Etiquetado: crisis amorosa

¿Mal de amores? (3º parte) #sersiendo

Esta serie de posts sobre el mal de amores empezó en el mes de marzo del año 2007. Muchas aguas han corrido bajo el(mi) puente desde aquel momento, literal y metafóricamente. Dado el éxito de los anteriores posts he decidido profundizar más en el tema. Puedes leer los anteriores posts aquí: 1º parte y 2º parte.

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El mal de amores, el guayabo o el despecho son palabras del habla común que describen el sentimiento que nos aqueja cuando pasamos por la ruptura de una relación de pareja. Digo sentimiento y no emoción, porque el mal de amores es un estado de ánimo afectivo, generalmente de larga duración, que es el producto de una gama de emociones muy amplia y que a veces resulta caótica y contradictoria: tristeza, rabia, nostalgia, envidia, odio, amor romántico, aversión, alegría, frustración, agitación, miedo, etc.

El sentimiento de despecho se siente como un des(pecho), como si te estuvieran sacando sin anestesia las costillas, el diafragma y las diferentes partes de tu cuerpo que te sirven para respirar. Cuando tenemos mal de amores todo nos cuesta, porque nos cuesta vivir o seguir viviendo sin la persona que creemos valiosa e insustituible.

El proceso de sanación de una ruptura amorosa es diferente para cada persona. Sin embargo, creo que mi método de curación ritualizada (ampliamente probado) le puede ser útil a cualquiera que esté pasando por esta dolorosa experiencia. El método tiene varios pasos, los puedes hacer en el orden en el que los escribiré o como mejor puedas hacerlos. No estamos para ponernos exigentes. El orden de cómo lo hagas no es importante, la clave está en que te entregues a lo que estás leyendo/haciendo. Ríndete. Deja de luchar para que tu presente sea de otra forma. ¡El presente es como es, te guste o no te guste! Respira profundo y manos a la obra.

Paso 1: Tocar fondo

Toma lápiz y papel. Busca un lugar donde puedas estar tranquila/o sin que te interrumpan y que tengas privacidad. Escribe una descripción de los hechos como si tú fueras uno de los policías de CSI y la relación con él/ella fuera el cuerpo de una persona asesinada. ¿Cuál fue la causa de muerte de su historia amorosa? Escríbelo todo, de forma muy pormenorizada, detallada, haz memoria… Llora si lo necesitas, pero saca toda esa mierda_maravillosa para afuera.

Describe la relación en sí y lo que sucedió. Describe el cómo tú viviste esa relación y también el cómo te sentías durante la ruptura (pasado). Describe cómo te sientes ahora (presente) al recordar la ruptura (pasado). No te fijes ni en la ortografía ni en la redacción ni en nada de eso, simplemente escribe: “derrama” todo lo que viviste sobre el papel. ¡Si te sirve de ayuda escucha la música + triste que encuentres en Spotify!

¿Cuándo lo/la conociste? ¿Cómo? ¿Quién sedujo a quién? ¿Cómo empezaron a salir? ¿Cómo te sentías en aquel momento de los inicios de la relación? ¿Cómo decía que se sentía él o ella? ¿Cómo era la sexualidad entre ustedes? ¿Tenían proyectos e intereses en conjunto? ¿Cómo era la comunicación? ¿Cuándo empezó a cambiar la relación? ¿En qué se convirtió? ¿Qué necesidades no satisfechas tenías en esa relación? ¿Cuáles necesidades no satisfechas decía él o ella que tenía en su relación contigo? ¿Disfrutabas de su compañía? ¿Qué pasaba cuando peleaban por algo? ¿Qué los distanciaba?

Este primer paso sirve para que si aún no has “tocado fondo” lo toques de una buena vez. Cuando termines de escribir la historia de la relación amorosa con tu ex, léela con calma. Calma. Date un espacio para sentir, para drenar… abrázate a ti misma/o… Llora. Reléela cuantas veces lo necesites… y cuando estés lista/o di con convicción y en voz alta: “Este es un momento de sufrimiento. Lo acepto tal y como es” y quema el papel. Cuando el (puto) papel esté ardiendo reflexiona sobre el hecho de que nada dura para siempre. Al igual que se terminó la relación con tu ex, el sufrimiento que sientes ahora también pasará. Todo está en constante cambio, tú también. Esa es la única verdad que necesitas entender ahora y aquí.

Paso 2: Reconocer la/mi locura

Cuando experimentas la impermanencia en carne propia y te permites sentirla (o rendirte ante ella) sin desplegar la reactividad típica de tu mente egotista, tus condiciones de vida se convierten en el gurú más lúcido que puedas tener como maestro. Tus condiciones de vida tal y como son ahora.

