Etiquetado: Responsabilidad

Ser responsable de mis actos #sersiendo

Ser responsable de mis actos. Que seas de los tuyos. ¡Qué difícil tarea! Las acciones lo son todo en esta vida, incluyen: pensamientos, emociones, sentimientos, comportamientos, sensaciones físicas, etc. Podemos tener buenas intenciones, palabras bonitas, pero si no somos capaces de observar las acciones que llevamos a cabo el día a día el sufrimiento humano nunca cesará y el nuestro tampoco. Hoy vengo a hablarte de las acciones torpes y hábiles, tomando como ejemplo las mías.

ser responsable de mis actos

Hoy he despertado temprano para realizar una ceremonia budista llamada “la puya de las 7 etapas”. Este ceremonia tiene dos partes muy hermosas y emotivas que se llaman: Reconocimiento de las Faltas y Alegría de los Méritos.

En medio de la ceremonia he comenzado a llorar inconsolablemente. El corazón me ha dado saltos dentro del pecho. Estos se alternaban con un sentimiento de opresión o lo que yo llamo “apachurramiento de corazón”. Este sentimiento es la “vergüenza” interna que surge cuando logras ver con claridad tus faltas: la torpeza de tus acciones.

En el budismo decimos que es como si una persona sabia e iluminada estuviera viéndonos todo el tiempo. Observara cómo actuamos, vivimos, sentimos, pensamos, hablamos. Al reconocer tus faltas, pensando en la mirada de esa persona sabia, sientes vergüenza y, al mismo tiempo un agradecimiento profundo.

¿Por qué agradecimiento? Porque has podido reconocer y ver con nitidez cómo te has quedado atrapada en tus condicionamientos del pasado. En la historia de siempre. Ves tus miedos y a tu ego no observado ni entrenado haciendo de las suyas. Este tipo de vergüenza trae consigo una sensación de alivio agradecido indescriptible y muy bonita.

Mi amiga la vergüenza

En estos momentos de vergüenza (interior y consciente) te es muy evidente que la disfunción de la mente (humana) no entrenada te ha controlado una vez más. Recuerda: no es tu mente es la mente de todos los seres humanos no entrenada la que tiene este funcionamiento disfuncional.

De la vergüenza surge una compasión amable hacia tu propio proceso de dejar la esclavitud que representan los patrones mentales y emocionales torpes. Quieres volverte más responsable, consciente y menos ignorante en términos espirituales.

La vergüenza de la que hablo nada tiene que ver con la culpa o la vergüenza occidental. Esta vergüenza interior es un proceso de reconocimiento de las faltas y de alegría de los méritos, como bien dice el texto de la puya.

Es un proceso activo y amoroso, compasivo. No una resignación ni un “látigo” psicológico con el cual hacerse más daño. No hace falta añadir más sufrimiento. ¿Para qué?

Reciban mis disculpas

En los últimos meses me he sentido varias veces ofendida, rechazada, enojada, resentida y triste con diferentes personas y grupos de personas.

He discutido con personas que, teniendo las mismas necesidades internas que yo (entender, dejar de sufrir), han simplemente compartido algo de su forma de vivir conmigo y con otras personas.

Yo he reprobado sus comportamientos, sus creencias y sus acciones desde estados de mi mente y de mi corazón profundamente torpes.

He sido necia. Me he creído superior y con la verdad agarrada en el puño de mi mano. He sucumbido a mis estados mentales y emocionales torpes, a la inercia, sin siquiera observar-me. Mis acciones torpes han lastimado a otras personas y a mí misma. Lo lamento.

Hacer una confesión pública como esta es inquientante, incómoda y agria. Y a la vez me siento mejor haciéndolo. Haber llegado a notar que me he equivocado, que he lastimado a otros y a mí misma, es una experiencia dolorosa y agradable. Es una experiencia sanadora.

¿Cómo ser responsable de mis actos?

