Etiquetado: anorexia

Haz las paces con tu cuerpo #sersiendo

By David Clapp
By David Clapp

Yo no puedo cambiar el hecho de que exista una ‪‎cultura‬ global que valore más a las ‪‎mujeres‬ con cuerpos mega delgados y “esculpidos”. Tampoco puedo cambiar que a la mayoría les parezca que ese ideal de cuerpo es lo que merece el nombre de ‪‎belleza‬. Eso es un hecho ajeno a mí que directamente no puedo modificar: la cultura global ahora mismo vende, impone y legitima ese patrón mental. Ante eso yo he elegido con los años y la madurez que esa apreciación colectiva de los cuerpos de las mujeres literalmente me resbale.

Cuando era ‪‎adolescente‬ me traumatizaban mis caderas anchas, mis muslos voluminosos y mis senos grandes. Me la pasaba disfrazada con mucha ropa para ocultar mi ‪cuerpo‬ o encorvada para que no se notara que tenía los senos más grandes que las chicas de mi edad.

Con el paso de los años he aprendido que mi cuerpo es hermoso tal y como es, me he dejado auto-seducir poco a poco por su voluptuosidad salvaje. Me gusta sentir el movimiento de mi cuerpo mientras camino, tiene su propia cadencia… si mi cuerpo fuera de otra manera no se movería así. Me encanta sentir que mi cuerpo voluminoso y generoso me conecta con la Tierra y sus formas redondas, curvas y abundantes. Ahora me siento + libre y natural. Uno de los mayores regalos que he recibido de mí misma es verme al espejo y gustarme mucho. Me siento infinitamente contenta por saVerme con esta abundancia de seductoras carnes por todos lados. XD

Nadir Chacín
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El maltrato “sutil”

El maltrato "sutil"

“El Buen Canario”: ¿pía, grazna o canta?

Portada
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Hoy tuve la fortuna de poder leer el guión completo de la obra de teatro El Buen Canario (The Good Canary) de Zach Helm, un escritor y director de cine norteamericano. Digo fortuna porque, además de ser un guión de una puesta en escena innovadora y multiartística, da en el clavo de problemas y conflictos muy actuales y profundos, no sólo de los escritores y su mundo, sino de las relaciones humanas en general. Tiene un humor negro muy muy bueno. Helm ha escrito también la obra Last Chance for a Show Dance y los guiones de dos películas que me gustan mucho: Más extraño que la ficción (Stranger than Fiction, USA, 2006) dirigida por Mark Forster y Mister Magorium (Mr. Magorium’s Wonder Emporium, USA, 2007. Sobre todo la primera, aunque la segunda me llevó hasta mi infancia y me sacó mil sonrisas (sí yo creía -y aún creo en la magia).

Bueno pero estoy aquí para hablarles de El Buen Canario, dirigida en México y Paris (2007) por John Malkovich y ahora está en cartelera en la Ciudad de México interpretada por Diego Luna, Daniel Giménez Cacho, Irene Azuela, Bruno Bichir, Jorge Zárate, Martín Altomaro y Yuriria del Valle. Es una producción de Mr. Mudd, Canana y Retrolab, que ha tenido muy buena taquilla hasta hoy en el Teatro Insurgentes. Es una obra muy fuerte, mordaz y suficientemente ácida para que el espectador sienta que al salir de la sala cambió, “algo” le cambió. Al menos eso espero cuando la vea la próxima semana. Por ahora, sólo he leído el guión que próximamente será publicado por Editorial Sexto Piso.

La historia narra la relación amorosa entre un escritor talentoso y aparentemente súper enamorado Jack Parker (Diego Luna) y su mujer Annie, adicta a las anfetaminas (Irene Azuela) y anorexica-bulímica. En el inicio nos parece poco común su relación, no nos reconocemos quizá en todas sus patologías y adicciones, pero a medida que avanza el guión, esa pareja Jack-Annie (o más bien Annie-Jack) se vuelve espejo de las relaciones que ya has visto a tu alrededor, las que ya conoces -incluso hasta de la tuya propia. Eso puede ser doloroso y contundente.

