Etiquetado: ruptura de pareja

REGRESAR A MÍ (A TI, A ÉL, A ELLA)

Siempre nos preguntamos para qué sirven las rupturas amorosas. Son encrucijadas, paradas, estaciones de paso, quiebres, inicios, finales. Revoluciones. Son todo eso y a la vez. Cuando una pareja por los motivos que sean decide separarse o uno de los miembros decide alejarse por un tiempo o “para siempre” (nótese las comillas… no me gustan las sentencias, la vida no puede controlarse), muchas cosas parecen CERRARSE pero el resultado REAL es que la dimensión de la pareja SE ABRE. La dimensión individual SE ABRE.

El enamoramiento y el amor son indudablemente fuerzas amalgamadoras. Los amantes perciben que existe fusión entre ellos a pesar de que el amor sólo puede vivirse y experienciarse individualmente. La pareja, en su devenir cotidiano, es doble acción, doble Ser, pero los amantes suelen olvidarse de que son dos. En toda fusión (real o imaginada) aumenta la resistencia, se tiende a “borrar” las fronteras que de por sí son imborrables… y entonces surge contundente la fuerza inevitable de la separación, de la diferenciación con respecto al otro. Nadie puede luchar contra eso, porque es un instinto: mantener la identidad propia. No porque quieras seguir siendo tú amas menos y no porque tu pareja también quiera serlo te ama menos. Eso es un error de interpretación.

El amante ama al otro por lo que es y siempre el amor cuando es genuino busca el respeto hacia la persona que ama en tanto persona diferente de uno mismo. Sin embargo, la fusión existe, se da. La sentimos. Es también. Algo nos separa y nos une, algo nutrido por nosotros mismos. Ambas fuerzas, la que te separa de quien amas y la que te une a él o ella, se alimentan de los significados que les atribuimos a las cosas que vivimos, a las conversaciones que tenemos, a las diversas (y a veces contradictorias) creencias que conviven en nuestra mente sobre el amor y otras aventuras.

La fusión siempre será sana y armoniosa si se mantienen renovadas y ejercidas las identidades individuales. “Ejercidas” quiere decir ACTIVAS, en acción. Si te fusionas al punto de olvidarte de ti misma, de ti mismo, algo SE ROMPE dentro de tu Ser. Nadie puede amar realmente si se fusiona y se olvida de su persona. Ésta es la salvación que proveen las rupturas, momentáneas o no. Las rupturas son OPORTUNIDADES, son llamadas de atención. Es el alma que dice “hey… aquí estoy… ¿y yo qué?”, cuando se produce una ruptura hay algo que te está gritando dentro de ti que le prestes atención. Que TÚ existes y que no has estado poniéndote mucha atención últimamente, dedicándote mucho tiempo ni dedicación. Y menos la pasión que te mereces.

Las rupturas terminan siempre sanando a la pareja, pero lo más importante es que SIEMPRE terminan hoy, mañana o en algún momento sanándote a ti. ROMPER una relación es un camino (sanador y doloroso) para volver a ti. Lo es de igual modo para volver al NOSOTROS pero de una forma diferente, más amorosa, y en tanto más cercana al amor, más respetuosa de los quereres y deseos de cada uno. Eso no implica que la relación de pareja continúe, pero si implica que esas dos personas podrán ahora mirarse, contemplarse y vivirse mutuamente de una forma más armoniosa. Cuando has procesado sinceramente la separación comienzas a ver. Tus ojos miran por primera vez y luego contemplarás lo que es y lo abrazarás sin pelearte con lo que sucede.

Regresar a mí siempre será un regresar a ti (a él o a ella) de una manera más genuina y transparente. Sin máscaras. Cuando logras ver al otro por lo que es, con sus defectos y virtudes, cuando logras hacer eso mismo para contigo (sobre todo), TÚ TE ABRES, LA PAREJA SE ABRE. La dimensión de lo que vives se amplía, logras por un instante, por un mes, un día, a veces por un tiempo más prolongado cuando trabajas en ello, regresar a tu naturaleza original. Ésa que te permite estar acompañando a alguien (que no unirte) sin “matarlo”, sin perderte en el otro, sin obligar a que él o ella se pierda en ti (consciente o inconscientemente), sin querer y presionar para que sea como tú, sin borrarte tú. Eso siempre es UN REGALO HERMOSO que te procuras a ti mismo. Suena trillado pero amar al otro siempre pasa primero por amar lo que uno es.