Tal vez una de los compromisos más importantes que he hecho desde que soy budista es el no hacer daño voluntariamente, ni a mí misma ni a los demás.

La inconsciencia y la falta de atención plena sobre mis emociones, pensamientos y sensaciones no puede ser una excusa en la que sentirme cómoda y segura. No es un “lugar” en el que quiero estar ni permanecer. Ese es el lugar de la depresión y de la ansiedad.

Hay que auto-observarse y ser honesta, aunque a veces sea sumamente desagradable. Hace bien reconocer que has sido presa de la inconsciencia. En eso estoy, en eso estamos.

A mí me sirve mucho pensar que esa parte de mí que es consciente y iluminada (El Buda Interior podríamos llamarle, jejeje) me observa activa y amorosamente. ¿Qué piensa esa parte de mí sobre lo que estoy haciendo ahora?

Mindfulness

Lo más hábil sería poder notar mis acciones en el mismo momento en que las hago. Pero por ahora la mayor parte de las veces soy capaz de reflexionar sobre mis acciones luego de que ya las he hecho.

El Buda decía que una mente iluminada ya no tiene la necesidad de esos discursos interiores entre sus diferentes partes, aspectos o rasgos. La mente iluminada es una mente integrada, no fragmentada. Eso es algo que me produce mucha intriga, curiosidad y profunda admiración.

El camino espiritual tiene más que ver con un compromiso fuerte y sostenido de no hacer daño. No son tan fundamentales los resultados ideales ni las metas. Ser responsable de mis actos es un proceso vivo y continuo. Ser siendo.

Acciones torpes

A veces las cosas no funcionan como una quisiera durante la práctica, eso también es parte del entrenamiento de la mente, del corazón y del cuerpo. Pero ¿qué son las acciones torpes?

Las acciones torpes son aquellas que se producen o surgen desde patrones mentales y emocionales torpes como el odio, la ira, la necedad mental, el deseo de tener siempre la razón, la “sordera” selectiva, la vanidad, la prepotencia, la indiferencia, el autoengaño, etc.

Son el producto de momentos en los que hay falta de “mindfulness” y de aceptación compasiva. Durante las acciones torpes estamos cediendo nuestra responsabilidad a los viejos patrones automáticos, que nos gobiernan. Y así nos atropellamos a nosotras mismas y a los demás.

Las acciones torpes dejan un mal sabor de boca incluso cuando tienes la sensación interna de haber librado una batalla y haber ganado. Las acciones hábiles, en cambio, dejan una sensación de paz y tranquilidad interna, sientes “estoy siendo responsable de mis actos”.

Cuando una acción es hábil surge un reconocimiento lúcido y consciente en el que “escuchas” esto dentro de ti: “podría morir ahora mismo y todo estaría ok” conmigo y con los demás.

La práctica espiritual tiene que ver con aprender la diferencia entre acciones hábiles y torpes y comenzar a cultivar las hábiles de forma intencionada. Es una práctica y por lo tanto “aprendemos haciendo” (“Learning by doing”), por eso a veces “se nos va la pinza”.

A menudo nos equivocamos y lastimamos a los demás. Lastimar a los demás es como el rebote de una pelota que has lanzado, el sufrimiento sólo se expande y abarca cada vez a más gente. Estar lastimando a los demás es lastimarte a ti misma simultáneamente.

Acciones hábiles

Las acciones hábiles surgen de un lugar de paz interior, en donde no hay lucha, ni sensación de superioridad, ni siquiera una sensación de haber visto o sabido algo concreto.

Las acciones hábiles son el producto de estados mentales y emocionales hábiles como la empatía, la compasión, el alegrarte de los logros ajenos, la amabilidad, la generosidad, ver/valorar a los seres humanos en su diferencia, en su particularidad, el respeto, la curiosidad, la claridad mental.

Simplemente te sientes en equilibrio y tranquila. Es un estado de receptividad sin prejuicios, en el que te rindes y dejas de luchar. Dejas de aferrarte a la creencia de que el mundo o los demás están en tu contra y que tienes que defenderte.

