Etiquetado: tristeza

Indagar en las emociones #sersiendo

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Indagar es averiguar algo, es investigar. Cuando surgen las emociones negativas nuestra primera reacción es rechazarlas o hacer alguna actividad que las ahuyente: distraernos, salir, ver TV, llamar a alguien, fumar, beber… pero también tenemos la opción de indagar en ellas. Tenemos la creencia de que las emociones negativas hay que tratar lo más que se pueda de evadirlas o reprimirlas y son parte de nuestras respuestas emocionales por alguna razón. Nos da miedo el control que parecen tener nuestras emociones sobre lo que decidimos o hacemos, sobre nuestros actos. Eso sucede porque no nos damos chance de aprender a estar con esas emociones sin hacer más nada que estar con ellas.

No decidas cosas importantes cuando te sientas poseída/o por una emoción negativa que te embarga. Mejor espera. Ese es buen consejo que alguna vez me dieron y que trato de tener presente todos los días en mi vida.

Cuando estoy triste o tengo rabia o cuando me siento confundida ante alguna situación trato de detener mi andar rápido, busco darme un tiempo para hacer meditación, escribir o simplemente estar con esas emociones sin hacer nada más, estar allí viéndolas, sintiéndolas, observándolas, y ver qué tienen que decirme sobre mí misma sin intervenir mucho en el proceso. Si en la situación en cuestión están involucradas otras personas me doy permiso para comunicarles que deseo indagar en lo que siento por un tiempo y que cuando tenga más claro lo que me pasa entonces conversaremos de una manera más sana y constructiva. Decirle esto a las otras personas me da el chance de no reaccionar ante las emociones y tratar de tamizarlas… esperar que baje la marea, aguardar a que se tranquilicen las aguas, a que se decante lo que tenga que decantarse… por usar algunas metáforas.
No sólo nuestro lado luminoso vale la pena vivirlo, también el lado oscuro es parte de lo que somos, ¿por qué habríamos de rechazar algo que también somos? Si siento esas emociones negativas es porque soy un ser humano. Me agrada permitirme ser un ser humano. Aunque los demás eso los pongan nerviosos. Incluso si me da nervios a mí. Las emociones, las bonitas y las feas, son una suerte de guía para el auto-conocimiento. La única manera en que podemos alcanzar una maestría en la gestión de las emociones (Inteligencia emocional) que modifique nuestra vida de forma positiva es aprendiendo poco a poco a no evadir las emociones negativas ni tratar de que se vayan a la fuerza.

Cuéntame: ¿Tú cómo manejas tus emociones negativas? ¿Qué haces cuando las sientes? Déjame un comentario aquí al final del post. Si crees que este post le puede ser útil a tus familiares y amigos compártelo en tus redes sociales.

Nadir Chacín
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Actualización: El 13 de abril salió publicado este artículo de Miriam Subirana en El País, curiosamente habla de lo mismo… me gustó. Léelo, se llama Gestionar el sufrimiento.


“Al luchar contra la angustia uno nunca produce serenidad; la lucha contra la angustia sólo produce nuevas formas de angustia.” Simone Weil

Entregándote a tu Dark Side #sersiendo

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Y, estoy triste. Otra vez.

Al Señor de la Sopa

Cuando estés en esos días (o semanas o meses) en que estás haciendo un esfuerzo sobrehumano tan sólo para poder trabajar/estudiar y llevar tus labores diarias… sienta bien aceptar el hartazgo, la depre y el aburrimiento… y no evadirlos. Esas emociones también son parte de lo que somos: seres humanos. Evadir es hacer todo el puto día lo que no tienes ganas de hacer, eso no lleva sino a + depresión. Te sentirás mejor si al menos durante un día o una tarde a la semana [tú escoge la duración y la frecuencia] te entregas con cuerpo, mente y alma a esas emociones apachurradoras [ojito, avísale a tu familia que harás este experimento y vete a un lugar donde puedas estar sola/o, una habitación x ej.]… entonces… hártate lo + que puedas porque te da la gana… échate como vaca triste… no te bañes… deprímete como si el mundo se fuera a acabar mañana, come chocolate mientras lloras… pon a Chavela Vargas, llora, patalea… [nomás no tomes drogas ni alcohol, que entonces se reduce la efectividad del experimento]. El chiste es hacer esto de forma intencional y no que esas emociones te hagan sentir su marioneta y te la pases tratando de huir de ellas. ¡No te pasará nada malo… yo lo hecho! ¡Elige tu momento para estar de Bajón Apocalíptico Masivo, podrida/o hasta la misma médula de tu vida y harta/o! Agéndalo. Luego sigue con tu vida como vienes haciendo, verás que este experimento Pro Dark Side te hará tener mejor ánimo la mayor parte del tiempo. Te quedará claro que eres tú quien está al mando: The Queen o The KING of your own life.