La locura más profunda es resistirte a algo que ya es. ¿Te das cuenta que es como tratar de atajar las gotas de lluvia y lanzarlas hacia el cielo esperando que las nubes las retengan nuevamente? Eso es imposible.

Nadie puede evitar que algo que está cayendo caiga sólo porque sí o porque es lo que necesita. El mundo externo no gira para beneficiarte a ti, pero tampoco para lastimarte. Simplemente gira, cambia, se mueve. Tu resistencia mental a la situación presente y la construcción de historias mentales es la locura que te está produciendo más sufrimiento y es totalmente evitable, eso sí es evitable. Lo que estás viviendo es doloroso, lo sé, pero sufrir y sufrir y sufrir no hará que tu relación de pareja vuelva a ser como antes o que tu ex regrese. Ese sufrimiento (secundario) añadido sí está en tus manos resolverlo, porque lo produce tu propia mente en su estado de inconsciencia habitual.

Si logras observar cómo funciona tu mente cuando estás gobernada/o por tus condicionamientos del pasado o tus expectativas sobre el futuro, notarás que la mayor parte del sufrimiento que ahora sientes lo has creado tú misma/o al resistirte a lo que te está pasando y al no aceptarlo. Todo lo que sube, tiene que bajar. Así funciona esto del amor romántico, es una ilusión. El verdadero amor, a diferencia del amor romántico, no pasa del amor al odio en un segundo, nadie puede odiar lo que ama, son incompatibles esas emociones. Si odias a quien amas, no es amor lo que sientes sino amor romántico. Cuando las relaciones de pareja se vuelven un drama es porque ambas personas están atrapadas por la idea del amor romántico que nos venden en las películas. No han desarrollado su estado de conciencia (“awareness”) lo suficiente para darse cuenta de la locura que están creando juntos, mundo exterior, y por separado cada quien en su mundo interior.

Como bien escribió E. Tolle en su libro “El poder del ahora”: “La alegría del Ser no tiene causa”. La felicidad es un estado transitorio porque depende de tu valoración subjetiva sobre lo que estás viviendo, la paz interior no. La paz interior puede convivir con la situación que sea. ¿Cómo sabes que estás inconscientemente perpetuando tu sufrimiento? Porque estás sufriendo, así de fácil. Si sufres es porque el ego está dirigiendo tu vida. La buena noticia es que al 90% de las personas nos pasa lo mismo. Sentir culpa no arreglará nada, pero tratar de observar tus patrones mentales y también tus resistencias internas a salir del drama, eso sí puede ayudarte.

Cuando te haces cargo de tu drama personal y dejas de echarle la culpa a tu ex o a quien sea, es decir cuando te observas con atención a ti misma/o, sólo observando, sin refunfuñar, sin apegarte a tus contenidos mentales, empezarás a sentir un poco de libertad y podrás realmente elegir qué hacer con todo lo que te pasa ahora. Las personas controladas por su inconsciencia oridinaria no pueden realmente elegir, están siendo sometidas por sus aprendizajes anteriores, son esclavas de su pasado.

Seguiré escribiendo los siguientes pasos en unos días. Espéralos. Te sugiero que leas la analogía de las dos flechas (Sallatha sutta) y veas los vídeos de esta lista Repensando el amor

Feliz (o como quiera que sea o esté siendo) Navidad. ¡Namasté!
Nadir Chacín
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“-Me pregunto si he cambiado en la noche. Déjame pensar. ¿Era la misma persona cuando me levante esta mañana? Casi pienso que puedo recordar sentirme un poco diferente. Pero si no soy la misma, la siguiente pregunta es ¿quién soy en el mundo? ¡Ese es el gran rompecabezas!” Lewis Carroll, en “Alicia en el país de las maravillas”


logo_82Te invito al Barcelona Mindfulness para Mujeres Meetup, un grupo para todas las mujeres interesadas en la meditación y el cultivo de mindfulness (atención plena) en Barcelona. Hacemos encuentros presenciales para aprender y practicar estas poderosas herramientas de autogestión de la salud y del estrés.

La primera crisis de Adenia y Osvaldo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Adenia esperando a Osvaldo! (Y el ingrato que no viene. #lovestory con corazón roto, snif.)

Para quienes aún no conocen a Adenia. Ella es mi planta exótica que es una dulzura. Y el canijo grrr de Osvaldo es un colibrí que se la pasaba rondándola en mi ventana. ¿Qué paso? Adenia se puso rebonita (mírenla) se enamoró pues… y bueno… veamos como termina esta #lovestory.

