mantenemos fuera del campo de visión, como si no formara parte de la vida cotidiana, reflejo de un capacitismo y discapacitismo que normaliza la exclusión.

La discapacidad en la vida cotidiana digital

Siglo XXI. Me resulta curioso tanto afán por tener todo lejos y a la vez estar cerca, pero digitalmente. Ver aquello que consideramos indeseable por ser un mal que creemos ajeno, pero verlo a través de las pantallas. Eso sí nos gusta verlo en tiempo real para sentirnos parte y a la vez asegurarnos —como si de un acto de magia se tratase— que eso nunca nos pasará.

Queremos la fragilidad en streaming, pero no en la mesa del comedor.

Me hubiera gustado que alguien me hablara más en serio de la discapacidad en la escuela. También me hubiese gustado tener la chispa ya de adulta de responsabilizarme de esto y revisar la pedagogía de la normalidad. Descubrir la discapacidad en el propio cuerpo cambia radicalmente esa distancia.

Mirar la vulnerabilidad de cerca

Siendo yo una persona políticamente activa, feminista, activista, nunca me acerqué realmente al eje de opresión del capacitismo ni tampoco al discapacitismo en tanto discriminación, más allá de escuchar algún podcast de amigas feministas discas. Lamento haber aprendido esa jerarquía corporal y no haberla cuestionado antes.

La verdad es que esa omisión me asombra y, al mismo tiempo, no. La retrospectiva de mis 54 años por el Planeta y las épocas que me han tocado, y los países en los que he vivido, hace que no deba asombrarme tanto.

Estoy en proceso de eliminar lo más que se pueda mi ignorancia sobre el capacitismo y el discapacitismo, y comprender cómo estas estructuras afectan la vida de las personas con discapacidad y la mía también.

Me estoy poniendo al día rápidamente obligada por las circunstancias (léase: diagnósticos tardíos de autismo y TDAH y reciente diagnóstico de Síndrome de Fatiga Crónica). La vida tiene a veces unos métodos de enseñanza medio retorcidos. No te lo voy a negar. De igual manera me alegro mucho de estar aprendiendo sobre estos temas ahora.

Comprender la discapacidad desde dentro modifica por completo la mirada. Nunca es tarde para los comportamientos éticos. Ni tampoco para desactivar la norma que aprendí —sin darme cuenta— a aplicar sobre mi propio cuerpo.

Claves para leer este texto

  • Discapacidad como experiencia vital y social – No se trata solo de cuerpos individuales, sino de cómo las normas sociales y el capacitismo modelan nuestra relación con la vulnerabilidad.

  • Capacitismo y discapacitismo son estructuras invisibles – Este texto invita a mirar cómo aprendemos a jerarquizar cuerpos y a cuestionar lo que la sociedad nos enseña sobre la normalidad y la diferencia.

  • Reflexión desde la propia experiencia – La mirada personal importa: aprender a desactivar las normas internalizadas sobre nuestro propio cuerpo es un paso hacia comportamientos más éticos y conscientes.

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