No quieras saltarte el primer escalón de las relaciones sociales. La relación que construyes con la única persona que podrá darte todo el amor que necesitas y que te mereces: TÚ.

“¿Por qué es tan difícil relacionarse?” de Osho

corazon_nube

 

Para una de mis lectoras frecuentes: Una taza de té =)

 

Hoy reflexionaba sobre lo complejo de las relaciones humanas, sobre todo las de pareja. Leía el comentario de “Una taza de té”, una de mis lectoras, me contaba sobre la persona que ama y de lo que ella siente. El amor suele ser una fuente de sufrimiento y definitivamente es porque no hemos aprendido a amar, creemos que amamos, pero no es así. Dentro de mí tengo esa sensación, esas ganas de aprender a amar, de conocer el amor genuino y sólo ser amor como bien dice Osho. Buscando información en la web sobre cómo amar encontré un artículo bien completo que proviene de “El libro de la mujer”. Les dejo un fragmento que habla sobre las relaciones de pareja y por qué volvemos algo que es sencillo un verdadero infierno. Espero lo lean con detenimiento, cada palabra de este autor es un llamado a la libertad, a buscar tus propias formas de ser. Lo que más me gusta de él es que no pretende ser un gurú, ni un maestro, ni tener la razón sobre cómo se ha de vivir la vida o el amor, simplemente muestra con valentía su senda y la que otros han recorrido. Los sabios e iluminados no andan por el mundo diciendo que lo son, si lo dicen, no son iluminados. Desconfía de ellos o ellas. Comparto su postura al 100% y pienso también que la política y todas las religiones (instituciones creadas por nosotros) han tergiversado el camino, nuestro Sendero de paz. Sin más, los dejo en buena compañía: Osho. Ésta es su respuesta a la pregunta: por qué es tan difícil relacionarse.


Porque todavía no eres. Hay un vacío interno y el miedo de que, si te relacionas con alguien, tarde o temprano descubrirán que estás vacío. Por eso parece más seguro mantener una cierta distancia de la gente; al menos puedes fingir que eres.
No eres. Aún no has nacido, eres sólo una oportunidad. Toda­vía no eres una plenitud, y sólo dos personas plenas pueden rela­cionarse. Relacionarse es una de las cosas más grandes de la vida: relacionarse significa amar, relacionarse significa compartir. Pero antes de poder compartir, debes tener. Y antes de poder amar debes estar lleno de amor, desbordante de amor.
Dos semillas no pueden relacionarse, están cerradas. Dos flores sí pueden relacionarse; están abiertas, pueden ofrecerse su fragan­cia mutuamente, pueden bailar al mismo sol y al mismo viento, pueden tener un diálogo, pueden susurrar. Pero eso no es posible para dos semillas. Las semillas están completamente cerradas, sin ventanas, ¿cómo se van a relacionar?
Y esa es la situación. Cuando nace, el hombre es una semilla; puede llegar a ser una flor, puede que no. Todo depende de ti, de lo que hagas contigo mismo; todo depende de si creces o no. Es tu elección, y hay que afrontar la elección a cada momento; cada mo­mento estás en la encrucijada.
Millones de personas deciden no crecer. Permanecen como se­millas; permanecen como potencial, nunca se hacen realidad. No saben lo que es realizar el propio potencial, no saben lo que es la autorrealización, no saben nada sobre ser. Viven completamente vacíos, mueren completamente vacíos. ¿Cómo van a relacionarse?
Será exponerte a ti mismo, tu desnudez, tu fealdad, tu vacío. Parece más seguro mantener una distancia. Incluso los amantes mantienen una distancia; sólo llegan hasta un punto, y permane­cen alerta para ver cuándo retroceder. Tienen límites; nunca cru­zan los límites, permanecen confinados en sus límites. Sí, hay una especie de relación, pero no es la de relacionarse, sino la de la po­sesión.
El marido posee a la mujer, la mujer posee al marido, los pa­dres poseen a los hijos, y así sucesivamente. Pero poseer no es re­lacionarse. De hecho, poseer es destruir todas las posibilidades de relacionarse.
Si te relacionas, respetas; no puedes poseer. Si te relacionas, hay una gran reverencia. Si te relacionas, te acercas muchísimo, estáis muy, muy cerca, en profunda intimidad, en imbricación. Sin embargo, no interferís en la libertad del otro, que sigue siendo un individuo independiente. La relación es de tipo «yo»«tú», no «yo»«eso» superponiéndose, interpenetrándose y, a la vez, en cier­to sentido independientes.
Khalil Gibran dice: «Sed como dos pilares que sustentan el mismo techo, pero no empecéis a poseer al otro, dejad al otro in­dependiente. Sustentad el mismo techo, ese techo es el amor.»
Dos amantes sustentan algo invisible y algo inmensamente va­lioso: cierta poesía de ser, cierta música que se oye en las partes más recónditas de su existencia. Ambos lo sustentan, sustentan cierta armonía, pero permanecen independientes. Pueden mos­trarse al otro porque no hay miedo. Saben que son. Conocen su propia belleza interna, conocen su propia fragancia interna; no hay miedo.
Pero normalmente existe el miedo, porque no tienes ninguna fragancia; si te muestras, simplemente apestarás. Apestarás a celos, odio, ira, lujuria. No tendrás la fragancia del amor, la oración, la compasión.