Cuando Adenia conoció a Osvaldo

Cuando Adenia floreció (primeros signos de pubertad) y la historia de sus amigos exóticos

Abrazos,

Nadir Chacín

PD facebookcera: Mi amigo Hugo Ponce dice que este es el soundtrack de esta #lovestory y añade: “Aunque los colibríes vuelan hacia atrás, el tiempo no volverá jamás”. :S

Click para más información Cuarto Encuentro del Círculo Humano, sábado 29 de enero 2011, 11 am, Parque México, Col. Hipódromo Condesa, México D.F. Tema: El amor en el siglo XXI. Tendremos  como invitado especial a Javier Castellanos, antropólogo especialista en Género y Terapia de Reencuentro.

“¿Por qué es tan difícil relacionarse?” de Osho

corazon_nube

 

Para una de mis lectoras frecuentes: Una taza de té =)

 

Hoy reflexionaba sobre lo complejo de las relaciones humanas, sobre todo las de pareja. Leía el comentario de “Una taza de té”, una de mis lectoras, me contaba sobre la persona que ama y de lo que ella siente. El amor suele ser una fuente de sufrimiento y definitivamente es porque no hemos aprendido a amar, creemos que amamos, pero no es así. Dentro de mí tengo esa sensación, esas ganas de aprender a amar, de conocer el amor genuino y sólo ser amor como bien dice Osho. Buscando información en la web sobre cómo amar encontré un artículo bien completo que proviene de “El libro de la mujer”. Les dejo un fragmento que habla sobre las relaciones de pareja y por qué volvemos algo que es sencillo un verdadero infierno. Espero lo lean con detenimiento, cada palabra de este autor es un llamado a la libertad, a buscar tus propias formas de ser. Lo que más me gusta de él es que no pretende ser un gurú, ni un maestro, ni tener la razón sobre cómo se ha de vivir la vida o el amor, simplemente muestra con valentía su senda y la que otros han recorrido. Los sabios e iluminados no andan por el mundo diciendo que lo son, si lo dicen, no son iluminados. Desconfía de ellos o ellas. Comparto su postura al 100% y pienso también que la política y todas las religiones (instituciones creadas por nosotros) han tergiversado el camino, nuestro Sendero de paz. Sin más, los dejo en buena compañía: Osho. Ésta es su respuesta a la pregunta: por qué es tan difícil relacionarse.


Porque todavía no eres. Hay un vacío interno y el miedo de que, si te relacionas con alguien, tarde o temprano descubrirán que estás vacío. Por eso parece más seguro mantener una cierta distancia de la gente; al menos puedes fingir que eres.
No eres. Aún no has nacido, eres sólo una oportunidad. Toda­vía no eres una plenitud, y sólo dos personas plenas pueden rela­cionarse. Relacionarse es una de las cosas más grandes de la vida: relacionarse significa amar, relacionarse significa compartir. Pero antes de poder compartir, debes tener. Y antes de poder amar debes estar lleno de amor, desbordante de amor.
Dos semillas no pueden relacionarse, están cerradas. Dos flores sí pueden relacionarse; están abiertas, pueden ofrecerse su fragan­cia mutuamente, pueden bailar al mismo sol y al mismo viento, pueden tener un diálogo, pueden susurrar. Pero eso no es posible para dos semillas. Las semillas están completamente cerradas, sin ventanas, ¿cómo se van a relacionar?
Y esa es la situación. Cuando nace, el hombre es una semilla; puede llegar a ser una flor, puede que no. Todo depende de ti, de lo que hagas contigo mismo; todo depende de si creces o no. Es tu elección, y hay que afrontar la elección a cada momento; cada mo­mento estás en la encrucijada.
Millones de personas deciden no crecer. Permanecen como se­millas; permanecen como potencial, nunca se hacen realidad. No saben lo que es realizar el propio potencial, no saben lo que es la autorrealización, no saben nada sobre ser. Viven completamente vacíos, mueren completamente vacíos. ¿Cómo van a relacionarse?
Será exponerte a ti mismo, tu desnudez, tu fealdad, tu vacío. Parece más seguro mantener una distancia. Incluso los amantes mantienen una distancia; sólo llegan hasta un punto, y permane­cen alerta para ver cuándo retroceder. Tienen límites; nunca cru­zan los límites, permanecen confinados en sus límites. Sí, hay una especie de relación, pero no es la de relacionarse, sino la de la po­sesión.
El marido posee a la mujer, la mujer posee al marido, los pa­dres poseen a los hijos, y así sucesivamente. Pero poseer no es re­lacionarse. De hecho, poseer es destruir todas las posibilidades de relacionarse.
Si te relacionas, respetas; no puedes poseer. Si te relacionas, hay una gran reverencia. Si te relacionas, te acercas muchísimo, estáis muy, muy cerca, en profunda intimidad, en imbricación. Sin embargo, no interferís en la libertad del otro, que sigue siendo un individuo independiente. La relación es de tipo «yo»«tú», no «yo»«eso» superponiéndose, interpenetrándose y, a la vez, en cier­to sentido independientes.
Khalil Gibran dice: «Sed como dos pilares que sustentan el mismo techo, pero no empecéis a poseer al otro, dejad al otro in­dependiente. Sustentad el mismo techo, ese techo es el amor.»
Dos amantes sustentan algo invisible y algo inmensamente va­lioso: cierta poesía de ser, cierta música que se oye en las partes más recónditas de su existencia. Ambos lo sustentan, sustentan cierta armonía, pero permanecen independientes. Pueden mos­trarse al otro porque no hay miedo. Saben que son. Conocen su propia belleza interna, conocen su propia fragancia interna; no hay miedo.
Pero normalmente existe el miedo, porque no tienes ninguna fragancia; si te muestras, simplemente apestarás. Apestarás a celos, odio, ira, lujuria. No tendrás la fragancia del amor, la oración, la compasión.

