Autoconocimiento: imágenes para la indagación #sersiendo

Para sumergirme en el autoconocimiento he decidido hacer un ejercicio creativo y anárquico con “Las 96 cartas para salir del Jardín” creadas por mi amiga La Novia Manca. Hoy vengo a compartir contigo los resultados efímeros o no, hermosos o no, ordenados o no, seudo-esquizoides o no, de esta indagación. Trágatelos o digiérelos o vomítales encima. Da igual. Yo estoy en mi fase de exorcismos.

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Autoconocimiento

Hay momentos en la vida en que estamos sin energía para hacer lo que necesitamos o queremos hacer.

Tenemos un cansancio pesado en el cuerpo y en la mente. ¿Tal vez falta de claridad? Yo me he estado sintiendo así últimamente.

Quizás hemos pasado demasiado tiempo intentando hacer lo que nos proponemos y demasiadas veces en las que las cosas no han salido como nos gustaría. Eso produce cansancio y es totalmente normal, válido y legítimo.

Todos los estados mentales y emocionales son normales, válidos y legítimos, pues son los que hay en un momento determinado.

¿Quién no se cansaría de hacer y hacer y no ver los resultados? Pero, a la usanza de Katie Byron, conviene preguntarse: ¿es verdad que no hay resultados? ¿Qué tan segures estamos de que no hay resultados? ¿Es eso verdad? ¿En qué persona me convierto cuando pienso que no hay resultados? ¿En qué persona me convertiría si pensará todo lo contrario?

Curiosidad y Autoconocimiento

En medio de esta multicrisis tripolar [Risas] decidí lanzarme a hacer algo sin sentido. ¿Qué esperabas?

Al menos al inicio parecía algo sin sentido. Me dio por sacar tres cartas al azar del mazo de “Las 96 cartas para salir del Jardín” luego de una de mis mezcladas de cartas al estilo póker profesional. [Si estuviera en Las Vegas ya sería famosa.]

Me puse a pensar que las cartas que me salieron representan instantes o escenas de mi vida.

Pueden ser Pasado, Presente y Futuro. O Situación Actual, Conflicto y Solución. O lo que me diera la puta gana, es mi juego y me lo monto como quiera. Luego escribí sobre las cartas en primera persona, sobre lo que sentía al verlas y al pensar en su mensaje. También busqué canciones que me ayudaran a ir más allá del aquí.

La intención de este tipo de ejercicio es el autoconocimiento, salga o no salga, logres conocer algo nuevo o no ahora. Eso es lo de menos. Experimenta.


Carta, cartita, cartota, ¿qué quieres decirme ahora?

Transformación | Ola Sincrónica

Las olas hacen espuma, se levantan y luego revientan y desaparecen. Si hay algo en la Naturaleza que me conecta con la impermanencia es el jugueteo que hace el mar con sus olas, con la arena, con las cosas y los seres que lo habitan.

El mar siempre ha sido mi hogar. El mar (me) cura. Basta que me meta a nadar por un momento y siento como si me hubiera hecho una limpieza del alma. ¿Por qué ya no lo hago tanto si sé que me viene bien?

Suelo decir que vengo del mar. Le pertenezco. Y Autoconocimientoaunque la gente me tome por loca (siéndolo) creo que alguna vez viví bajo las aguas.

De niña pensaba que respiraba bajo el agua. (¿Por qué no te ríes?) Un día algún adulto impertinente me debe haber dicho que los humanos no lo hacemos y me lo creí. A veces los adultos somos tan limitados y tan ciegos, taaaaan poco realistas. Pobres niños y niñas que tienen que sobrevivirnos.

Christophe André, el autor de “Prácticas de Autoestima”, escribió que es mejor decir “quiero evolucionar” a “quiero cambiar”. Es más amable con une misme. Si algo hace el mar y las olas es precisamente eso: evolucionar. Creo que yo también, aunque a veces no me lo parezca.

Acabo de recordar la gran mancha de plásticos y mierdas todas que por nuestra negligencia ha contaminado buena parte del mar. ¿Por qué seguimos ensuciándolo todo? ¿Ensuciamos afuera como ensuciamos adentro de nosotres?

Donde/Cuando se ama no se maltrata, ni se ensucia, ni se hiere. ¿No? Quizás esa sea la transformación que necesito. Amarme de una vez por todas.

Ir sobre la ola, perder el miedo a lo desconocido, disfrutar, juguetear, soltar el control ilusorio y obsesivo. Entrar al mundo de potencialidades que es el vivir con tu ética personal en una mano y tu sabiduría en la otra. O quitártelo todo de un putazo y zas se acabó -o por fin comenzó.

Surfear desnuda de cuerpo, Nadir. Desnuda de ideas. Desnuda de tú… que tu tú es tan tú que te está asfixiando.

Enlace a esta carta en el blog de La Novia Manca: “Prepárate a llegar a la orilla más inesperada.”

Bella Durmiente | La semilla en la tierra

A veces las cosas son tan dolorosas que nos “dormimos” para poder seguir vivas. Eso viene bien por un tiempo. ¿Qué pasará si me despierto dentro de unos 5 años? ¿Las cosas habrán cambiado sin que yo tenga que hacer nada?

Qué más quiAutoconocimientosiera yo que decirme que seguir dormida es la estrategia. ¿Qué hago aquí esperando?

No sé si soy la semilla en la tierra de un huerto. La oruga ignorante o la ¿bella? durmiente.