Junto con ellos aparecen otros personajes no menos interesantes, un agente literario llamado Charlie (Daniel Giménez Cacho), encarnación de la misoginia y del cinismo antipático, de la presión y chantaje al que se exponen los escritores cuando se topan con un mercenario que busca cerrar contratos cueste lo que cueste. El contrapeso, es Andrew Mulholland (Bruno Bichir), un crítico literario que tiene en sus manos -como muchos y gracias a la dinámica del mercado- el éxito o no de una novedad editorial; quien se vuelve pieza importante en el desenlace de la obra. Annie, está atormentada por una situación horrible de su niñez, al principio hasta sientes pena de Jack que tiene que soportar su adicción a las anfetas pero luego casi te colocas dentro la piel y del cuerpo de Annie, es muy fuerte, te mimetizas con el personaje y logras desmoronarte con ella, “caerte al hueco negro” donde se mete. Y hasta entiendes por qué puede reaccionar como lo hace. Jack quien parece estar enamorado de su mujer y hacer TODO por ella, le tomas simpatía, en un revés de la historia, pasa a una postura donde te da rabia, donde lo juzgas y lo perdonas a la vez. No sé. Podría decir que ambos personajes tienen una profunda soledad, una necesidad angustiosa y dolorosa de ser amados por lo que son y no lo consiguen.

Los temas sobre los cuales trata la obra son existenciales, humanos, muy humanos: ¿de quién depende el éxito y la felicidad de cada persona? ¿Cuánto puedes amar a alguien para permitir que sea ella misma aunque eso implique su destrucción (sirve también para las mujeres con respecto a sus parejas)? ¿Qué es lo que debemos hacer ante un ser amado que se te deshace en las manos, que no puedes asirlo ni menos disfrutarlo? ¿Por qué a veces nada nos satisface, nada de lo que suceda nos satisface? ¿Hasta dónde debemos ceder ante las peticiones del amante, hasta dónde es “sano” ceder? ¿Qué esconden los tratos a veces insanos entre las parejas? Más preguntas que respuestas, no sé si El buen canario de esta obra pía, grazna o canta (quizá aúlla más bien, no es gratis que la palabra canario venga del latín Canis)… vayan a ver la obra antes de que la quiten de cartelera. El guión vale MUCHO la pena. Espero decir lo mismo del montaje. (Nadir hace Mutis.)

Actualización

Ya regresé de ver la obra en el Teatro Insurgentes. No había una butaca vacía. El montaje es sin duda muy novedoso, lleno de nuevas e impresionantes tecnologías. Irene Azuela es la obra, se luce en el escenario y se “traga” a todo el resto del elenco, mil aplausos para ella. Supongo la actriz quedará agotada después de cada función porque lo deja todo sobre las tablas. Se fueron de gira para otras ciudades así que no pierdan la oportunidad de verla. En un México donde el teatro es casi patético, con contadas excepciones, es un alivio saber que se comienzan a representar buenas obras. Ojalá tengamos una pandemia de buen teatro en este año. Saber que Helm sólo tenía 22 años cuando la escribió, insólito! Bravo Helm.

+ información sobre la obra Sitio oficial / Carmen Aristegui habla de la obra y entrevista a Malkovich 1/2 / Carmen Aristegui habla de la obra y entrevista a Malkovich 2/2 / Spot de la obraEscenas

"El Buen Canario": ¿pía, grazna o canta?

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Hoy tuve la fortuna de poder leer el guión completo de la obra de teatro El Buen Canario (The Good Canary) de Zach Helm, un escritor y director de cine norteamericano. Digo fortuna porque, además de ser un guión de una puesta en escena innovadora y multiartística, da en el clavo de problemas y conflictos muy actuales y profundos, no sólo de los escritores y su mundo, sino de las relaciones humanas en general. Tiene un humor negro muy muy bueno. Helm ha escrito también la obra Last Chance for a Show Dance y los guiones de dos películas que me gustan mucho: Más extraño que la ficción (Stranger than Fiction, USA, 2006) dirigida por Mark Forster y Mister Magorium (Mr. Magorium’s Wonder Emporium, USA, 2007. Sobre todo la primera, aunque la segunda me llevó hasta mi infancia y me sacó mil sonrisas (sí yo creía -y aún creo en la magia).