Millones de personas han decidido permanecer como semillas.

¿Por qué? Pudiendo ser flores y bailar al viento y al Sol y a la Luna, ¿por qué han decidido permanecer como semillas? Hay algo en su decisión: la semilla está más segura que la flor. La flor es frágil. La semilla no es frágil, la semilla parece más fuerte. La flor puede ser destruida fácilmente; sólo un poco de viento y los pétalos se disi­parán. La semilla no puede ser destruida tan fácilmente por el vien­to, la semilla está muy protegida, segura. La flor está expuesta, algo tan delicado, y expuesto a tantos riesgos: puede venir un viento fuerte, puede llover a cántaros, el Sol puede quemar demasiado, al­gún tonto puede arrancar la flor. A la flor puede sucederle cual­quier cosa, a la flor puede sucederle de todo, la flor está constante­mente en peligro. Pero la semilla está segura; por eso, millones de personas deciden permanecer como semillas. Pero permanecer como semilla es permanecer muerto, permanecer como semilla es no vivir en absoluto. Es seguro, desde luego, pero no tiene vida. La muerte es segura, la vida es inseguridad. Quien realmente quiera vivir tiene que vivir en peligro, en peligro constante. Quien quiera al­canzar las cimas tiene que arriesgarse a perderse. Quien quiera ascender a las cimas más altas tiene que arriesgarse a caer de al­guna parte, a resbalarse.
Cuanto mayor es el anhelo de crecer, mayor es el peligro que hay que aceptar. El hombre verdadero acepta el peligro como su es­tilo mismo de vida, como la atmósfera misma de su crecimiento.
Me preguntas: «¿Por qué es tan difícil relacionarse?» Es difícil porque aún no eres. Primero, sé. Todo lo demás sólo es posible des­pués: primero, sé.
Jesús lo dice a su propia manera: «Primero busca el reino de Dios, y todo lo demás te será dado por añadidura.» Esto es simple­mente una vieja expresión de lo mismo que estoy diciendo: prime­ro sé, y todo lo demás te será dado por añadidura.
Pero ser es el requisito básico. Si eres, el valor llega como con­secuencia. Si eres, surge un gran deseo de aventura, de explorar, y cuando estás listo para explorar, te puedes relacionar. Relacionarse es explorar, explorar la conciencia del otro, explorar el territorio del otro. Pero cuando exploras el territorio del otro tienes que per­mitir y acoger que el otro te explore a ti; no puede ser una calle de dirección única. Y sólo puedes permitir que el otro te explore cuan­do tienes algo, algún tesoro, en tu interior. Entonces no hay mie­do. De hecho, tú invitas al huésped, tú abrazas al huésped, tú lo lla­mas, tú quieres que entre. Quieres que vea lo que has descubierto en ti mismo, quieres compartirlo.
Primero sé, luego te puedes relacionar, y recuerda, relacionar­se es bello. Una relación es un fenómeno totalmente diferente; una relación es algo muerto, fijo. Ha llegado un punto final. Te casas con una mujer; ha llegado un punto final. Ahora todo irá hacia aba­jo; habéis llegado al límite, ya nada crece. El río se ha parado y se está convirtiendo en un pantano. Una relación es ya una cosa, com­pleta.

Relacionarse es un proceso. Evita las relaciones, y profundiza más y más en relacionarte.