Millones de personas han decidido permanecer como semillas.

¿Por qué? Pudiendo ser flores y bailar al viento y al Sol y a la Luna, ¿por qué han decidido permanecer como semillas? Hay algo en su decisión: la semilla está más segura que la flor. La flor es frágil. La semilla no es frágil, la semilla parece más fuerte. La flor puede ser destruida fácilmente; sólo un poco de viento y los pétalos se disi­parán. La semilla no puede ser destruida tan fácilmente por el vien­to, la semilla está muy protegida, segura. La flor está expuesta, algo tan delicado, y expuesto a tantos riesgos: puede venir un viento fuerte, puede llover a cántaros, el Sol puede quemar demasiado, al­gún tonto puede arrancar la flor. A la flor puede sucederle cual­quier cosa, a la flor puede sucederle de todo, la flor está constante­mente en peligro. Pero la semilla está segura; por eso, millones de personas deciden permanecer como semillas. Pero permanecer como semilla es permanecer muerto, permanecer como semilla es no vivir en absoluto. Es seguro, desde luego, pero no tiene vida. La muerte es segura, la vida es inseguridad. Quien realmente quiera vivir tiene que vivir en peligro, en peligro constante. Quien quiera al­canzar las cimas tiene que arriesgarse a perderse. Quien quiera ascender a las cimas más altas tiene que arriesgarse a caer de al­guna parte, a resbalarse.
Cuanto mayor es el anhelo de crecer, mayor es el peligro que hay que aceptar. El hombre verdadero acepta el peligro como su es­tilo mismo de vida, como la atmósfera misma de su crecimiento.
Me preguntas: «¿Por qué es tan difícil relacionarse?» Es difícil porque aún no eres. Primero, sé. Todo lo demás sólo es posible des­pués: primero, sé.
Jesús lo dice a su propia manera: «Primero busca el reino de Dios, y todo lo demás te será dado por añadidura.» Esto es simple­mente una vieja expresión de lo mismo que estoy diciendo: prime­ro sé, y todo lo demás te será dado por añadidura.
Pero ser es el requisito básico. Si eres, el valor llega como con­secuencia. Si eres, surge un gran deseo de aventura, de explorar, y cuando estás listo para explorar, te puedes relacionar. Relacionarse es explorar, explorar la conciencia del otro, explorar el territorio del otro. Pero cuando exploras el territorio del otro tienes que per­mitir y acoger que el otro te explore a ti; no puede ser una calle de dirección única. Y sólo puedes permitir que el otro te explore cuan­do tienes algo, algún tesoro, en tu interior. Entonces no hay mie­do. De hecho, tú invitas al huésped, tú abrazas al huésped, tú lo lla­mas, tú quieres que entre. Quieres que vea lo que has descubierto en ti mismo, quieres compartirlo.
Primero sé, luego te puedes relacionar, y recuerda, relacionar­se es bello. Una relación es un fenómeno totalmente diferente; una relación es algo muerto, fijo. Ha llegado un punto final. Te casas con una mujer; ha llegado un punto final. Ahora todo irá hacia aba­jo; habéis llegado al límite, ya nada crece. El río se ha parado y se está convirtiendo en un pantano. Una relación es ya una cosa, com­pleta.