Sé que nadie con súper poderes vendrá a besarme a estas alturas ni a estas bajuras de mi vida.

Me habita la niña infantil que mira el estado de las cosas, el mundo como es, y se asusta. Externamente. Internamente. (De)Mente.

La cama está mullida y la verdad es que se estaría bien aquí sino fuera por los pensamientos tipo lavadora. Disco rallado. Mil vueltas a lo mismo.

¿Qué hago aquí esperando? Me gusta creer que estoy cogiendo fuerzas. Ermitañando. Hibernando. O que esto del autoconocimiento me queda grande o se le ven las costuras.

¿Esperando en vano? Es curioso que “vano” signifique “vacío de contenido”. Y que signifique además que un fruto no contiene semilla en la cáscara o está seca o podrida. Eso dice la (puta y misógina) RAE.

Yo sé que tengo una semilla adentro, la siento. El tema aquí es si dejar de esperar o seguir esperando. ¿Nadir, y si vienes a por mí?

Prometo no decirle a nadie que nos casamos y que me picó una culebra el día de nuestra boda y morí. Prometo no decirle a nadie que bajé al Mundo de los Muertos a buscarte y a traerte de vuelta.

Prometo que si alguien me pregunta sobre eso: lo negaré mil veces, como hizo Judas.

Enlace a esta carta en el blog de La Novia Manca: “La mariposa ya duerme dentro del gusano.”

Jardinería | Diseñar futuros

He decidido tener un huerto en mi balcón. ¿Es bonito, verdad?

He emprendido (o no) todas las tareas iniciales. De primer momento cuando veo el huerto sólo son unas macetas llenas de tierra y no mucho más.

Abajo de la tierra he dejado las semillas y me dispongo a cuidar del huerto.

Me hace ilusión cuando salgan las plantitas, cuando pueda cosechar mis tomates y preparar una ensalada deliciosa con tomates cultivados por mí.

AutoconocimientoImagino el futuro de mi huerto, pero ahora sólo veo unas macetas llenas de tierra. La verdad es que los huertos siempre me han parecido un ejercicio de paciencia, trabajo y confianza. Me hacen bien.

Sólo con el tiempo y con mi esfuerzo diario de mantener “las malas yerbas” a raya, de regar en el momento apropiado, de poner abono cuando se requiere y otras muchas tareas de cuidados es que veré finalmente a mis tomates y me sentiré bendecida.

Pero ¿qué pasa por mi mente cuando veo el huerto ahora y es sólo un pedazo de tierra?

Regresa el efecto lavadora de la mente: “¿Qué chingados estoy haciendo?”, “No sé ni cómo cultivar”, “Esto tiene una pinta de que no saldrá nada aquí”, ¿Lo habré hecho bien?, “Con tantas cosas que tengo que hacer a quién se le ocurre ponerse a cultivar, vaya plan”, “Los huertos son para la gente campesina y que está en medio de la naturaleza, ¿será una cosa absurda cultivar en mi balcón en medio de la ciudad y de la contaminación?

Así sucesivamente surgen en mi mente ideas catastrofistas y de “echarme para atrás” en mis planes.

El huerto está vivo bajo la tierra. Yo también/tampoco.

Y si he ido por mí al mismísimo Inframundo no creo que cultivar tomates me represente un problema.

Sólo basta con crear las condiciones óptimas; Nadir, y saldrán las plantitas. La vida y la muerte funcionan así.

Ve a la tienda de los chinos de una buena vez. Sí, esa que está en la esquina. A 40 pasos exactos desde el portal de tu edificio.

Como dice Lyana, mi compañera de piso: “Nadir, acabemos con esta farsa”. [Risas.] Ve y compra ya las semillas y las macetas.

Cuando sólo piensas las cosas no las estás viviendo. Las estás pensando. Lo loco es que se siente muy parecido.  Sólo que la idea del tomate no podrás comértela. El tomate en directo sí y, de verdad, te lo juro, tendrá el sabor más sublime del mundo.

Enlace a esta carta en el blog de La Novia Manca: “Una jardinera es alguien que está diseñando el futuro.”


Espero que te llame la atención esta manera de trabajar el autoconocimiento a través de las imágenes de las cartas y de lo que ellas invocan en ti. Siempre me han gustado las cartas del tarot. No tanto como sistemas de adivinación o oráculos, sino como vehículos para la indagación, para el proceso sanador de “mirar hacia dentro” de nosotres mismes y reflexionar sobre lo que vemos, sentimos, hacemos, pensamos, creemos, etc.

He aquí mi juego-experimento de autoconocimiento. ¿Y el tuyo cuál es? Cuéntame. Cuéntanos. Si te gustó este post compártelo con tu gente en las redes sociales. ¡Gracias!

Nadir Chacín
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P.D. La canción “Semilla en la Tierra” de Carlos Chaouen fue una recomendación de Cristina Vico y me gustó tanto que la cambié. La que yo había elegido originalmente es esta: “De cara a la pared” de Lhasa de Sela.


Con filosofía no hay árboles: hay sólo ideas. Hay sólo cada uno de nosotros, como un sótano. Hay sólo una ventana cerrada, y todo el mundo afuera; y un sueño de lo que se podría ver si la ventana se abriera, que nunca es lo que se ve cuando se abre la ventana. ~ Alberto Caeiro (Fernando Pessoa)

Un ser humano encontrando el sentido de la vida.

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