Yo pongo el énfasis en los verbos, no en los sustantivos; evita los sustantivos todo lo que puedas. En el lenguaje no puedes evi­tarlos, ya lo sé; pero en la vida, evítalos, porque la vida es un ver­bo. La vida no es un sustantivo, en realidad es «viviendo», no «vida». No es «amor», es «amando». No es «relación», es «relacio­nando». No es una canción, es cantando. No es un baile, es bai­lando.
Observa la diferencia, saborea la diferencia. Un baile es algo completo; ya se han dado los últimos toques, ya no queda nada más que hacer. Algo completo es algo muerto. La vida no sabe de puntos finales; las comas están bien, pero no los puntos finales. Los lugares de descanso están bien, pero no los puntos de des­tino.
En vez de pensar en cómo relacionarte, cumple el primer re­quisito: medita, sé, y luego relacionarse saldrá de ello por sí mis­mo. Alguien que se vuelve silencioso, gozoso, alguien que empieza a desbordar energía, que florece, tiene que relacionarse. No es algo que tenga que aprender a hacer, empieza a suceder. Se relaciona con personas, se relaciona con animales, se relaciona con árboles, se relaciona incluso con rocas.
De hecho, se relaciona veinticuatro horas al día. Si camina por la tierra, se relaciona con la tierra… al tocar sus pies la tierra, se está relacionando. Si nada en el río, se relaciona con el río, y si mira las estrellas, se relaciona con las estrellas.
No se trata de relacionarse con alguien en particular. El hecho básico es que, si eres, toda tu vida se vuelve un relacionarte. Es una canción constante, una danza constante, es una continuidad, es un flujo como un río.
Medita, encuentra tu propio centro primero. Antes de poder re­lacionarte con otra persona, relaciónate contigo mismo. Éste es el requisito básico que hay que cumplir. Sin esto, nada es posible. Con esto, nada es imposible.
Osho, The Book of Wisdom, cap. 27.
Fuente: Oshogulaab, entra aquí y conseguirás todo un hermoso y completo texto. Fragmento de El libro de la mujer de Osho.

"¿Por qué es tan difícil relacionarse?" de Osho

corazon_nube

 

Para una de mis lectoras frecuentes: Una taza de té =)

 

Hoy reflexionaba sobre lo complejo de las relaciones humanas, sobre todo las de pareja. Leía el comentario de “Una taza de té”, una de mis lectoras, me contaba sobre la persona que ama y de lo que ella siente. El amor suele ser una fuente de sufrimiento y definitivamente es porque no hemos aprendido a amar, creemos que amamos, pero no es así. Dentro de mí tengo esa sensación, esas ganas de aprender a amar, de conocer el amor genuino y sólo ser amor como bien dice Osho. Buscando información en la web sobre cómo amar encontré un artículo bien completo que proviene de “El libro de la mujer”. Les dejo un fragmento que habla sobre las relaciones de pareja y por qué volvemos algo que es sencillo un verdadero infierno. Espero lo lean con detenimiento, cada palabra de este autor es un llamado a la libertad, a buscar tus propias formas de ser. Lo que más me gusta de él es que no pretende ser un gurú, ni un maestro, ni tener la razón sobre cómo se ha de vivir la vida o el amor, simplemente muestra con valentía su senda y la que otros han recorrido. Los sabios e iluminados no andan por el mundo diciendo que lo son, si lo dicen, no son iluminados. Desconfía de ellos o ellas. Comparto su postura al 100% y pienso también que la política y todas las religiones (instituciones creadas por nosotros) han tergiversado el camino, nuestro Sendero de paz. Sin más, los dejo en buena compañía: Osho. Ésta es su respuesta a la pregunta: por qué es tan difícil relacionarse.