Relacionarse es un proceso. Evita las relaciones, y profundiza más y más en relacionarte.

Yo pongo el énfasis en los verbos, no en los sustantivos; evita los sustantivos todo lo que puedas. En el lenguaje no puedes evi­tarlos, ya lo sé; pero en la vida, evítalos, porque la vida es un ver­bo. La vida no es un sustantivo, en realidad es «viviendo», no «vida». No es «amor», es «amando». No es «relación», es «relacio­nando». No es una canción, es cantando. No es un baile, es bai­lando.
Observa la diferencia, saborea la diferencia. Un baile es algo completo; ya se han dado los últimos toques, ya no queda nada más que hacer. Algo completo es algo muerto. La vida no sabe de puntos finales; las comas están bien, pero no los puntos finales. Los lugares de descanso están bien, pero no los puntos de des­tino.
En vez de pensar en cómo relacionarte, cumple el primer re­quisito: medita, sé, y luego relacionarse saldrá de ello por sí mis­mo. Alguien que se vuelve silencioso, gozoso, alguien que empieza a desbordar energía, que florece, tiene que relacionarse. No es algo que tenga que aprender a hacer, empieza a suceder. Se relaciona con personas, se relaciona con animales, se relaciona con árboles, se relaciona incluso con rocas.
De hecho, se relaciona veinticuatro horas al día. Si camina por la tierra, se relaciona con la tierra… al tocar sus pies la tierra, se está relacionando. Si nada en el río, se relaciona con el río, y si mira las estrellas, se relaciona con las estrellas.
No se trata de relacionarse con alguien en particular. El hecho básico es que, si eres, toda tu vida se vuelve un relacionarte. Es una canción constante, una danza constante, es una continuidad, es un flujo como un río.
Medita, encuentra tu propio centro primero. Antes de poder re­lacionarte con otra persona, relaciónate contigo mismo. Éste es el requisito básico que hay que cumplir. Sin esto, nada es posible. Con esto, nada es imposible.
Osho, The Book of Wisdom, cap. 27.
Fuente: Oshogulaab, entra aquí y conseguirás todo un hermoso y completo texto. Fragmento de El libro de la mujer de Osho.

"¿Por qué es tan difícil relacionarse?" de Osho

corazon_nube

 

Para una de mis lectoras frecuentes: Una taza de té =)

 

Hoy reflexionaba sobre lo complejo de las relaciones humanas, sobre todo las de pareja. Leía el comentario de “Una taza de té”, una de mis lectoras, me contaba sobre la persona que ama y de lo que ella siente. El amor suele ser una fuente de sufrimiento y definitivamente es porque no hemos aprendido a amar, creemos que amamos, pero no es así. Dentro de mí tengo esa sensación, esas ganas de aprender a amar, de conocer el amor genuino y sólo ser amor como bien dice Osho. Buscando información en la web sobre cómo amar encontré un artículo bien completo que proviene de “El libro de la mujer”. Les dejo un fragmento que habla sobre las relaciones de pareja y por qué volvemos algo que es sencillo un verdadero infierno. Espero lo lean con detenimiento, cada palabra de este autor es un llamado a la libertad, a buscar tus propias formas de ser. Lo que más me gusta de él es que no pretende ser un gurú, ni un maestro, ni tener la razón sobre cómo se ha de vivir la vida o el amor, simplemente muestra con valentía su senda y la que otros han recorrido. Los sabios e iluminados no andan por el mundo diciendo que lo son, si lo dicen, no son iluminados. Desconfía de ellos o ellas. Comparto su postura al 100% y pienso también que la política y todas las religiones (instituciones creadas por nosotros) han tergiversado el camino, nuestro Sendero de paz. Sin más, los dejo en buena compañía: Osho. Ésta es su respuesta a la pregunta: por qué es tan difícil relacionarse.