Nota: Si explicarle a tu familia es muy complicado, invéntate otra estrategia… pero hazlo. Tu familia luego te lo agradecerá. Si crees que no puedes tomarte ese tiempo para ti… involucra a tus hijos/hijas, ponle al experimento un nombre divertido tipo “El día del aburrimiento mortal” y dedícate con ellos/ellas a no hacer nada, a comer pizzas o comida precalentada y a sumirte en la más pura depre. A veces los hijos también andan medio depres y le estarás dando un recurso que ellos podrán usar cuando se les presenten estas emociones en sus vidas, se sienten así seguido… durante la adolescencia.

Te sugiero leer este post de Maite Bayona: Amando el gris.

Nadir Chacín
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“Ser es también no haber sido.”
Jorge Guillén

El tuyo es un llanto con CAUSA (¡no dejes de llorar!)

Cuando llueve la lluvia trae lágrimas de individuos que están en otras latitudes y que están sintiendo alegría o tristeza de forma extrema. Así nos conectamos con todo el mundo a través de las emociones más básicas.

No es cuestión de juego, mi gente. Tampoco es ficción. Si los humanos dejamos de llorar, dejamos de sentir profundamente las emociones más básicas: el mundo se convertirá en un GRAN desierto sin vida.

Llora un poco todos los días, por favor. Llorar es estar vivo, viva. Cuando lloras, das vida a los demás y le das vida al Planeta. Por ello todos los llantos humanos son llantos con un propósito superior, yo le llamo llantos con Causa. (Responsabilidad social.) :D

Gracias,
Nadir Chacín

La historia de mi saco de piedras

las piedras que saque

A Gaba, por nuestra amistad perenne

Hablando con una amiga por chat me vino a la mente una revelación valiosísima y quiero compartirla con ustedes, sobre todo con las mujeres que leen este blog y que son madres. Mientras escuchaba lo que ella me había dicho sobre sus vivencias de los últimos cinco años, una y otra vez, yo me veía reflejada en su historia pero de manera inversa, como si LEYERA LAS LETRAS DE MI VIDA en un espejo.

A veces creemos que la solución de todos nuestros problemas tiene una forma determinada, que generalmente es la opuesta a la que estamos viviendo. Si vivimos con nuestra pareja, pensamos que vivir separados es la solución. Si somos divorciados le decimos a todos que estar casados es la clave que nos devolverá la felicidad y que por no estarlo es que somos infelices. Si nuestros hijos no viven con nosotros creemos que viviendo con ellos regresará nuestra sonrisa casi olvidada y si -por el contrario- estamos todo el día con los niños saltando a nuestro alrededor creemos que lo requerimos es un minuto (laargooooooo) de vida de solteros, de silencio, y de tiempo libre.

En resumen, NUNCA tenemos lo que deseamos y renegamos de lo que estamos viviendo, y pensamos que el modelo totalmente opuesto es la cura para esa sensación de hastío y apatía que se ha instalado en nuestra alma. Esa creencia genera lo que nosotras llamamos espontáneamente en la conversación: cargar un saco de piedras sobre la espalda. ¿Ese saco qué contiene? Culpas, remordimientos, dudas, inseguridad, enojo, rabia, frustración, tristeza, parálisis emocional, baja autoestima, apatía, recelo, odio, envidia, miedo, MUCHO miedo.

En la plática con mi amiga me di cuenta que ella había hecho con su vida, su matrimonio y sus hijos lo que yo pensaba que era la solución a mis culpas, mis miedos, a todo lo que me hacía sufrir de mi situación de vida, de mis decisiones pasadas y actuales. También noté que yo tenía, de alguna manera, la vida que ella desearía tener, y ella la que yo deseaba. En el fondo así era, al menos estábamos deseando (envidiando) la idealización que teníamos en nuestras cabezas sobre la vida de la otra.

Ambas estábamos añorando lo que la otra en cierta forma disfrutaba (o no, tal vez lo sufría pero lo tenía, era suya esa vida), que aquella vida, la de la otra era la que en el fondo desearíamos estar viviendo y no la propia vida. Ambas… y acá viene la revelación: sufrimos en el pasado, y en cierto modo seguimos sufriendo por las decisiones que tomamos y estamos tomando hoy en nuestras respectivas vidas como madres y mujeres. Entonces me dije si ella sufre, y yo estoy creyendo que lo que ella vive es mi solución (la panacea), y a ella le pasa igual que a mí, entonces las dos estamos equivocadas. La interpretación que cada una hace de su vida es UNA GRAN TRAMPA. Las dos estamos cayendo en ella.