Me ha dado mucho gusto poder observar, aunque sea en retrospectiva, mis acciones torpes.

Valgan estas letras para disculparme con todas las personas que he atropellado por mis estados no observados de inconsciencia durante los últimos meses. Intento con mucho compromiso ser reponsable de mis actos, aunque a veces no lo logro. Lo lamento mucho. Discúlpame.

También quiero auto-pedirme disculpas y abrazarme. Nadir, lo siento mucho.

El reconocimiento de las faltas ha de estar seguido por la alegría de los méritos, como en el texto de la ceremonia budista. ¿Por qué?

Porque el reconocimiento de las faltas estaría cojo si no somos capaces de alegrarnos de que hemos sido capaces de observar atentamente nuestras faltas y de tratarnos con amabilidad a nosotras mismas y a los demás, una vez pasada “la tormenta”.

Alegría de los méritos

Me alegra profundamente
el bien hecho por todos los seres
gracias al cual logran reposo
liberándose así del sufrimiento.
Que aquellos que hayan sufrido sean felices.
Me alegra que se liberen los seres
de los sufrimientos de la existencia cíclica.
Me alegra la naturaleza del Buda
y del Bodhisatva,
protectores del Universo.
Me alegra que surja
la voluntad de alcanzar la iluminación.
Me alegra que exista la enseñanza
esos océanos que llevan la felicidad
a todos los seres
y que son la morada del bienestar de todos ellos.

Aprender a diferenciar las acciones hábiles de las torpes, aprender a reconocer mis faltas, a pedir disculpas, a expresar mis necesidades y sentimientos sin culpar a nadie más, quizás sea una tarea para toda la vida. Ser responsable de mis actos. Yo puedo decir que al día de hoy que es la tarea-regalo más significativa que me ha dado la práctica del Budismo.

De mis acciones hábiles de este segundo nacen las acciones hábiles del siguiente segundo. De mis acciones torpes de este segundo nacen las acciones torpes del siguiente segundo. Así de importante es prestar atención plena a lo que hacemos y sobre todo al cómo lo hacemos.

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Nadir Chacín
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¿Ser o tener amigos? #sersiendo

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Mi mamá (la bruja mayor) suele citar este enunciado de otra persona, no recuerdo quién es: “Para tener un amigo a veces hay que cerrar un ojo y para conservarlo a veces hay que cerrar los dos”. Ayer estaba en mi cama pensando qué significa esto de “cerrar los ojos” en ese contexto de las amistades.

Si lo interpretamos de una forma literal parece que este enunciado nos pide que pasemos por alto los errores de nuestros amigos, que tengamos una fe ciega en ellos. Pero buscando con más sabiduría, desgranando la frase, quizás tenga que ver más con indagar en nuestras creencias sobre la amistad y en el ejercicio per se del ser amigos.

La mayoría de nosotros pensamos que vemos la realidad tal cual es, pero la realidad que vemos existe primero en nuestras mentes, está condicionada por nuestros pensamientos y creencias. Estas creencias modelan dentro de nosotros lo que nuestros sentidos perciben, tanto que por eso se dice popularmente que “el amor es ciego”. Estudiando a profundidad los descubrimientos recientes en Neurociencias no puedo sino asombrarme de que los seres humanos vemos con el cerebro y no con los ojos. Los ojos son un medio, un sentido para la percepción, pero es en nuestra mente “donde sucede la mirada”: nuestra aprehensión del mundo.

Si yo pienso que mi amigo, por ejemplo, me ha lastimado con sus actos o palabras, entonces desde esa creencia personal miraré nuestra relación, sacaré conclusiones y actuaré conforme no a lo que ven mis ojos (la realidad objetiva, los hechos) sino a lo que estoy pensando. Digamos que es como si sucedieran dos realidades simultáneamente, la que yo creo que veo y la realidad que es.