Porque todavía no eres. Hay un vacío interno y el miedo de que, si te relacionas con alguien, tarde o temprano descubrirán que estás vacío. Por eso parece más seguro mantener una cierta distancia de la gente; al menos puedes fingir que eres.
No eres. Aún no has nacido, eres sólo una oportunidad. Toda­vía no eres una plenitud, y sólo dos personas plenas pueden rela­cionarse. Relacionarse es una de las cosas más grandes de la vida: relacionarse significa amar, relacionarse significa compartir. Pero antes de poder compartir, debes tener. Y antes de poder amar debes estar lleno de amor, desbordante de amor.
Dos semillas no pueden relacionarse, están cerradas. Dos flores sí pueden relacionarse; están abiertas, pueden ofrecerse su fragan­cia mutuamente, pueden bailar al mismo sol y al mismo viento, pueden tener un diálogo, pueden susurrar. Pero eso no es posible para dos semillas. Las semillas están completamente cerradas, sin ventanas, ¿cómo se van a relacionar?
Y esa es la situación. Cuando nace, el hombre es una semilla; puede llegar a ser una flor, puede que no. Todo depende de ti, de lo que hagas contigo mismo; todo depende de si creces o no. Es tu elección, y hay que afrontar la elección a cada momento; cada mo­mento estás en la encrucijada.
Millones de personas deciden no crecer. Permanecen como se­millas; permanecen como potencial, nunca se hacen realidad. No saben lo que es realizar el propio potencial, no saben lo que es la autorrealización, no saben nada sobre ser. Viven completamente vacíos, mueren completamente vacíos. ¿Cómo van a relacionarse?
Será exponerte a ti mismo, tu desnudez, tu fealdad, tu vacío. Parece más seguro mantener una distancia. Incluso los amantes mantienen una distancia; sólo llegan hasta un punto, y permane­cen alerta para ver cuándo retroceder. Tienen límites; nunca cru­zan los límites, permanecen confinados en sus límites. Sí, hay una especie de relación, pero no es la de relacionarse, sino la de la po­sesión.
El marido posee a la mujer, la mujer posee al marido, los pa­dres poseen a los hijos, y así sucesivamente. Pero poseer no es re­lacionarse. De hecho, poseer es destruir todas las posibilidades de relacionarse.
Si te relacionas, respetas; no puedes poseer. Si te relacionas, hay una gran reverencia. Si te relacionas, te acercas muchísimo, estáis muy, muy cerca, en profunda intimidad, en imbricación. Sin embargo, no interferís en la libertad del otro, que sigue siendo un individuo independiente. La relación es de tipo «yo»«tú», no «yo»«eso» superponiéndose, interpenetrándose y, a la vez, en cier­to sentido independientes.
Khalil Gibran dice: «Sed como dos pilares que sustentan el mismo techo, pero no empecéis a poseer al otro, dejad al otro in­dependiente. Sustentad el mismo techo, ese techo es el amor.»
Dos amantes sustentan algo invisible y algo inmensamente va­lioso: cierta poesía de ser, cierta música que se oye en las partes más recónditas de su existencia. Ambos lo sustentan, sustentan cierta armonía, pero permanecen independientes. Pueden mos­trarse al otro porque no hay miedo. Saben que son. Conocen su propia belleza interna, conocen su propia fragancia interna; no hay miedo.
Pero normalmente existe el miedo, porque no tienes ninguna fragancia; si te muestras, simplemente apestarás. Apestarás a celos, odio, ira, lujuria. No tendrás la fragancia del amor, la oración, la compasión.