Bueno pero estoy aquí para hablarles de El Buen Canario, dirigida en México y Paris (2007) por John Malkovich y ahora está en cartelera en la Ciudad de México interpretada por Diego Luna, Daniel Giménez Cacho, Irene Azuela, Bruno Bichir, Jorge Zárate, Martín Altomaro y Yuriria del Valle. Es una producción de Mr. Mudd, Canana y Retrolab, que ha tenido muy buena taquilla hasta hoy en el Teatro Insurgentes.
Es una obra muy fuerte, mordaz y suficientemente ácida para que el espectador sienta que al salir de la sala cambió, “algo” le cambió. Al menos eso espero cuando la vea la próxima semana. Por ahora, sólo he leído el guión que próximamente será publicado por Editorial Sexto Piso.
La historia narra la relación amorosa entre un escritor talentoso y aparentemente súper enamorado Jack Parker (Diego Luna) y su mujer Annie, adicta a las anfetaminas (Irene Azuela) y anorexica-bulímica. En el inicio nos parece poco común su relación, no nos reconocemos quizá en todas sus patologías y adicciones, pero a medida que avanza el guión, esa pareja Jack-Annie (o más bien Annie-Jack) se vuelve espejo de las relaciones que ya has visto a tu alrededor, las que ya conoces -incluso hasta de la tuya propia. Eso puede ser doloroso y contundente.
Junto con ellos aparecen otros personajes no menos interesantes, un agente literario llamado Charlie (Daniel Giménez Cacho), encarnación de la misoginia y del cinismo antipático, de la presión y chantaje al que se exponen los escritores cuando se topan con un mercenario que busca cerrar contratos cueste lo que cueste. El contrapeso, es Andrew Mulholland (Bruno Bichir), un crítico literario que tiene en sus manos -como muchos y gracias a la dinámica del mercado- el éxito o no de una novedad editorial; quien se vuelve pieza importante en el desenlace de la obra.
Annie, está atormentada por una situación horrible de su niñez, al principio hasta sientes pena de Jack que tiene que soportar su adicción a las anfetas pero luego casi te colocas dentro la piel y del cuerpo de Annie, es muy fuerte, te mimetizas con el personaje y logras desmoronarte con ella, “caerte al hueco negro” donde se mete. Y hasta entiendes por qué puede reaccionar como lo hace.
Jack quien parece estar enamorado de su mujer y hacer TODO por ella, le tomas simpatía, en un revés de la historia, pasa a una postura donde te da rabia, donde lo juzgas y lo perdonas a la vez. No sé. Podría decir que ambos personajes tienen una profunda soledad, una necesidad angustiosa y dolorosa de ser amados por lo que son y no lo consiguen.
Los temas sobre los cuales trata la obra son existenciales, humanos, muy humanos: ¿de quién depende el éxito y la felicidad de cada persona? ¿Cuánto puedes amar a alguien para permitir que sea ella misma aunque eso implique su destrucción (sirve también para las mujeres con respecto a sus parejas)? ¿Qué es lo que debemos hacer ante un ser amado que se te deshace en las manos, que no puedes asirlo ni menos disfrutarlo? ¿Por qué a veces nada nos satisface, nada de lo que suceda nos satisface? ¿Hasta dónde debemos ceder ante las peticiones del amante, hasta dónde es “sano” ceder? ¿Qué esconden los tratos a veces insanos entre las parejas?
Más preguntas que respuestas, no sé si El buen canario de esta obra pía, grazna o canta (quizá aúlla más bien, no es gratis que la palabra canario venga del latín Canis)… vayan a ver la obra antes de que la quiten de cartelera. El guión vale MUCHO la pena. Espero decir lo mismo del montaje.
(Taika hace mutis.)
Ya regresé de ver la obra en el Teatro Insurgentes. No había una butaca vacía. El montaje es sin duda muy novedoso, lleno de nuevas e impresionantes tecnologías. Irene Azuela es la obra, se luce en el escenario y se “traga” a todo el resto del elenco, mil aplausos para ella. Supongo la actriz quedará agotada después de cada función porque lo deja TODO sobre las tablas. Se fueron de gira para otras ciudades así que no pierdan la oportunidad de verla. En un México donde el teatro es casi patético, con contadas excepciones, es un alivio saber que se comienzan a representar buenas obras. Ojalá tengamos una pandemia de buen teatro en este año…!
PD: Saber que Helm sólo tenía 22 años cuando la escribió, insólito! Bravo Helm.
Más información sobre la obra:
Poster
Abrazos,
T.R.