Este funcionamiento de la mente ha resultado muy útil para adaptarnos biológicamente, pero en términos de las relaciones interpersonales puede volverse muy retorcido si no nos esforzamos en desarrolar una capacidad de auto-crítica y de atención plena (mindfulness). Esta mirada que a menudo está tergiversada genera cantidad de malos entendidos y sufrimiento entre los amigos.

La parte más jodida de este proceso mental quizás sea la construcción de nuestro personaje interior (ego) desde dichas creencias (miradas del mundo), el resultado es el estancamiento de mi persona dentro del papel de víctima. Y cuando abandono mi condición de ser responsable sobre mis actos y me coloco en la postura de la víctima de alguien más (“soy yo la que ha sufrido un agravio”) ya me he quedado “ciega/o”.

A mí me resulta muy interesante este mecanismo psicológico, no porque sea masoquista (¿por qué no te ríes?), sino porque me impresiona la capacidad enorme y poderosa de la mente humana. ¡Es una maravilla! Saber que la realidad, mediada por mi mente y por mi capacidad para “lenguajear” (hablar, simbolizar, representar), puede devenir o convertirse en otra “cosa”, también me da la libertad de dirigir las interpretaciones que hago hacia un puerto más positivo. Si lo hago mi realidad subjetiva cambia porque somos organismos subjetivos. Y si los físicos cuánticos llevan razón, mi realidad objetiva también cambiaría.

«Para tener un amigo a veces hay que cerrar un ojo y para conservarlo a veces hay que cerrar los dos.» El «cerrar los dos ojos» que recomienda esta cita puede tratarse de mirar para dentro de una/o misma/o y no tanto hacia afuera en lo que respecta a las relaciones de amistad con otros seres humanos.

Aboga por devolvernos la capacidad de incluirnos realmente en la situación vivida (los hechos) y dejar de interpretar lo sucedido como «mi amigo me ha ofendido», por ejemplo, y pasar a un escenario diferente: ¿cuál es mi responsabilidad en lo que nos ha pasado?, ¿cuál es la suya? y ¿cómo podemos ayudarnos mutuamente en esta situación?

Paciencia, quizás se necesita más paciencia, y curiosidad ilimitada para mantener las relaciones amistosas. Cuando me coloco en esta nueva postura interna, cuando el referente soy yo, mis actos y mis búsquedas personales más elevadas, el punto de vista que tengo acerca de nuestro problema cambia. Ese cambio de punto de vista no solo es más responsable y más sano, sino que a la vez me da espacio a mí misma/o para modificar mi manera de vivir y relacionarme con los demás. También me permite construir límites: ¿cómo quiero ser tratada por los demás? y ¿cómo quiero tratar a los demás?

De esta forma mis amigos dejarán de ser objetos para mí y yo para ellos, mis amigos dejarán de ser los responsables de darme algo que sólo yo puedo darme, mis amigos dejarán de ser las personas que tienen el deber de llenar el vacío que siento, la soledad que siento, el abandono que siento, y pasarán a ser otros seres humanos con sus respectivas necesidades de afecto y reconocimiento. Mis amigos ya no serán “algo” que tengo, una posesión.

Ser amigos es muy diferente a tener amigos, ¿qué no? La amistad genuina es una habitación que siempre tiene las puertas abiertas, se puede entrar o salir a voluntad, no puede ser una cárcel. Los amigos han de sentirse libres para ser humanos, para ser lo que son, personas con patrones mentales negativos, pero también personas con un potencial ilimitado para trascender, para cultivar y desarrollar una base emocional más amable, estable y positiva. Un potencial maravilloso para la compasión y para la “com-pasión”.

Ser amigos es el resultado vivo y diario de la práctica constante de la amistad y del ejercicio de nuestra voluntad de ser amigos. Implica IMPLICARSE con el otro o la otra de forma activa, creativa y con entusiasmo. Tiene que ver con respetar el compromiso que hemos adquirido en nuestro vínculo amistoso, con las ganas de ayudarnos mutuamente a recorrer este difícil camino que es el auto-conocimiento y el desarrollo de nuestras mejores cualidades como seres humanos.

