Las relaciones afectivas y sus dramas, 2ª parte #sersiendo

Hoy vengo a hablarte de las relaciones afectivas nutridoras, conscientes y equitativas y de cómo la práctica de la ética es la base fundamental para poderlas construir y no el amor ni el enamoramiento. Esta es la segunda parte de un post largo que tiene tres partes. Puedes leer aquí la primera parte y la tercera parte.

las relaciones afectivas
Foto: Batsheva Dance Company.

El drama de la competencia

La competencia está basada en la necesidad de figurar, de sobresalir entre la multitud, de “arrancarle” a las otras personas lo que tú crees que es tuyo por derecho.

La mayoría de nosotros convertimos las relaciones afectivas en territorios para competir. Y nos dañamos los unos a los otros en el ejercicio de relacionarnos. La colaboración es un método más humanizante. Miro que tienes tú que yo no tenga. Observo que nos une. Analizo que nos complementa y entonces colaboro.

El objetivo de la vida es colaborar, no competir.

La táctica es encontrarnos entre nosotros en ese territorio que está -como dijo algún poeta- “más allá del bien y del mal”, más allá de las ideas que tenemos sobre la vida, sobre el vínculo afectivo y sobre nosotros.

La vida afectiva no es (solo) una idea.

El daño que producen a las personas los ideales inamovibles en las relaciones afectivas son muy evidentes. Representan la aridez ideológica secuestrando a la realidad de los afectos que es más bien fértil, orgánica y sensorial.

Nadir Chacín

¿Por qué empeñarnos en una modelo relacional específico? ¿Qué sentido tiene meter a la gente en una cajita y ponerle una etiqueta?

¿Para qué sirve eso si difumina lo que en realidad se está dando entre nosotros desde el cuerpo, desde las emociones, desde los pensamientos, desde el flujo de consciencia que está experimentando todo eso?

La táctica siempre es revisar si me empeño en encasillarte y si tú estás empeñando en encasillarme a mí. También es ver si yo me encasillo a mí. ¿Y si mejor nos dejamos Ser y vemos qué pasa?

Hazlo siempre desde la ética, el respeto y la honestidad.

El drama de la belleza y el afecto

Lo bello nos atrae, nos hace sentir bien, nos relaja. Pero la belleza física no lo es todo.

Si valoras solo el aspecto físico de las personas te perderás muchas experiencias bonitas. El objetivo es disfrutar de la belleza en sus múltiples formas de surgir, de aparecer, de revelarse ante ti.

En las relaciones afectivas funcionamos con un baremo mental que evalua automáticamente la belleza del otro o de la otra. Es un comportamiento aprendido.

Asociamos la belleza al Bien y la fealdad al Mal. Es una clasificación incompleta, injusta y automática. Entonces la táctica es aprender a “ver” con todo el cuerpo y no solo con los ojos.

La táctica es entrenarnos a ver lo que no es evidente como decía El Principito.

Prueba a darte el tiempo necesario para que tu visión de ESA persona se expanda. La belleza es una energía que mueve a los objetos animados (incluyéndonos); es la sensibilidad tuya para percibirla. También es la pulsión que anima a tu amante a sonreírse contigo y que eso te conmueva.

Durante el sexo experimentamos a veces belleza a borbotones. Si te has ido a la cama con el “feo” o la “fea” puede que te hayas sorprendido. ¿Encontraste solo fealdad en ese ser vivo y en el encuentro sexual?

La irrupción esporádica de la belleza nos invita a ir al encuentro de otros tipos de belleza y a hacerlo de forma intencional. Los ojos no lo ven todo, tienen (grandes) limitaciones.

La táctica es dejarse seducir, ser receptividad. Prueba a cerrar los ojos de vez en cuando y a sentir: a tu amante. Tal vez logres el milagro de que la belleza humana te penetre y te salga por los poros como un sudor sagrado.

El drama de la normalidad en las relaciones afectivas

La normalidad mata la diversidad. Le asienta un tiro de gracia, que no tiene nada de gracioso. La palabra normal significa que “sirve de regla o de norma”. Es algo que se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

Paradójicamente también según el DRAE es algo que “se halla en su estado natural”, algo “habitual y ordinario”, aunque esa otra acepción se nos olvide.

Tengo muchos años invirtiendo en mi anormalidad. No estoy dispuesta a perder esa inversión. [Risas.] Así como a mí no me interesa para nada la normalidad, te sugiero que tu objetivo en las relaciones afectivas sea alejarte de lo normal.

Las relaciones afectivas son cualquier cosa menos normales. Los seres humanos no somos normales. Si miras a alguien de lejos puede que te parezca normal, pero si lo miras de cerca…

Eso es hermoso. Precioso por bonito y valioso. La táctica es deconstruir la normalidad, picarla en pedacitos digeribles, para que puedas hacerte preguntas incómodas. La incomodidad te llevará a otro “lugar”. Uno más digno, amable y fructífero. Te llevara al hogar del respeto.

Vivir en y para la normalidad es una amputación de tu naturaleza.

Si rechazas la incomodidad de lo anormal te saltas la puerta abierta llamada alegría que ha estado siempre frente en tus narices. Somos diversos: esa es la alegría de existir sobre este mundo.

La táctica es invertir tiempo, espacio y energía en descubrir tu anormalidad y amigarte de y con ella. Tal vez así aprendas a ver también lo anormal que es tu amante, a aceptar eso y a no «salir corriendo» de puro miedo.

La intimidad, la confianza y el afecto en las relaciones afectivas son actos de valentía.


En la tercera parte de este post escribiré sobre los siguientes dramas de las relaciones afectivas:

  • Ser seres necesitados.
  • La ideología del amor.
  • Sexo.
  • El dinero.

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