Las enseñanzas del tarsero #sersiendo

El tarsero es un nuevo amigo que vengo a presentarte. Hace un tiempo comencé una serie de posts que se llamaban Nature Wisdom. He despertado esta mañana con ganas de irlos retomando.

tarsero
© Franck Guiziou

Nature Wisdom o la sabiduría de la Naturaleza

Hoy nos acompaña el tarsero filipino (Carlito syrichta) como si fuera un kōan (paradoja) del budismo Zen. Ha venido para invitarnos a la reflexión.

Sus ojos miden 16 milímetros en un cuerpo que tan solo alcanza los 10 centímetros de altura. Es nocturno y sus ojos le permiten ver durante la noche. Tiene los ojos tan grandes, que no pueden moverlos, por eso su cabeza puede girar 180 grados en ambos sentidos. También tienen unas orejas móviles muy potentes.

El tarsero es tan pequeño que cabe en la palma de una mano.

Tiene una capacidad auditiva de hasta 91 kilohercios (kHz), un nivel inaudible para casi todos los mamíferos. Es el único primate que se comunica con ultrasonidos.

Sus extremidades son muy graciosas. Son larguísimas y desproporcionadas con respecto al tamaño de su cuerpo. Tiene además unas prácticas almohadillas en los dedos. Estas adaptaciones evolutivas le ayudan a saltar ágilmente de rama en rama para atrapar a sus presas.

Cuando el tarsero se siente amenazado sus ojos aumentan de tamaño, casi parece que se les fueran a salir de las órbitas, y abre la boca para gritar. Pero nadie oye el chillido, sólo sus amigos tarseros.

La comida favorita del tarsero son los insectos.

Los insectos se comunican por ultrasonidos, así que el tarsero literalmente «intercepta» los mensajes de los insectos para cazarlos.

Al ser tan diminuto, el tarsero tienen que cuidarse mucho para no ser comido por algún depredador. Si no tuviera esta comunicación por ultrasonidos llamaría demasiado la atención y se pondría en riesgo.

La comunicación con ultrasonidos impide que los depredadores les escuchen mientras están cazando o comunicándose con otros tarseros.

Los fósiles descubiertos de esta especie, que son muy pocos, datan del Eoceno. Este amigo tiene sobre la faz de la Tierra más de 55 millones de años. Algo sabrá este amigo del vivir y del convivir.


No todo tiene que ser grande para ser GRANDE.

Necesitamos no solo «ver», sino tener un «visión» en nuestras vidas. Usemos todos nuestros recursos internos y externos y exploremos esta situación tan compleja de la pandemia de la COVID-19 y sus efectos; mejor si lo hacemos de forma colectiva.


El viaje a lo desconocido

Este es un fragmento de «Subida al monte Carmelo» de Pseudo-Dionisio, que le viene como anillo al dedo a la incitación a explorar que nos presenta nuestro amigo tarsero:

Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.
Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees,
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.
Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.
Para venir del todo al todo,
has de dejarte del todo en todo.
Y cuando lo vengas del todo a tener,
has de tenerlo sin nada querer.


Conociendo a nuestros primos

Una de las investigadoras que más se ha centrado en el estudio del tarsero es Milada Řeháková.

Benditas las mujeres que se han dedicado a estudiar a los primates en libertad. La mayoría de las investigaciones en ese campo, especiamente en etología, son hechas por mujeres.

Un ser humano encontrando el sentido de la vida.

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