Siempre hemos soñado con una vida diferente, supuestamente más feliz. Pero allí estábamos leyéndonos, la una a la otra, leyendo un testimonio en vivo y en directo que demostraba que esa vida ideal que soñábamos no lo era tanto, dado que la otra estaba padeciendo ése que era el sueño propio (tantas veces anhelado). Es algo complicado de explicar, pero sentí que ese saco de piedras del que tanto hablamos esa noche era UNA GRAN MENTIRA, que yo había invertido tanto tiempo, tantos pensamientos, tanta energía, en pensar CIERTA, VÁLIDA Y LEGÍTIMA mi mentira personal que me la había creído.

Pero un momento… allí estaba ella, sencilla, AMOROSA, demostrándome con su vida (con su interpretación de la misma) que lo que yo había creído mi salvación no lo era. Parece consuelo de tontos, pero es algo GRANDE. Parece una cosa nefasta (hasta cruel) concluir que el sufrimiento de mi amiga demostró que mi sufrimiento personal es una gran mentira… pero no lo es. ¿Por qué no? Porque cualquier cosa que sirva para DEVELAR una mentira ES UN MILAGRO DE ENTENDIMIENTO. Y si éste es compartido ES UN DOBLE MILAGRO. ¡Aleluya! ¡Aleluya! Mi sufrimiento en mi historia de vida, también le revela a ella SU MENTIRA PERSONAL. Somos dos las que despertamos de UNA PESADILLA. De un mal sueño: DE LA CEGUERA QUE ES LA INCONSCIENCIA PERSONAL.

¿Dónde estaba entonces mi problema, su problema REAL? Estaba en la interpretación de lo vivido. En la mía. En la suya. En el deseo constante de tener lo que no se tiene, de desear siempre otra cosa, de pelearse con lo que es, de no aceptar a corazón abierto (y con los ovarios necesarios) las consecuencias de las decisiones que tomamos. ¿Qué contiene de verdad nuestro saco de piedras? Nada. No contiene nada porque NO existe realmente. Es una creación MENTAL. Una interpretación que hicimos cada una de lo que estaba viviendo y había vivido. Es tan profundo, NO EXISTE EL SACO, NO EXISTE SU ¡”$%%&(/)=? CONTENIDO, NUNCA EXISTIÓ. Ver que la que creía mi única verdad, mi única salida, era la mentira personal de otra persona, además la de una amiga querida sincera, honesta, amorosa, que me lo estaba contando honestamente fue MÁGICO, triste y doloroso también -no lo niego-, pero finalmente MÁGICO. No me estaba contando su vida, sino la interpretación errónea que hizo, yo estaba haciendo lo mismo con la mía. Nuestras vidas como tal son OTRA COSA.

Hoy me detengo ante mi saco de piedras, lo veo, lo reviso. Le digo que NO EXISTE Y QUE YA NO NECESITO CREER QUE SÍ EXISTE. Hago todo eso porque mi amiga me OBSEQUIO EN UN ACTO DE AMOR, LA INTERPRETACIÓN DE SU  VIDA COMO ESPEJO. Lo hago con la certeza de que no es real mi saco de piedras, que me lo inventé… que ese saco no me llevará a NINGÚN SITIO DE VIDA MEJOR. ¿Por qué no? Porque a mi amiga no la llevó a ningún sitio mejor. Es realmente LIBERADOR. MUY LIBERADOR. Es sacarme una daga del corazón, quitarme un saco de piedras pesadas de la espalda, curarme una herida que llevaba nueve años sangrando, una que no estaba abierta del todo ni tampoco cerrada… pero por donde sin duda HASTA HOY ME DESANGRABA.

POR UN MUNDO SIN VERDUGOS AUTOGESTINADOS DENTRO DEL ALMA. POR UNA VIDA SIN INTERPRETACIONES PODRIDAS. ALLÍ EN LA FOTO LES DEJÓ LAS PIEDRAS QUE SAQUÉ DEL SACO, LAS MISMAS QUE MIRÉ DURANTE HORAS. CON MI REFLEXIÓN DE HOY DESAPARECIERON DE LA CESTA DONDE LAS PUSE. LUEGO DE UN MOMENTO, DESAPARECIERON PARA SIEMPRE. DESAPARECIÓ LA CESTA, MI SACO PERSONAL, DESAPARECIERON LAS PIEDRAS Y MI NECESIDAD DE CARGARLAS.