Millones de personas han decidido permanecer como semillas.

¿Por qué? Pudiendo ser flores y bailar al viento y al Sol y a la Luna, ¿por qué han decidido permanecer como semillas? Hay algo en su decisión: la semilla está más segura que la flor. La flor es frágil. La semilla no es frágil, la semilla parece más fuerte. La flor puede ser destruida fácilmente; sólo un poco de viento y los pétalos se disi­parán. La semilla no puede ser destruida tan fácilmente por el vien­to, la semilla está muy protegida, segura. La flor está expuesta, algo tan delicado, y expuesto a tantos riesgos: puede venir un viento fuerte, puede llover a cántaros, el Sol puede quemar demasiado, al­gún tonto puede arrancar la flor. A la flor puede sucederle cual­quier cosa, a la flor puede sucederle de todo, la flor está constante­mente en peligro. Pero la semilla está segura; por eso, millones de personas deciden permanecer como semillas. Pero permanecer como semilla es permanecer muerto, permanecer como semilla es no vivir en absoluto. Es seguro, desde luego, pero no tiene vida. La muerte es segura, la vida es inseguridad. Quien realmente quiera vivir tiene que vivir en peligro, en peligro constante. Quien quiera al­canzar las cimas tiene que arriesgarse a perderse. Quien quiera ascender a las cimas más altas tiene que arriesgarse a caer de al­guna parte, a resbalarse.
Cuanto mayor es el anhelo de crecer, mayor es el peligro que hay que aceptar. El hombre verdadero acepta el peligro como su es­tilo mismo de vida, como la atmósfera misma de su crecimiento.
Me preguntas: «¿Por qué es tan difícil relacionarse?» Es difícil porque aún no eres. Primero, sé. Todo lo demás sólo es posible des­pués: primero, sé.
Jesús lo dice a su propia manera: «Primero busca el reino de Dios, y todo lo demás te será dado por añadidura.» Esto es simple­mente una vieja expresión de lo mismo que estoy diciendo: prime­ro sé, y todo lo demás te será dado por añadidura.
Pero ser es el requisito básico. Si eres, el valor llega como con­secuencia. Si eres, surge un gran deseo de aventura, de explorar, y cuando estás listo para explorar, te puedes relacionar. Relacionarse es explorar, explorar la conciencia del otro, explorar el territorio del otro. Pero cuando exploras el territorio del otro tienes que per­mitir y acoger que el otro te explore a ti; no puede ser una calle de dirección única. Y sólo puedes permitir que el otro te explore cuan­do tienes algo, algún tesoro, en tu interior. Entonces no hay mie­do. De hecho, tú invitas al huésped, tú abrazas al huésped, tú lo lla­mas, tú quieres que entre. Quieres que vea lo que has descubierto en ti mismo, quieres compartirlo.
Primero sé, luego te puedes relacionar, y recuerda, relacionar­se es bello. Una relación es un fenómeno totalmente diferente; una relación es algo muerto, fijo. Ha llegado un punto final. Te casas con una mujer; ha llegado un punto final. Ahora todo irá hacia aba­jo; habéis llegado al límite, ya nada crece. El río se ha parado y se está convirtiendo en un pantano. Una relación es ya una cosa, com­pleta.

Relacionarse es un proceso. Evita las relaciones, y profundiza más y más en relacionarte.