Ser amigos es doloroso sí, porque a través del vínculo amistoso también descubrimos nuestras peores pesadillas internas. Mas esas pesadillas… ¿de quién son? Mis amigos no pueden tener la responsabilidad sobre mis pesadillas porque están muy ocupados luchando con las suyas. Es una penita que sea así, de buen agrado le endilgaría a alguien mis pesadillas un rato… pero eso no va a mejorar mucho mi vida… Si delego el poder de cambiar mi vida y mi autonomía emocional, pierdo yo.

Me doy cuenta con esta indagación que la amistad puede ser una suerte de gurú, una maestra iluminada en sí misma, si esta se ejerce desde la compasión y el amor incondicional, si se cultiva con responsabilidad y ética. Este tipo de vínculo humano, digámosle amistad espiritual como le decimos los budistas, no se encuentra en todas partes ni se construye con todo el mundo, ambas personas han de querer ser amigos y no sólo tenerse mutuamente como quien posee el último gadget tecnológico de moda. Vaya reto/oportunidad. ¡Ála, a seramigarse!

Namasté,
Nadir Chacín
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“La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido.” R. Tagore





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Ser como una espiga #sersiendo

© Javier De Peque
© Javier De Peque

¿Qué quiere decir la gente cuando te dice “fluye con eso”? Para mí fluir es hacer un acto de confianza para con mi vida y su propia dinámica. A veces pasan tantas cosas y a la vez… todo se vuelve tan enredado que yo simplemente pienso en esta idea de fluir y suelto todo. Soltar es dejar de hacerme líos en la cabeza, de imaginar las posibles futuras situaciones y sus consecuencias, es salir un poco de ese estado nervioso y ansioso en el que nos metemos porque es imposible controlar todo lo que nos sucede.

Fluir y confiar no es quedarse sin hacer nada o conformarse con lo que pasa, al contrario, es tomar un actitud activa en la que la parte activa de nuestra vida es el ejercicio mismo de estar tranquilos. ¡Suena paradójico y lo es! Hacemos mucho (créanme) cuando dedicamos nuestros esfuerzos a no interceder, a no intervenir, a no influir (o tratar de hacerlo) obsesivamente en/sobre las cosas, hacemos mucho al detener la desesperación de que las cosas no salen como queremos y entonces activamente: nos dedicamos a observar lo que sucede esforzándonos en mirar las cosas tal como son y no como quisiéramos que fueran.

Fluir es ver las cosas como son, dejar que sucedan y observarlas. Fluir es no apegarse patológicamente a la idea fija de que la vida tiene que ser como yo quiero. La mayor parte del tiempo la vida no es como yo quiero. ¿Qué sentido tiene ese apego obsesivo? Es sólo una fuente potencialmente generadora de sufrimiento y, en efecto, a menudo ese apego se vuelve sufrimiento.

Ante un conflicto entre lo que yo deseo que pase y lo que pasa mi opción más sana ha sido trazar un mapa de pequeñas acciones que pueda yo hacer ahora y que tengan como resultado algo que sea muy parecido a lo que deseo obtener (meta). En otras palabras, selecciono qué actividades y tareas o qué conductas (también pueden ser comportamientos) deseo llevar a cabo que me acerquen a eso que necesito. Yo voy haciendo poco a poco mi trabajo, mi esfuerzo en esa dirección, pero también estoy muy pendiente de cómo son mis reacciones y mis pensamientos. Suele pasar que cuando la dirección se está torciendo nos volvemos tercos y queremos que la vida vaya en una dirección, pero resulta que las cosas terminan yendo por otro lado. Cuando surgen esos conflictos yo opto por fluir y soltar el control (¡la verdad nunca lo tuve!), mientras tanto voy haciendo las tareas pequeñas que decidí hacer y voy tomando nuevas decisiones, de la forma más flexible que pueda pero sin perder el Norte (lo que yo deseo).