Porque todavía no eres. Hay un vacío interno y el miedo de que, si te relacionas con alguien, tarde o temprano descubrirán que estás vacío. Por eso parece más seguro mantener una cierta distancia de la gente; al menos puedes fingir que eres.
No eres. Aún no has nacido, eres sólo una oportunidad. Toda­vía no eres una plenitud, y sólo dos personas plenas pueden rela­cionarse. Relacionarse es una de las cosas más grandes de la vida: relacionarse significa amar, relacionarse significa compartir. Pero antes de poder compartir, debes tener. Y antes de poder amar debes estar lleno de amor, desbordante de amor.
Dos semillas no pueden relacionarse, están cerradas. Dos flores sí pueden relacionarse; están abiertas, pueden ofrecerse su fragan­cia mutuamente, pueden bailar al mismo sol y al mismo viento, pueden tener un diálogo, pueden susurrar. Pero eso no es posible para dos semillas. Las semillas están completamente cerradas, sin ventanas, ¿cómo se van a relacionar?
Y esa es la situación. Cuando nace, el hombre es una semilla; puede llegar a ser una flor, puede que no. Todo depende de ti, de lo que hagas contigo mismo; todo depende de si creces o no. Es tu elección, y hay que afrontar la elección a cada momento; cada mo­mento estás en la encrucijada.
Millones de personas deciden no crecer. Permanecen como se­millas; permanecen como potencial, nunca se hacen realidad. No saben lo que es realizar el propio potencial, no saben lo que es la autorrealización, no saben nada sobre ser. Viven completamente vacíos, mueren completamente vacíos. ¿Cómo van a relacionarse?
Será exponerte a ti mismo, tu desnudez, tu fealdad, tu vacío. Parece más seguro mantener una distancia. Incluso los amantes mantienen una distancia; sólo llegan hasta un punto, y permane­cen alerta para ver cuándo retroceder. Tienen límites; nunca cru­zan los límites, permanecen confinados en sus límites. Sí, hay una especie de relación, pero no es la de relacionarse, sino la de la po­sesión.
El marido posee a la mujer, la mujer posee al marido, los pa­dres poseen a los hijos, y así sucesivamente. Pero poseer no es re­lacionarse. De hecho, poseer es destruir todas las posibilidades de relacionarse.
Si te relacionas, respetas; no puedes poseer. Si te relacionas, hay una gran reverencia. Si te relacionas, te acercas muchísimo, estáis muy, muy cerca, en profunda intimidad, en imbricación. Sin embargo, no interferís en la libertad del otro, que sigue siendo un individuo independiente. La relación es de tipo «yo»«tú», no «yo»«eso» superponiéndose, interpenetrándose y, a la vez, en cier­to sentido independientes.
Khalil Gibran dice: «Sed como dos pilares que sustentan el mismo techo, pero no empecéis a poseer al otro, dejad al otro in­dependiente. Sustentad el mismo techo, ese techo es el amor.»
Dos amantes sustentan algo invisible y algo inmensamente va­lioso: cierta poesía de ser, cierta música que se oye en las partes más recónditas de su existencia. Ambos lo sustentan, sustentan cierta armonía, pero permanecen independientes. Pueden mos­trarse al otro porque no hay miedo. Saben que son. Conocen su propia belleza interna, conocen su propia fragancia interna; no hay miedo.
Pero normalmente existe el miedo, porque no tienes ninguna fragancia; si te muestras, simplemente apestarás. Apestarás a celos, odio, ira, lujuria. No tendrás la fragancia del amor, la oración, la compasión.

Millones de personas han decidido permanecer como semillas.

¿Por qué? Pudiendo ser flores y bailar al viento y al Sol y a la Luna, ¿por qué han decidido permanecer como semillas? Hay algo en su decisión: la semilla está más segura que la flor. La flor es frágil. La semilla no es frágil, la semilla parece más fuerte. La flor puede ser destruida fácilmente; sólo un poco de viento y los pétalos se disi­parán. La semilla no puede ser destruida tan fácilmente por el vien­to, la semilla está muy protegida, segura. La flor está expuesta, algo tan delicado, y expuesto a tantos riesgos: puede venir un viento fuerte, puede llover a cántaros, el Sol puede quemar demasiado, al­gún tonto puede arrancar la flor. A la flor puede sucederle cual­quier cosa, a la flor puede sucederle de todo, la flor está constante­mente en peligro. Pero la semilla está segura; por eso, millones de personas deciden permanecer como semillas. Pero permanecer como semilla es permanecer muerto, permanecer como semilla es no vivir en absoluto. Es seguro, desde luego, pero no tiene vida. La muerte es segura, la vida es inseguridad. Quien realmente quiera vivir tiene que vivir en peligro, en peligro constante. Quien quiera al­canzar las cimas tiene que arriesgarse a perderse. Quien quiera ascender a las cimas más altas tiene que arriesgarse a caer de al­guna parte, a resbalarse.
Cuanto mayor es el anhelo de crecer, mayor es el peligro que hay que aceptar. El hombre verdadero acepta el peligro como su es­tilo mismo de vida, como la atmósfera misma de su crecimiento.
Me preguntas: «¿Por qué es tan difícil relacionarse?» Es difícil porque aún no eres. Primero, sé. Todo lo demás sólo es posible des­pués: primero, sé.
Jesús lo dice a su propia manera: «Primero busca el reino de Dios, y todo lo demás te será dado por añadidura.» Esto es simple­mente una vieja expresión de lo mismo que estoy diciendo: prime­ro sé, y todo lo demás te será dado por añadidura.
Pero ser es el requisito básico. Si eres, el valor llega como con­secuencia. Si eres, surge un gran deseo de aventura, de explorar, y cuando estás listo para explorar, te puedes relacionar. Relacionarse es explorar, explorar la conciencia del otro, explorar el territorio del otro. Pero cuando exploras el territorio del otro tienes que per­mitir y acoger que el otro te explore a ti; no puede ser una calle de dirección única. Y sólo puedes permitir que el otro te explore cuan­do tienes algo, algún tesoro, en tu interior. Entonces no hay mie­do. De hecho, tú invitas al huésped, tú abrazas al huésped, tú lo lla­mas, tú quieres que entre. Quieres que vea lo que has descubierto en ti mismo, quieres compartirlo.
Primero sé, luego te puedes relacionar, y recuerda, relacionar­se es bello. Una relación es un fenómeno totalmente diferente; una relación es algo muerto, fijo. Ha llegado un punto final. Te casas con una mujer; ha llegado un punto final. Ahora todo irá hacia aba­jo; habéis llegado al límite, ya nada crece. El río se ha parado y se está convirtiendo en un pantano. Una relación es ya una cosa, com­pleta.