Mia y ana, thinspo, wannabes (2da.parte)

El 24 de mayo publiqué en este blog una parte de mi historia, se llama Testimonio de una mujer “con carnes”. Releyéndome noté que hay una parte que faltó así nació esta segunda entrega. Hoy quise escribirte nuevamente, princesa de cristal. Sí, a ti. En las webs de Anas y Mias he encontrado reflejados algunos de mis miedos. Hoy quiero abrir mi corazón y sentir dentro de mí lo que me une a cada Ana y Mia del planeta. Es cierto yo no vomito ni paso hambre pero algunas veces no me alimento de lo que necesito y deseo y otras veces me atasco de cosas que necesito tanto que luego tengo que vomitarlas. Hablo de algo que parece diferente, pero creo que sólo “lo parece” pero no lo es. Un amigo decía que: un tanto así es la vida, como la vivimos y como creemos o queremos vivirla.
****
Mi cuerpo ha sido mi yo, lo que soy. Al menos eso pensaba antes. Últimamente he pasado épocas en que veo a mi cuerpo como si no fuera mi yo, y puedo pensar, actuar y verme desde afuera, sí, desde afuera de mi cuerpo. Puedo sentir que soy algo más que mi cuerpo, ahora. Debo reconocer que esos momentos en que me veo desde afuera han sido los más felices de mi vida.
¿El cuerpo se tiene o se es? Yo creía que yo era sólo mi cuerpo, lo creía firmemente. Luego descubrí que habitar mi cuerpo es disfrutar un préstamo temporal, tan sólo una fase de todo lo que fui, soy y seré.
En esos años cuando yo era sólo mi cuerpo me importaba mucho lo que los otros pensaran sobre él, mucho más que lo que pensara yo. Notaba que con mi cuerpo, podía desatar pasiones, odios, envidias, amores y una serie de emociones que me gustaban o me disgustan, pero finalmente mi cuerpo las podía producir, todas y en los demás. Era una forma de estar viva, de que los demás me reconocieran, era la única forma de existir, pensaba yo.
Trataba de producir solamente las buenas emociones, claro, así empezaron unas tras otras mis confusiones. Descubrí que mi mismo cuerpo podía desatar cosas diferentes en distintas personas, algunos hombres me miraban con lujuria por mis carnes y a otros les parecían detestables. Yo quería ser flaca, porque mis amigas las flacas conquistaban más hombres. Pero apesar de eso ahí estaban un grupo pequeño pero real de hombres que les gustaban mis gorditos y les parecían sexys. Entonces, ¿a quién debía yo hacerle caso? ¿A los que opinaban que me veía bien gordita o a los que decían “creo que ya te toca una dieta”?
En esos tiempos me encontraba muy confundida, lo que yo deseaba era sentirme bien. Sentía que mi estar bien dependía de los demás, de verdad lo sentía. Mi vida era como una montaña rusa, unas días estaba feliz de tener “carnes bien puestas” y al día siguiente estaba tan deprimida, en el hoyo y a punto de querer cortarme los gorditos con un cuchillo. La mayoría de las veces en que quería hacer uso del cuchillo, algún evento desagradable anterior lo había causado. Ejemplo: ir a una fiesta y que todas mis amigas bailaran menos yo. Yo pensaba “¡son mis gorditos, seguro les doy asco!”.