A mí esta estrategia me da + resultados y me produce menos sufrimiento. Fluyo, en esos momentos de desesperación, opto por fluir y dejar también que mi propia vida se encargue de los detalles. Me esfuerzo en mantenerme lo más calmada que yo pueda: medito, leo, me relajo, salgo a hacer cosas que me gustan, trato de diversificar mis intereses más de lo habitual… así mi atención y -por qué no decirlo- mi obsesión no se enfocan en una sola cosa: ¡el problema que tengo! Eso me ayuda también a encontrar soluciones creativas para los problemas o para las situaciones de conflicto.

También me es útil deslindar responsabilidades y si la solución del conflicto no depende sólo de mí, hacer el siguiente ejercicio me hace sentir menos tensa: me empeño en reconocer y aceptar que hay asuntos en los cuales no tengo injerencia o poder de cambiarlos, y entonces suelto el tema, no me aferro. Y dejo que las personas involucradas también hagan su parte de la mejor manera que puedan y quieran. Confiar en que a veces ciertas situaciones dependen de mucha gente y no sólo de mí, y que eso está bien, finalmente “es lo que hay”, como dicen aquí en España.

Me gusta la imagen de la espiga delgada, flexible, que se mueve con el viento… parece que se va a romper cuando se inclina ante un viento fuerte, pero no, allí sigue… fluyendo con el viento, dejándose llevar sin perder su condición de espiga… y cuando el viento pase volverá a su lugar, sin haber perdido nada de lo que es importante para ser una espiga. Esa imagen me ayuda a enfocarme en la flexibilidad y en el desapego en las situaciones de adversidad.

Recomiendo escuchar este programa de radio: ¿Es posible la #Colaboración en la #Diversidad? #Maturana y #Dávila en @uchileradio, vía @Matriztica

¡Que tengan un feliz fin de semana!
Nadir Chacín
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“El insensato que reconoce su insensatez es un sabio.
Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensato.” Buda


Negociación vs Seudo-negociación #sersiendo

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No hay que confundir la negociación con la seudo-negociación en las relaciones de pareja. Negociar es ponderar las necesidades e intereses de cada miembro de la pareja cuando surge un conflicto entre ambos, luego llegar a una decisión (solución) reflexionada, consensuada y compartida y, en consecuencia, es también asumir ambas partes la responsabilidad sobre dicha decisión y sobre los efectos que ésta tenga en la vida de ambos (juntos y por separado). Seudo-negociación es cuando el otro o la otra hace ***como que*** decidimos juntos (hasta ahí todo va muy bien), pero cuando las cosas salen mal “la culpa” es del otro o de la otra y si las cosas salen bien entonces “el mérito” es mío. ¡Ojito, pongan atención a esta sutil y fina diferencia! La seudo-negociación es un tipo de manipulación (chantaje emocional), no es una negociación real.

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Nadir Chacín
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Egoísmo consciente #sersiendo

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| Aprendiendo |

Me sirve mucho recordar que los patrones de conducta de las demás personas son SUS patrones y también SU responsabilidad, no tienen que ver directamente con lo que yo haga o deje de hacer. En otras palabras, no es personal el asunto. Estas personas han decidido tener esa conducta. Lo que yo haga o deje de hacer tiene que ver con mis propios patrones de conducta y lo que decida hacer con ellos. Hace bien separar las cosas para no alimentar los “monstricos” internos que desencadenan una baja de la autoestima.

Las personas en general estamos + pendientes de nosotros mismos que de los demás, aunque a veces la manipulación y el victimismo de los demás o los propios nos haga enredarnos y creer lo contrario. Si creo que dentro de mi ética personal está velar por la dignidad de los demás y relacionarme de una manera sana con ellos, me daré cuenta que mis motivaciones internas son otras… y no las que creo… revisando mi actitud tanto conmigo misma como con los demás en el instante en que estas personas (o yo misma) no hacen lo que pienso que tienen que hacer. A veces es más fácil verlo en los demás. ¡Esa es una buena guía para ver si estoy siendo congruente o por el contrario me he alejado de mi propia ética!