Infinitas gracias, querida amiga.

Con amor a mis lectoras, Nadir

Depresión cumpleañera #sersiendo

Depresión cumpleañera

A mis padres por traerme a este mundo

¿Depresión cumpleañera? ¿Sientes tristeza antes, durante y después de tu cumpleaños? Pensé que era un asunto personal, pero hurgando en la red y pidiendo opinión a mis amigos descubrí, como siempre me pasa, que no estoy sola y que a muchos les pasa lo mismo. Se sienten tristes, frustrados y a veces incluso con rabia con cada repitición insistente del calendario, sí la actualización de la fecha de nacimiento invariablemente y cada año. Quizás sea igual en fechas decembrinas, es también muy común.

¿Qué nos sucede en los benditos cumpleaños? ¿Quizás un afán de saldar cuentas, realizar balances de vida, pagar facturas simbólicas? ¿Otra treta del Sr. Ego para volvernos miserables el día que celebramos nuestra propia existencia?

A un día de mi cumpleaños número 37 sólo me hago estas preguntas y miro la pantalla de mi PC tratando de responderlas para mí y para ustedes que seguro se las han hecho alguna vez. Sembrar estrategias nuevas y llevarlas a cabo. Proponerlas como en este ritual virtualizado esperando que los lectores confirmen su eficacia curativa, planteen un nuevo plan o que mi cuerpo y mi alma digan: “Sí, Nadir, vas por buen camino, este método te cura, sí te cura”.


Actualización de junio 2018 a mis 46 años

Este post está invicto desde hace siglos entre los posts más leídos de mi blog. ¡Ya han pasado 10 años! Decidí hacer un podcast especial para quienes lo están leyendo ahora y quienes lo seguirán leyendo. Es mi regalo para ustedes: el episodio número 50 de mi programa “Ser siendo”. Las cosas han cambiado mucho desde que escribí esto; te explico por qué y cómo logré sentirme bien en mis cumpleaños en este podcast. Gracias por siempre leerme y apoyarme con sus comentarios y compartiendo en sus redes sociales lo que publico. Aquí lo tienen, espero les sea útil.


¿Qué hacer cuando te visita la depresión cumpleañera?

Ordenar recuerdos, sacarlos del baúl, re-detenerme en cada proceso. Con cada foto se vienen las emociones como si el tiempo regresara y tuviera de nuevo de 15, 20, 22 o 35 años. Veo la carita de mi hijo en las fotos de aquel mes del 2005 en el zoológico de Caracas. Tenía zapatitos de ortopedia y caminaba tan seguro hacia la jaula de las cabras, para mí, siempre ha caminado bonito y certeramente. Ser madre es el recuerdo más hermoso que tengo, es un recuerdo sí y también un presente vivo, aún hoy vibro pensando en mi hijo, ahora de 16. Todo un adolescente.

Cuando digo adolescencia, recuerdo la mía. Fui punk, pintaba mis pelos de naranja mientras mis padres se preguntaban por qué su hija menor tenía aficción por vestirse de negro. Si hubieran existido los Emos en mi época quizás hubiera sido Emo en vez de Punk, pero por mis tiempos no se oía siquiera hablar de esa tribu urbana. Unirse al movimiento punk era la única opción, a menos de que quisieras hacer mucho ejercicio (¡nunca ha sido mi fuerte!) y ser de los fortachones del barrio o “comer margaritas” y vestir sandalias hippies.

Yo opté por las cadenas, por atravesar mi piel con ganchos metálicos y delinearme los ojos de rojo simulando miradas de sangre. La identidad es muy importante, sobre todo si te unes a un grupo y sientes a la manada: acompañándote. Algunos dirán que usar botas pesadas y escuchar Sex Pistols no es un buen recuerdo, pero a mí me llenaba, me daba felicidad ser punk.

Pertenencia

Muchos padres se preocupan cuando sus hijos asumen bandas o tribus, yo no. Malo es no buscar o más bien no encontrar(se). Imitar a otro y al mismo tiempo hacerte la pregunta: ¿quién soy? Desadaptados son lo que nunca encuentran manada o los que muy confiados creen que ya la encontraron y que es para siempre, yo encontré la mía entre aquellos chavos urbanos y aunque la identificación con ellos me duró unos 4 años, fue importante sentirme “parte de”.