Yo pongo el énfasis en los verbos, no en los sustantivos; evita los sustantivos todo lo que puedas. En el lenguaje no puedes evi­tarlos, ya lo sé; pero en la vida, evítalos, porque la vida es un ver­bo. La vida no es un sustantivo, en realidad es «viviendo», no «vida». No es «amor», es «amando». No es «relación», es «relacio­nando». No es una canción, es cantando. No es un baile, es bai­lando.
Observa la diferencia, saborea la diferencia. Un baile es algo completo; ya se han dado los últimos toques, ya no queda nada más que hacer. Algo completo es algo muerto. La vida no sabe de puntos finales; las comas están bien, pero no los puntos finales. Los lugares de descanso están bien, pero no los puntos de des­tino.
En vez de pensar en cómo relacionarte, cumple el primer re­quisito: medita, sé, y luego relacionarse saldrá de ello por sí mis­mo. Alguien que se vuelve silencioso, gozoso, alguien que empieza a desbordar energía, que florece, tiene que relacionarse. No es algo que tenga que aprender a hacer, empieza a suceder. Se relaciona con personas, se relaciona con animales, se relaciona con árboles, se relaciona incluso con rocas.
De hecho, se relaciona veinticuatro horas al día. Si camina por la tierra, se relaciona con la tierra… al tocar sus pies la tierra, se está relacionando. Si nada en el río, se relaciona con el río, y si mira las estrellas, se relaciona con las estrellas.
No se trata de relacionarse con alguien en particular. El hecho básico es que, si eres, toda tu vida se vuelve un relacionarte. Es una canción constante, una danza constante, es una continuidad, es un flujo como un río.
Medita, encuentra tu propio centro primero. Antes de poder re­lacionarte con otra persona, relaciónate contigo mismo. Éste es el requisito básico que hay que cumplir. Sin esto, nada es posible. Con esto, nada es imposible.
Osho, The Book of Wisdom, cap. 27.
Fuente: Oshogulaab, entra aquí y conseguirás todo un hermoso y completo texto. Fragmento de El libro de la mujer de Osho.

¿Mal de amores? (1º parte) #sersiendo

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Estuve investigando en el internet sobre cómo superar el famosísimo MAL DE AMORES. Entendido como esa sensación de vacío y de falta de significado que sientes cuando atraviesas la ruptura de una relación de pareja. Me encontré con millones de consejos y quise dejar por escrito los que me han ayudado. Los iré presentando por partes. Muchos son difíciles de concretar, son algo nuevo para muchas mujeres (y para los hombres también), lo eran para mí y algunos aún lo son. Entrar en esta manera de entender al ser humano y a mí misma, me ha hecho sentir mejor, por eso sé que es una senda que recorrer entre miles que están disponsibles para tod@s. Son libres de elegir la que quieran, lo trascendental es empezar ya a sentirte mejor: ¡inténtalo!