No fue sencillo llegar a una resolución. Pero algo dentro mí me decía que mi confusión no podía ser eterna, que tendría que decidir que era lo que más me interesaba. Yo elegí que yo quería sentirme feliz… y volví a caer en el mismo dilema. ¿Qué hacer si mi felicidad sólo surgía cuando los hombres me decían te ves bella, linda, hermosa y me gustas así? Yo quería bailar como las otras. La respuesta estaba muy clara para aquellos días: tenía que ser como la mayoría de los hombres querían que yo fuera para ser feliz. Nuevamente comenzó el suplicio. Nunca he sido de dietas, me cuestan mucho. Soy de buen comer y la verdad es que me gusta comer. ¿Cómo estar flaca? ¿Cómo se hace eso? No aprendí, nunca aprendí. Entonces seguía yo gordita y al mismo tiempo pensando que tenía que ser flaca porque así le gustaban las mujeres a la mayoría de los hombres.
En mis años adolescentes comencé a contradecir las normas sociales, decidí ser punk (quizás porque eso de ser flaca no se me daba). Qué más da… entre tanta ropa y color negro y maquillajes raros, alguien me notaría. Quizás algunos de los hombres punks con los que andaba les llamaría más la atención mi vestimenta y la manera de arreglarme que si yo era flaca o gorda. La cosa resultó. ¿Quién sabe que tiene en la cabeza un adolescente punk? Yo tampoco sabía, pero el tema era que yo comenzaba a gustarles. En cierto modo, había encontrado mi lugar, un grupo que me aceptaba y con el cual me sentía identificada. Es importante tener una familia, un grupo más allá de tus hermanos o tus padres. Esta familia yo la había elegido, no nací en ella ni me la impuso la vida, Dios o la evolución humana.
Cuando veía a mis antiguas amigas que no eran punks, las veía allí flaquitas y con muchos hombres revoloteando alrededor de ellas. Esta vez, yo también tenía hombres revoloteando alrededor de mí. Entonces yo y mis amigos punks eramos “nosotros” y las flacas y sus hombres eran “ellos”. Aunque “ellos” y “nosotros” buscábamos exactamente lo mismo: elegir una familia y tener la fortuna de que una familia te eligiera.
“Tú eres como nosotros”, esa frase alimenta y quita los miedos, vaya que sí.
Hoy viéndolo desde mis 37 años me parece que las princesas de cristal son una familia y las mías y las anas buscan lo mismo que yo cuando tenía 15 años: elegir una familia y pertenecer.
Hoy, 11 de mayo 2010, a mis 38 años pienso en esto: ¿cuál es el costo de pertenecer” a un grupo X? Si bien toda búsqueda es genuina, la que sea, hay búsquedas que te dejan SECA como una ciruela pasa. Otras búsquedas te llevan por caminos duros, dolorosos y solitarios. Leí en un libro que para encontrar a tu manada hay que aprender a aullar. Siempre hay un lugar para ti, una familia “adoptiva” que te dé amor y a quien puedas tú dárselo. El asunto es que hay familias donde el amor implica que tú sufras y que lastimes tu cuerpo, tu salud. Quien te acepta realmente te acepta como eres, no te pide que seas alguien que no eres. La vida es una constante elección. Las familias “adoptadas”, esas que tú eliges, van cambiando con el paso de los años. Hoy miro hacia atrás y me gustan unas familias que adopté más que otras. Otras definitivamente no me gustan ya. En unas creía estar bien cuidada, protegida, y resultaron cárceles más que familias amorosas. Nada es bueno ni malo en sí mismo, lo que sí sé ahora es que mi mejor apuesta, mi mejor familia “adoptiva” es la que me respeta y me ayuda a respetarme a mí misma. Es la que cuando vea que no me estoy respetando me dice: ojo con tus elecciones. Asume las consecuencias de tus actos, de tus comportamientos, eso me dice mi psicóloga todo el tiempo. La neta, es una sabia. Ella (querida Diana) pertenece a mi nueva manada. Sin duda.
T.R.