Relacionarse es un proceso. Evita las relaciones, y profundiza más y más en relacionarte.

Yo pongo el énfasis en los verbos, no en los sustantivos; evita los sustantivos todo lo que puedas. En el lenguaje no puedes evi­tarlos, ya lo sé; pero en la vida, evítalos, porque la vida es un ver­bo. La vida no es un sustantivo, en realidad es «viviendo», no «vida». No es «amor», es «amando». No es «relación», es «relacio­nando». No es una canción, es cantando. No es un baile, es bai­lando.
Observa la diferencia, saborea la diferencia. Un baile es algo completo; ya se han dado los últimos toques, ya no queda nada más que hacer. Algo completo es algo muerto. La vida no sabe de puntos finales; las comas están bien, pero no los puntos finales. Los lugares de descanso están bien, pero no los puntos de des­tino.
En vez de pensar en cómo relacionarte, cumple el primer re­quisito: medita, sé, y luego relacionarse saldrá de ello por sí mis­mo. Alguien que se vuelve silencioso, gozoso, alguien que empieza a desbordar energía, que florece, tiene que relacionarse. No es algo que tenga que aprender a hacer, empieza a suceder. Se relaciona con personas, se relaciona con animales, se relaciona con árboles, se relaciona incluso con rocas.
De hecho, se relaciona veinticuatro horas al día. Si camina por la tierra, se relaciona con la tierra… al tocar sus pies la tierra, se está relacionando. Si nada en el río, se relaciona con el río, y si mira las estrellas, se relaciona con las estrellas.
No se trata de relacionarse con alguien en particular. El hecho básico es que, si eres, toda tu vida se vuelve un relacionarte. Es una canción constante, una danza constante, es una continuidad, es un flujo como un río.
Medita, encuentra tu propio centro primero. Antes de poder re­lacionarte con otra persona, relaciónate contigo mismo. Éste es el requisito básico que hay que cumplir. Sin esto, nada es posible. Con esto, nada es imposible.
Osho, The Book of Wisdom, cap. 27.
Fuente: Oshogulaab, entra aquí y conseguirás todo un hermoso y completo texto. Fragmento de El libro de la mujer de Osho.

¿Mal de amores? (1º parte) #sersiendo

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Estuve investigando en el internet sobre cómo superar el famosísimo MAL DE AMORES. Entendido como esa sensación de vacío y de falta de significado que sientes cuando atraviesas la ruptura de una relación de pareja. Me encontré con millones de consejos y quise dejar por escrito los que me han ayudado. Los iré presentando por partes. Muchos son difíciles de concretar, son algo nuevo para muchas mujeres (y para los hombres también), lo eran para mí y algunos aún lo son. Entrar en esta manera de entender al ser humano y a mí misma, me ha hecho sentir mejor, por eso sé que es una senda que recorrer entre miles que están disponsibles para tod@s. Son libres de elegir la que quieran, lo trascendental es empezar ya a sentirte mejor: ¡inténtalo!