También fue importante, saber un día que ya ésa no era mi manada, tendría que buscar otra, una vez más. Aunque alguna parte de mi nunca dejará de ser punk. Vital en aquellos tiempos fue aprender a “aullar”, a reconocer mi voz, mi auténtica voz. Así entré a la Universidad, veo las fotos de mis trabajos de campo durante la carrera de antropología… visitas a poblaciones negras… sus rituales, la magia pagana, aquella mujer temblando sobre el piso mientras otros rociaban su cuerpo con aguardiente, las comilonas a la orilla del río… aquellos niños capturando diminutos peces a punta de machetazos (¡qué habilidad!).

El acto de graduación, mi hijo de 5 portando feliz mi birrete sin saber todavía lo que cuesta ponerse uno. Las inmersiones en el mar Caribe, azul siempre azul y lleno de peces de colores, un novio submarinista que luego sería el padre de la hermosa criatura que parí un dos de junio. El tiempo es cíclico, cíclica la vida o parte de ella nada más. Las excavaciones arqueológicas que hicimos, otro novio, éste versión Indiana Jones. México, sucumbió mi risa ante la majestuosa ciudad, interminable cuando se le mira desde el avión por primera vez.

Emociones

Miedo, sientes miedo cuando tienes todo por conocer, cuando cada esquina habitada debe ser un recuerdo vívido y suceptible a la repetición voluntaria. Tu superviviencia urge. Cuando llegas a un país y no conoces ni a un alma. Luego se acercan amores, amigos, caminos de vida se encuentran. La ENAH y sus diversiones. Extrañar a mi hijo con cada poro, en cada mañana saliendo detrás de los mismos volcanes, una y otra vez. Los huesos mayas que toqué. El polvo de tantos muertos. Ahora mis muertos. Vivencias entrañables. Tesis de grado. Autoregalo de los treinta: una maleta de vibradores.

Té de todos los sabores, para consumir en soledad y en buena compañía. Usar los aparatitos esos, con algún amante furtivo. Volverme a enamorar esta vez de unos ojos chinos, los más hermosos del mundo. Decirle: “me encantan tus ojos” y él: “Acá todos los tenemos así”. Los atracos criminales del Distrito federal versus los atracones de comida. Tlacoyos y barbacoas con mi compadre colombiano susurrando sueños. Salsa y mil veces Mamá Rumba. Viajes, viajes, acabarse una a una las páginas del pasaporte.

Morir más de mil veces antes de morir de verdad

Dejar en cada ciudad algo de mí. Que las ciudades me dejen algo adentro y andar luego sintiendo amor a lo rumano o al mejor estilo arrabal-porteño. Llorar como si se te saliera el alma. Descubrir mi amor por las letras. Vivir la depresión cumpleañera como si se fuera a acabar el mundo mañana. Hacer colectivamente la espiral de libros más grande del mundo en pleno zócalo. Los ojos de mi hijo brillando al tocar su batería. Unos presos felices interpretando un musical de El Quijote. El encuentro hiriente con el otro sexo. Reconocerme vulnerable.

Escribir para exorcisarme. Renuncias, decirle que sí a algo mientras le dices que no a otra cosa. Saber esperar. Trabajar la paciencia infinita que da resultados inmediatos. El Reiki. Un nuevo amor que se vuelve refugio, mi poeta particular y de Tequila. Un libro parido por mis manos. El hermano de mi hijo recién nacido. Caracas de noche con sus cuerpos húmedos en pleno dancing. Regresar al hogar, saber que nunca me fui a ningún lado. Amar las proteínas inteligentes. Leer Babelia. Descubrir el amor de otro ser humano entrando por mis ojos. Tsunamis de éxtasis compartidos.

El presente está plagado de futuro

Mi mismo teclado mil veces tocado. Así mis cumpleaños regresan una y otra vez y, con ellos, el baúl de victorias y vicisitudes, ambas con “V” grande, tan grande… la ceremonia de estar viva, de sentir y -aunque a veces duela- decir como el poeta: Confieso que he vivido.

Unas cuantas letras despúes saber que me faltan años por vivir y menos mal. Tendré más punks, más manadas, más niños, más rojo, más cadenas, más ejercicio, más urbe, más peces, más superviviencia, más “hicimos”, más épocas, más adolescencias, más desadaptados, más libertad, más “tendrías”, más rituales, más lectores, más ego, más libros, más fotos, más voz, más de tí que me lees como te lees a tí mismo.

Simplemente gracias,

Nadir Chacín
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