Mia y ana, thinspo,wannabes…

A las princesas de cristal

 
Testimonio de una mujer “con carnes”

En mi país natal Venezuela, hay un culto por la delgadez y por la belleza física, la mayoría de las mujeres se operan todo, especialmente nariz y busto. Cuando era adolescente siempre fui gordita, no era obesa, pero sí caderona y con los muslos anchos.

Me preocupaban los kilos de más porque en la escuela se burlaban de mí y algunos amigos me decían “bolita de mierda”. Antes de que me desarrollara era muy flaca, hice gimnasia olímpica durante muchos años, pero la menstruación me vino a los 10 años y comencé a aumentar de peso. Mis amigas jugaban, brincaban en el patio durante el recreo mientras yo corría al baño a cambiarme la toalla, ¡un horror!
Cuando me bajó pensé que era una freak porque a las demás no les había venido todavía. Una amiga cuando teníamos 15 años lloraba porque pensaba que era estéril y su mamá la consolaba diciéndole “cuando te baje vas a pensar ojalá no me hubiera venido nunca”.
Con el pasar de los años mi figura se fue transformando (ahora pienso que para bien), pero en ese entonces me parecía que tenía los senos muy grandes. Era una bola con otro par de bolas en el tren delantero.
A la edad de 19 años me embaracé y aumenté 13 kilos de un solo golpe, cuando nació mi hijo a los 4 o 5 meses ya estaba de nuevo en mi peso: o sea gordita.
Nunca me gustó mi cuerpo hasta entrados los 25 años cuando descubrí –luego de un amplio estudio de mercado– que a los hombres les gustaban las chicas “con carnes”, sí, LES GUSTAN.
Fue increíble, por primera vez mis gorditos eran un punto a mi favor.

Decidí hacerle caso a los resultados de la investigación y mi actitud cambió. Me di cuenta que una cosa es ser obeso, gordo y tener problemas de salud, y otra muy diferente es ser rellenito. Yo estaba y estoy rellenita, es decir, tengo “las carnes bien puestas”. Me sentía más atractiva y las cosas comenzaron a funcionar con el sexo opuesto.
Cada día más hombres se anexaban a mi base de datos con sus testimonios a favor de las mujeres caderonas, voluptuosas, y aunque yo veía puras flacas en los anuncios publicitarios, ellos me seguían diciendo “me gustan rellenitas porque tienen donde agarrar”. Continué anotando puntos y mi relación con mi cuerpo se volvió más libre.

Hoy sigo mi investigación y los datos a favor de las “carnes” aumentan, aumentan estrepitosamente. Frente a un mundo mediatizado donde la belleza femenina es sinónimo de “huesos”, el mundo cotidiano, el de las relaciones humanas, sigue apostándole a lo natural, a ser fresca, comer sanamente y tener tus llantitas por qué no. Ha sido todo una revolución para mí y ahora que piso casi los cuarenta continúo sintiéndome orgullosa de la forma de mi cuerpo. Una mujer como en las pinturas del Renacimiento.

Sigo convencida: los clásicos nunca pasan de moda.

Taika Ramé
तइका रमे

Anexos:
*Lee la segunda parte de este artículo en: Mia, Ana, thinspo, wanabes (2da. parte) 
*Recomiendo el excelente post Ana y Mía: las princesas de cristal en Internet, de mi amiga La Milagrosa (su blog: Enred2).
*Me estoy leyendo un libro buenísimo El libro de los secretos de Deepak Chopra, allí explica muy sencillo cómo funciona a nivel biológico el cuerpo y todas nuestras células. Hace comparaciones sobre el desarrollo y funcionamiento de cada célula y cómo sería recomendable que viviéramos los humanos: como si fuéramos células. Habla de la sabiduría ancestral del cuerpo. Dice frases como “la conducta que aniquilaría a nuestros cuerpos en un día es la que hemos adoptado los seres humanos. Hemos traicionado la sabiduría de nuestros cuerpos y, peor aún, ignoramos el modelo de una vida espiritual perfecta”.