Ser humano en proceso

Aceptar es sinónimo de ver el momento presente como lo que “es” sin tener o hacer ningún juicio al respecto, hablo de enfrentar el ahora: la persona que amas se ha ido y/o ya no te ama. Cuando aceptas eso sin culpar al otro y sobre todo sin culparte a tí mism@, se abre una dimensión diferente, rara vez abordada del SER HUMANO: la profundidad del presente. La mayoría de las veces, sino todas, nuestra mente se recrea en el pasado o en el futuro de esa relación rota, pero no se ancla en su presente. En el ahora ya no está esa persona y generalmente esa situación no es nada personal, es decir, no te “lo está haciendo a tí” ni “él (ella) acabó con tu vida”, tu ex pareja simplemente es como es, o mejor dicho, como “cree” que es. No está siendo alguien diferente de lo que cree ser, él o ella sólo está pensando en sí mism@ como hacemos todos, incluso tú y yo. Nadie te hace nada a tí, todo depende de cómo lo mires, dónde te coloques para observar el presente.
El dolor está dentro de tí, es cierto, acéptalo, déjalo ser, nada pasará, en la medida en que le permitas ser a ese dolor y tan sólo detenerte a verlo, observarlo sin preguntarte ni responderte nada, la emoción o las emociones irán pasando. Céntrate en tí mism@, en ser lo que eres y no lo que crees ser, no le des tanta importancia al hacer o al tener, ahí está la clave.
Las emociones negativas son temporales, vienen y van como todo en la vida, no hay nada de tí (de tu ser más profundo) que esté en peligro por sentirte triste o enojad@ hoy, que tu pareja se haya ido o ya no te ame no es un GRAN problema, es sólo algo temporal.
Muchas personas han pasado por rupturas de parejas y no se han muerto ni se han quedado sol@s el resto de sus vidas, incluso tú mism@ ya las has pasado y te has recuperado.
No te sirve engañarte a tí mism@, sabes, distraerte con muchas cosas (trabajar en exceso, ir de tiendas, hablar constantemente con amig@s sobre lo sucedido, etc.) y no dejar que el dolor y/o la rabia estén presentes. Finalmente, están ahí y sólo se quedarán escondidos mientras te distraes, agarrarán más tamaño y saldrán despúes, una y otra vez. Así que es mejor, aceptarlos ya ¿no?
No pasa nada si te tomas unos días para estar a solas contigo mism@, más que pensar, sólo relájate y llora, patalea, corre, enójate, lo que tengas que hacer pero drena ese dolor y míralo, mírate. La mayoría de las veces es peor lo que uno se imagina que le pasará si hace algo así a lo que realmente sucede cuando lo haces (yo lo hice y acá estoy escribiendo sobre eso).
Desde chiquit@s nos enseñan que estar enojad@s es malo pero no es así, el enojo simplemente es una emoción, no hay nada de malo en “emocionarse”, en sentir. Por tradición a la mujer se le ha enseñado que es mejor estar triste que enojada, sabes, que las chicas se ven terribles cuando gritan, que pierden glamour cuando lo hacen y quién sabe cuántos prejuicios más. La verdad es que es sano enojarse si eso es lo que tienes dentro, es lo que es, date chance de expresar la rabia, nada pasará. A los hombres, por su parte, se les enseña a no llorar, porque eso no es de hombres y porque es sinónimo de ser débil. La verdad es que llorar te hará bien si es lo que deseas, que no te importe lo que digan los demás, haz lo que tu cuerpo y tu alma te piden, te sentirás mejor.
Hay un viejo dicho “un clavo saca otro clavo”, el cual indica que lo mejor es buscarte otra pareja rápidamente, pues a veces se quedan los dos clavos adentro. Por ahora, es mejor centrarte en tí mism@, porque buscarte a otro hombre o mujer para no sentirte sol@, sólo distraerá tu dolor, pero no solucionará lo que sientes por la ruptura, no lo hará de manera definitiva. Además ahora requieres de organizar tu existencia, colocar lo que eres en su justo lugar y reconstruirlo o más bien construirlo de una buena vez.

La mayoría de las relaciones de pareja son relaciones que se dan entre cuatro “fantasías” [o percepciones que no son ciertas]: 1) lo que tú piensas sobre tu pareja y deseas que él/ella sea, 2) lo que tu pareja piensa sobre tí y desea que tú seas, 3) lo que tú piensas que eres us ideas sobre ti misma/o], y 4) lo que tu pareja piensa que él/ella es [las ideas que tiene tu pareja sobre sí mismo/a].

En este rollo de puritas máscaras del ego, estarás de acuerdo que es imposible que exista el amor. Para empezar, el amor genuino es tan raro, generalmente pensamos que amamos a alguien y no es así. Ni siquiera somos capaces de vernos a nosotros mismos y ser lo que somos, mientras estemos así: tan ciegos.
Te recomiendo que leas mucho sobre el ego, la falsa imagen que tienes sobre ti mismo, hay mucho material en la filosofía Zen, en el Budismo y en las demás tradiciones orientales. Incluso la mayoría de las religiones y filosofías occidentales hablan sobre él, con otros conceptos, pero vienen siendo todos lo mismo. El Ego es el “falso ser”, lo que como persona piensas que eres y no lo que realmente eres.
Para mí se abrió una puerta que no conocía cuando empecé a leer sobre el tema y definitivamente me siento mejor ahora, ojalá que decidas empezar ya. Encontrarás algunos libros que leí en la barra lateral de este blog en el apartado 3. Reseñas de libros y películas.
Si quieres entender mejor lo qué es el Ego sugiero comenzar con el libro Una Nueva Tierra de Eckhart Tolle.

Lee la segunda parte de este post

Lee la tercera parte

Respira profundo,
Nadir Chacín
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