Ser humano en proceso

Aceptar es sinónimo de ver el momento presente como lo que “es” sin tener o hacer ningún juicio al respecto, hablo de enfrentar el ahora: la persona que amas se ha ido y/o ya no te ama. Cuando aceptas eso sin culpar al otro y sobre todo sin culparte a tí mism@, se abre una dimensión diferente, rara vez abordada del SER HUMANO: la profundidad del presente. La mayoría de las veces, sino todas, nuestra mente se recrea en el pasado o en el futuro de esa relación rota, pero no se ancla en su presente. En el ahora ya no está esa persona y generalmente esa situación no es nada personal, es decir, no te “lo está haciendo a tí” ni “él (ella) acabó con tu vida”, tu ex pareja simplemente es como es, o mejor dicho, como “cree” que es. No está siendo alguien diferente de lo que cree ser, él o ella sólo está pensando en sí mism@ como hacemos todos, incluso tú y yo. Nadie te hace nada a tí, todo depende de cómo lo mires, dónde te coloques para observar el presente.
El dolor está dentro de tí, es cierto, acéptalo, déjalo ser, nada pasará, en la medida en que le permitas ser a ese dolor y tan sólo detenerte a verlo, observarlo sin preguntarte ni responderte nada, la emoción o las emociones irán pasando. Céntrate en tí mism@, en ser lo que eres y no lo que crees ser, no le des tanta importancia al hacer o al tener, ahí está la clave.
Las emociones negativas son temporales, vienen y van como todo en la vida, no hay nada de tí (de tu ser más profundo) que esté en peligro por sentirte triste o enojad@ hoy, que tu pareja se haya ido o ya no te ame no es un GRAN problema, es sólo algo temporal.
Muchas personas han pasado por rupturas de parejas y no se han muerto ni se han quedado sol@s el resto de sus vidas, incluso tú mism@ ya las has pasado y te has recuperado.
No te sirve engañarte a tí mism@, sabes, distraerte con muchas cosas (trabajar en exceso, ir de tiendas, hablar constantemente con amig@s sobre lo sucedido, etc.) y no dejar que el dolor y/o la rabia estén presentes. Finalmente, están ahí y sólo se quedarán escondidos mientras te distraes, agarrarán más tamaño y saldrán despúes, una y otra vez. Así que es mejor, aceptarlos ya ¿no?
No pasa nada si te tomas unos días para estar a solas contigo mism@, más que pensar, sólo relájate y llora, patalea, corre, enójate, lo que tengas que hacer pero drena ese dolor y míralo, mírate. La mayoría de las veces es peor lo que uno se imagina que le pasará si hace algo así a lo que realmente sucede cuando lo haces (yo lo hice y acá estoy escribiendo sobre eso).
Desde chiquit@s nos enseñan que estar enojad@s es malo pero no es así, el enojo simplemente es una emoción, no hay nada de malo en “emocionarse”, en sentir. Por tradición a la mujer se le ha enseñado que es mejor estar triste que enojada, sabes, que las chicas se ven terribles cuando gritan, que pierden glamour cuando lo hacen y quién sabe cuántos prejuicios más. La verdad es que es sano enojarse si eso es lo que tienes dentro, es lo que es, date chance de expresar la rabia, nada pasará. A los hombres, por su parte, se les enseña a no llorar, porque eso no es de hombres y porque es sinónimo de ser débil. La verdad es que llorar te hará bien si es lo que deseas, que no te importe lo que digan los demás, haz lo que tu cuerpo y tu alma te piden, te sentirás mejor.
Hay un viejo dicho “un clavo saca otro clavo”, el cual indica que lo mejor es buscarte otra pareja rápidamente, pues a veces se quedan los dos clavos adentro. Por ahora, es mejor centrarte en tí mism@, porque buscarte a otro hombre o mujer para no sentirte sol@, sólo distraerá tu dolor, pero no solucionará lo que sientes por la ruptura, no lo hará de manera definitiva. Además ahora requieres de organizar tu existencia, colocar lo que eres en su justo lugar y reconstruirlo o más bien construirlo de una buena vez.

La mayoría de las relaciones de pareja son relaciones que se dan entre cuatro “fantasías” [o percepciones que no son ciertas]: 1) lo que tú piensas sobre tu pareja y deseas que él/ella sea, 2) lo que tu pareja piensa sobre tí y desea que tú seas, 3) lo que tú piensas que eres us ideas sobre ti misma/o], y 4) lo que tu pareja piensa que él/ella es [las ideas que tiene tu pareja sobre sí mismo/a].

En este rollo de puritas máscaras del ego, estarás de acuerdo que es imposible que exista el amor. Para empezar, el amor genuino es tan raro, generalmente pensamos que amamos a alguien y no es así. Ni siquiera somos capaces de vernos a nosotros mismos y ser lo que somos, mientras estemos así: tan ciegos.
Te recomiendo que leas mucho sobre el ego, la falsa imagen que tienes sobre ti mismo, hay mucho material en la filosofía Zen, en el Budismo y en las demás tradiciones orientales. Incluso la mayoría de las religiones y filosofías occidentales hablan sobre él, con otros conceptos, pero vienen siendo todos lo mismo. El Ego es el “falso ser”, lo que como persona piensas que eres y no lo que realmente eres.
Para mí se abrió una puerta que no conocía cuando empecé a leer sobre el tema y definitivamente me siento mejor ahora, ojalá que decidas empezar ya. Encontrarás algunos libros que leí en la barra lateral de este blog en el apartado 3. Reseñas de libros y películas.
Si quieres entender mejor lo qué es el Ego sugiero comenzar con el libro Una Nueva Tierra de Eckhart Tolle.

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Respira profundo,
Nadir Chacín
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