El amor propio o la autoestima pasa por la congruencia y por poner límites claros. No es lo mismo ser una persona tirana (egoísmo egocéntrico) que tener una valoración positiva de ti misma/o y cuidar o velar por tu integridad en todos los aspectos de la vida (egoísmo consciente).

Tratemos de desarrollar el egoísmo consciente, que es el estado desde el cual realmente podemos elegir el comportamiento que deseamos tener frente a unas circunstancias determinadas como, por ejemplo, un conflicto con un amigo o un familiar.

Nadir Chacín
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“El amor beneficia más al que ama que al que es amado.” Anthony de Mello

La crisis ética global #sersiendo

Que nos sirva esta imagen como combustible para la reflexión.
Que nos sirva esta imagen como combustible para la reflexión.

Para que el mundo sea un lugar + habitable hacen falta personas que se organicen en crear medios de subsistencia éticos y rentables. Eso no sucederá solo, requiere de personas atrevidas, pioneras, responsables, que decidan unir fuerzas y crear empresas sociales éticas. No en vano la palabra “empresa” significa: “Acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo”.

Hace un tiempo dije en mi Facebook que el sistema médico sufría una crisis ética profunda. Ayer venía en el metro pensando en ello nuevamente y me dije: la crisis ética la tenemos nosotros, los humanos. Por ende, todo lo que hacemos, absolutamente todo, posee la misma crisis ética que nosotros, llámese como se llame: sistema médico, sistema económico, sistema político, sistema educativo… y un largo etc.

Para modificar un problema ético hacen falta soluciones y acciones que incidan sobre la ética. Lo que se ha de cambiar es el planteamiento inicial: ¿cuál es la realidad sobre la que deseamos incidir? Para mí el objetivo prioritario es la modificación de la postura ética actual de las personas.

Nadir Chacín
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Busqué en el diccionario el significado de la palabra “hacer” y en una de las diferentes acepciones dice: “Producir algo, darle el primer ser.” Me gustó lo de darle el primer ser. [There is always a way.]


Te sugiero ver este video: Victoria Camps y el gobierno de las emociones

¿Mujer = intermediaria? #sersiendo

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| Sobre las dinámicas familiares | Uno de los papeles auto-anuladores que el Patriarcado ha enseñado (muy bien) a las mujeres es hacer el rol de la intermediaria. Es la que lleva y trae noticias, es la que asume responsabilidades de los demás, como si las personas no pudieran relacionarse directamente entre ellas. No hagas de mediadora ni de intermediaria, deja que tus hijos/hijas, su padre o el familiar que sea aprendan a relacionarse los unos con los otros, deja que haya relación directa entre hermanos/hermanas. ¡Un rol que te daña a ti también daña a tu familia! Piénsalo, ser mujer y también ser madre es mucho + que ser una mensajera. Ser una mensajera no te vuelve una persona + amorosa con los tuyos. La preocupación por los asuntos de los demás no es amor, la gente “preocupona” en realidad sólo está pensando en sí misma. Si deseas dar amor deja que tus familiares (hijos/as, padres/madres, esposos/esposas… + largo etc) se ocupen de SUS asuntos y sean responsables de sí mismos, que maduren. Madura tú. Ocúpate de TUS asuntos: ¿Desde cuándo no te tomas tiempo para ti? ¿Cuál es TU proyecto de vida, el tuyo, el individual? ¿O dirás de nuevo que ya es muy tarde para tener proyectos tuyos? Esas actitudes son aprendidas, nos las enseñaron para dejarnos atrapadas en roles opresivos. ¡Sacúdete eso! Atrévete a descubrir por ti misma lo que deseas, lo que te gusta y hazlo: sé libre.

Namasté,
Nadir Chacín
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Lectura recomendada: “Los vínculos amorosos” de Fina Sanz.